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05 mayo 2017

IV Domingo de Pascua: Homilías

1.- PREOCUPADO POR NOSOTROS

Por Javier Leoz

Se agradece, y hasta es causa de seguridad personal, el hecho de que otras personas se preocupen de nosotros, sigan con cariño y con especial atención el curso de nuestra vida o, simplemente, nos alerten de las contradicciones y pruebas que pueden aparecer en el horizonte de nuestra felicidad. ¿Tienes un amigo? ¡Guárdalo! ¿Hace algo por ti? ¡Dale las gracias!

1.- La figura del Buen Pastor, en este cuarto domingo de Pascua, expresa muy a las claras el alma interna de Jesús: vela por nosotros y sale con prontitud en los caminos por donde avanzamos, pensamos, nos realizamos….o tropezamos.

--¿Qué estamos heridos? Siempre tiene una palabra sanadora que infunde salud y fortaleza


--¿Qué nos encontramos abatidos? Nos habla con palabras de esperanza y valentía

--¿Qué caemos en la decepción o en la tristeza? Se acerca y se convierte en motivo de alegría y de confianza.

Jesús no es alguien que se desentiende de nosotros. Vive a nuestro lado y, además, es bálsamo en multitud de ocasiones en las que nos sentimos perdidos, agobiados, despistados o con hambre de otros alimentos que no sean los del mundo.

2.- La figura del Buen Pastor, en este tiempo de Pascua, nos advierte de igual manera de los falsos pastores. De otras puertas que nos abren valles teñidos de falsas felicidades, de palabras superficiales y de caprichos a la carta. Son muchos de nuestros dirigentes que, constituyéndose en voz del pueblo, rompen y rasgan con valores que han entretejido y dinamizado nuestra cultura, nuestra forma de ser y que nos dejan sumidos en la inseguridad y en el fracaso, en el hastío y en la desesperanza. Son aquellos que quieren un mundo sin Dios y sin más referencia que el hombre por el hombre. También, de esos “falsos pastores” nos alerta y previene el Señor.

La diferencia entre Jesús y los falsos pastores es que, a Jesús, le interesan todas las ovejas, todas las personas. Para El no existen colores, ideologías ni partidos. Para el Señor existen las almas. Y, las almas, sólo tienen un color: la fe.

3.- En un mundo tan desgajado y enfrentado por diferentes tendencias, se agradece la Palabra de un Jesús que sale al paso del hombre por lo que es (por ser hombre) y no por lo que piensa (por el matiz de su pensamiento).

En una sociedad tan resquebrajada y mediatizada por lo que nos divide, en la fiesta del Buen Pastor, tenemos un gran reto: unirnos en torno a Aquel que nos hermana y nos ama. Ojala seamos capaces de reconocer a Jesús como aquel Pastor que es capaz de llevarnos por los caminos de la concordia. Aquel que da la vida, a través de su Iglesia, sus sacerdotes y personas comprometidas en la evangelización, en favor de toda la humanidad. Un Jesús que, desde el día de nuestro Bautismo, nos conoce, nos ama y para el que --nuestra historia-- no le es indiferente y que, por lo tanto, hemos de corresponderle desde nuestro compromiso activo de buscar y trabajar por la unidad de todos aquellos que nos decimos cristianos. El, como Buen Pastor, va por delante.

4.- ¡ABRE TU PUERTA, QUE TE ESCUCHO!

Creo en Ti,  espero en Ti 

y quiero  entrar por Ti y contigo en el Valle Celestial

Tú, Señor, eres Buen Pastor

tu mano me  indica los caminos a seguir

tus ojos se  fijan en los míos

cuando me  siento débil y enfermo.

Si me lanzo  hacia el abismo, me socorres

Si me  equivoco de senda, reconduces mis pasos

Creo en Ti y  espero en Ti.

Tu  presencia, es báculo que me da seguridad

Tu Palabra,  es aliento y consejo certero

que empuja  mi pensamiento y mi decisión

Tu huella, de Buen Pastor,

es guía que  me compromete a vivir unido a Ti

y a trabajar  por tu Reino.

Tu cayado, siempre firme y eterno,

es apoyo que  necesito cada día que avanzo.

En la  falsedad, me hace optar por la verdad

En la  incredulidad, me sumerge en la fe

En la  tibieza, me aporta fortaleza

En la  oscuridad, me arroja hacia la luz

¡Abre tu puerta, Señor, que voy contigo!

Que te  escucho, porque eres Pastor

Pastor que  amas y te entregas por amor

Pastor que  conoces, y llamas con amor

Pastor que  alimentas, y lo haces por amor

Pastor que  aguardas, y esperas con amor

Pastor que  hablas, y das en el corazón.

¡ERES MI  BUEN PASTOR, SEÑOR! ¡ABRE TU PUERTA Y ENTRO CONTIGO!

2.- CAMINO DE AMOR Y DE LEALTAD

Por Antonio García-Moreno

1.- PALABRAS VALIENTES.- Palabras valientes de Pedro, que afronta la cuestión con decisión y claridad. Era muy atrevido decirles que Jesús de Nazaret, al que ellos habían crucificado cruelmente, al que habían negado, ese es, nada menos, el Señor, el Mesías prometido por los profetas. Palabras valientes que se van a repetir con audacia ante los más diferentes auditorios. Palabras que siguen resonando con fuerza y con decisión.

Cristo Jesús es el mismo Dios encarnado, la segunda Persona de la Santísima Trinidad que, sin dejar su naturaleza divina, asumió también la naturaleza humana, uniendo una y otra naturaleza en su única Persona divina. Misterio de Cristo, misterio de la Trinidad Santa. Realidades que sobrepasan a nuestro entendimiento y que aceptamos por la fe, incondicionalmente, generosamente, totalmente, tal como nos lo enseña nuestra santa Madre la Iglesia, tal como sigue resonando en labios del sucesor de Pedro. Palabras valientes que proclaman el mensaje de Cristo, sin mirar el qué dirán de los hombres, buscando sólo cumplir con el mandato de Dios.

Lo lógico hubiera sido una reacción violenta. Aquellas palabras eran una terrible acusación. Se les venía a decir con claridad que ellos habían asesinado al Rey de Israel, a ese que tanto tiempo habían esperado y deseado. Se les decía que Dios hecho hombre había venido a los suyos y que los suyos no le recibieron, le rechazaron violentamente, le cosieron a una cruz.

Y he aquí que estas palabras les atraviesan al corazón, les llegan hasta lo más profundo de su ser, provocando un dolor sincero, un arrepentimiento auténtico. ¿Qué hemos de hacer?, preguntan ansiosos, dispuestos a todo, sea lo que sea... Señor, tu palabra sigue resonando valiente en el magisterio de la Iglesia, en lo que dice el Papa, en lo que la Jerarquía enseña a través de los altos organismos de la Santa Sede. Pero ya ves, Señor, a veces hay quienes no reciben el magisterio de Roma con visión de fe, recortan su contenido, lo interpretan según su conveniencia, protestan y firman escritos contestatarios. Ayúdanos, Señor, y da fuerza a los que hacen cabeza para que sigan hablando con claridad y energía. Y gracias porque la inmensa mayoría responde al magisterio de la Iglesia con fidelidad a veces heroica, a pesar de esa minoría bullanguera y criticona.

2.- CRISTO ES LA PUERTA.- La puerta, lo mismo que el camino, es un símbolo que, en la Biblia, significa algo más hondo de lo que a primera vista pudiera parecer. Son imágenes que hacen referencia a unos principios morales, a un modo determinado de comportamiento. Por eso Jesús afirma: Yo soy la puerta. Es decir, yo soy el modelo que hay que imitar, el ejemplo claro que hay que seguir para poder entrar en el rebaño. El que trate de copiar otro modelo, el que entre por otra puerta, ese es un salteador, un bandido, un ladrón. Por eso los pastores que no se identifiquen con Jesucristo, nuestro Buen Pastor, son pastores falsos, mercenarios que sólo buscan el provecho personal y no el bien del rebaño.

Sus palabras eran sencillas y claras, pero los oyentes no acababan de entender. Jesús tiene paciencia con ellos, con nosotros también, pues tampoco acabamos de entender. Los que vinieron antes, les explica el Maestro, eran unos ladrones y unos bandidos. Por eso las ovejas no les escucharon. Oyeron sí cuanto les decían, pero se daban cuenta de que en el fondo latía el engaño y la mentira.

En cambio, a Cristo, el Buen Pastor, las ovejas le reconocieron por la voz y le siguieron. Él marcha delante del rebaño, al estilo palestino, no detrás de las ovejas, sino delante; conduciéndolas no a pedradas o a gritos, o con la ayuda de los perros, sino que les marca el camino con su propio caminar, haciendo transitable y andadero el sendero de la salvación.

Con razón se nos dice muchas veces en los evangelios que los discípulos y las multitudes seguían a Jesús. El Maestro mismo le decía al elegido: Ven y sígueme. Era una forma práctica de enseñarles un modo de conducta, indicándoles que siguieran la suya propia. Caminar por los mismos senderos que Él caminó, pasar por su mismo camino hecho de abnegación y de servicio gustoso, de esfuerzo y de entrega generosa. Camino de amor y de lealtad, camino que en ocasiones se hace cuesta arriba, muy cuesta arriba quizá, pero al final la dicha es grande y segura, la felicidad cierta y eterna.

3.- JESÚS, LA PUERTA QUE CONDUCE AL PADRE

Por José María Martín OSA

1.- Un tesoro que debe ser compartido. El discurso de Pedro en el Libro de los Hechos presenta una síntesis del mensaje cristiano: Jesús es el Cristo. Aquellos que escuchan este anuncio deben dar un nuevo sentido a su vida y actuar consecuentemente con su nueva visión de las cosas. Por el Bautismo entramos a formar parte de la comunidad de discípulos y, en adelante, nuestra existencia no estará movida por la Ley sino por el Espíritu Santo. Todo ello supone un nuevo vivir, un nuevo nacimiento, una “metanoia” o conversión. La comunidad primitiva cumple la esencial función de evangelizar. Ni entonces ni hoy se trata de un mero proselitismo para que aumente el número de miembros de la Iglesia, sino de facilitar el encuentro con Cristo del hombre de nuestro tiempo, porque la iglesia no es la luz sino testigo de la luz. Cuando alguien descubre un tesoro debe intentar compartirlo con aquellos a quienes ama.

2.- Jesucristo es nuestro pastor. El salmo 22, uno de los más bellos de toda la Biblia, comienza con una afirmación sincera y atrevida: "El Señor es mi pastor, nada me falta". El autor es un creyente que se sabe guiado y acompañado por la mano firme y protectora del pastor. Proclama que quien sigue a Jesús tiene todo lo que necesita: seguridad, alimento, protección techo donde habitar... Difícilmente anidarán en su corazón la agresividad, la envidia, la rivalidad, todas esas actitudes que amenazan siempre el convivir con los otros fraternalmente.

3.- Paciencia y lucha por la justicia. Hay situaciones en las que el hombre, injustamente oprimido, solo puede resistir a la injusticia con la paciencia. Si el cristiano descubre el sentido del sufrimiento y, sin temor a los hombres, acepta la cruz pacientemente, su dolor estará fortalecido con la esperanza que no defrauda; imitará al Maestro que también padeció injustamente, y alcanzará la vida. Jesús, que fue llevado a la muerte como oveja al matadero, Jesús, por cuyas heridas hemos sido curados, vive, y ahora es el pastor y guardián de nuestras vidas. Hay que seguir luchando por la justicia, a pesar de las dificultades. La paciencia cristiana es la única manera de resistir a la injusticia sin desesperaciones suicidas y sin traiciones cobardes a la justicia. Así expresa San Agustín el ejemplo de Cristo:

“¡Qué humildad! Cristo se humilló. Hasta encarnarse, hasta participar de la mortalidad humana, hasta ser tentado tres veces, hasta ser el objeto de las burlas del pueblo judío, hasta ser escupido y encadenado, abofeteado y flagelado; y si esto es poco, hasta la muerte. Y si todavía hay que añadir el género de muerte: la muerte en cruz (Flp 2,6-8). Tal es nuestro ejemplo de humildad, medicina para nuestra soberbia. ¿Por qué te hinchas? ¡Oh hombre!”.

4.- Puerta abierta a todos. Jesús se presenta como puerta, como acceso al Padre. Hay que "pasar" por El si se quiere llegar a los pastos que dan la vida en plenitud, porque. El ha venido "para que tengamos vida abundante". En el Antiguo Testamento el culto es la puerta que establece la comunicación entre en mundo divino y el terrestre. Esto ha sido ya superado. Solo Jesús es nuestro guía. Dos detalles del texto se pueden recordar: Jesús camina delante y conoce a sus ovejas. Él es el camino verdadero y viviente. No dirige su comunidad desde un despacho. En la comunidad de Jesús no se funciona como en una masa social en base a números de carnet o apellidos. El conocimiento es personal. Él conoce el nombre de cada oveja, y ellas le conocen a él. Nada parecido a un ejército o a una gran empresa. Rebaño y pastor son uno. Jesús es la puerta de entrada de la comunidad cristiana más allá de las herencias sociales en materia de religión. Una puerta siempre abierta es una posibilidad que se ofrece y no es nunca un obstáculo. La comunidad y sus pastores de cada momento habrán de cuidar para no estrechar ni agrandar su dintel, modificando lo establecido por el único pastor. La fidelidad al Señor es el alimento de su rebaño.

5.- Pastores, servidores de la comunidad. Tomando la comparación, bastante habitual en los escritores bíblicos, de los pastores (dirigentes) y las ovejas (pueblo), se rechaza en el texto a quienes guían al pueblo mirando en beneficio de sus propios intereses económicos y políticos. Son ladrones y bandidos. La salvación pasa necesariamente por Jesús. De esto mismo advierte San Agustín:

 “Nosotros, a quienes el Señor nos puso, porque así él lo quiso, no por nuestros méritos, en este puesto del que hemos de dar cuenta estrechísima, tenemos que distinguir dos cosas: que somos cristianos y que somos pastores vuestros. El ser cristianos es en beneficio nuestro; el ser pastores, en el vuestro. En el hecho de ser cristianos, la atención ha de recaer en nuestra propia utilidad; en el hecho de ser pastores, no hemos de pensar sino en la vuestra. Son muchos los que siendo cristianos, sin ser pastores, llegan hasta Dios, quizá caminando por un camino más fácil y de forma más rápida, en cuanto que llevan una carga menor. Nosotros somos también pastores y según esto debemos dar cuenta a Dios de nuestro servicio”.

4.- ¿EL SEÑOR ES MI PASTOR, NADA ME FALTA?

Por Gabriel González del Estal

1.- Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará. El salmo 22 lo hemos leído y meditado todos nosotros muchas veces. Yo no voy a hacer aquí ningún comentario exegético del mismo; me limito a preguntarme a mí mismo, y a los que quieran leer esto, si para nosotros realmente es verdad que el Señor, Jesús, es nuestro pastor, y si, siguiéndole a él, notamos que nada nos falta. Porque en mi vida real, en mi vida de cada día, ando con frecuencia ocupado y preocupado en lo que hacen otros pastores, me preocupo por lo que dicen, y, de alguna manera, me dejo influir por lo que hacen y en parte les sigo. Por supuesto, que si estos otros pastores fueran de verdad discípulos y seguidores del verdadero y único pastor, Jesús, el seguirles a ellos no sería nada malo, sino todo lo contrario. Pero es que estos otros pastores de la sociedad en la que yo vivo no demuestran en su vida ser discípulos del verdadero y único pastor, Jesús. Pienso ahora en los pastores políticos de mi sociedad, en los pastores económicos, en los pastores de la información, en los pastores religiosos… ¿Qué debo hacer: votarles, imitarles, escucharles, seguirles? Mi pregunta radical es: ¿me conducen por el sendero justo, hacia fuentes tranquilas, reparan mis fuerzas, su bondad y su misericordia me acompañan todos los días de mi vida? Sí, mirándome a mí mismo como oveja, me pregunto: si quiero seguir de verdad a Jesús hasta las últimas consecuencias, ¿hasta qué punto debo escuchar y seguir a estos otros pastores? Porque tampoco puedo, ni debo, ir por libre en todo lo que yo hago, digo y predico. Como ser social que soy, como ciudadano de la sociedad en la que vivo, como persona religiosa cristiana que soy, me pregunto: ¿creo y siento de verdad que, siguiendo a Jesús, nada me falta? En definitiva, me pregunto: ¿Jesús es la puerta única por donde yo quiero entrar a la verdad y a la vida? Todos los días, ¿escucho su voz y le sigo?

2.- Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el Espíritu Santo… Escapad de esta generación perversa. Cuando las personas se bautizaban en edad adulta, el bautismo suponía la conversión previa, pero nosotros hemos sido bautizados cuando éramos niños, sin capacidad para decidir por nosotros mismos. Necesitamos, pues, renovar, confirmar después, ya de adultos, las promesas bautismales y hacerlo con un propósito sincero de conversión. Y, puesto que nacemos con una inclinación original al pecado, la conversión debe ser un propósito que debemos mantener siempre activo, durante toda nuestra vida. Vivir como bautizados y convertidos es vivir habitados y llenos del Espíritu Santo, no siguiendo los consejos y las pautas de la generación perversa en la que nos toque vivir. Estas palabras del apóstol Pedro que leemos en la primera lectura de este domingo, a todos los que se habían congregado en Jerusalén en el día de Pentecostés, debemos hoy aplicarlas a cada uno de nosotros. Si tenemos el Espíritu Santo, debemos dar los frutos del Espíritu Santo, no los frutos de la carne, como nos dice el apóstol Pablo en Gálatas, 5. Por eso, las preguntas que debemos hacernos ahora nosotros es si de verdad los frutos que nosotros damos son: el amor, la paz, el gozo, la bondad, la mansedumbre, la templanza, o, por el contrario, si nuestras obras tienen más que ver con las obras de la carne: la idolatría, las enemistades, las envidias, los celos, las contiendas, las orgías, etc. Que nuestro único Señor sea Jesús, el Cristo, y no las costumbres de la sociedad en la que vivimos. En definitiva, que, como decíamos arriba, Cristo sea nuestro único Pastor.

3.- Cristo, cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas nos han curado. El sufrimiento de Cristo fue un sufrimiento redentor, su sufrimiento nos curó, así nosotros también debemos soportar nuestros sufrimientos y convertirlos en instrumentos de salvación. El dolor y el sufrimiento son algo inherente a la condición humana, lo importante es, como decimos, hacer de nuestros dolores y sufrimientos caminos de salvación. El dolor es como el fuego, puede destruirnos, o purificarnos. De nosotros depende elegir una cosa u otra. Lo que Cristo eligió ya lo sabemos, tal como hemos leído hoy en estas palabras del apóstol Pedro. Seamos buenos discípulos y seguidores del único Señor y Pastor al que queremos seguir. Y que nuestro dolor sea provechoso y redentor no sólo para nosotros, sino también para los demás.

5.- JESÚS, EL ÚNICO PASTOR

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Los ejemplos ganaderos son lógicos para una sociedad mayoritariamente agrícola como lo era la nación judía de tiempos de Jesús. Y dichos ejemplos se han mantenido en permanente actualidad pues esas referencias han estado vivas muchos siglos, en la habitual existencia de los seres humanos. Hoy, ciertamente, todavía hay países en los que el campo tiene una especial importancia, pero se marcha hacia una mayor presencia del hombre en la ciudad y ahí el argumento ganadero podría perder fuerza. Es muy probable que muchos de nuestros niños solo hayan visto ovejas en la televisión o fugazmente a lo lejos, desde las ventanillas de un raudo automóvil que atraviesa los campos. En otro tiempo –en los de Jesús—eran tan próximas las ovejas que compartían habitación con los humanos.

2.- Sin embargo, a pesar de esa lejanía argumental, hay algo muy fuerte y expresivo en la acción de Jesús como pastor único y autentico. Y emerge directamente, además, una advertencia muy grave: "Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido". ¿Qué significa? ¿Se refiere a los falsos profetas, a los mentirosos, a los embaucadores de la fe? Tanto esta semana, como la anterior, en diferentes textos se ha aludido al ecumenismo, a los hermanos separados y a quienes no se abren a la acción del Espíritu. En ese caso parece que está claro que el único Pastor, el Pastor de todos es Jesús.

3.- Pero puede ocurrir que haya falsos pastores que sean ladrones y bandidos. ¿Y cómo reconocerlos? Pues es el mismo Jesús quien da la clave, el pastor entra por la puerta del aprisco, los bandidos quieren saltar la tapia. ¿Qué quiere decir esto? Está claro: que cualquier divergencia doctrinal no puede hacerse con engaño, omisión y ocultación. Y, sin embargo, esa práctica está muy generalizada entre los movimientos sectarios, sobre todo. Pero no así entre quienes desde las diferentes Iglesias buscan una vuelta a la unidad con honradez y presentan sus tesis a través de la puerta. Junto a esa --parece claro-- que solo hay un pastor, pero la elección de Cristo como nuestro pastor nos ayuda a avanzar en el tiempo y en el espacio. Todas las oraciones ecuménicas de la Iglesia Católica así reflejan que es Jesucristo el único Pastor. 4.- Hay otra cosa digna de tenerse en cuenta, después de que Jesús explica la diferencia sobre el ladrón y el Pastor auténtico: el texto de San Juan añade que "Jesús les puso esta comparación pero ellos no entendieron de que les hablaba". Y es que no es fácil darse cuenta del error. La historia del cristianismo está llena de avances y retrocesos. El pecado rompe la identidad del seguidor de Cristo y la soberbia le sumerge en la incomunicación. Muchos otros factores, también pecaminosos, y relacionados con las riquezas, con las ambiciones territoriales han fomentado tales separaciones. Y lo que es peor: algunos de esos conflictos han sido muy sangrientos con desprecio de la vida humana y de la paz de Cristo. La guerra y la violencia son una constante del comportamiento humano y durante siglos han sido los argumentos religiosos los que abrían auténticos ríos de sangre. Hoy todavía hay muchos conflictos vivos de naturaleza religiosa y ahí están: Siria, Iraq, Afganistán, o Pakistán, entre otros…. El problema terrible de Palestina –con la lucha entre, solo atenuada, israelíes y palestinos-- ha polarizado también la permanente discrepancia religiosa.

5.- El salmo 22 es uno de los más bellos del salterio. Muchas veces en momentos de cansancio e infortunio se recuerda y se anhelan las verdades praderas y las fuentes tranquilas. Su presencia en las lecturas de este domingo se relaciona con el evangelio de Juan sobre Jesús como Pastor de todos. Por otro lado Pedro es protagonista de la primera lectura y de la epístola. En los Hechos de los Apóstoles se refleja el discurso de San Pedro --el primer Papa-- ante el pueblo judío. La narración de la Pasión de Jesús traspasa el corazón de los que le escuchen y piden la conversión. Este hecho, el relato por parte de un hombre de Iglesia de la Pasión del Señor y la posterior conversión de muchos, se va a repetir constantemente en nuestro devenir eclesial. Y es que la historia de la Iglesia no es otra cosa que el reflejo de la vida, muerte y gloria de Jesús y la reacción de los hombres y mujeres al respecto.

6.- Y así Pedro, en su primera carta, va a recordar, una vez más, la Pasión de Cristo y su efecto de Redención para la humanidad. Los dos textos son completamente paralelos y se enmarcan en la celebración del tiempo pascual. "Andabais descarriados como ovejas pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas". El Pastor --el único Pastor-- nos conduce a lugar seguro.

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

EL PASTOR ES UN BUEN HOMBRE…

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Después de las primeras etapas de la humanidad, que pudieron durar muchos siglos, pasando su vida limitándose a la caza, a arrebatar huevos de los nidos, o a aprovechar los frutos de los árboles, descubrió el pastoreo. Más o menos simultáneamente, también el valor alimenticio de las gramíneas. La humanidad, sus quehaceres, han evolucionado mucho desde entonces. Se han metido en ella los artesanos, los comerciantes, los profesionales de oficios manuales, los investigadores, los artistas, etc. que la han cambiado mucho con el tiempo.

2.- Ahora bien, el pastor de hoy es muy semejante al de miles de años atrás. Es de tal calidad y cualidad su oficio, que hasta en algunos territorios su peculiar ocupación, se ha convertido en característica y distintivo exclusivo de una etnia. Muchos de vosotros, mis queridos jóvenes lectores, no habréis tenido ocasión de conversar con ningún ganadero. Seguramente, tampoco habréis podido observar inmensos rebaños de ovejas que pastan libremente, acompañados por su pastor, tal vez acompañado de algún zagal o rabadán y del imprescindible e inseparable perro. Yo, afortunadamente, sí. Son de tal valor mis recuerdos infantiles, observando una majada o la llegada al corral de las ovejas, junto al domicilio de un tío mío, que no hace mucho tiempo, me desplace unos kilómetros con el único propósito de observar y fotografiar la puerta por donde entraban los animales al atardecer. Se extrañaron de verme fotografiar una entrada sin atractivo alguno, que ya era de otros dueños y otras ocupaciones, les dije que no serían capaces de entender el valor que tenían las imágenes de tal sitio, que conservaba en mi memoria del tal sitio. Lo aceptaron sin rechistar y se lo agradecí.

3.- Un mecánico puede ejercer su oficio bien, o ser un chapucero. Un comerciante realiza su trabajo con más o menos éxito, un médico puede tener mejor o peor “ojo clínico” etc. etc. Ninguna de estas características podríamos aplicar a los pastores. Un pastor es bueno o malo. Y punto. Un pastor ama a sus reses o se aburre, las detesta y a la postre, las abandona. Un pastor protege, o se despreocupa, permitiendo que animales depredadores ataquen a su rebaño.

4.- Podría continuar, no lo hago. Solo os señalo que entre los pueblos donde el pastoreo y la agricultura son casi las únicas ocupaciones del vecindario, el beduino, otro nombre del oficio o vocación del que os vengo hablando, se siente un aristócrata entre los demás moradores o fellahs, así también llamados. De todo lo dicho, no es de extrañar que Jesús se definiera a sí mismo, como BUEN PASTOR.

5.- Pasarán los tiempos y las ocupaciones, los oficios y las responsabilidades sociales, la agrupación en grandes núcleos urbanos, también, que serán todos ellos factores determinantes. El pastor pasará a ser casi en un ciudadano marginal. Pero será siempre admirado. Tal vez desconocido, no hay que ignorarlo. De aquí que en el seno de la Iglesia hayan aparecido con acierto otras imágenes del Maestro. Sea el Sagrado Corazón, o la Divina Misericordia, por citar los más conocidos. Da lo mismo, que cada uno escoja la que más significativa y apreciable le sea. Que aprenda de cualquiera de ellas que el Señor es fiel, su puerta, el acceso espiritual implorando su clemencia. Es siempre el mismo. No es desconocido por su grey. Puede ser misterio, pero nunca engaña, nunca traiciona.

6.- Nuestra Fe no está depositada en lo que dice un libro. Nuestra Fe está puesta en una Persona. No hay que ignorar, el mismo texto del evangelio de la misa de este domingo, nos lo recuerda que pululan otras gentes, que no merecen nuestra confianza. Que no se acercan con buenas intenciones. Tened, pues, precaución. Acaba el texto diciendo que el Señor ha venido para que tengamos vida, plenitud de vida, sin tener que acudir a sucedáneos, sean de droga, ambición o hambre de placer, que son otra cosa. No os olvidéis nunca de estas enseñanzas, mis queridos jóvenes lectores.