27 abril 2017

III Domingo de Pascua: Oración

Antiguamente, los anacoretas buscaban a Dios
en el desierto, o en la soledad de las ruinas.
Hoy en día, los hombres no tenemos tiempo
ni humor para esto.

Pero Dios no sólo sale al encuentro
de los solitarios,
sino de los ocupados.
El trabajo de la vida y en bien de los demás,
no puede ser un obstáculo para acercarse a Dios.

En nuestras calles ruidosas,
y entre el tumulto de los coches y los peatones,
también está Dios.
En mil rostros humanos que nos miran…

Dios eterno, te damos gracias
porque te podemos hallar en el mundo,
y no ya sobre las nubes.
Te podemos amar y adorar
en estas personas que nos rodean.

Sabemos que
ni siquiera hay que ir a una iglesia para hallarte.
Queremos escuchar tu llamada por la calle,
en el cartel luminoso, en el cine,
en esta reunión de amigos.

Enséñanos a orar, no sólo con la Biblia en la mano,
sino también leyendo el periódico.
En él hallamos la historia de tu pueblo
y de tus miembros.
Tu dolor, tu encarnación que continúa.

Jesucristo, líbranos del culto a las fórmulas.
Que comprendamos que lo esencial
es encontrarte,
y que los medios son lo de menos.

El mundo está lejos de Ti.
¿No será que te han presentado
como un Bautista furioso y amenazador?

Enséñanos a hallarte en las personas.
Tú nos has dicho:
que lo que hacemos a los demás
te lo hacemos a Ti.
Lo hemos olvidado…

Y ahora, parece que las personas
nos estorban para llegar hasta Ti.
Como cántaros te buscamos en la soledad.
Ábrenos los ojos
para irte encontrando en cada rostro,
para comulgarte cada vez
que estrechamos una mano
o sonreímos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.