¡¡FIESTA DE LA CONFIRMACIÓN!! DOMINGO 19 DE NOVIEMBRE A LAS 10,30 HORAS. ¡¡FIESTA DE LA CONFIRMACIÓN!! DOMINGO 19 DE NOVIEMBRE A LAS 10,30 HORAS.

10 abril 2017

Jueves Santo: Guión Litúrgico 1

ENTRADA SOLEMNE Y SE INCIENSA EL ALTAR.

CANTO DE ENTRADA.
Alrededor de tu mesa, venimos a recordar, alrededor de tu mesa, venimos a recordar, que tu palabra es camino, tu cuerpo fraternidad, que tu palabra es camino, tu cuerpo fraternidad.

Hemos venido a tu mesa a renovar el misterio de tu amor, con nuestras manos manchadas, arrepentidos buscamos tu perdón.

Juntos y a veces sin vernos, celebramos tu presencia sin sentir que se interrumpe el camino, si no vamos como hermanos hacia ti.

SALUDO  Y MONICIÓN.

ACTO PENITENCIAL.

GLORIA.
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

ORACIÓN COLECTA.


LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA.
Lectura del libro del Éxodo. 12, 1-8. 11-14.
En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: «Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año.  Decid a toda la asamblea de los hijos Israel: ``El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino más próximo a su casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo.
Será un animal sin defecto, macho, de un año; lo escogeréis entre los corderos o los cabritos.
Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de los hijos de Israel lo matará al atardecer.  Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo comáis. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, y comeréis panes sin fermentar y hierbas amargas.
Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el Paso del Señor.
Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor.
La sangre será vuestra señal en las casas donde habitáis. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora, cuando yo hiera a la tierra de Egipto.
Este será un día memorable para vosotros; en él celebraréis fiesta en honor del Señor. De generación en generación, como ley perpetua lo festejaréis».  
                                     PALABRA DE DIOS

SALMO RESPONSORIAL.  Salmo 115.   
Antífona: El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo.
              
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre.

Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles.  Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo.  

SEGUNDA LECTURA.
Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios. 11, 23-26.

Hermanos:
Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomo pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros.  Haced esto en memoria mía.» 
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.»
Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.
                        PALABRA DE DIOS

ANTES DEL EVANGELIO.
Canto: Os doy un mandato nuevo, os doy un mandato nuevo: que os améis, que os améis como yo os he amado.

EVANGELIO.
Lectura del santo Evangelio según San Juan. 13, 1‑15.

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a sus discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dice: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mi?»
Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»
Pedro le dice: «No me lavarás los pies jamás.»
Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo.»
Simón Pedro le dice: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dice: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio.  También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios»
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?  Vosotros me llamáis ´´el Maestro`` y ´´el Señor`` y decís bien, porque lo soy.  Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»   
PALABRA  DEL SEÑOR

HOMILÍA.

LAVATORIO DE LOS PIES.

Canto:
Un mandamiento nuevo nos dio el Señor, que nos amáramos todos, como Él nos amó. Que nos amáramos todos, como Él nos amó.

Donde hay caridad y amor, Cristo está y está su Iglesia.

La señal de los cristianos, es amarse como hermanos.

Dios perdona nuestras culpas, y a su mesa nos convida.

Perdonemos al hermano, como Cristo nos perdona.

Lo que hacemos al hermano, a Dios mismo se lo hacemos.

Acercaos, hermanos todos, que es Dios mismo quien invita.

Quien te come y no te ama, a sí mismo se condena.

El que no ama a sus hermanos, no se acerque a este convite.

ORACIÓN DE LOS FIELES.

LITURGIA EUCARÍSTICA

OFERTORIO.
Canto:
Este pan y vino, Señor, se transformarán en tu cuerpo y sangre, Señor, en nuestro manjar.

Gracias al sol y al labrador, en el altar florecen hoy las espigas, los racimos que presentamos a Dios.

Lo que sembré con mi dolor, lo que pedí en mi oración, hoy son frutos, son ofrendas que presentamos a Dios.  

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS.

PREFACIO Y SANTO.

PLEGARIA EUCARÍSTICA.

RITO DE LA COMUNIÓN

PADRE NUESTRO.

RITO DE LA PAZ.

CORDERO DE DIOS.

COMUNIÓN.
Canto:
Como el Padre me amó, yo os he amado. Permaneced en mi amor. Permaneced en mi amor.

Si guardáis mis palabras y como hermanos os amáis, compartiréis con alegría, el don de la fraternidad.  Si os ponéis en camino, sirviendo siempre la verdad, frutos daréis en abundancia, mi amor se manifestará.

No veréis amor tan grande, como aquél que yo os mostré.  Yo doy la vida por vosotros, amad como yo os amé.   Si hacéis lo que yo os mando y os queréis de corazón, compartiréis mi pleno gozo, de amar como Él me amó.

Canto:
Donde hay caridad y amor, allí está el Señor, allí está el Señor.

Una sala y una mesa, una copa, vino y pan, los hermanos compartiendo en amor y en unidad.  Nos reúne la presencia y el recuerdo del Señor, celebramos su memoria y la entrega de su amor.

Invitados a la mesa del banquete del Señor, recordamos su mandato de vivir en el amor.  Comulgamos en el Cuerpo y en la Sangre que él nos da, y también en el hermano si lo amamos de verdad.

Este pan que da la vida y este cáliz de salud nos reúne a los hermanos en el nombre de Jesús.  Anunciamos su memoria, celebramos su pasión, el misterio de su muerte y de su resurrección.

Canto:
Antes de ser llevado a la muerte, viendo Jesús su hora llegar, manifestó su amor a los hombres como no hiciera nadie jamás.

Toma en sus manos pan y les dice: “Esto es mi cuerpo, todos comed”.  Y levantó la copa de vino: “Esta es mi sangre que os doy a beber”.

Cuerpo bendito, que se reparte por mil caminos, hecho manjar; buscas a todos para sanarlos, tú le devuelves al hombre la paz.

“El que se precie de ser mi amigo, siga mi ejemplo, viva mi amor, salga al encuentro de mis hermanos, dando la vida lo mismo que yo”.

Cuerpo de Cristo, Cuerpo entregado, muerto en la Cruz por nuestra maldad, grano de trigo resucitado, germen de vida de la Humanidad.

ORACIÓN.

TRASLADO DEL SANTÍSIMO AL MONUMENTO.
Pange, lingua, gloriosi Corporis mystérium, Sanguinísque pretiósi, quem in mundi prétium  fructus ventris generósi Rex ef-fudit gentium.
Nobis datus, nobis natus ex intácta Virgine, et in mundo conversátus, sparso verbi sémine, sui moras incolátus miro clausit órdine.

PROCESIÓN
Cantemos al amor de los amores, cantemos al Señor, Dios está aquí, venid adoradores adoremos, a Cristo redentor.  Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra, bendecid al Señor.  Honor y gloria a Tí, Rey de la gloria, amor por siempre a Tí, Dios del amor.

Canto:
Quédate, Señor, con nosotros aquí, quédate, Señor, quédate: anochece sin ti, no te alejes.  Quédate, Señor, quédate.

RESERVA.
Tantum ergo sacraméntum venerémur cérnui, et antiquum documéntum novo cedat rítui;  praestet fides suppleméntum, sénsuum deféctui.
Genitóri, Genitóque laus et jubilátio, salus, honor, virtus quoque sit et benedíctio; procedénti ab utróque compar sit laudátio. Amén. Amén.

HORA SANTA ANTE EL MONUMENTO

CANTO INICIAL.
No adoréis a nadie, a nadie, más que a Él. No adoréis a nadie, a nadie, más que a Él.   No adoréis a nadie, a nadie más.  No adoréis a nadie, a nadie más. No adoréis a nadie, a nadie más que a Él.
Porque sólo el nos puede sostener.  Porque sólo el nos puede sostener.  No adoréis a nadie, a nadie más.  No adoréis a nadie, a nadie más. No adoréis a nadie, a nadie más que a Él.

ESTACION
Sea por siempre bendito y alabado el Santísimo Sacramento del altar.  (Intercalado con el Padre nuestro)

AMBIENTACIÓN
Hermanos:
Hoy, día de Jueves Santo, la Iglesia hace memoria de aquella noche santa en que Jesús celebró la Cena de Pascua con sus discípulos, nos dejó la Eucaristía, instituyó el Sacramento del Orden –el Sacerdocio ministerial– y nos dio el Mandamiento Nuevo.

Después de cenar, nos dicen los evangelios, Jesús marchó con sus discípulos al Monte de los Olivos, a un lugar llamado Getsemaní.

Allí Jesús vivió horas de angustia al ver tan próximos los tormentos de su pasión. Invitó a sus discípulos a orar con él al Padre pero éstos, acaso ajenos al dolor del Maestro, se dejaron vencer por el sueño. Al verlos dormidos, Jesús les dijo: VELAD Y ORAD PARA NO CAER EN TENTACIÓN.

Con este rato de oración, una vigilia de adoración ante el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, pretendemos seguir la recomendación del Señor a sus discípulos. Durante unos minutos queremos acompañar a Jesús en la angustia de su muerte, aceptada voluntariamente por la salvación de la humanidad.

Acompañando a Jesús, también queremos tener presentes a tantos que están clavados en la
cruz de las injusticias producidas por el egoísmo de muchos otros que ignoran el mandamiento del amor.

Velemos y oremos, hermanos, acompañando a Jesús Maestro, presente entre nosotros en el gran Sacramento de la Eucaristía.


Canto
Cantemos al amor de los amores, cantemos al Señor, Dios está aquí, venid adoradores adoremos, a Cristo redentor. 
Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra, bendecid al Señor.  Honor y gloria a Tí, Rey de la gloria, amor por siempre a Tí, Dios del amor. 

EVOCACIÓN DE LA EUCARISTÍA, EL SACERDOCIO Y EL MANDAMIENTO DEL AMOR
El Señor, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin. Sabiendo que había llegado la hora de partir de este mundo para retornar a su Padre, en el transcurso de una cena, les lavó los pies y les dio el mandamiento del amor (Jn 13, 1-17). Para dejarles una prenda de ese amor, para no alejarse nunca de los suyos y hacerles partícipes de su Pascua, instituyó la Eucaristía como memoria de su muerte y de su resurrección y ordenó a sus apóstoles celebrarlo hasta su retorno, “constituyéndoles entonces sacerdotes del Nuevo Testamento”. (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1337)

Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles, y les dijo “Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios… (Lc. 22-15-16)

Tomó luego pan, y dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: “Este es mi cuerpo que va a ser entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío”. De igual modo, después de cenar, tomó el cáliz, diciendo: “Este cáliz es la Nueva Alianza en mi sangre, que va a ser derramada por vosotros”. (Lc 22, 14-20)

Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros… Adonde yo voy, vosotros no podéis venir. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros. (Jn 13, 33-35)

(Silencio de adoración)

Canto
Antes de ser llevado a la muerte, viendo Jesús su hora llegar, manifestó su amor a los hombres como no hiciera nadie jamás.

Toma en sus manos pan y les dice: “Esto es mi cuerpo, todos comed”.  Y levantó la copa de vino: “Esta es mi sangre que os doy a beber”.

Cuerpo bendito, que se reparte por mil caminos, hecho manjar; buscas a todos para sanarlos, tú le devuelves al hombre la paz.

“El que se precie de ser mi amigo, siga mi ejemplo, viva mi amor, salga al encuentro de mis hermanos, dando la vida lo mismo que yo”.

Cuerpo de Cristo, Cuerpo entregado, muerto en la Cruz por nuestra maldad, grano de trigo resucitado, germen de vida de la Humanidad.

JESÚS NO VINO A SER SERVIDO, SINO A SERVIR. 
Amar al hermano conlleva una actitud de servicio hacia él. Como Jesús lavando los pies a sus discípulos.

Servir es responder con cariño concreto a las necesidades humanas.

Es poner a los hermanos en primer lugar sin fijarse en la comodidad que se pierde o en la quietud personal que no se tiene.

Servir es pensar en el otro y comprometerse con él. Al igual que

Jesús, el Hijo de María.

Cuando observa la urgencia de un ciego, Jesús le restituye la mirada.

O al ver la fe de un paralítico, Jesús lo hace ponerse de pie y caminar.

O al ver con hambre a su pueblo que lo sigue, les multiplica el pan y el pescado para que coman en abundancia.

Jesús, enseñado por María, “no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por todos”.

Muchas veces se acelera nuestra vida buscando resolver nuestras propias necesidades.

Cada uno se moviliza velozmente para encontrar solución a sus problemas o dolores.

Pocos son los que miran a su lado para sentir la llamada de Dios que los invita a servir con iniciativa.

(Breve silencio)

Canto
Al atardecer de la vida me examinarán del amor.  Al atardecer de la vida me examinarán del amor.

Si ofrecí mi pan al hambriento, si al sediento di de beber, si mis manos fueron sus manos, si en mi hogar le quise acoger.

Si ayudé a los necesitados, si en el pobre he visto al Señor, si los tristes y los enfermos me encontraron en su dolor.

Aunque hablara miles de lenguas, si no tengo amor nada soy.  Aunque realizara milagros, si no tengo amor nada soy.

EVOCACIÓN DE GETSEMANÍ. 
Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a sus discípulos: “Sentaos aquí, mientras voy allá a orar”. Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dice: “Mi alma está triste hasta el punto de morir: quedaos aquí y velad conmigo”. Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y oraba así: “Padre mío si es posible, que pase de mí este cáliz, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú. Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos: y dice a Pedro: ¿Con que no habéis podido velar una hora conmigo?. Velad y orad para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil. Y alejándose de nuevo, por segunda vez oro así: “Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad” (Mt 26, 36-42).

(Breve silencio)

(Lectura pausada meditativa)

Getsemaní es para Jesús lugar de profunda agonía hasta el punto de padecer sudor de sangre. Jesús conocía aquel lugar porque se había retirado allí muchas otras veces a hacer oración. Para él todo aquello le resultaba familiar. Pero en la noche de la traición de Judas todo fue diferente.
Quienes a diario se habían encontrado con él en el Templo y habían escuchado sus enseñanzas, van a acudir con Judas para prenderle protegidos por la oscuridad, armados con espadas y palos como quien busca a un ladrón.
Quienes le habían oído hablar como nadie hasta entonces lo había hecho y habían sido testigos de los muchos milagros que el Maestro había realizado curando enfermos y aliviando el dolor de las gentes, vendrán dentro de poco a prenderle como si de un malhechor se tratara.
Jesús siente el fracaso y el abandono. Por eso requiere a sus discípulos que no duerman y que oren con él. Pero tampoco consigue ver cumplido ese deseo, pues los discípulos le fallan.

(Breve silencio)

Jesús no quiere recurrir a su poder de Hijo de Dios pidiendo al Padre doce ejércitos de ángeles que vinieran en su ayuda.
Era la hora de demostrar al mundo que el amor es más fuerte que el pecado, que el amor es más fuerte que la muerte...
Jesús acepta ir al destino que los profetas le habían marcado. Él era el “Varón de dolores” del que Isaías había escrito. Era el siervo entregado, el cordero llevado al matadero.
Iba a la muerte por haber amado la justicia y la misericordia.
Iba a la muerte por amor a todos los hombres y mujeres que en la historia de la humanidad serían convocados a la salvación, a ser hijos de Dios.
Jesús iba a ser el hermano mayor.

(Breve silencio)

Canto
Cerca de Ti, Señor, yo quiero estar; tu grande eterno amor quiero gozar.  Llena mi pobre ser, limpia mi corazón, hazme tu rostro ver, en la aflicción.

Mi pobre corazón inquieto está, por esta vida voy buscando paz.  Más sólo tú, Señor, la paz me puedes dar; cerca de Ti, Señor, yo quiero estar.

Pasos inciertos doy, el sol se va, más si contigo estoy, no temo ya. Himnos de gratitud, alegre cantaré y fiel a Ti, Señor, siempre seré.

Día feliz veré, creyendo en Ti, en que yo habitaré, cerca de Ti.  Mi voz alabará, tu santo nombre allí y mi alma gozará, cerca de Ti.

Más cerca, oh Dios de Ti; más cerca sí, cuando la cruz, Señor, me lleve a Ti.  Si tiende al sol la flor, si el agua busca el mar, a Ti, mi sólo bien, he de buscar.

PRECES. 
Sacerdote:
Acudamos a nuestro Salvador, que en la última Cena nos dio la mayor prueba de amor, y digámosle:
Canto: Por esas llagas, por esa Cruz, ten piedad de nosotros, divino Jesús.

* Señor Jesús, Redentor nuestro, que en la Eucaristía nos ofreces el viático para nuestro caminar, te pedimos que participando en la mesa de la Vida seamos modelo de fortaleza y auxilio permanente para los más necesitados. Oremos.
Canto: Por esas llagas, por esa Cruz, ten piedad de nosotros, divino Jesús.

* Señor Jesús, Redentor nuestro, que intercedes ante el Padre por aquellos que creen en ti, te pedimos que no nos falten sacerdotes santos que te representen en los sacramentos de tu amor y tu misericordia. Oremos.
Canto: Por esas llagas, por esa Cruz, ten piedad de nosotros, divino Jesús.

* Señor Jesús, Redentor nuestro, que nos enseñaste el amor a los hermanos haciéndote servidor de los más humildes, te pedimos que siempre veamos en nuestros hermanos una ocasión de ejercer el amor cristiano. Oremos
Canto: Por esas llagas, por esa Cruz, ten piedad de nosotros, divino Jesús.

* Señor Jesús, Redentor nuestro, que transformaste el dolor en fuente de salvación, te pedimos que quienes por los sufrimientos de la vida participan en tu pasión, sean colmados de paz y esperanza. Oremos.
Canto: Por esas llagas, por esa Cruz, ten piedad de nosotros, divino Jesús.

Sacerdote:
Renovemos la alegría de ser hermanos de Jesús orando como Él nos enseñó:
Canto:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

ORACIÓN FINAL. 
Señor Dios todopoderoso, que para la salvación de los hombres permitiste que tu Hijo padeciera el suplicio de la Cruz, nos ofreciera el banquete de la Eucaristía, instituyera el Sacerdocio al servicio de los hermanos y nos diera el mandamiento nuevo del Amor, concede al pueblo cristiano, adquirido para ti por la sangre preciosa de tu Hijo, sentir la alegría de sentirse amado y la necesidad de ofrecer al mundo el testimonio de la bondad de Dios. Por Jesucristo nuestro Señor. 
Amén. 

Canto final
Danos un corazón, grande para amar; danos un corazón, fuerte para luchar.

Hombres nuevos creadores de la historia, constructores de nueva humanidad, hombres nuevos que viven la existencia, como riesgo de un largo caminar.

Hombres nuevos luchando en esperanza, caminantes sedientos de verdad.  Hombres nuevos sin frenos ni cadenas, hombres libres que exigen libertad.

Hombres nuevos amando sin fronteras, por encima de razas y lugar, hombres nuevos al lado de los pobres, compartiendo con ellos techo y pan.