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05 abril 2017

Domingo de Ramos: Homilías 2


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1.- EN LA LITURGIA DEL DOMINGO DE RAMOS ESTÁ TODA LA PASIÓN
Por Gabriel González del Estal

1.- El Domingo de Ramos es un día alegre y, religiosamente, muy significativo. Hay un dicho popular que dice: quien no estrena en Ramos, o es manco, o no tiene manos. Este dicho popular indica que la gente sencilla siempre consideró la fiesta del domingo de Ramos como un día alegre y, religiosamente, muy significativo. Es el primer día de la semana grande, de la Semana Santa, y en esta semana conmemoramos los cristianos la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, a quien nosotros consideramos como nuestro Salvador. Las Procesiones de Semana Santa, comenzando por la procesión de este domingo de Ramos, son en muchas ciudades de España algo grande y muy significativo. Es verdad que en estas procesiones hay algo de folklore, de fiesta popular y social, pero también es verdad que en las procesiones hay mucho de sentimiento religioso y de piedad sincera. Debemos cuidar los cristianos el sentido religioso de estas fiestas, celebrándolas con una especial alegría y con mucha piedad interior. Levantemos, durante estos días, nosotros nuestras manos para aplaudir, aunque sólo sea interiormente, al Cristo que pasa a nuestro lado. Con su gesto y su mirada nos invita a considerar su vida, muerte y resurrección como un sacrificio de alabanza al Padre y de expiación por nuestros pecados


1.- En la liturgia de este Domingo de Ramos está toda la Pasión. Comienza con procesión y cánticos de triunfo y alabanzas al Hijo de David, para terminar con el relato de la Pasión y muerte del Señor. Los que aclamaron como Hijo de David a Jesús de Nazaret lo hicieron porque lo veían como un profeta que venía a salvarles; cuando pidieron a Pilato que lo crucificara lo hicieron movidos por los intereses de los jefes y líderes del pueblo, que veían en Jesús de Nazaret a una persona que denunciaba sus hipocresías, su prepotencia y sus egoísmos e intereses políticos y religiosos. Se dejaron convencer y manipular ingenuamente por personas que no buscaban el bien del pueblo sencillo y humilde, sino sus propios intereses egoístas. También hoy, nosotros cometemos frecuentemente ese mismo error. Desgraciadamente, no podemos extrañarnos nosotros de la actitud de aquella multitud que se dejó manipular por la charlatanería interesada y corrupta de los jefes y líderes del momento. También a nosotros, los medios de comunicación y los jefecillos y líderes de cada momento nos manipulan hasta tal punto que hechos y opiniones que habíamos considerado siempre justas y razonables, de repente nos parecen anticuadas, injustas y hasta ridículas. Es evidente que la vida progresa, cambia y avanza, pero no es menos evidente que muchos cambios y progresos de nuestros días no favorecen ni enriquecen nuestra vida, ni nuestras costumbres. Tenemos la obligación de afinar nuestra mente, y nuestro paladar, para no comulgar con ruedas de molino, sólo porque así les interese a los que mandan comercial o políticamente. No pasemos tan fácilmente del Hosanna al Hijo de David.

2.- ORAD Y CONTEMPLAD LA PASIÓN Y LA MUERTE DE CRISTO

Por José María Martín, OSA

1.- Mesías sufriente. En el "Siervo de Yahvé" los judíos veían representado al pueblo de Israel perseguido e incomprendido por los otros pueblos. Los cristianos vemos en el "Siervo" la prefiguración del Mesías sufriente, que en la cruz recibe insultos y salivazos, que ofrece la espalda a los que le golpean. No es un loco ni un necio, sino alguien que se fía de Dios y cumple su voluntad. Por eso, no se acobarda ni se echa atrás ante el sufrimiento o la misma muerte. Sabe que el Señor le ayuda y que no quedará avergonzado. A pesar de la sensación de abandono y hasta desesperación que refleja el salmo 21 --¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?-- implora la ayuda de Dios y sabe de quien se ha fiado.

2.- Vaciamiento hasta la muerte. El himno cristológico de la carta a los Filipenses refleja la entrega de Jesús, hasta vaciarse por nosotros. Este despojo lleva un nombre técnico en teología: es la "kenosis" de Cristo. Kenosis viene del griego "kenos", que significa precisamente "vacío". Se concretizó en una obediencia total a su misión, que era la voluntad del Padre. Y no sólo aceptó esta obediencia, sino que escogió también el vivirla hasta el final, "hasta la muerte y la muerte en la cruz", esta muerte que era reservada a los malhechores o a los esclavos. En este sentido, Jesús dio libremente su vida.

3. - Por la cruz se llega a la luz. El anonadamiento de Cristo es la puerta que conduce la glorificación. El centurión desvela todo el enigma que Marcos ha mantenido en secreto durante todo su evangelio. Sólo en la cruz se desvela el misterio. Ese Jesús crucificado es "verdaderamente el Hijo de Dios", es el Cristo, Mesías Ungido y esperado por el pueblo. Este himno nos introduce en el misterio pascual --muerte y resurrección de Cristo-- que vamos a celebrar en el Triduo Santo. Jesús en este domingo de Ramos es aclamado por aquellos que después van a quitarle de en medio. Todo esto ocurre porque Jesús se mete en el mundo, asume el dolor de todos los hombres que hoy son "crucificados". Jesús se empeña en estar en todos los líos, se sitúa en las entrañas de la vida, allí donde se juega el futuro de la humanidad. El mundo es su sitio. No le va la muerte ni la marginación -siempre injusta- . Lucha por acabar con todo aquello que degrada al hombre, que le humilla y hunde en el abismo. Fue valiente, por eso le mataron tanto el poder político como el religioso. Pero Jesús sigue muriendo hoy día... Nosotros seguimos crucificando a muchos "cristos" y gritando: "¡Crucifícalo!". Muchos hombres siguen viviendo su “pasión”: mujeres maltratadas, niños esclavizados, parados cansados de buscar trabajo, millones de personas que mueren de hambre… ¿Con qué personaje de la pasión nos identificamos: con Pedro que le negó, con Judas que le traicionó, con el pueblo que no le acepta, o con Juan y las mujeres que le acompañaron? “Orad y contemplad la Pasión y la muerte de Cristo, es el mejor medio para no pecar” decía una canción que se cantaba en mi infancia en este día de Ramos. Que la entrega de Jesucristo por nosotros nos ayude a entregarnos a los hermanos y a ser más humanos cada día.

4.- SER COMO NIÑOS CON NUESTROS RAMOS DE OLIVO

Por Antonio García-Moreno

1.- PASIÓN.- Tú, Señor, aceptaste rendidamente los extraños planes del Padre eterno. Él había proyectado una historia sangrienta para su Hijo unigénito... Uno de los suyos le traicionaría, uno de los doce que él había elegido de entre una gran multitud. Todo comenzaría en una noche densa, cuando estaba rezando, postrado en una soledad profunda, indefenso y asustado. Le atarían como a un bandido, alumbrando con antorchas que no lograban romper la negra noche.

Un juicio bien amañado, unos testigos falsos, una bofetada seca al menor intento de una contestación clara. Sometido al tribunal romano, viendo cómo los suyos, a los que tantas veces benefició, su mismo pueblo le negaba con rabia, pidiendo a gritos desaforados su muerte en una cruz. Y tú, Jesús, callabas, aceptando dócil como manso cordero cuanto quisieron hacer contigo, todo aquello que se veía abocar a un trágico final.

Nosotros también queremos aceptar los planes de Dios... Dilo con sinceridad, con espíritu de entrega, confiando plenamente en la voluntad divina: Sea lo que sea, Señor. Lo acepto, lo quiero, lo deseo. Sólo te pedimos que nos des fuerzas para vivir nuestra pasión de forma parecida a como tú viviste la tuya.

Cuando se acercaban, escondidos en la noche, te pusiste en pie. No para huir, sino para salirles al encuentro. ¿A quién buscáis? -preguntaste-. A Jesús Nazareno -dijeron-. Yo soy -contestaste-. Decidido a la entrega, fuerte, lejos del miedo y la angustia de antes, sereno y majestuoso. La fuerza de Dios había aparecido en la debilidad de tu carne.

Luego, ante Pilato, hablarás con acierto, dueño absoluto de la situación. Aparecerás ante los tuyos, esos que te rechazan, vestido con las insignias reales. Una corona, un cetro, un manto de púrpura. Y el pretor romano dirá solemnemente: He ahí a vuestro rey.

La cruz será tu trono, el primer paso ascendente hacia la exaltación que se aproximaba. Y detrás de la sangre cuajada, de las lágrimas resecas, detrás de tu figura doliente, el buen ladrón descubre tu grandeza de rey eterno. Acuérdate de mí cuando estés en tu reino -dijo aquel infeliz-. Y tú, imponente, seguro y victorioso: En verdad te digo que esta tarde estarás conmigo en el paraíso... Haz, Jesús, que también nosotros nos apoyemos en el brazo de Dios, caminando, sufriendo pero serenos, por nuestro propio Vía Crucis.

2.- HOSANNA AL HIJO DE DAVID. "Cuando se acercaban a Jerusalén…" (Mt 21, 1) Este relato, repetido por los otros evangelistas, es sin duda uno de los más entrañables y alegres de la historia de Jesucristo. En él intervienen los apóstoles y discípulos, el pueblo llano que seguía entusiasmado a Cristo, los niños que tanto le querían y admiraban. El marco escénico también contribuye a dar encanto y ternura, sencillez y magnificencia a un tiempo a este suceso. El descenso desde Betfagé hasta Jerusalén, hacia la Puerta Dorada probablemente, era un camino de bajada y subida que muchas veces habían recorrido los peregrinos procedentes de Galilea. Descendía por el monte de los Olivos, atravesaba el torrente Cedrón en el valle de Josafat, zona de sepulcros y de muerte, para ascender casi en línea recta a la explanada del Templo por la parte oriental, entrando por la Puerta Dorada, llamada también Puerta de la Misericordia, donde el sol encendía en aquellos momentos los mármoles de las columnas y capiteles, el pináculo, la nave central y los atrios del Templo.

Mateo ve en este acontecimiento la realización del vaticinio del profeta Zacarías, que anunciaba la llegada del Rey de Israel, avanzando hacia el monte Sión, lleno de mansedumbre y majestad, sentado sobre un borrico. La Iglesia repite cada año en todo el mundo, también en el camino que baja de Betfagé hacia Jerusalén, esa procesión de hombres y de mujeres, de niños con ramos de olivos y con palmas, que aclaman al Señor con júbilo y entusiasmo. Sólo los orgullosos sonríen con ironía o protestan indignados, los que no tienen fe, los que sólo miran con los ojos de la carne porque están ciegos en el alma. A ellos el Señor, cuando le piden que acalle a la multitud, les contesta: "Si éstos callaran, las piedras gritarían". Y es que las piedras son más blandas y sensibles que el corazón de los orgullosos y los soberbios... Nosotros deseamos ser como niños, tomar nuestros ramos de olivo y seguir a Jesús por el camino, aclamándolo con entusiasmo, mientras que miramos con envidia al borrico que marcha orgulloso con tan noble carga...

6.- ¡QUÉ HORAS NOS AGUARDAN!

Por Javier Leoz

En el pórtico de la Semana Santa, con el Domingo de Ramos, se entrecruzan dos sentimientos: el gozo (al ver cómo Jesús es aclamado) y la tristeza (mañana todo será llanto). Y, por esa puerta, adentrándonos en Jerusalén acompañamos a Jesús que nos invita a vivir con El auténticas horas de pasión, entrega, amor, donación, sacrificio, muerte…y resurrección. ¿Seremos capaces de meternos de lleno en la solemnidad de la Pascua? ¿Somos conscientes de que, nuestro ser cristiano, arranca y nace de la Pascua del Señor?

1. Jesús va a la cabeza. No se esconde. Hoy, su rostro es halagado por miles de palmas pero, en viernes santo, será abofeteado por la burla, la incomprensión o el escarnio. En ninguna de las dos situaciones, Jesús, se echó atrás. Sabía que, su misión, iba a ser probada por diversos contrastes: gloria y desdicha, triunfo y fracaso, júbilo y desnudez.

Con Cristo, en este domingo de ramos, iniciamos una impresionante peregrinación hacia el culmen de su misión. Vamos con El y, además, lo hacemos siguiendo sus indicaciones. El Señor quiere celebrar la Pascua ¿por qué no vivirla, especialmente este año, como si fuera la primera vez? ¿Por qué no vivir intensamente cada gesto y cada oración, cada palabra y cada silencio que nos conducen hacia el rostro auténtico de Dios?

2. En el inicio del Domingo de Ramos se encuentran los vítores y las aclamaciones, pero allá al fondo –sobre un montículo- Jesús divisa el horizonte donde, el próximo Viernes Santo, se alzará una cruz exponente del mucho amor que Dios nos tiene. Una cruz que, lejos de estar vacía, estará colmada por un cuerpo que, en esas horas, será olvidado, insultado, silenciado y traicionado.

Hoy, la alegría, hace que se sacudan palmas al viento. En la tarde de Viernes Santo, las voces enmudecerán por cobardía. La cruz se alzará en la más absoluta soledad (con la sola presencia de Juan y de María) y, como alabarderos, aun lado y otro, dos ladrones que –ante iguales ofertas- responderán de formas diferentes.

3. Hoy con esta manifestación pública de nuestro afecto a Jesucristo expresamos esa gran procesión que, como cristianos, estamos realizando a la Jerusalén celeste. ¿Servirán de algo nuestros ramos bendecidos? ¿Sonarán a sinceros nuestros cánticos jubilosos? ¡Por supuesto que sí! Frente al intento, por diversos estamentos, de coartar nuestra libertad religiosa; de planificarnos una sociedad sin más perspectiva que sus propias murallas….los cristianos sabemos que, una ciudad, nos aguarda al final de nuestra existencia: el cielo.

Jesús, si se aventuró a dar estos pasos finales que le llevaron a la muerte, es porque así lo creía: era paso previo y obligado para cumplir su misión; para introducirse en la Patria celeste y, para que junto con El, también nosotros podamos participar de esa conquista. ¿Y aún hay quien se resiste a aclamar a Jesús como Señor y como Rey?

4.- Que nuestras gargantas, en este soportal de la Semana Santa, entonen cánticos de alegría y de alabanza: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! Porque necesitamos un poco de cielo, un poco de Dios, un poco de eternidad. Porque, entre otras cosas, necesitamos seguir a Jesús por ese camino que nos lleva derechos a la comunión con Dios Padre.

¡Feliz Semana Santa, hermanos! ¡Felices horas de pasión, muerte y resurrección! ¡Las necesitamos más que nunca!

5.- ERES TÚ, SEÑOR, QUE ENTRAS

A  lomos de un asnillo, humildemente

y  sin más pretensión que cumplir

la  voluntad de Aquel que te sostiene.

Para  celebrar tu pasión, muerte y resurrección

y,  sufrir, llorar y morir 

para  que no lo hagamos por siempre nosotros

ERES  TÚ, SEÑOR, QUE ENTRAS

Rodeado  de música y de salmos

con  palmas en las manos, vítores y aclamaciones

Porque,  tus horas tristes, aunque sean grandes

hoy  son anunciadas y publicadas de esta manera:

Siervo,  entre los siervos

Pobre,  entre los más pobres

Obediente,  has la muerte

Dócil,  en el camino hacia el madero

Fuerte,  ante la debilidad de los que te rodean

ERES  TÚ, SEÑOR, QUE ENTRAS

Sales  al escenario de la Jerusalén

La  ciudad que hoy te aclama

y,  la urbe, que mañana te dará la espalda

La  ciudad que hoy te bendice

y,  el bullicio que mañana gritará: ¡crucifícale!

Avanzas  por esa ciudad, Jerusalén,

que  son las calles por las que nosotros caminamos:

encrucijadas  de falsedades y de engaños

de  verdades a medias que son grandes mentiras

de  amistades y de traiciones

de  fidelidades y de deserciones

de  amigos que compran y se venden

ERES  TÚ, SEÑOR, QUE ENTRAS

Porque  sabes que, para ganar,

hay  que saber perder

Porque  con tu entrada triunfal en Jerusalén

nos  invitas a dejarnos enterrar

para  que en un amanecer despertemos a la eternidad

Porque,  al ascender por nuestras calles

nos  muestras que, en la cruz que te espera,

se  encuentra multitud de respuestas

ante  tantos interrogantes del hombre.

7.- JESÚS QUISO DEJAR CLARO QUE ERA PACÍFICO

Por Ángel Gómez Escorial

1.- En los años setenta del siglo pasado, cuando Jesús de Nazaret quiso ser transformado en un revolucionario al estilo de entonces, se interpretó la entrada triunfal en Jerusalén como un ataque guerrillero contra el poder establecido. Las consecuencias de esa insurrección habrían sido la condena, tortura y ejecución de Jesús. La verdad es que esta teoría no tiene la menor posibilidad histórica, porque la guarnición romana vigilaba desde lo alto. Cualquier problema de orden público era dominado enseguida con enorme dureza. Por el contrario los actos de contenido religioso –procesiones, romerías con cantos y las típicas subidas al templo—no producían inquietud alguna y dejaban que se desarrollasen, aunque algunas veces produjeran algún tumulto por la multitud que participa en ellas. Los militares romanos ya sabían lo que se traían entre manos y desde luego no hubieran permitido nada parecido a un ataque revolucionario. Otros tratadistas del mismo tinte revolucionario relacionaron también la actitud guerrillera de Jesús con la expulsión de los mercaderes del Templo.

2.- Pero Jesús quiso dejar claro que era pacífico. Entró en Jerusalén sobre un borriquillo y no a lomos de un impetuoso caballo blanco, rodeado de su guardia de corps. El cortejo real era festivo y propio de una romería. Las gentes le saludaban con ramos de olivo –señal de paz—y palmas. Y, desde luego, fue un gran éxito. Y si bien a las fuerzas de ocupación romana el asunto no les importó nada, no ocurrió así con el conjunto de las autoridades religiosas de Israel, que entendieron perfectamente que esa entrada era religiosa y que añadía un talante de paz y de fiesta muy deseado por el pueblo, pero odiado por el sistema oficial del Templo, ya que era todo un cambio. Y fue esa entrada triunfal lo que precipitó la persecución y muerte de Jesús.

3.- La Iglesia y su liturgia –que derrochan gran sabiduría— han puesto en la misa de hoy ese relato completo de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo para que –digámoslo así—no haya duda sobre que celebramos hoy. Por eso, la liturgia tiene una lectura de júbilo, asociada a la procesión de Ramos y el relato íntegro de la Pasión. En este ciclo A hemos escuchado la Pasión según San Mateo que nos da la idea de que dicha Pasión es testimonio de la voluntad salvadora universal de Dios y de su amor representado en el sacrificio y posterior victoria de Cristo Jesús. Estaréis de acuerdo conmigo que esta lectura en conjunto emociona y deja el alma perfectamente preparada para vivir la Semana Santa –Semana Grande se decía antes--, de la que el Domingo de Ramos es pórtico “físico” e inicio “psicológico”

4.- La paz de Jesús se verá reflejada horas después en su retirada, en su marcha a Betania para descansar con sus amigos, Marta, María y Lázaro. Ante su éxito –y en términos estrictamente religiosos— Jesús podría haber pedido a los Sumos Sacerdotes y Senadores “que le tuvieran en cuenta” dentro de la “religión oficial”. Y quien sabe si esa imposible pretensión de Jesús –fue una de las tentaciones de Satanás en el desierto— de “oficializar” su mesianismo hubiera tenido éxito. Pero tanto Jesús como los líderes religiosos de Israel sabían que eso era imposible. Jesús pedía la vuelta a la religión original de Amor que el Padre esperaba. Los fariseos y saduceos alimentaban un sistema social, político y con formas religiosas, que nada tenía que ver con la misión de Jesús de Nazaret. Por eso, llegada la tarde, Jesús se retiró a Betania a esperar el desenlace de su Misión. Por eso es importante hoy, tras la bendición alegre de los ramos, leer y meditar íntegra la Pasión de nuestro Maestro

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

DESCONCIERTO

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- El título que he puesto expresa mi deseo. Quisiera, mis queridos jóvenes lectores, que la celebración y contemplación de los misterios que este domingo y los días sucesivos, celebramos, produjeran en vuestro interior este efecto. Estamos acostumbrados a explicaciones que pretenden ser demostrativas y correctamente aceptadas por nuestro mundo que, no lo olvidéis, pasa por una fase de decadencia cultural. Y que conste que estoy pensando en el llamado primer mundo, puesta mi esperanza en el que con frecuencia despectivamente, llamamos Tercer Mundo. Tal actitud la de exponer con palabras e ideas “políticamente correctas”, satisface la curiosidad, pero no agita el interior de la persona y en consecuencia no lleva a la conversión. La noticia que damos no sorprende, no es buena-nueva-noticia.

2.- El primer desconcierto de hoy, pequeño en realidad, lo provocará la duplicidad de orientaciones de los dos momentos litúrgicos del encuentro. Nos reunimos primero al aire libre con ramos o palmas, niños sonrientes y fotógrafos a punto de perpetuar el momento. La primera reflexión, el contenido de la introducción, hace referencia a la cuaresma y anuncia el inicio de la santa semana. Se invita a acompañar a Jesús simbólicamente en la entrada a Jerusalén y a hacerlo cantando. Toda alusión festiva es bien aceptada. Los que hemos estado en Tierra Santa, recordamos siempre aquella carretera que baja desde la cima de la Ascensión hasta Getsemaní. En el fondo del valle y a continuación, la solemne entrada en la Ciudad. Alegra pensarla y recordarla, pero seguramente no nos inducirá a ninguna conversión.

3.- Imaginamos un espectáculo esplendido de gentes que acompañan al Maestro, sin meditar su gesto. Probablemente sucede así porque no nos hemos fijado en los niños, principales protagonistas del episodio, con sus vítores que, proféticamente, reclaman reconocimiento de Jesús como Mesías Salvador. A los niños no los tomamos en serio. Pienso ahora en aquel chiquillo llamado Daniel, que con ingenuidad interviene, juzga con simplicidad y salva a la casta Susana. (Dn 13,46) De entre nosotros no saldría un tal chaval. Se esmeran padres y educadores de ahogar su posible capacidad profética, satisfaciendo de inmediato sus ansias de poseer, ambicionar, dominar y gozar de cualquier capricho que se les ocurra.

4.- Quisiera, mis queridos jóvenes lectores, que sinceramente os preguntaseis. ¿Qué hago yo como reconocimiento, como adoración, como asombro al Jesús, presente en los pobres, los indefensos y los marginados? ¿Y en la Eucaristía, pienso y agradezco tal presencia, entro a cualquier iglesia con el único fin de adorarle reconociéndole como Hijo de Dios y mi Salvador? Sin ninguna súplica, por el simple deseo de adorarle, sin pedirle nada, como los chiquillos que vitoreaban agitando palmas y ramos de olivo.

5.- Segunda parte del encuentro cristiano de hoy. Probablemente no entrarán en la iglesia todos los asistentes. Con las correspondientes fotografías, muchos finalizan la asamblea. Imagino que vosotros sí. La liturgia ahora es severa. Se proclama la Pasión del Señor. En un determinado momento nos arrodillamos y en silencio debemos reflexionar seriamente. Pocas veces se nos propone este gesto, agacharnos, acercar nuestra mente al suelo, permanecer en silencio un rato. No lo desaprovechéis, mis queridos jóvenes lectores. En el silencio se escucha a Dios. Sinceramente debéis preguntarle ¿qué tienes pensado para mí durante esta santa semana y para mi futuro próximo?

6.- Como siempre, desde los inicios del cristianismo, antes de acabar y marcharse, la asamblea en la mesa eucarística, fracciona el Pan y el Vino y lo comparte. Es un estímulo y ayuda eficaz al cambio, a la conversión, que los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección, que con mayor solemnidad celebraremos durante el Triduo Sacro, nos exigen.