10 abril 2017

Jueves Santo: Homilías


Resultado de imagen de jueves santo

1.- AMOR DE VERDAD

Por José María Martín OSA

1.- El gesto de lavarnos los pies unos a otros. Jesús lava a los pies a sus discípulos. Pedro no comprende nada, lo rechaza. Pero Jesús se lo ha explicado. Jesús -Dios- ha hecho esto. Y Él mismo lo explica a los discípulos: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”. Es conmovedor. Es el ejemplo del Señor: Él es el más importante y lava los pies porque, entre nosotros, el que está más en alto debe estar al servicio de los otros. Y esto es un símbolo, es un signo, ¿no? Lavar los pies es: “yo estoy a tu servicio”. Y también nosotros, entre nosotros, no es que debamos lavarnos los pies todos los días los unos a los otros, pero entonces, ¿qué significa? Que debemos ayudarnos, los unos a los otros. A veces estoy enfadado con uno, o con una... pero... olvídalo, olvídalo, y si te pide un favor, hazlo. Ayudarse unos a otros: esto es lo que Jesús nos enseña y esto es lo que yo hago, y lo hago de corazón, porque es mi deber. Jesús amó a los suyos "hasta el extremo", nos dice el evangelista Juan. Este amor lo demuestra lavando los pies a los apóstoles. Es el único evangelista que no relata la institución de la Eucaristía. No hacía falta.....El gesto del lavatorio lo dice todo. Demuestra que ha venido a servir y no a ser servido, está dispuesto a dar la vida por todos.


2.- Sacramento de amor y de unidad. La Eucaristía es memorial (actualización) de la muerte y Resurrección de Cristo, sacrificio de la Nueva Alianza y sacramento de amor y de unidad. Cada vez que la celebramos proclamamos la muerte y la Resurrección de Jesucristo, como dice la Primera Carta de San Pablo a los Corintios. La Alianza del Pueblo de Israel es el anticipo de la Nueva Alianza sellada con la sangre de Cristo. Pero creo que hoy debemos resaltar que la Eucaristía nos une en el amor y nos da fuerza para transformar este mundo desde el amor. Nadie tiene tantos y tan buenos motivos como el cristiano para amar a todos. Debemos ser portadores de amor en todo encuentro humano que mantengamos. Y puesto que el amor ofrecido provoca un amor correspondido, el encuentro siempre se convierte en oportunidad de gracia para nuestro interlocutor. El amor cristiano es agapé, es decir amor gratuito y desinteresado, que no exige nada a cambio. Para la Iglesia la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y a su esencia. El cristiano tiene que luchar por la justicia, por el orden justo de la sociedad. El amor-caridad siempre será necesario incluso en una sociedad más justa. Siempre es necesaria la atención personal, el consuelo y el cuidado de la persona. Los que dedican su tiempo a los demás en las instituciones caritativas de la Iglesia deben “realizar su misión con destreza, pero deben distinguirse por su dedicación al otro, con una atención que sale del corazón, para que el otro experimente su riqueza de humanidad” (Benedicto XVI; “Dios es amor”, nº 31). El necesitado, pobre en todos los sentidos, tiene nombre y apellidos, no es un número, necesita que le escuchen y, sobre todo, que le quieran.

3.- Sacerdotes servidores de la comunidad. Hoy se celebra la institución del sacerdocio. Los sacerdotes y obispos deben estar al servicio de todos, especialmente de los más necesitados. Pero es un deber que viene del corazón. Como nos dice el Papa Francisco: “Amo esto y amo hacerlo porque el Señor así me lo ha enseñado. Pero también vosotros, los cristianos laicos, ayudadnos: ayudadnos siempre. Los unos a los otros. Y así, ayudándonos, nos haremos bien. ¿Estoy verdaderamente dispuesta o dispuesto a servir, a ayudar al otro?”. Pensemos esto, solamente. Y pensemos que este signo es una caricia de Jesús, que Él hace, porque Jesús ha venido precisamente para esto, para servir, para ayudarnos.

2.- AMAR Y SERVIR A LOS DEMÁS

Por Antonio García-Moreno

1.- SACRIFICIO DE COMUNIÓN.- "Este mes será para vosotros el principal de los meses..." (Ex 12, 1). Las prescripciones sobre el rito de la Pascua se inician hablando del día y mes en que se ha de celebrar, al tiempo que se insiste en la importancia que ha de tener para los israelitas. Esa recomendación divina caló en el pueblo elegido, tanto que ese día se llama la "fiesta de los judíos". En ella se celebraba la liberación del poder opresor de Egipto.

Es un acontecimiento capital de la Historia de la Salvación en la fase del Antiguo Testamento. En él se anunciaba, se prefiguraba la auténtica liberación que con Jesucristo, el nuevo Moisés, ocurriría en los tiempos mesiánicos. En efecto, así ha sido. Pero con la gran diferencia de que en aquel caso se trataba de una liberación política y material, y en el caso de Cristo se trata de una liberación más profunda y radical, trascendente y sobrenatural, la liberación de la muerte, la liberación del pecado.

2.- TRADICIÓN, REALIDAD DINÁMICA Y VIVA. "Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido..." (1 Co 11, 26). San Pablo escribe una de las páginas que refleja la vida de la Iglesia en la época de sus comienzos. Entonces, como ahora, había un acontecimiento que era central en la existencia cotidiana de los primeros cristianos, la celebración de la Eucaristía, la Santa Misa. A él se refiere en este pasaje. Y lo hace poniendo de relieve que se trata de una doctrina que viene del Señor y que pasa por los apóstoles, de los cuales es él uno por voluntad de Dios.

Y pone como argumento previo, la premisa mayor decían los escolásticos, que cuanto les va a decir lo ha recibido de Cristo, es una tradición. Esto es, una verdad original que ha sido trasmitida con fidelidad exquisita, sin quitar ni poner nada. Y al mismo tiempo una verdad que sigue viva y vibrante, una realidad salvadora que se proclama y transmite, como una antorcha que no se apaga y que se va pasando de mano en mano, siempre con la misma luz y claridad.

3.- EL AMOR EXTREMOSO DE CRISTO. "...habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo" (Jn 13, 1). El amor de Jesucristo es un amor divino, pues El es el Hijo de Dios, hecho hombre sin dejar de ser Dios. Por eso su actuación nos sorprende tantas veces, nos desconcierta incluso, se nos hace incomprensible. En el pasaje de hoy eso es lo que le ocurre a San Pedro, no le cabe en la cabeza que Jesús lave los pies a sus discípulos, cuando ese menester era tan humillante que no se le podía exigir, según las leyes judías contenidas en la Mina, a ningún hijo de Israel.

Pero Jesús les quería enseñar que era necesario amar, y en consecuencia servir a los demás, hasta en el menester más humilde, e incluso humillante. Era el suyo, es y será, un amor sin límites, extremoso podemos decir. Algunos traducen hasta el fin en lugar de hasta el extremo. En el original griego se usa una palabra, teleios, cuyas raíces aparecen cuando se dice que todo se ha cumplido (tetélestai), momento en Cristo muere de amor por los hombres, dejándonos una lección inolvidable y exigente.

3.- COMULGAR CON CRISTO Y COMULGAR CON LOS HERMANOS

Por Gabriel González del Estal

1.- Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. La eucaristía es la expresión suprema del amor de Cristo a nosotros, los hermanos. Celebrar la “fracción del pan”, la “cena del Señor” ha sido, desde los primeros tiempos de la Iglesia, el acto más distintivo y representativo de los seguidores y discípulos de Cristo. La eucaristía ha sido, a lo largo de los siglos, el centro vital de la Iglesia, el gesto privilegiado donde se condensa y se expresa lo que es la comunidad cristiana. Por eso, cuando falseamos el significado de la eucaristía, falseamos la vida de la comunidad cristiana. No podemos acercarnos a la eucaristía simplemente para descansar del vértigo de la vida moderna, o para sentir la satisfacción de estar cumpliendo unos deberes religiosos que garantizan nuestra salvación. La eucaristía no debe nunca convertirse en un falso tranquilizante que alivie nuestra conciencia ante nuestra falta de lucha por la justicia o nuestra falta de amor a los demás. La eucaristía es anticipo del banquete del Reino, de un pueblo reunido y salvado, de unas personas que quieren vivir en un cielo nuevo y en una tierra nueva. Los que participan en la eucaristía deben saber que no hay comunión con Cristo, si no hay comunión con los hermanos. Si queremos comulgar con todo el cuerpo místico de Cristo no podemos comulgar sólo con la Cabeza, que es Cristo, separándonos de los miembros, que somos todos nosotros, la Iglesia.

2.- Yo he recibido una tradición que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y pronunciando la acción de gracias lo partió y dijo… San Pablo entiende siempre a la Iglesia como el verdadero cuerpo de Cristo resucitado. El pan y el vino, frutos de la tierra y del trabajo del hombre, hechos de elementos separados que han sido triturados y reunidos, significan en la eucaristía el cuerpo místico de Cristo y de su Iglesia. El dinamismo de la eucaristía va incluso más allá de la misma Iglesia católica; se extiende a todos los miembros de Cristo, que somos todas las personas de la tierra por las que Cristo murió y a las que Cristo redimió. En la comunidad eucarística no puede existir un yo excluyente, ni un nosotros excluyente, ni un país o nación que quiera vivir sólo para sí mismo, alejado de los demás. El pan de la eucaristía es un pan partido, que quiere ser compartido por todas las personas, especialmente por las personas que más sufren y que más lo necesitan. Por eso, la celebración de la eucaristía debe convertirse para los cristianos en una experiencia de amor y de fraternidad universal, sin límites, ni fronteras geográficas o económicas.

3.- Voy a terminar citando dos textos, el primero es de San Agustín y el segundo de San Juan Crisóstomo. Dicen así:

Sean cuantos sean los panes que allí se pusieren, son un solo pan; cuantos panes haya habido hoy en los altares de Cristo por todo el orbe de la tierra, son un solo pan. Pero, ¿qué es un solo pan? Un cuerpo somos muchedumbre: este pan, cuerpo de Cristo, del cual dice el apóstol... “vosotros sois el cuerpo de Cristo”, vosotros sois eso mismo que recibís... y lo suscribís al decir “amén” (Sermón 272).

¿Queréis honrar el cuerpo de Cristo? No lo despreciéis cuando lo veáis cubierto de harapos; después de haberlo honrado en la iglesia con vestidos de seda, no lo abandones fuera, para que sufra el frío, no lo dejes en la miseria... Vuestro hermano es templo de Cristo más que cualquier iglesia (Homilía sobre san Mateo, 50).

En fin, que cada vez que celebramos la eucaristía nos demos cuenta de que lo hacemos como miembros vivos del cuerpo de un Cristo crucificado y resucitado. El cuerpo místico de Cristo es la Iglesia, somos todos nosotros, los cristianos. Comulgar con Cristo es comulgar con todos los cristianos.

4.- PRODIGIO DE AMOR

Por Javier Leoz

Antes de la Pascua, cuando Jesús sabía que había llegado el momento de ir hacia el encuentro con el Padre, miraba nuevamente a los suyos; a los que tanto había amado. A aquellos por los que en tantas ocasiones y en tanto se había desvivido y… de nuevo los ama hasta el extremo.

1. El Jueves Santo contiene el prodigio del amor del servicio. ¿Cómo puede el Señor arrodillarse y, en ese gesto, indicarnos que ser otros cristos hay que saber doblegar nuestros intereses y nuestros títulos, nuestras capacidades y nuestra dignidad a los pies de la humanidad?

El amor, en la tarde de Jueves Santo, resulta sorprendente y escandaloso, interpelante y abrasivo a los ojos: es la generosidad que no mira a quien la ofrece sino a las manos que están dispuestas a realizar lo mismo que el Maestro enseña.

El Señor se va pero, antes de marcharse, nos deja un lugar inequívoco en el cual nos deberán de reconocer y hallar creyentes y no creyentes, practicantes y no practicantes: el amor.

2. El Jueves Santo posee el prodigio del amor eucarístico. Que el Señor se quede en la tierra, en medio de nosotros, de igual forma a la que está en el cielo, sólo es descifrable desde la fe. Pero es que, Jueves Santo, nos regala eso: “Haced esto en conmemoración mía”. Además de pan de eternidad, el Señor, nos invita a hacer un acto de fe: si lo ha dicho el Señor, entonces, el Señor aquí está. Edificando a su Iglesia. Fortaleciendo, con su Cuerpo y con su Sangre, nuestra fe y nuestros trabajos apostólicos. Por su Eucaristía, el Señor, comienza a alimentar a esa Iglesia que rodea el altar (12 apóstoles con virtudes y fallos) y lo sigue haciendo, fiel a su promesa, allá donde nos encontramos los cristianos de los cuatro puntos del mundo.

El Señor se va pero, antes de marcharse, nos concede este sacramento admirable ante el cual se han emocionado los santos o dado su misma vida tantos mártires en la clandestinidad o en tiempos de dificultades. Eucaristía misterio de fe y de amor. De Pasión y de Muerte. De Sacrificio y de Resurrección.

La intimidad de Cristo, lo más sagrado y noble, lo mostramos con respeto, admiración, emoción y a la adoración los sacerdotes. ¡Tú estás aquí, Señor! ¡Te has querido quedar con nosotros! ¡Testamento que, un día y otro también, seguimos cumpliendo tus hermanos sacerdotes!

3. EL Jueves Santo nos muestra el alma sacerdotal del Señor. No sólo nos ofrece un poco de pan y un poco de vino. Es Cristo mismo quien se nos da: sacerdote, víctima y altar. Los primeros cristianos decían “No podemos vivir sin la misa de los domingos”.

Nuestra Iglesia, nuestras familias cristianas...tampoco podrían ser las mismas sin la figura de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote y, tampoco, sin los sacerdotes.

Hoy, en este atardecer en el que Jesús tanto confía a sus apóstoles (sus vivencias, sufrimiento, servicio, generosidad, alimento, eucaristía….) pedimos perdón, una vez más, por las veces en que como sacerdotes no logramos estar a la altura. Por aquellos hermanos nuestros que se han alejado del sacerdocio como don de vida, respeto, prudencia, pobreza, pureza u obediencia. Conscientes de que nuestra misión la llevamos en vasijas de barro (como nos recuerda San Pablo) pedimos al Señor que reavivemos nuestra vocación sacerdotal y podamos servirle con transparencia, radicalidad y valentía. Orad por nosotros.

4.- El Señor se va pero, antes de marcharse, junto con el banquete pascual nos concede el don del sacerdocio. El nos acompaña en nuestras fatigas y menosprecios. El, más allá de nuestras capacidades y limitaciones, es quien está a la cabeza de lo que somos y de la causa a la cual servimos.

Jueves Santo es todo un gran prodigio de amor y de ternura, de misterio y de obediencia, de adoración y de fraternidad…..de humildad inclinada a los pies de la humanidad doliente.

5.- NOS CONMUEVE, Y MUCHO, SEÑOR

Tú  cena, con sabor a despedida

sazonada  con palabras de testamento.

“Haced  esto en conmemoración mía”

No  tendremos ya más excusas, Señor

tu  entrega es radical y verdadera

y,  porque no quieres que falte nada,

nos  dejas apiñados alrededor de una mesa

y  con tres dones que acompañarán

toda  nuestra existencia:

amor,  eucaristía y sacerdocio

NOS CONMUEVE, Y MUCHO, SEÑOR

Tu  Cuerpo y tu Sangre salvadora

como  alimento de vida eterna

Tus  Palabras, que selladas con tu sangre,

son  exponente de la autenticidad de tu entrega

Tus  rodillas, besando el suelo,

diciéndonos  que no hay mayor galardón

que  el desvivirse amando generosamente

sirviendo  sin esperar nada a cambio

brindándonos  incluso al adversario

NOS CONMUEVE, Y MUCHO, SEÑOR

Verte  humillado y postrado como siervo

cuando  tan amigos somos de las alturas

anhelando  el ser servidos antes que servir

o  estar simplemente, cómodamente sentados

NOS CONMUEVE, Y MUCHO, SEÑOR

Que  nos ames y nos hagas tus confidentes

conociendo  la madera en la que estamos tallados

nuestras  traiciones y verdades a medias

nuestros  egoísmos y falsedades

el  Judas que, en el corazón o a la vuelta de la esquina

te  malvende por unas monedas…..o por nada

NOS CONMUEVE, Y MUCHO, SEÑOR

Que  te estremezcas con tal pasión por el hombre

Que  te quedes, en la Eucaristía,  para siempre

Que,  seas Sacerdote de la   Nueva Alianza

y  te ofrezcas por la salvación de todos nosotros

NOS CONMUEVE, TODO ESO, SEÑOR

5.- JESÚS, ESCLAVO POR TODOS

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Es sabido pero es bueno reseñarlo. Entre el pueblo judío solo los esclavos lavaban los pies al resto de los mortales. Si no había esclavos en una casa, cada uno limpiaba el polvo del camino de sus pies por si mismos. Cuando Jesús, anudándose una toalla a la cintura, decide lavar los pies a sus discípulos sabe lo que hace: se convierte en esclavo de sus apóstoles y de todos nosotros. Por eso Pedro se escandaliza. Comprende perfectamente el gesto y con su habitual sinceridad se opone a que Jesús, su Maestro, le lave a él los pies. Y este episodio de una gran belleza plástica nos lo narra el Evangelista San Juan. Su evangelio se escribió muchos después de los otros tres Sinópticos y por eso Juan pudo meditar más ese significado de servicio de Jesús a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos.

El lavatorio se produce durante la cena de Pascua y fue durante su celebración cuando Jesús realizó otra prueba de amor, perfectamente correspondiente –y aún superior—con el regalo sublime de dejarnos su presencia total en el Pan y en el Vino consagrado. Fue la primera Eucaristía de la historia y el relato preciso de la misma la hemos escuchado en la Primera Carta a los Corintios, uno de los textos más antiguos de los evangelios. Y, obviamente, el texto nos resulta conocido porque las palabras de Jesús, que transcribe San Pablo, son la fórmula litúrgica utilizada para la Consagración, para la conversión del pan y del vino en Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. La primera lectura, procedente del Libro de Éxodo narra las instrucciones dadas por Dios a Moisés para la celebración de la Pascua y es correspondiente, entonces, con la Cena que celebró Jesús y cuyo ritual utilizó.

2.- Con esta celebración de la Cena del Señor entramos en el Triduo Pascual, en el cual vamos a asistir a ese milagro de amor que es la muerte y la Resurrección de Jesús. Esta celebración nos prepara para esas horas y nos deja con la tristeza de lo que ocurrirá un poco después de la cena. Getsemaní aparece en el horizonte y también la detención, la tortura y la falsa condena a muerte de un hombre justo. No hemos de perder la oportunidad de entrar fuerte, con toda nuestra alma y todo nuestro corazón, en lo que se abre para nosotros a partir de esta hora. El sacrificio de Jesús nos ha hecho libres, pero hemos de tener conciencia y consciencia de lo que significa. No perdamos, hoy esa oportunidad. No es difícil es tan solo un lenguaje de amor, de supremo amor.

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

UN JUEVES QUE ERA UN MARTES

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Jueves Santo, que en realidad sería un martes. Si os lo advierto, no es para sorprender a muchos de vosotros, mis queridos jóvenes lectores, que seguramente no habréis oído hablar de esta cuestión. El estudio sobre el día y momento de la Santa Cena, preocupa y es estudiado desde hace tiempo. No os voy a hablar de ello, pero os indico que el mismo Papa Benedicto XVI, escribiendo como teólogo, no como Papa, se refiere a la cuestión en la Vida de Jesús que escribió hace años. Él y muchos sabios exégetas estudian los textos.

2.- No pretendo hacerlo yo. Tampoco tengo categoría para hacerlo. Soy un simple peregrino, que he estado en Jerusalén en bastantes ocasiones, sólo o acompañado, dirigiéndome a algún sitio o deambulado aburrido. Me he pateado por calles y caminos, todos los espacios en los que están implicados los sucesos que celebramos estos días. Recuerdo bien el tiempo pasado en ello y las distancias que entre uno y otro punto hay. Ahora bien, sinceramente os digo que, pese a ello, nunca he cronometrado exactamente los desplazamientos, aunque continúo proponiéndomelo. No obstante, os hablaré de ello con bastante exactitud. De acuerdo con lo dicho, estoy convencido de que es imposible realizar todo lo que narran los evangelistas en el tiempo litúrgico que lo celebramos. (Lo que no pue ser, no pue ser, y además es imposible, que diría aquel).

2.- Cierto día, así me referiré al inicio, después del mediodía, el Señor, que había pasado la noche en Betania, en el domicilio de sus amigos, encargó a algunos que se le adelantasen, fueran a la Ciudad, a casa de una familia amiga y preparasen todo lo necesario para una cena pascual. No entro en detalles de qué clase de cena pascual tenía pensada Jesús. Al Maestro la ciudad le daba miedo y tomó precauciones. Llegarían al atardecer. Algo así como 1h30m duraría el trayecto de Betania a Jerusalén. La cena, en la sala alta, la habitación destinada a los huéspedes, no fue rápida, no se trataba de un tentempié para salir del paso.

3.- Durante la colación, cualquiera que fuese el ritual, el Señor Jesús tomo un pan, lo partió y lo repartió. Lo compartieron. El Maestro, evidentemente, no. Acababa de decir que era su Cuerpo. Y nadie se come a sí mismo.

Me detengo un momento. Nuestra concepción de la realidad depende mucho de la filosofía griega. Ser real, no necesariamente implica ser sensorial. Os advierto que los sentidos muchas veces engañan, como ya sabéis. Al decir esto es mi cuerpo, no afirmaba: aquí hay tejido muscular mío. Como más tarde al tomar la copa, tampoco estaba afirmando que estaba repleta de torrente sanguíneo suyo. Muchas cosas reales no son visibles, ni comprobables físicamente, con nuestros instrumentos de laboratorio. Pensad ahora en la antimateria, en los agujeros negros, en el espacio curvo, etc. En el futuro se aceptará con más facilidad lo que ahora imbuidos de teorías del mundo clásico, nos cuesta admitir.

4.- Afortunadamente, en el mismo texto evangélico tenemos una demostración. En el momento de la Transfiguración en el Tabor, Elías y Moisés no eran anatomía clínica. Y se hacían, no obstante, presentes y dialogaban entre sí. San pablo dijo más tarde (ICor 15,44) “si hay un cuerpo natural, hay también un cuerpo espiritual”, más real el segundo ya que tiene dimensiones eternas, añado yo ahora. No fueron frases simbólicas, no. Ahora bien, Jesús era, o mejor es, mucho más listo que Aristóteles y Platón, cosa que olvidamos, con frecuencia. Basta de la cuestión, otro día hablaremos de ello. El Señor, triste, se sentía responsable del momento, el último que le quedaba, y fue comunicativo con los que le acompañaban. Juan recoge sus enseñanzas y soliloquios. Meditarlos con cierto esmero supone horas de detenida contemplación.

5.- Si algún día tuvierais ocasión de encontraros unos cuantos en un bosque y en noche de claro de Luna, como lo era aquella, no dejéis de aprovechar la ocasión. Leedlo en privado cada uno, compartidlo con los demás. Sacad consecuencias, advertidos de lo que les pasó a los Apóstoles que no lo hicieron. Cantan himnos y salen camino de Getsemaní. Este trecho lo he recorrido varias veces y calculo que supondrá por lo menos media hora de caminar ligeramente. Calculad vosotros mismos la hora que sería al llegar al olivar de la orilla del torrente Cedrón, donde se refugió el Maestro.

6.- La oración, si uno se atiene a los apuntes que nos dejaron los evangelistas, no pudo durar menos de dos horas. Se detuvo Jesús a pensar, a calcular, para vivir el evento que se le avecinaba con responsabilidad. Tenía miedo. Amaba. Dudaba. El demonio que en el desierto le había abandonado, sintiéndose derrotado, se aprovechó de esta magnífica ocasión y luchó de lo lindo.

7.- La corporeidad, el alma y espíritu del Señor, se resintieron. Perdió fuerzas, sudó, gritó angustiado. Su interior marea endocrina y el sudor frio teñido de sangre, dan prueba de ello. Dudó. No os extrañe que lo afirme. En más de una ocasión, el texto sagrado dice que se hizo semejante a nosotros en todo, excepto en el pecado. Dudar es actitud genuinamente humana. Dolorosamente humana. Pasó por ella.

8.- Calculad vosotros mismos a qué hora llegaron los guardas, el interrogatorio y detención parece que fue cosa rápida, la huida de los discípulos también. Se quedó solo. Quienes a su lado estaban hubiera preferido que no estuvieran. Miraría la muralla que ante sí tenía y que muy pronto serían gruesas paredes de prisión. Detrás tenía a corta distancia la casa de sus amigos. En Betania nadie se hubiera atrevido a detenerle. Podía haber huido. A un hombre de noche, corriendo por un bosque, nadie es capaz de atraparlo. Pero Él había escogido no fugarse… ¿se pudo arrepentir de la elección, pensando en el poco caso que le harían? ¿En el poco caso que nosotros le haríamos?

9.-La vuelta al interior de la ciudad, allí donde residían Anás y Caifás, no se hace en menos de tres cuartos de hora. Sangre, polvo, sudor y hierro en sus muñecas, diría Machado. Suponed, como queráis, lo que duró el juicio que aprovecharon ambos gerifaltes para humillar y castigar físicamente a Jesús. Para poder deliberar y decidir poner en práctica sus proyectos, era mejor que el Señor no estuviera presente, le encerrándole en una cárcel. En nada se parecería a las nuestras. Imaginad una cueva en la pendiente, cerrada por una simple reja. Sólo, tembloroso, sediento. Temiendo lo peor. Y no se equivocaba.

10.- Simultáneamente existían en Él la ciencia humana y la divina. El diálogo entre ellas, es un misterio. Sentía miedo. Se iluminaba su interior con su visión divina y distinguía a toda la humanidad, a quien dedicaba su Pasión. Nos distinguía a nosotros. Se preguntaría si valía la pena su proyecto. ¿Nuestra vida defrauda a Cristo? Debemos preguntarnos. Es la quinta esencia de la malicia de nuestro pecado. Del pecado de los hombres. La oración, la contemplación se sitúa al margen del espacio-tiempo. Nuestra oración puede acompañar a la soledad de Cristo. No dejemos de pretenderlo.

11.- Cambio de tercio. La gente aquella, Anás, Caifás y compañía, desearía descansar y además era preciso convocar al Sanedrín, más de un centenar de personas. ¿Cuánto tiempo tardarían en lograrlo? La labor se la encomendaron a los correspondientes subalternos. Del prisionero nadie se preocupó.