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18 mayo 2017

Yo pediré al Padre que os dé otro Defensor

Buena falta, Señor Jesús,
les hacía a tus discípulos esta promesa:
“le pediré al Padre que os dé otro defensor”. Ciertamente la situación que se les avecinaba, en aquel primer Jueves Santo,
pocas horas antes de que te prendieran
y decidieran tu muerte… era angustiosa.
En aquellos momentos es fácil que los Apóstoles vivieran una sensación muy similar a la orfandad.

Sin Ti, aquel grupo de seguidores tuyos, quedaría huérfano.
Por eso Tú les dices:
“No os dejaré huérfanos”.
Tu resurrección y la venida del Espíritu Santo suplirán ampliamente tu presencia física

Era durante la comida de despedida,
ya la tormenta se avecinaba,
tus enemigos, Señor Jesús,
lo tenían todo decidido,
y Judas había pactado con ellos tu traición. Posiblemente tus discípulos intuirían el peligro que se cernía sobre ellos y sobre Ti.
Y si a lo mejor estaban ausentes
a las circunstancias dramáticas de momento Tú te adelantas a lo que dentro de poco vivirán. Por eso les prometes que pedirás a Dios Padre que les mande un defensor: el Espíritu Santo.

En esas estamos también nosotros.
Los peligros no se han terminado.
Cada época tiene los suyos.
Hoy, también nosotros,
tenemos necesidad de tu Defensor, Señor Jesús, para que nos estimule a dar razón de nuestra fe como dice San Pedro:
“estad siempre dispuestos para dar razón
de vuestra esperanza”.

Necesitamos de tu defensor para perdonar y trabajar por un mundo más justo,
para estar junto al desvalido,
para vivir para Dios y para los demás, para trabajar por la unidad,
para ponerte siempre
en el centro de nuestras vidas,
para que nos ilumine
en el conocimiento de tu Palabra,
para que nos empuje a ser testigos tuyos en nuestro mundo.

Y sobre todo necesitamos de tu Espíritu para que podamos llevar a la práctica tus Mandamientos:
Amar a Dios Padre y amarnos
“los unos a los otros como yo os he amado”. Tú, Señor Jesús, quieres obras, hechos… por eso dices:
“el que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre y yo también lo amaré”

A Ti, Señor Jesús, lo que te importa,
lo que valoras son las obras, los hechos como nos dices en la parábola del juicio final: “Venid, benditos de mi Padre,
recibid la herencia del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer…”

Señor Jesús,
gracias por el don inmenso de tu Espíritu Santo, de nuestro defensor.
Gracias por todos los dones que Él nos da
a cada uno de nosotros
y a nuestras respectivas comunidades. Gracias por tu insistencia
en esa predilección tuya: amaos.
Este es tu Mandamiento,
esta es la manera como Tú quieres que vivamos Gracias, Señor Jesús,
por tantas personas que me enseñan amar, por tantas personas que aman de verdad. Como esta mujer que me decía
que hoy a medio día a su vecina enferma
le había preparado una sopa y ayer no se qué…

Haz, Señor Jesús,
que abra mis ojos a tantos gestos de estima que se dan en nuestro mundo

Perdón, Señor Jesús,
porque para muchos amar les resulta difícil casi imposible.
Así me lo decía Ana en el centro penitenciario: “desde que estoy aquí me he hecha dura; antes compartía, era solidaria…
ahora no puedo…
he visto demasiada miseria humana”.

Señor Jesús
ayúdanos a amar de verdad.
Gracias a Dios,
por muchos inconvenientes que se presenten, ese es el mejor camino
que podamos tomar: Amar siempre.