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11 mayo 2017

V Domingo Pascua: Homilías


Resultado de imagen de 5º Domingo de Pascua. Yo soy el camino

1.- CONOCER A CRISTO ES LA ÚNICA FORMA HUMANA DE CONOCER A DIOS

Por Gabriel González del Estal

1.- Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. En el evangelio de San Juan se nos dice más de una vez que a Dios no le ha visto nadie, excepto aquel que vive con el Padre, Cristo Jesús. El mismo Cristo nos dice hoy en el evangelio: si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Y lo que decimos del conocer, lo decimos también del ser: el que tiene el espíritu de Cristo tiene el espíritu de Dios. Por tanto, nuestra tarea mientras vivimos en este mundo es conocer a Cristo y vivir según el espíritu de Cristo. Si hacemos esto, conocemos a Dios y vivimos en Dios. No se trata sólo de conocer la vida humana del Cristo histórico, sino de identificarnos con el espíritu de Cristo, de intentar vivir como él vivió, intentar imitar y seguir su estilo de vida. En la vida puede haber muchos caminos para llegar a un sitio determinado, pero el camino recto y más corto siempre es uno sólo. Pues bien, para nosotros, los cristianos, el camino recto y más corto para llegar a Dios es Cristo Jesús. Para esto no necesitamos saber mucha teología, ni ser personas muy cultas, nos basta con amar a Cristo con toda nuestra alma, vida y corazón. No han conocido y amado a Dios más los ricos y sabios que los pobres, sencillos y humildes. Las verdades y ciencias humanas no siempre acercan a Dios; es el amor a Dios lo que de verdad nos acerca a Dios. Y el que ama a Dios, ama al prójimo en Dios. Hagamos, pues, de Cristo, del espíritu de Cristo, nuestro único camino, nuestra única verdad y nuestra única vida. No son los políticos, ni los economistas, ni los científicos, los que más nos van a ayudar a conocer a Dios y a vivir en Dios, es conocer, amar a Cristo y vivir según su espíritu lo que de verdad nos acerca a Dios y nos hace vivir en Dios. Cristo está en el Padre y el Padre está en Cristo. Si nosotros vivimos en Cristo, vivimos en Dios.


2.-En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro ordinario no atendían a sus viudas. Los apóstoles convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron: no nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, escoged a siete de vosotros… y los encargaremos de esta tarea. En primer lugar, es bueno reconocer que ninguna comunidad humana es perfecta: la perfección es algo a lo que debemos aspirar siempre, precisamente porque nunca la poseemos del todo, mientras vivimos en esta vida. La Iglesia, nuestra Iglesia, es una Iglesia que siempre necesita reformas. Por eso, no debemos extrañarnos de los Papas, obispos y demás fieles, que intentan hacer cada día hacer una Iglesia mejor. Esto lo debemos aplicar también a cada uno de nosotros mismos: necesitamos vivir cada día con espíritu de conversión, tratando siempre de ser un poco mejores. Otra idea digna de ser tenida en cuenta en este texto de los Hechos es la forma que los apóstoles emplearon para solucionar esta imperfección, eligiendo a los siete diáconos. Fue una forma católica y democrática, convocando al grupo y exponiéndoles su opinión. Una opinión que fue aceptada unánimemente por toda la comunidad cristiana. A esto debe aspirar también hoy nuestra Iglesia.

3.- También vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu. Un cristiano es piedra viva del templo del Espíritu cuando vive y actúa con el Espíritu de Cristo. Cristo es la piedra viva que desecharon los constructores, pero que Dios Padre escogió como piedra angular. Si nosotros vivimos en Cristo, participamos automáticamente del templo del Espíritu de Cristo. Y no olvidemos que el Espíritu de Cristo es espíritu de amor, humildad y verdad.

2.- SEGUIR EL CAMINO DE JESÚS ES ENCONTRARSE CON EL HERMANO

Por José María Martín OSA

1.- El camino verdadero. Felipe expresa la aspiración más profunda del hombre, aspiración que nadie de nosotros logra colmar. Todo hombre sigue un camino u otro. Todo hombre busca encontrar la verdad. Y todo hombre desea, en fin, que su vida no termine para siempre. A esos tres profundos anhelos del hombre da Jesús respuesta en el evangelio de hoy. En él, y en vivir la vida como Jesucristo la vivió, está la respuesta a los interrogantes y las búsquedas del hombre. El Camino a seguir, La Verdad a encontrar, la Vida que no se pierde, están al alcance de nuestra mano. Elegirlos o rechazarlos es cosa nuestra. Cuando el hombre pregunta por el camino está preguntando por el sentido y meta de su existencia. La palabra "camino" se empleaba en el Antiguo Testamento para designar la ley de Moisés como cauce y dirección que el hombre ha de conocer y aceptar si quiere llegar a la felicidad que anhela. En Jesús es Dios quien personalmente ha venido al hombre, abriéndole así el camino. Jesús afirma que El en persona es el camino verdadero y viviente que sustituye a la ley mosaica. Confiados en El sabemos que saldremos airosos de nuestra propia limitación y de la del mundo que nos rodea, por dura que sea la contradicción. Está bien marcado el sentido último de nuestra misión cristiana: vivir como Jesús ha vivido y tener la misma manera de pensar adaptada al mundo de hoy. Jesús puede hacer que el hombre sea feliz ya desde ahora.

2.- Jesús resucitado de entre los muertos es "la piedra viva". Así lo expresa la Primera Carta de Pedro. Desechado por los hombres, excomulgado por los jefes de Israel y eliminado por los romanos de la comunidad de los vivos, es ahora la base y el fundamento de la nueva convivencia de los hijos de Dios. Sobre él se edifica la Iglesia. Por la fe, todos tenemos acceso a Cristo y a la nueva vida, participamos en su resurrección y somos también nosotros "piedras vivas". El Samo 32 alaba la misericordia de Dios, porque su “plan subsiste por siempre y los proyectos de su corazón de edad en edad”. Tenemos la certeza de que nuestro servicio a la causa del progresivo reinado de Dios tiene futuro y no es una ilusoria utopía. La certeza no nace de nuestro prestigio social, de nuestras cualidades humanas, de nuestro número o de nuestras técnicas: “No vence el rey por su gran ejército, no escapa el soldado por su mucha fuerza... ni por su gran ejército se salva”. La certeza brota de la seguridad de que Dios ha puesto sus ojos en nuestra pobre humanidad, reanimándonos en nuestra escasez, alegrándonos en nuestras penas, auxiliándonos en las situaciones desesperadas: “Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor.”.

3.- Iglesia samaritana. Seguir el camino de Jesús no es fácil. Hay limitaciones internas: nuestro propio egoísmo y las debilidades que nos desvían del camino. No obstante, nos dice San Agustín que “es mejor ser cojo en el camino, que un atleta fuera de él”. La vida es una lucha en la que no estamos solos, Dios está siempre a nuestro lado. También hay dificultades externas: la incomprensión de los nuestros, la sociedad secularizada, la burla hacia lo religioso, la indiferencia reinante en el ambiente, la persecución……Los cristianos de todos los tiempos han tenido también estas dificultades. Ninguna comunidad, por muy perfecta que sea y muy conjuntada que viva, está libre de tensiones. Incluso podemos decir que las tensiones son necesarias y ayudan a crecer. Así sucedió en la primitiva comunidad cristiana, como relata el Libro de los Hechos de los Apóstoles. Las quejas de uno de los grupos, los helenistas, dio origen a un mejor estudio de la realidad. Se habló libremente por parte de todos, y apareció oportuno dividir las tareas y las responsabilidades. Surge así la institución de la diakonía (diaconía), el servicio de la caridad, o la caridad hecha servicio. La diakonía será una de las dimensiones fundamentales de la Iglesia, junto al culto y la palabra. La lista de los primeros diáconos está encabezada por Esteban. Su misión es la misión que hoy ha asumido Cáritas en la comunidad cristiana: servir al hermano pobre y necesitado. Pero Cáritas somos todos y cada uno de los miembros de la comunidad. Seguir el camino de Jesús hoy es ser iglesia samaritana, hospital de campaña, salir al encuentro del hermano solo y perdido.

3.- HEMOS DE PROCURAR IMITAR A CRISTO

Por Antonio García-Moreno

1.- DISCORDIA.- La liturgia de Pascua sigue poniendo ante nuestra consideración textos del libro de los Hechos de los Apóstoles, retazos de la vida de los primeros cristianos. Ya hemos visto cómo vivían todos unidos con un solo corazón y con una sola alma, cómo se ayudaban los unos a los otros en todo lo que podían, moral y materialmente.

Sin embargo, hoy vemos que ya entonces hubo dificultades en la convivencia, roces entre unos y otros, opiniones encontradas. Entonces eran los cristianos de lengua griega contra los cristianos de lengua hebrea. No están conformes con su actuación y protestan, llegando a decir que es injusta, poco imparcial.

Los Apóstoles serán los encargados de dirimir la cuestión, serán los árbitros y jueces cuya decisión se aceptará incondicionalmente. Y como entonces, también luego, muchas veces a lo largo de los siglos, serán los sucesores de los Apóstoles, con el Papa a la cabeza, los que solucionen las cuestiones debatidas, los que digan la última palabra. A nosotros sólo nos queda aceptar con espíritu de fe lo que sea, estemos o no de acuerdo.

Ante las quejas, los Apóstoles responden: "No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para dedicarnos a la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la Palabra" (Hch 6, 2-4).

Era lo propio de ellos, rezar y predicar. Lo otro, el atender a los pobres, con ser una cosa muy buena, no era propiamente lo suyo. Ellos habían de tener tiempo para la oración y para proclamar el mensaje de Cristo. Por eso deciden que propongan a siete hombres de buen espíritu y de buena formación, para que atiendan al servicio de beneficencia.

Son los primeros diáconos. Es digno de notar cómo son los Apóstoles los que les imponen las manos, consagrándolos para la misión que se les encomienda. El pueblo fiel sólo los propone, y eso porque los Apóstoles así lo determinan. Es un detalle más de la condición jerárquica, no democrática, de la Iglesia. Cristo mismo lo quiso así, y por mucho que soplen los aires de una fácil demagogia, la Iglesia no podrá cambiar sus estructuras, las que el Señor instituyó.

2.- JESÚS ES EL CAMINO.- Son muchas las ocasiones en que Jesucristo anima a los suyos, exhortándolos a que no tengan miedo, a que no pierdan la calma. En otras ocasiones les echa en cara su falta de fe, su actitud apocada o temerosa. Para un hombre que cree en el poder y el amor de Dios, no es concebible el miedo y la angustia. En esta ocasión que consideramos, las palabras de Jesús fueron pronunciadas en la última Cena, en la víspera de su pasión y muerte. Por eso tienen un mayor significado y valor.

Hay muchas moradas en la mansión del Padre, les dice, hay sitio para todos. Algunos han interpretado estas palabras como reconocimiento de que hay múltiples formas de caminar hacia Dios, y que pueden ser divinos todos los caminos de la tierra. Desde luego, es cierto que Dios, al querer libre al hombre, permite muchas maneras de amarle y de servirle. Esto nos ha de animar a caminar por nuestro propio sendero, con alegría y con decisión, conscientes de que si lo recorremos con la mirada puesta en Dios, amándole con toda el alma, nuestro camino, sea el que sea, nos llevará hasta la meta ansiada, hasta la salvación eterna de nuestra alma.

Todo camino humano, por tanto, puede ser divino. Para ello es preciso recorrerlo, decíamos, con la mirada puesta en Dios, queriéndole sobre todas las cosas. Jesús nos lo específica y aclara todavía más, nos señala sin titubeos el camino, diciéndonos que él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida. Por eso es necesario que todos los caminos humanos, para ser divinos, han de pasar de una forma u otra por Cristo mismo. Es decir, en nuestro caminar de cada día hemos de procurar imitar a Cristo, ser fieles a su doctrina de paz y de gozo, de esfuerzo y de lucha.

De aquí la importancia de contemplar con frecuencia la vida de Cristo, de escuchar y de meditar sus palabras, de tratarle en la oración, de recibirle en nuestra alma en la Sagrada Comunión, limpios y fortalecidos con la recepción frecuente del sacramento de la Penitencia. Hay que vivir con el afán constante de no apartarnos nunca de Cristo y de estar pendiente de él, hagamos lo que hagamos. De ese modo nos iremos pareciendo más y más a Jesús, llegaremos a identificarnos con él, hasta el extremo de que su camino sea nuestro propio camino.

4.- JESÚS; ¿ES EL TODO?

Por Javier Leoz

El Buen Pastor, que nos descubre una puerta con horizonte amplio y divino, nos presenta tres “ases” para una buena jugada en esta tierra: es el Camino, es la Vida y es la Verdad. Combinarlas, sin confundirlas con otras cartas con trampa y de cartón, será nuestra misión y sobre todo nuestro reto.

1. Los primeros seguidores de Jesús no pensemos que lo tenían fácil ni claro. Había que optar por Jesús. Estaban un tanto desconcertados con sus palabras y, para colmo, ya no era que Cristo tuviera que ser el eje fundamental de su vida sino que, dando una vuelta más a la tuerca, habría de convertirse en el único camino, en la auténtica verdad y en la referencia más absoluta para su vivir. Cada uno vivía como vía (con sus propias cartas) y a nadie se le escondía que seguir a Jesús era trigo molido.

-Frente a las confusiones de las ideologías dominantes, Jesús, es un camino que aporta seguridad y confianza

-Frente a las falsedades, maquilladas con la crema del modernismo, se alza la verdad de un Jesús sustentada en Dios y no, como la del mundo, en los intereses de algunos en contra de otros

-Frente a la muerte, a veces pregonada como avance (el aborto, la eutanasia o muerte asistida), Cristo nos recuerda que su proyecto es un plan de vida y que nadie, excepto el Padre, puede considerarse dueño de la vida de los demás.

2. Como siempre nos queda una asignatura pendiente: creer y conocer a Jesús. Para testimoniarlo primero hay que sentirlo (como María en sus entrañas), reconocerlo (como los de Emaús) e imitarlo (como los apóstoles) desde el convencimiento y no como si fuera un simple disfraz semanal. El mayor peligro y contradicción que muchos católicos podemos tener es hacer de Jesús un insignificante atajo (no camino) por el que nos colamos cuando queremos para recibir simplemente unos sacramentos; cuando lo entendemos como un consejo (no como verdad suprema).

Ya sabemos que una famosa sentencia aquello de “existen muchos caminos que conducen a la única vedad”. Pero ello no nos quita para que, como cristianos, estemos convencidos de que el único CAMINO (certero, limpio, justo, y comprometido) que nos lleva a Dios es precisamente Jesucristo Salvador. Decir lo contrario es caer en una religión a la carta: recojo esto que me conviene y dejo aquello que no me agrada.

3.- Frente a senderos relativistas apostemos por un Jesús permanente y auténtico. Ante aquellos que proclaman sus ideas como verdades, dejémonos seducir por un Señor que coloca la verdad en el lugar que le corresponde y, ante “vidas minúsculas” acerquémonos a Cristo como fuente y cumbre de una vida que es antesala de otra que nos aguarda.

4.- POR TU CAMINO, SEÑOR

Aunque me tiemble el pulso,

seré de los tuyos, anunciaré  tu Palabra

apoyaré, con mis débiles  fuerzas,

la Verdad que tu camino me  indica.



POR  TU CAMINO, SEÑOR

Creeré y esperaré en la  eternidad que me brindas

Soñaré que, más allá de la  noche incierta,

aguarda un paraíso de  felicidad y de plenitud



POR  TU CAMINO, SEÑOR

Entenderé que, más allá de  la casa en la tierra,

me esperas con un sitio  cerca del Padre

volverás para cumplir, como  siempre lo haces,

con tus promesas que superan

las nuestras, humanas,  caducas y falsas



POR  TU CAMINO, SEÑOR

Descubriré que, avanzando Tú  por delante,

eres la vía que lleva al  rostro del Padre

eres el sendero iluminado  por el Espíritu Santo

eres Aquel que, cuando se  mira, 

encuentra frente a frente al  que en el cielo espera



POR  TU CAMINO, SEÑOR

Te veremos y cantaremos la  grandeza de creer en Ti

Te conoceremos y, contigo,  sabremos de Dios

Te conoceremos y, contigo,  viviremos en Dios

Te conoceremos y, contigo,  marcharemos al Padre

Viviremos y, viviendo  contigo,

sentiremos que vivimos Aquel  que te envió

Amén

5.- LAS MORADAS DEL CIELO

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Los fariseos perseguían a Jesús acusándole de no desvelar su verdadera naturaleza, su condición de Mesías. Él les respondía que hablaba con claridad, pero ellos no le creían. ¿No nos pasará lo mismo a nosotros? ¿No seguiremos dando vueltas a un asunto que no tiene vuelta de hoja? ¿No hizo lo mismo el Apóstol Felipe lo que provocó la respuesta precisa de Jesús?: ¿"Hace tanto --dice el Señor-- que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe?". Llevamos ya mucho tiempo a su lado y parece que no lo conocemos. Va añadir el Maestro: "Quien me ha visto a mí ha visto al Padre". Pero hay muchos cristianos fuera de la Iglesia Católica que no aceptan la divinidad de Jesús y formulan varios supuestos insólitos que limitan el poder y la libertad de Dios.

2.- Y es que el Evangelio de San Juan que leemos hoy es como una declaración fuerte y precisa del Salvador. Proclama su divinidad: "Quien me ha visto a mí ha visto al Padre"; se ofrece de guía para nuestra vida: "Yo soy el camino y la verdad y la vida". Nos espera junto al Padre y es mediador para el género humano. Las moradas del Cielo están acondicionadas por el mismo Jesús. Y nuestra felicidad futura será inefable porque la ha preparado la Segunda Persona de la Trinidad. Pero se nos olvida y nos enredamos y perdemos nuestro tiempo y multitud de venalidades o de perversos procederes. Estamos, pues, como los fariseos de tiempos de Cristo, preguntando lo que ya sabemos porque Jesús nos lo ha referido.

3.- Es muy útil que la liturgia de este tiempo pascual, preparatorio del Pentecostés, para cuando el Señor nos envíe el Espíritu, marque perfectamente el perfil de las cosas que debemos saber. El Evangelio de Juan escrito ya cuando las primeras herejías habían hecho mella en alguna comunidad cristiana tiene que afirmar inequívocamente circunstancias que los otros evangelistas al darlas por sabidas e incuestionables no enfatizaban tanto. A la postre, el hombre histórico --de todas las épocas-- con muy poca fe en Dios y con ínfimo aprecio a la condición humana, discute siglo tras siglo la doble naturaleza de Cristo. El Señor Jesús es Dios y Hombre Verdadero. Resucitó al tercer día y está en cuerpo glorioso, sentado junto al Padre, como le vio el primer mártir, Esteban. Y es esto lo que no se admite, para aceptar otras cosas que, también, desde un punto de vista racionalista y "natural" son muy difíciles de admitir. Pero se tenderá a hacer --por soberbia disfrazada de perspicacia inteligente-- una religión a la medida. Jesús, una vez más dice la verdad, pero nadie le cree...

4.- La lectura continuada de los Hechos de los Apóstoles nos presenta episodios de esos primeros años de la vida de la Iglesia. En fin, que los fieles han crecido en número y es necesario que los Apóstoles se encarguen de la transmisión de la Palabra. La atención a los fieles más débiles debe ser ejercida por otros. Y así se designan siete diáconos. El diaconado aparece ya y continuará hasta nuestros días en los que se reverdece la opción de los diáconos permanentes. Y esa siembra fue prodigiosa. De ella, saldrá el primer mártir de la Iglesia, Esteban, apedreado y muerto por su fe, por su bondad y su belleza espiritual. También "nacerá" un predicador que emulará a los Apóstoles en su labor de explicar la Escritura y la Palabra: Felipe.

5.- La Primera Carta de Pedro hace referencia a las piedras vivas que somos todos los creyentes y que con ellas se construye el verdadero edificio de la Iglesia, pues es antes espiritual que material. La mejor construcción es la que hace el Espíritu en la Iglesia y para los espíritus de sus hijos. Jesús fue la piedra angular rechazada por los arquitectos de su tiempo. Y lo que pasó el Maestro ocurrirá a los discípulos: el mundo actual no se basa en las piedras vivas inspiradas por el Espíritu Santo. Este mundo nuestro de ahora vive en pos del dinero, del poder, del éxito material. Y, sin embargo, cada vez necesita más el basamento que es la palabra y el ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo. Pedro es también piedra y fue, según la promesa de Cristo, la piedra hoy completamente viva sobre la que se erige la Iglesia de Dios. Su sucesor, el Papa, continua la labor de mantenimiento de una estructura de amor, se servicio, de entrega a los hermanos, mientras que se ejerce un sacerdocio de adoración a Dios. Se instituye el sacerdocio común de los todos los bautizados. Son vibrantes estos textos y este tiempo de Pascua. El Señor ha resucitado y alegres --y confiados— esperamos al Espíritu que nos renueve.

LA HOMILIA MÁS JOVEN

SERVICIO RESPONSABLE

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Cuando yo estaba acabando mis estudios de bachillerato, la diversidad de carreras a escoger era bastante limitada. Un licenciado, o un ingeniero servía para todo, o se creía era posible que lo fuera. Hoy en día esto es inimaginable. Son precisas múltiples especialidades.

2.- Algo semejante a lo que os decía, mis queridos jóvenes lectores, aconteció en la primitiva Iglesia. No era suficiente que presidiera y administrara la Comunidad una sola persona, por el sólo hecho de ser Apóstol o compañero-discípulo de Apóstol. El número de los congregados crecía y la variedad y diferencia entre unos y otros iba aumentando. La primera lectura de la misa de este domingo nos habla de ello. En el simple núcleo de Jerusalén, convivían dos culturas. La autóctona, la de los que siempre habían vivido en la capital y se entendían entre sí en lengua aramea, aunque sus dirigentes e intelectuales conociesen y utilizasen en sus ritos el hebreo. Eran gente generalmente sencilla, desconocedora de lejanos horizontes. Los otros, los que habían vivido o descendían de los que se habían trasladado y formado núcleos en lejanos países, que habían adoptado lengua y costumbres del mundo griego, ordinariamente más cultos. De ambas culturas procedían los fieles del Señor. Cada una de ellas conservando sus peculiaridades y sufriendo sus carencias.

3.- La descripción idílica que se nos hace en algún pasaje de los Hechos de los Apóstoles, simultaneaba con las dificultades de convivencia y colaboración que se explican en el fragmento de la misa de hoy. Era difícil atender a todos por igual si esta responsabilidad era exclusiva del que presidía las asambleas. Un episodio semejante al de lo que le ocurría a Moisés. La Iglesia, único sacramento, se diversifica en dos funciones. Surgen los diáconos. Si proclamar la Palabra era esencial, ejercer la Caridad también lo era.

4.- En la historia de la Iglesia, junto a los que presidían, obispos, aparecen los que servían, diáconos. Estos segundos se distinguieron y se distinguen. Se llamarán: esteban, Lorenzo, Vicente, etc. etc. …Francisco de Asís. (sí, el que revolucionó el mundo del monacato, inventando el de los mendicantes, no era presbítero. Y es sólo un ejemplo, no quiero alargarme). Pasó mucho tiempo y la Iglesia olvidó señalar esta función de servicio con un sacramento. Lo recibíamos los que aspirábamos al sacerdocio, como un paso previo, como una especie de escalón. El Vaticano II lo reinstauró como función de Iglesia en exclusiva. Todavía no ha llegado a madurar, hay que reconocerlo. Para que me entendáis os pondré algún ejemplo. El responsable de Cáritas, debería solicitar y recibir este sacramento, para recibir Gracia que facilitara sus funciones. El director de una publicación periódica, en papel o por Internet, de igual manera. El médico de un asilo cristiano, en función altruista, mejor dicho, caritativa, debería gozar de esta asistencia sagrada.

5.- Os he hecho estas observaciones, mis queridos jóvenes lectores, porque oiréis a veces la definición de un diácono como algo semejante a un presbítero, que puede casar y bautizar, dar la comunión, acompañar en el altar al obispo o al sacerdote y presidir entierros, pero no celebrar misa, ni confesar. Es una definición inexacta totalmente. Si me he entretenido en ello es para que os preguntéis, los que estáis en disposición de preguntároslo, si aspiráis a tal ministerio. Y dicho sea de paso, lo de que los diáconos se casen y los presbíteros no, es práctica de la Iglesia latina. En las Iglesias católicas orientales, varones casados reciben, si quieren y el obispo está de acuerdo, el sacramento del presbiterado.

6.- El texto del evangelio que se proclama en la misa de hoy contiene doctrinas muy importantes. Recuerda el Maestro que debemos ser personas esperanzadas. Da dos razones. En la casa del Padre hay múltiples estancias. Todo el mundo está invitado. De verdad y muy bonito. Pero también que son diversas, que no se exige homogeneidad. Y esto muchos quieren olvidarlo. Pertenecen a una asociación, movimiento, camino o prelatura y se creen que todo el mundo debe hacer la misma opción. El Jardín de Dios, en tal caso, sería monótono, sus flores, muchas de ellas, parecerían de invernadero y en la Iglesia se vive la libertad de la flora silvestre. O en una única horma que quieren meter a todos, no cabrían las diversas idiosincrasias. La Comunión de los Santos es un festín de manjares selectos, diferentes, aptos para todas las apetencias. No hay nada tan encantador como ver por la montaña una genciana junto a un edelweiss y una orquídea. Y yo he visto próximas estas flores, sin que tuviera que escoger, maravillándome de todas.

7.- Hay religiones de libro. Sus enseñanzas se derivan exclusivamente de un texto. Sus adeptos se saben de memoria multitud de sus párrafos. Nuestra Fe es en una Persona. Es importante saber lo que dijo y pusieron posteriormente por escrito. Pero lo esencial es imitarle, amarle, sentirse unido a Él. Jesús, el Señor, nunca abandona, no lo olvidéis, mis queridos jóvenes lectores. Él mismo es camino, pero aunque lo abandonéis, siempre podéis volver a encontrarlo, a recorrer con Él y en Él, la senda al Padre, a la Eternidad Feliz.

San Isidro, lunes 15 de Mayo

A DIOS ROGANDO….Y LABRANDO

Por Javier Leoz

Cuando la primavera adorna los valles y, los campos, con sus primeras mieses nos hablan de su esplendor. Cuando la Pascua nos sigue agasajando con armoniosos aleluyas de resurrección, celebramos en este 15 de mayo la festividad de San Isidro Labrador. Dejamos a un lado lo que puede ser leyenda y nos fijamos en lo sustancial: Isidro fue un hombre de Dios y, eso, le ha valido un puesto –más que merecido-- en el calendario cristiano.

1.- En una mano el arado y, en la otra, la oración. Así fue este hombre. Sabía que, su esfuerzo y tesón, eran regalos bajados del cielo. No descuidó ni lo uno ni lo otro: trabajaba mirando hacia la tierra pero, su corazón, alababa incesantemente a Dios.

Supo llevar, su alma cristiana, al día a día. Cuando tantos de nosotros estamos sumergidos en el puro activismo. Cuando nos resulta tan difícil combinar “fe y trabajo”, San Isidro logró armonizar perfectamente los dos aspectos. El “ora et labora” benedictino, lo supo custodiar y vivir en primera persona. Dios era lo esencial y, a El, se consagraba con las primeras luces del día. ¿De qué servirían aquellas labores agrícolas el día de mañana? ¿Merecía la pena gastarse en el arado cuando, lo único que estaba llamado a fructificar eternamente era su profunda fidelidad a Dios?

Estos interrogantes nos vendrían muy bien a nosotros, como fondo y planteamiento de nuestro vivir; vamos de un lado para otro. Hacemos muchas cosas. Contamos con una técnica que nos abarata costes y nos evitan esfuerzos mayores. Pero ¿y la vida en Dios? ¿La cuidamos? ¿La embellecemos con el arado de la oración, la humildad, la paciencia o la confianza en Dios?

Tan peligroso, para una vida cristiana, es el brazos cruzados como una existencia atestada de actividad. Las dos tienen algo en común: que no hay espacio para Dios. Que no hay lugar para la búsqueda o el descanso en Dios.

2.- San Isidro, con su ejemplo honrado, nos coloca en aquel punto donde podemos encontrar el equilibrio perfecto: rogar y labrar, labrar y rogar. Es decir; trabajar sin olvidar a Dios y, alabar a Dios, sin dejar de cumplir con nuestras obligaciones y sabiendo que Dios nos ama.

¿Cuál fue el secreto de San Isidro para ser santo? ¿Qué trabajaba de sol a luna? ¿Qué Dios bendecía con especial mano divina sus sembrados? ¿Qué asistía, con las primeras luces del alba a la Eucaristía? Sí…pero no. El gran secreto de San Isidro es que se sentía amado por Dios. Que, en todo lo que hacía y decía, sabía que encontraba la presencia amorosa de Dios. Porque, al fin y al cabo, ¿qué es ser santo? Ser santo, como San Isidro, es sentir a flor de piel el inmenso amor que Dios nos tiene. Es dejar a su beneplácito lo que somos y realizamos. Es caer en la cuenta de que, Dios, es el que anima y alienta nuestro vivir, nuestro trabajar y quien reconforta nuestro sufrir.

3.- Que el ideal cristiano de San Isidro, que fue ver al Señor en todo lo que era y hacía, sea para nosotros un motivo para intentar derivar nuestra vida por aquellas sendas que, en San Isidro, se convirtieron en pistas para encontrarse y permanecer unido al Señor.

El futuro de nuestra fe, depende en gran medida, de la siembra que vayamos realizando en ese campo de inmensas posibilidades como es la familia. Ahí es donde hemos de impregnar, a las futuras generaciones, de seguridad en la fe, convicciones religiosas y morales, y valores que –más allá del relativismo que nos invade- permanezcan inalterables en nuestra conducta, en nuestra formación y en nuestra conciencia.

4.- San Isidro, tal vez, llegó a cultivar viñedos. Qué pronto aprendería aquello del Evangelio: para que un sarmiento dé fruto, ha de estar unido a la vid. Nuestra sociedad, sarmiento a veces resquebrajado y caprichoso, corre el riesgo de secarse o quemarse por sí misma, por alejarse demasiado de esa fuente de vida, de amor, de frescura y de fe como es Jesucristo.

Pidamos, por intercesión de San Isidro, trabajo para vivir y fe para alabar y bendecir a Dios.

5.- COMO TU, SAN ISIDRO

Queremos  un día luminoso

para  buscar la luz del cielo

Un  tierra firme y bien dispuesta

en  la que sembrar un futuro mejor.

¿Nos  ayudarás en el surco, amigo?

Préstanos  tu arado; 

Bien  sabemos que, por ser de tal amo,

a  la fuerza ha de ahondar regueros divinos

Déjanos  tu calzado;

Bien  sabemos que, por calzar la humildad,

hemos  de llegar hasta el final del tajo.



COMO  TU, SAN ISIDRO

Con  los dos ojos labraremos la tierra:

Con  uno mirando al cielo, 

para  que Dios bendiga nuestro esfuerzo,

y  con el otro, en la zanja,

para  que no nos falte el alimento.

Ayúdanos,  San Isidro, 

a  empujar con aliento divino

la  aguijada sobre el duro suelo.

Hoy,  como nunca, amigo labriego

necesitamos  de tus manos

para  saber guiar el timón 

de  nuestra fe, de nuestro ser, vivir y trabajar.

Te  pedimos que, ante Dios,

hagas  presente la oración

de  este pueblo que, con espigas en sus manos,

oraciones  en sus labios,

con  cestas de mimbres rebosando frutos,

vinos  generosos o miel silvestre

o  pan recién sacado del horno

ama  a Dios sobre todas las cosas

y  proclama con la fe de nuestros padres:

¡Bendito  sea el Señor

que  nos da la tierra que nos devuelve

el  ciento por uno

cuando  se le trata con 

mano  humana y abono divino.

Amén.