06 abril 2017

Comentario Domingo de Ramos

LA PASIÓN DE JESÚS SEGÚN SAN MATEO CLAVES DE LECTURA, INTERIORIZACIÓN Y REFLEXIÓN
(Comentario a San Mateo, Ulrich Luz)
1.- Es inútil tratar de establecer una estructura sistemática en la historia mateana de la pasión; ni siquiera es posible distinguir con claridad entre la historia de la pasión y la historia de la pascua (las mujeres en Mt 28,1ss ya estaban en 27,55ss, la predicción de Galilea). La división más obvia es la que se basa en criterios geográficos y cronológicos:
Mt 26,1-16: introducción, escenario cambiante y sin marco cronológico fijo.
Mt 26,17-29: la cena pascual de Jesús, en tres breves escenas: 17-19/20-25/26-29.
Mt 26,30-35: transición de escenario; predicción de Jesús sobre el futuro.
Mt 26,36-56: contraposición de dos escenas en Getsemaní:
a) oración de Jesús en el huerto, en soledad: 26,36-46;
b) el prendimiento tumultuoso: 26,47-56.

Mt 26,57-27,2: proceso judío de Jesús en el palacio de Caifás, con 5 escenas de extensión desigual: 57-58/59-66/67-68/69-75/27,1-2. Aquí se contraponen la firmeza de Jesús (26,59-68) y la negación de Pedro (26,69-75).
Mt 27,3-10: excursus sobre el final de Judas.
Mt 27,11-31: proceso romano de Jesús en el pretorio de Pilatos, en dos escenas: a) el proceso: 27,11-26;
b) el escarnio de Jesús: 27,27-31.
Mt 27,32-61: la crucifixión y muerte de Jesús en el Gólgota, en 6 episodios: 32-38/39-44/45-50/51- 54/55-56/57-61.
Por tanto, dividimos la historia de la Pasión en 6 secciones: 26,1-16 / 26,17-29 / 26,30-56 / 26,57- 27,10 / 27,11-31. Precisamente la séptima sección, que le daría la plenitud del sentido simbólico del número 7, es la correspondiente a la resurrección de Jesús. A partir de 27,62 (historia de la pascua) se da una alternancia de escenas de los guardianes del sepulcro, que son como piezas de ajedrez en el juego de los dirigentes judíos y de Pilatos, enemigos de Jesús, y escenas de las mujeres, que vienen a ser, a la inversa, las piezas de ajedrez en el juego de Dios (27,62-66 – 28,11- 15 con 27,61 – 28,9-10). Los cuatro textos rodean al relato del descubrimiento del sepulcro vacío (28,1-8), que es central (a todos los niveles) porque entran en juego unos y otras, los soldados y las mujeres.
2.- En el relato de la pasión, varios pasajes dan especial realce a determinados temas:
a) Los tres anuncios de Jesús sobre su pasión, que sustentan la narración y revelan a Jesús como protagonista omnisciente: 26,2.24.45
b) Los tres testigos a favor de la inocencia de Jesús: 27,3-4.19.24
c) Los tres pasajes sobre el Hijo de Dios: 27,40.43.54
d) En el bando de los adversarios de Jesús, el dinero (argyria) cobra importancia en tres pasajes de la historia de la pasión y de la pascua (26,15; 27,3-10; 28,12.15): es, en todo caso, un instrumento en la estrategia de los enemigos de Jesús.

I.- SOBRE LA ESTRUCTURA DEL RELATO
3.- La historia de la pasión está estrechamente unida al resto del evangelio mateano: anuncios de la pasión en 16,21; 17,22-23; 20,18-19; pero ya antes (9,15; 12,14 cf. 12,18-21) el narrador Mateo o Jesús anunciaron la suerte que le esperaba. Hay que recordar también las “señales” que afloran en el relato de infancia. La historia de la pasión aparece, pues, como la conclusión, bien planeada e implícita desde el principio, de la historia íntegra de Jesús.
4.- Mateo añade a Marcos dos episodios completos: la muerte de Judas en 27,3-10, y los guardias en el sepulcro en 27,62-66. Algunos añadidos más breves son algunos dichos de Jesús (26,52-53, sobre la espada y sobre los ángeles); el sueño de la mujer de Pilatos (27,19); una alusión bíblica en 27,43; los acontecimientos posteriores a la muerte de Jesús (27,51b-53).
5.- Mateo omite de Marcos el episodio de la huida del joven desnudo (Mc 14,51-52) y abrevia Mc 14,12-16 (preparativos de la cena pascual) y Mc 15,42-47 (sepultura de Jesús), siguiendo la tendencia general de Mateo de ir a lo central. Y una curiosidad: Mateo sabe que Barrabás se llama Jesús: ¡sabe más que su fuente!
6.- Mateo tiene poca relación con el relato lucano: después de que ambos se separan de su fuente Marcos, siguen caminos muy distintos para narrar la pascua. Las dos tradiciones sobre la muerte de Judas (Mt 27,3-5 y Hch 1,18-20), diferentes en casi todo, excluyen claramente un contacto directo entre Mateo y Lucas.
7.- Mateo tiene, a primera vista, poca relación con Juan: los dos enlazan la aparición de Jesús a todos los discípulos con el envío misional (Mt 28,16-20 / Jn 20,19-23), aunque en Mateo sin referencias al Espíritu. También se aproximan en su visión del judaísmo: en Mt y Jn son los fariseos los principales representantes de los dirigentes judíos hostiles a Jesús. Los dos evangelios los mencionan pronto como instigadores en el propósito de eliminar a Jesús (Mt 12,14; Jn 11,57); sin embargo, Mateo resta importancia a los fariseos en la historia de la pasión (como Mc y Lc), aunque los hace intervenir en el último plan siniestro de los dirigentes judíos (Mt 27,62). Hay también contactos en la cristología: en la historia joánica de la pasión llama la atención la soberanía del Jesús divino, que sufre y afronta con plena conciencia su pasión, de modo que ésta no es sino el “triunfo secreto” -al final manifiesto en la pascua- del “Revelador sobre el mundo”. Se dan tendencias similares en la pasión de Mateo: el Emmanuel Jesús es aquél que no sólo sabe de antemano lo que sucederá, sino que lo dirige y cumple el plan de Dios de modo soberano. Con más vigor que en Mc, el Hijo del hombre Jesús es el juez divino del mundo que revela su juicio futuro precisamente cuando está ante sus jueces humanos. Con más vigor que en Mc, se manifiesta en Mateo algo de la acción pascual de Dios, ya inmediatamente después de la crucifixión de Jesús (Mt 27,51-53). Todo se expresa en un lenguaje muy diferente del usado por Jn y, sin embargo, las dos imágenes de Cristo presentan rasgos afines: arraigo en un trasfondo judeocristiano afín y en experiencias históricas afines.
8.- Tres modelos básicos de espiritualidad de la pasión
  1. a)  La espiritualidad pascual de la pasión en la Iglesia antigua: la mejor ilustración puede ser el vocablo pascha (“pascua”), palabra griega que traduce la fiesta judía de la passah y que evoca fonéticamente el verbo paschein (“padecer”).
  2. b)  La espiritualidad de la compasión: desde el s. XII la pasión se convierte en el verdadero centro de espiritualidad. El interés se dirige al hombre Jesús que sufre. De la compasión se evolucionará a la conformidad con el Cristo paciente y después a la imitación, la mística de la pasión que ahonda y radicaliza la idea de compasión.
  3. c)  La espiritualidad expiatoria de la pasión: lo decisivo teológicamente es el conocimiento de la obra salvífica que Cristo realiza pro me en la pasión.
II.- CLAVES DE COMPRENSIÓN DEL RELATO PARA LA INTERIORIZACIÓN
1.- COMIENZA LA PASIÓN (26,1-16) A.- El decreto de muerte (26,1-5)
 Observación inicial (v. 1): Jesús ha concluido todos estos discursos: los lectores saben que ahora comienza el fin.
VV. 1b-2: Es Jesús el que toma la palabra y no sus adversarios. Recuerda a los discípulos lo que ya saben (anuncios de la pasión en 16,21; 17,12.22s; 20,18s). Ser entregado es un verbo de gran contenido cristológico, que une los destinos de Jesús, Juan el Precursor (4,12) y los discípulos (10,17-21). Los lectores saben que Jesús recorre ahora “nuestro” camino. Como Jesús, también ellos están en manos de Dios. En esta identidad de destino radica el consuelo que proporciona la historia de la pasión. No es lo último: Jesús habló también de la resurrección al tercer día en sus anuncios de la pasión.
VV. 3-5: En el v. 3 aparecen los “actores de segundo orden”: los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo (los letrados, importantes en Marcos, quedan en la penumbra). Pueblo aquí traduce laos, a diferencia de gente (ojlos) y significa el pueblo santo, Israel. Su actitud es aún abierta: puede estar aún del lado de Jesús.
El comienzo de la historia mateana de la pasión es programático. Jesús es dueño y señor de los acontecimientos que se producen, no la víctima del poder de sus adversarios. Ha llegado su hora, no la de los adversarios. En esto, toma una perspectiva similar al evangelio de Juan.
B) La unción en Betania (26,6-13)
  •  No deja de ser importante que al comienzo de la historia de la pasión una mujer desempeñe un papel tan destacado, tan positivo en comparación al de los discípulos.
  •  VV. 8-9: los discípulos protestan, pero no son personajes modélicos: hombres de poca fe (8,26; 16,8), llenos de ambición (18,1), de miedo al sufrimiento (16,22s), de dudas (28,17) y en actitud defensiva ante una mujer (15,23). En la pasión quedarán en muy mal lugar: abandonan a Jesús y la traición de Pedro es lo último que sabemos de ellos antes de la pascua. Es iluminador este contraste entre discípulos y mujer/es. Mateo insinúa en este pasaje, y en toda la historia de la pasión, que el seguimiento de Jesús no es una determinada praxis ética; significa, ante todo, la fidelidad a la persona de Jesús.
  •  VV. 10-13: Jesús da una interpretación a la acción de la mujer y le confiere un sentido nuevo: una unción fúnebre. ¡Los discípulos se lanzaron a interpretar la acción anticipándose a Jesús! El anonimato de la mujer es realmente llamativo; quizá una señal del carácter patriarcal de la tradición primitiva.
    C) La traición de Judas (26,14-16)
    •  V. 14: Fuerte contraste con la mujer del perfume: Judas, uno de los Doce. Mateo lo indica subrayando así lo inconcebible y terrible de la traición.
    •  VV. 15-16: Las treinta monedas de plata, rodeadas por el término ‘entregar’, tienen un lugar central ahora y tendrán importancia más adelante (27,3-9; 28,12.15). ¡El dinero siempre aparece en el mundo de los enemigos de Jesús! El verbo “entregar” no significa “traicionar”, sino que tiene una connotación religiosa en virtud de los anuncios de Jesús sobre su pasión (17,22; 20,18; 26,2): el camino de Jesús es querido por Dios y atestiguado en la Escritura (Zac 11,12s).
    •  V. 16: La expresión “desde entonces” recuerda los grandes cortes del evangelio en 4,17 y 16,21: el último gran tramo en la historia de Jesús ha comenzado ahora: el tiempo de su pasión.
2.- LA ÚLTIMA PASCUA DE JESÚS (26,17-29) A) Preparativos para la pascua (26, 17-19)
  •  V. 18: El interés de Mateo es mostrar que Jesús da las órdenes. Jesús no es alguien que sabe de antemano, de modo milagroso, las más extrañas circunstancias, sino que ordena y después sucede lo que él dice. Mi tiempo no tiene sobre todo connotaciones escatológicas, sino más bien cristológicas: Jesús habla como quien conoce el tiempo, es dueño de él y colabora con el plan de Dios. Otra vez en Mateo nos hallamos con el lenguaje y la teología del evangelio de Juan.
  •  V. 19: Obediencia ejemplar de todos los discípulos (no dos, como en Mc). Ser discípulo significa para Mateo pertenecer a la familia de aquellos hermanos de Jesús que hacen la voluntad del Padre celestial (12,50).
    B) Jesús desenmascara a Judas (26,20-25)
    A las indicaciones de tiempo y situación (v. 20) sigue un diálogo construido bellamente: Jesús anuncia en general que un discípulo le traicionará. Los discípulos reaccionan consternados. Jesús responde anunciando con precisión quién será el traidor. Reacciona ahora Judas con las mismas palabras que antes los otros discípulos, pero no le da el tratamiento de señor, sino de rabbí. Jesús asiente. Jesús tiene, pues, la primera y la última palabra en el relato. Su formato muestra claramente cómo es Jesús, y no los discípulos o Judas, el que determina el curso de los acontecimientos.
    •  VV. 21-22: Los discípulos aparecen inseguros, no conocen su comportamiento futuro, aunque nunca han pensado en traicionar a Jesús, y por eso esperan una respuesta negativa por su parte. Los lectores, que se identifican con los discípulos, se sienten implicados con éstos. También ellos se preguntarán mientras leen: ¿Cómo es mi relación con Jesús? ¿Soy de los que podrían traicionarle?
    •  V. 24: La referencia bíblica como está escrito es más general: más allá de los pasajes bíblicos concretos, lo importante es que la muerte de Jesús aparece atestiguada en la Escritura. Ahora bien, el plan divino no excluye la culpa del hombre, del traidor.
    •  V. 25: Mateo distingue con precisión entre los tratamientos dados a Jesús: rabbí es el tratamiento preferido por los letrados judíos, hostiles a Jesús (23,8). ¡Judas se comporta ante Jesús lo mismo que ante un letrado judío! La comunidad debe evitar este tratamiento (23,8): Judas está “fuera”. A la traición se suma la desfachatez: Judas cree que podrá ocultar hipócritamente su traición formulando la misma pregunta que los otros discípulos.
      C) La cena del Señor (26,26-29)
  •  Es un relato peculiar. No cuenta que los discípulos comieron del pan y bebieron de la copa, ni su reacción a las palabras de Jesús. Esto refiere directamente los mandatos de Jesús a la práctica de la comunidad. El relato, por tanto, puede clasificarse como etiología cultual (el origen o causa de una determinada acción). Jesús cumple un nuevo rito: nada se dice del cordero pascual, de las hierbas amargas y de los mazzen (panes ázimos, sin levadura), nada de la haggadá pascual, nada del primer hallel. Los dos acentos más importantes de los vv. 26-29 son la referencia al perdón de los pecados y el énfasis puesto en la comunión de Jesús con sus discípulos.
  •  V. 26: Jesús toma pan y una copa: se tiene la impresión de que Jesús utilizó el marco de la cena pascual para hacer algo totalmente distinto. La bendición va referida sin duda a Dios y la acción evoca, antes que nada, las dos multiplicaciones de pan acontecidas en Galilea. El pan, que significa el cuerpo de Jesús, va asociado al rito de partir, distribuir, tomar y comer.
  •  VV. 27-28: Al rito del pan sigue el de la copa: todos beben de ella, porque sólo es una copa la que debe circular; es importante para Jesús que todos los discípulos beban de la misma copa. La única copa que circula entre los discípulos viene a subrayar la referencia a Jesús: en su muerte se funda la alianza; de su muerte participan todos los que beben de esta copa; su muerte los une a todos. La copa común es lo específico y constitutivo del rito. El valor expiatorio de la muerte de Jesús es por muchos (cf. Is 53,11s), entendido como “la totalidad” (J. Jeremias). Se debe interpretar muchos primariamente desde el contexto inmediato: la copa única pasa de mano en mano entre los muchos discípulos que están a la mesa; y de ese modo, el valor expiatorio de la muerte sacrificial del único Cristo beneficia a muchos. En los discípulos está reflejada la comunidad. Por eso el por muchos de Mt y Mc no es básicamente distinto del por vosotros de Lc y Pablo. Es importante la expresión “para el perdón de los pecados”. Esto es, para Mateo, el centro de la misión de Jesús, desde su mismo nombre (cf. 1,21): la comunidad, al celebrar la cena del Señor, participa en el valor salvífico de la muerte de Jesús. Los pasajes del evangelio de Mateo que invitan al perdón de los pecados (18,21-22.23-35; cf. 6,12.14-15) alcanzan su profundidad con la cena del Señor: perdonar a otros su deuda significa compartir la misión de Jesús y corresponder al don recibido de él.
  •  V. 29: Tiene un gran peso: es la última palabra de Jesús sobre el Reino y remite al comienzo de su proclamación (4,17). Y una segunda evocación: el con vosotros recuerda el tema cristológico fundamental del evangelio: Jesús, que salva de los pecados (1,21), es el Enmanuel, el Dios con vosotros (1,23). ¡Dos veces consecutivas se evoca Mt 1,18-25!
    3.- EN GETSEMANÍ (26,30-56)
    A) La inminente defección de los discípulos (26,30-35)
    •  Este breve episodio sirve de tránsito desde la cena pascual a las escenas de Getsemaní y ejerce
      la importante función de ensamblar toda la historia de la pasión. Sobresalen los dos anuncios de Jesús (vv. 31-32 y 34) y las dos protestas de Pedro (vv. 33 y 35ab). Para los lectores que conocen ya la historia de la pasión, queda más acentuado aún el fracaso de sus personajes de identificación, los discípulos. El anuncio central de la aparición del Resucitado en Galilea (v. 32) aparece extrañamente aislado: Pedro no hace referencia a ello en su respuesta.
    •  V. 31: Jesús hace un anuncio impactante: todos sus discípulos van a fallar por su causa. El contraste con los vv. 26-29 no podía ser mayor: había celebrado la pascua judía “con sus discípulos” (vv. 18.20). Escandalizarse suele tener en Mateo un significado muy fuerte, porque supone la pérdida de salvación. El “fallo” de los discípulos lo formula con una cita de Zac 13,7: Dios mismo es el que actúa en el pastor: los lectores sabían ya que Dios estaba al fondo en la historia de la pasión; ahora lo dice directamente Jesús, o Dios mediante la Escritura.
    •  V. 32: Prosigue Jesús con sus propias palabras, en estricto paralelismo con el v. 31: habla primero de una acción de Dios en él, y luego de los discípulos. El verbo proago (ir por delante) señala que Jesús, a pesar del comportamiento de unos discípulos desquiciantes, sigue proponiéndoseles como maestro. Galilea despierta el recuerdo de la actividad inicial de Jesús en su pueblo (4,12-25), pero también el momento de una respuesta discipular generosa (4,18- 22).
    •  V. 33: Los discípulos, comenzando por su portavoz Pedro, al oír la primera mitad reaccionan sólo a ella. Rompe, sin embargo, la solidaridad de grupo: aunque todos claudiquen a causa de Jesús, él nunca, ¡él será la gran excepción!
    •  V. 34: Jesús le ataja duramente con una solemne frase-Amén: “esta misma noche” establece un contraste retórico eficaz con el presuntuoso “nunca” de Pedro.
    •  V. 35: Con la misma solemnidad contradice Pedro a su Señor: ¡nunca renegará de él! “Aunque tenga que morir contigo” les suena sin duda irónico a los lectores: en 16,21-24, un pasaje donde aparecen igualmente las raíces de “escandalizar” y “renegar”, Pedro había querido disuadir a Jesús de la idea de la pasión con un angustioso “¡de ningún modo te sucederá eso!”.
Jesús sabe lo que va a ocurrir y Mateo lo hace saber. En perspectiva teológica, la presciencia de Jesús es, por tanto, lo decisivo: Jesús va al destino que Dios le depara con plena conciencia: no es una víctima abatida, sino consciente, que afirma y asume su pasión deliberadamente. Detrás de él está la acción de Dios, con la que se sabe en sintonía. Por eso cita la Biblia y deja hablar en ella al sujeto “último” de la acción, Dios mismo. En flagrante contraste con Jesús están los discípulos: los anuncios de Jesús ponen en evidencia el fracaso de los discípulos en la pasión. El tono del evangelio de Mateo no es precisamente apaciguador y complaciente.
B) Oración de Jesús en el monte de los Olivos (26,36-46)
  •  Tras una introducción (vv. 36-38), siguen tres episodios de igual construcción sintáctica y de formulación muy semejante (vv. 39-41 / 41-43 / 44-45a). Aparte de las palabras-guía más importantes, “velar” (3 veces) y “orar” (5 veces), sorprenden las 3 veces de metá (“con”) (vv. 36.38.40). Recuerda al relato de la transfiguración en el monte (17,1ss), cuando Jesús tomó consigo a los mismos tres discípulos; recuerda a la conversación de Jesús con la madre de los Zebedeos, donde se hablaba de beber el cáliz de Jesús (20,22); recuerda sobre todo al padrenuestro, la oración enseñada por Jesús (6,9-15). El episodio de Getsemaní fascina porque la humanidad de Jesús queda aquí patente como en ningún otro pasaje de la Biblia: quiso evitar la muerte; ora a su Padre, pero la petición no es escuchada.
  •  V. 36: Jesús llega con sus discípulos a Getsemaní (“trujal” en hebreo). Jesús es el único sujeto: ocupa el centro desde el principio.
  •  VV. 37-38: Jesús toma consigo a Pedro y los Zebedeos. La escena trae a la memoria el relato de la transfiguración (17,2-8). Aquí, como allí, Jesús les exige algo muy especial, y las dos veces ellos fracasan. Perilypos tiene ya de por sí un significado superlativo: “tristeza extrema”, reforzada con la expresión “hasta la muerte”. En esa situación extrema Jesús pide a los tres discípulos que velen “con él”: no es mucho pedir después de que Pedro acaba de declararse dispuesto a morir “con” Jesús (v. 35).
  •  V. 39: Jesús se adelanta un poco para orar a solas, como él mismo había prescrito (cf. 6,4-6) y practicado (cf. 14,23). Jesús está desesperado y se muestra a la vez piadoso. Pide que si es posible pase la copa. La primera palabra de su oración: Padre; la última, Tú (Padre): para Jesús todo tiene su inicio y final en Dios Padre. Desde 20,20-23, la copa es la muerte. La oración de Jesús es un acto de religiosidad, obediencia a Dios y confianza, y no un acto de desesperación. La tristeza, la angustia y la desesperación de Jesús se apoyaron también en Dios, según Mateo. Jesús nunca fue abandonado por Dios, ni estuvo sin Dios.
  •  VV. 40-41: Jesús vuelve donde los tres discípulos y los encuentra dormidos. Se dirige a Pedro en tono de reproche. Que Pedro duerma muestra lo que la práctica dista de la buena intención. Todos los discípulos son interpelados: de ahí el plural “vosotros”. En el aspecto pragmático de la narración hay algo más. Así lo demuestra el imperativo que viene a continuación: “Velad y orad, para que no caigáis en tentación” (los lectores piensan en la petición del Padrenuestro en 6,13). Con “tentación”, Mateo piensa en las inducciones diarias al pecado, como en el PN. Lo que Jesús mismo soportó al comienzo de su actividad (4,1-12), deben soportarlo una y otra vez los discípulos en su propia vida. La pareja conceptual “velar y orar” transparenta una actitud fundamental en la espiritualidad cristiana a la que, en este contexto, se suma la disposición al sufrimiento.
  •  VV. 42-43: Jesús se aparta a orar por segunda vez. La literalidad de su oración va más allá del v. 39 en dos puntos: 1. Jesús reconoce ahora que no puede eludir la copa de su muerte, sino que debe apurarla. Por eso pide únicamente el cumplimiento de la voluntad de Dios. Queda más patente su obediencia. 2. La formulación es idéntica a la presente en el PN (hace lo que había mandado hacer), una inclusión enormemente significativa. Jesús vuelve y otra vez encuentra dormidos a los discípulos. El verbo katheudo (“dormir”) deja entrever un trasfondo metafórico: el “dormir” es ese estado de cristianos/as que desentona con el Señor y con su mandato. “Ojos cargados”: cansancio y/o estado de confusión.
  •  VV. 44-45a: Jesús se aparta por tercera vez a orar (= intensidad y fuerza de la oración). Cuando regresa, suelta una frase irónica, a entender como una pregunta, como una constatación o como un imperativo inlocutivo, pero no como imperativo permisivo, porque Jesús les ordena levantarse e irse de inmediato.
  •  VV. 45b-46: Los acontecimientos se precipitan. Jesús habla con pleno dominio sobre todo lo que sucede. No se observa ya la menor señal de debilidad y temor en él. Igual que al principio, al final Jesús es el único soberano de la acción. Su hora ha llegado ya: el doble “he aquí que está cerca” parece más definitivo que en Mc. Los vv. 45b-46 son un puente para lo que sigue y subrayan que el Jesús omnisciente continúa siendo el dueño de los acontecimientos. Da la última orden: “levantaos”. El narrador quiere mostrar la “maiestas” de Jesús, que no sucumbirá ante los acontecimientos, sino que les hace frente con gesto soberano.
C) El prendimiento de Jesús (26,47-56)
  •  El texto se abre y se cierra con la mención a “las espadas y palos” (vv. 47 y 55), de modo que la sección central (vv. 51-54) es el corazón de la perícopa. La unidad está asegurada por la repetición de palabras-clave: he aquí (47.51), con él/con Jesús (47.51), multitud (47.55), espada (47.55.tres veces en 51-52), arrestar (48.50.55). El escueto apunte sobre la huida de los discípulos (56b) queda en el aire. Viene a ser un puente hacia lo que se narra a continuación, al establecer un fuerte contraste con Pedro, que todavía sigue a Jesús, siquiera de lejos (v. 58).
  •  VV. 47-48: Aparece Judas, uno de los Doce, como repite Mateo (cf. 26,14). El beso de Judas pasó a ser en la historia de la exégesis y de la influencia el símbolo de una traición vil e hipócrita. El beso continúa el tema de los besos traidores en la tradición bíblica (Pro 27,6; Joab a Amasá; Jacob en Gn 33,4; Absalón en 2Sm 15,5s; Pro 7,13; Eclo 29,5). Existía en muchas comunidades la costumbre del beso santo como signo ritual hacia dentro, así que verían el beso traidor de Judas como el colmo de la perfidia y la deslealtad.
  •  VV. 49-50: Judas se dirige a Jesús como rabbi (igual que en v. 25), lo que delata a Judas como alguien que está fuera y no tiene ya nada en común con los discípulos fieles a Jesús. Jesús le trata de hetairos (oscila entre “colega” y “amigo”): muy lejos de ser amistoso, ese tratamiento no promete aquí nada bueno; es irónico.
  •  VV. 51: un discípulo de Jesús (Pedro a tenor de Jn 18,10) ejerce la resistencia violenta: que los hombres portasen una espada en día festivo no era nada extraordinario en la época, porque la espada formaba parte de la indumentaria.
  •  V. 52: la respuesta de Jesús consta de cuatro partes: Primero, Jesús ordena al discípulo categóricamente envainar la espada. Segundo, justifica esto con una sentencia, al estilo del talión formulado en Gn 9,6, y enuncia el principio judío de “medida por medida”. El v. 52 trae a la memoria la quinta antítesis del SM: no resistáis al mal (5,39). Jesús da ejemplo, con su comportamiento, del sentido de esa antítesis: un pacifismo radical, sin componendas, que no deja margen a la autodefensa.
  •  V. 53: Tercero, Jesús agrega un argumento complementario, a modo de pregunta retórica, que viene a realzar la majestad de Jesús en medio de su arresto: Jesús es contemplado como omnipotente, que lo puede “todo” a través de su Padre del cielo, algo similar a 26,61 (1 legión: 5600 soldados; ¡70000 a disposición de Jesús!). Pero no lo hace, renuncia a exhibir su poder, lo que trae a la memoria la segunda tentación de 4,5-7, cuando Jesús ya renunció una vez al apoyo de los ángeles.
  •  V. 54: Cuarto, Jesús alecciona brevemente a los discípulos con una referencia al cumplimiento de las Escrituras.
  •  VV. 55-56: El evangelista cierra la sección con una nota narrativa. “Todo esto” sucedió para que se cumplieran las Escrituras. La formulación se corresponde literalmente con la frase introductoria de la primera cita de cumplimiento en 1,22, y forma con este pasaje un marco para toda la historia de Jesús, pues toda ella es cumplimiento de las Escrituras (cf. 5,17-20). Todos los discípulos huyen.
Sintetizamos algunos rasgos importantes: 1) Jesús es dueño de los acontecimientos de principio a fin. Responde como soberano a Judas (50a), al discípulo vehemente (52-54) y a la gente armada que lo arresta (55). Manifiesta su poder divino, que no utiliza por su libre decisión de obedecer a su Padre (53). Se exalta, pues, la majestad de Cristo. 2) El evangelista enfoca el relato como una lección sobre la renuncia total a la violencia, enseñada por Jesús en el SM (51-52). Esta renuncia vale sin ninguna reserva, incluidas las situaciones extremas. A ella responde la cristología mateana. 3) Todo lo que sucede en la pasión de Jesús es cumplimiento del vaticinio de la Escritura.
4.- EN EL PALACIO DEL SUMO SACERDOTE (26,57-27,10)
A) Jesús y Pedro llegan al palacio del sumo sacerdote (26,57-58)
Esta breve sección es introductoria: el v. 57 prepara 59-66; el v. 58 prepara 69-75. La cámara del narrador mira primero a Jesús (detener, krateo, palabra clave que vincula con lo anterior) y luego gira hacia Pedro. Este sigue a Jesús “de lejos”. La distancia se combina aquí de modo insólito con el verbo “seguir”, término técnico de discipulado.
B) El interrogatorio ante el sumo sacerdote (26,59-66)
  •  El término “muerte” abre y cierra el texto (vv. 59.66) y tiene 4 partes (59-60a; 60b-63a; 63b- 64: el momento culminante, cuando habla Jesús; 65-66). Los actores principales son el sumo sacerdote y Jesús. El dicho central de Jesús en v. 64 es un pasaje clave de todo el evangelio, que viene preparado por Mt 16,13.16.20-21.
  •  VV. 59-60a: Los adversarios están predispuestos al falso testimonio contra Jesús. Esto los desacredita a los ojos de los lectores y multiplica su culpa. No les interesa un proceso limpio, sino la muerte de Jesús.
  •  VV. 60b-61: “Finalmente” se presentan otros dos testigos. Jesús habla aquí únicamente del templo de Jerusalén. El no lo destruyó, como saben los lectores; fueron los romanos. Él se limitó a anunciar la destrucción (23,38; 24,2; cf. 24,15).
  •  VV. 62-63a: Jesús calla, no en virtud de una fuerza anímica, sino porque, como justo, sólo debe rendir cuentas a Dios, no a sus enemigos.
  •  VV. 63b-64: El conjuro del sumo sacerdote es probablemente una invitación a pronunciar un juramento. Los lectores pensarán en 5,33-37: jurar es contrario a la voluntad de Dios. La pregunta del sumo sacerdote evoca también la confesión de Pedro en 16,16. ¡Lo que el sumo sacerdote pregunta conjurando es, pues, muy correcto! Jesús enmendará también aquí la idea cristológica de su interlocutor con una declaración sobre su persona como Hijo del hombre: allí, a Pedro, sobre su futura pasión (16,21); aquí sobre su venida para juzgar al mundo. Dos escenas clave del evangelio que se corresponden.
    La respuesta de Jesús consta de dos partes: Jesús afirma el contenido de la pregunta formulada. Jesús no accede en modo alguno a la pretensión del juramento, y contesta la pregunta del sumo sacerdote escueta y fríamente. Añade, sin embargo, algo que el sumo sacerdote no había preguntado. Esto es lo realmente decisivo. Jesús quiere decir algo decisivo sobre su futuro: es la primera vez que Jesús habla públicamente sobre su venida como Hijo del hombre. Jesús airea por primera vez el “secreto del Hijo del hombre”. Ahora, acusado, desvela ante los jueces su futuro como juez universal. La escena es de verdadera paradoja joánica: los frentes se invierten porque el Jesús acusado habla a sus jueces humanos como Hijo del hombre, futuro señor del mundo y juez universal.
Aunque Jesús, aparezca aún, por poco tiempo, maltratado, condenado y crucificado, “a partir de ahora” queda inequívocamente claro quién es en realidad: el Juez universal, exaltado a la derecha de Dios.
VV. 65-66: El sumo sacerdote acusa de blasfemia a Jesús (cf. Lv 24,16), pero Jesús no blasfemó contra Dios, ya que eludió su nombre, sustituyéndolo por “el Poder”. Pero la pretensión de Jesús de sentarse en el trono a la derecha de Dios y de juzgar el mundo como Hijo del hombre, era para los judíos una invasión de las prerrogativas de Dios y un cuestionamiento de su unicidad.
C) El primer escarnio (26,67-68)
Escupir a la cara es expresión del más profundo desprecio. A Mateo le recordó el justo doliente de la Biblia (Is 50,6). Por eso omite el detalle de taparle el rostro a Jesús, que figura en Mc e imposibilita escupir a la cara. La acción “abofetear” ocupaba un lugar especial en las bromas zafias de la nueva comedia. Otros sanedritas le dan bofetadas. Con “golpear” asoma ya el tercer radical que evoca el cántico del siervo de Dios en Is 50,6.
D) La negación de Pedro(26,69-75)
  •  Tiene tres partes, las tres negaciones, entre una breve exposición inicial (69a) y un final importante (74b-75). El escenario es cambiante: Pedro sale cada vez más hacia fuera: del patio al vestíbulo y de allí finalmente al aire libre. Las tres negaciones se desarrollan paralelamente. Pero el paralelismo constituye sólo el trasfondo para la progresión dramática desde la primera negación a la tercera: primero se acerca a Pedro una criada que se limita a hablarle (v. 69), luego otra que se dirige a los presentes (v. 73). Pedro comienza diciendo que no sabe nada (v. 70) y luego niega a Jesús directamente con juramento (v. 72). La tercera vez lo maldice y jura (v. 74). En el macrotexto, este episodio significa un momento culminante y, a la vez, el más bajo dentro de la historia de la pasión: Judas abandona a su maestro (v. 14), luego lo hacen los otros discípulos (v. 56b) y, al final, en dramáticas circunstancias, lo hace también Pedro, el primer discípulo, la roca de la Iglesia (16,18). Pedro no aparecerá más en la historia de la pasión.
  •  VV. 69-70: El narrador interrumpe la historia de Jesús y cambia de tema. Pedro ocupa ahora el punto central. “Con Jesús” es una expresión decisiva en todo el capítulo 26, donde se reitera el estar o andar-con-Jesús, referido a sus seguidores. No permite esperar nada bueno: hasta ahora, cada vez que se hablaba de andar-con-Jesús, en referencia a los discípulos, se describía el fracaso de éstos (26,23.38.40.51), mientras que Jesús era fiel “con” sus discípulos (26,18.20.36; cf. 29). Pedro lo niega todo. Se trata de un abandono de la confesión cristiana, con todas las consecuencias para el juicio final. Jesús está en ese momento ante el tribunal judío; él no negó allí, sino que confesó. Los lectores verán a Pedro como contrafigura de Jesús. ¿Cómo se comportarán ellos?
  •  VV. 71-72: Pedro niega por segunda vez, sin nombrar a Jesús: elige el despectivo “ese hombre” y refuerza su negación con un juramento; Jesús había prohibido cualquier juramento a sus discípulos (5,33-37).
  •  VV. 73-74a: El dialecto traiciona a Pedro; pierde totalmente los nervios: el verbo “maldecir” es transitivo, por lo que es probable que maldiga a Jesús, como se obligaba a hacer en tiempos posteriores de persecución. Canta el gallo y, fuera, Pedro llora amargamente. Mateo no vuelve a mencionar a Pedro nominalmente, ni deja constancia de una rehabilitación expresa a la manera de Jn 21,15-19. Pero Dios le perdonará: Pedro estará de nuevo en el monte de Galilea.
  •  Pedro es para Mateo el prototipo del cristiano de “poca fe”, tal como es realmente, mezcla de confianza y temor (14,28-31), fe y protesta (16,16-20), caída y arrepentimiento. Es la fuerza del Enmanuel, Jesucristo, la que puede con lo más oscuro. Mateo no tomó a la ligera la defección de Pedro; de otro modo no lo habría presentado negando lo que en la fe es central: “andar con Jesús” (vv. 69.71). La historia de Pedro es una historia de esperanza.
E) La sentencia de muerte (27,1-2)
Texto de transición al proceso de Jesús ante Pilato. Ha amanecido. “Todos” los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo (cf. 26,3s donde acuerdan detener a Jesús) acuerdan dar muerte a Jesús. Jesús está ya detenido. Ahora resta lo segundo: su muerte. El sentido de la reunión es: el sanedrín condena a muerte a Jesús formalmente al final de la sesión, cuando ha amanecido. Esto se confirma con la reacción de Judas al ver que “habían condenado a Jesús” (v. 3). Jesús había anunciado ya detalladamente, en 20,18-19, su “entrega” a los paganos. Mateo menciona aquí a Pilato por primera vez, con su nombre y el cargo que ejerce. El vocablo hegemon, traducido por “gobernador”, es una designación no técnica que significa “dirigente” en general.
F) Las treinta monedas de plata (27,3-10)
  •  El texto consta de tres secciones (vv. 3-5: arrepentimiento y muerte de Judas; vv. 6-8: leyenda etiológica del “Campo de sangre”; vv. 9-10: cita de cumplimiento que repite un gran número de palabras del relato precedente). La palabra guía para todo el texto es “(treinta) monedas” (triakonta) argyria (vv. 3.5.6.9). Es muy llamativo el puesto que ocupa este pasaje en el contexto: interrumpe la historia del proceso de Jesús. ¿Por qué aquí y ahora este texto? Los lectores pueden comparar a Pedro y a Judas, cuyo arrepentimiento describe Mateo casi en orden sucesivo (26,75; 27,3). ¿Por qué son juzgados tan distintamente? A ambos anunció Jesús que lo abandonarían (26,21.25; 26,33-35). Ambos obraron mal. Ambos se arrepintieron. Pero el uno acompañará a Jesús resucitado en el monte de Galilea y el otro se ahorca y pasa a ser el prototipo del mal por siglos. ¿Dónde radica la diferencia entre ellos?
  •  VV. 3-4: Judas se arrepiente: devuelve el precio de la traición él, que era ávido de dinero, y reconoce su culpa sin tapujos. “Sangre inocente” es un giro bíblico (Dt 27,25 LXX). Frente a la tendencia minimizadora del arrepentimiento en la exégesis, D. Daube hace notar, incisivo, que el arrepentimiento de uno que devuelve el dinero y luego va a la muerte como Jesús, es probablemente más serio que el arrepentimiento de uno que se limita a llorar (Pedro). Pero Judas y Pedro no se diferencian en la seriedad del arrepentimiento, sino en la gravedad de la culpa, pues Judas causó la muerte de un inocente. Judas se queda solo: “Tú verás”. Con la misma expresión se distanciará el ‘inocente’ Pilato de su corresponsabilidad en 27,24. El proceder de los dirigentes judíos resulta cínico, porque ni siquiera discuten la declaración de Judas sobre la inocencia de Jesús. Nadie contradice su testimonio: ¡Jesús morirá inocente!
  •  V. 5: ¿Qué más puede hacer Judas? Se marcha y se ahorca: Mateo lo cuenta con un mínimo de palabras. Parece tener otros intereses: lo ocurrido con las monedas de plata y el cambio de nombre del campo. El ahorcamiento pudo ser entendido entonces según el precepto de la Torá, que impone el ahorcamiento como pena por esa acción. Judas, cuyo arrepentimiento es profundo y sincero, se impuso él mismo la pena que le correspondía.
  •  VV. 6-8: El narrador vuelve inmediatamente a los sumos sacerdotes, que le interesan más que el suicidio. Lo significativo es que el evangelista quiere aludir a la hipocresía: las mismas personas que habían tramado sin escrúpulo un asesinato judicial se muestran ahora escrupulosas en nimiedades (cf. 23,23s). Cuelan el mosquito y se tragan el camello. El evangelista quiere desenmascarar el abismo de maldad de los dirigentes judíos: ¡ellos y no Judas son para él los realmente malos!
  •  VV. 9-10: La última cita de cumplimiento contenida en el evangelio pone fin a la sección. La cita de cumplimiento hace desfilar de nuevo ante los ojos de los lectores la segunda parte del episodio relatado. Pone en primer plano la acción de los sumos sacerdotes: el mal que hicieron responde también al plan de Dios. “Cantidad en que fue apreciado” suena casi irónico; los lectores saben lo barato que fue vendido Jesús.
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¿Por qué aquí? Mateo quiso, primero, desenmascarar a los sumos sacerdotes y los ancianos que habían condenado a Jesús y presentarlos como los culpables de su muerte. Ellos, y no Judas, son los protagonistas del mal. A eso que ellos hicieron, y no a la traición de Judas, se refiere también la cita de cumplimiento, que volverá a mostrar cómo toda la historia de Jesús, incluida su pasión, entra en el plan de Dios. Hay que añadir una segunda intención narrativa: Judas, precisamente Judas, declara sin ambages al comienzo del texto que Jesús es inocente. El testimonio de inocencia a favor de Jesús se repetirá dos veces más a continuación, la primera vez por parte de la esposa de Pilato (27,19), la segunda por el propio Pilato (27,24). Por lo demás, da mucha lástima ver lo poco que asoma en la historia de la exégesis lo que es el centro del evangelio, a saber, eso que K. Barth llama “superpoder” de la gracia de Dios, que “sobrepasa, sobrepuja y reconduce” la condenación del pecador.
5.- JESÚS ES CONDENADO POR LOS ROMANOS (27,11-31)
  •  Esta sección consta de dos escenas de extensión muy desigual (vv. 11-26 y 27-31). La primera, el proceso ante Pilato, transcurre en algún lugar delante del pretorio de Pilato, y crece en dramatismo hasta el final. La segunda escena, en la que Jesús es objeto de burla y escarnio por parte de los romanos, se produce en el pretorio, como un decrescendo sarcástico que lleva al absurdo la confesión de Jesús “rey de los judíos”.
    A) ElprocesoantePilato(27,11-26)
  •  El texto consta de tres subsecciones: vv. 11-14; 15-23; 24-26.
  •  VV. 11-14: Jesús está ante el tribunal y es sometido a un breve interrogatorio por Pilato. El
    silencio de Jesús, como en 26,62, es el silencio del justo acusado, el silencio del siervo de Dios doliente (Is 53,7; Sl 38,14-15; 39,10). Es el silencio tan extraño de alguien que parece no preocuparse lo más mínimo de salvar su vida ante este juez, Pilato. Este se asombra: este verbo no expresa en Mateo la fe, sino una reacción básicamente positiva ante Jesús.
  •  VV. 15-23: Un giro insólito toma ahora el proceso de Jesús: la costumbre de librar un solo preso. Y hay otro preso “famoso, conocido, distinguido” (episemos): Jesús Barrabás. La pregunta que exige tomar partido queda en el aire, en un escenario grandioso: Dos “jesuses” ante la mirada del pueblo; el juez pide elegir a uno para la libertad y a otro para la condena. El pueblo que aclamaba a Jesús cuando entró en la ciudad santa (21,9), y cuya protesta temían los sumos sacerdotes y los ancianos (26,5), puede tener su oportunidad. ¡Bien ideado por Pilato! Y se corrobora con el comentario del v. 18: se lo habían entregado por envidia, el peor de todos los vicios (Sb 2,24).
    Se hace un impasse, aparece otro personaje: la mujer de Pilato, que ha tenido un sueño. En 1,20; 2,12-13.19.22 Dios avisa por sueños a José y a los magos, y así encauza la historia de Jesús. Como allí, una pagana ve claro, mientras el rey y los dirigentes judíos están ciegos. Sobre el fondo oscuro de la culpa judía, cada vez más evidente, aparece nítido el mensaje de la pagana: sabe que Jesús es un “justo” (como Judas en 27,4). Pero su mensaje no puede alterar ya el curso de las cosas.
    “Todos” contestan: “Que lo crucifiquen”. “Todos” prepara el “todo el pueblo” del v. 25. Pilato intenta objetar de nuevo: ¡Jesús no ha hecho nada malo! Lo cual indica que el gobernador se suma, finalmente, a la opinión de la mujer; pero no hace uso de su imperium para proteger al inocente. Pilato ha dejado la decisión en manos del pueblo y él va a hacer ahora lo que el pueblo quiere. Otra paradoja: Pilato, la autoridad decisiva que el evangelista llama intencionadamente hegemon, se convierte en mera figura decorativa.
  •  VV. 24-26: Llegamos a un texto clave del evangelio de Mateo cuya historia efectual acarreó un sufrimiento infinito a los judíos. No es una proposición dogmática, sino parte, final y culminación de un relato. Pilato utiliza un rito bíblico (Dt 21,1-9) para exonerar de la culpa de homicidio. Se trata en Dt de eximir de la culpa de homicidio cuando alguien yace asesinado en el territorio de una ciudad y no se conoce al asesino. Es sorprendente que Pilato ejecute un rito bíblico. ¿Qué pensar de este Pilato? ¿Es inocente? Inocente es, en cualquier caso, Jesús; después de Judas (v. 4) y la mujer de Pilato (v. 19), éste es el tercero que lo atestigua frente a los dirigentes judíos y el pueblo. Difícilmente es inocente, porque Mateo lo alinea con Judas y los sumos sacerdotes. También él es culpable en el destino de Jesús.
    Todo el pueblo: el narrador pasa de ojlos (gente, muchedumbre) a laos, término que connota claramente al pueblo elegido de Dios, Israel. Mateo quiere señalar que este episodio extravagante, escenificado en forma dramática, viene a perfilar lo que después de pascua se hará cada vez más claro: el “no” de “todo Israel” a Jesús. El pueblo asume su responsabilidad: “caiga su sangre sobre nosotros y nuestros hijos”.
  •  Este relato destaca en primer lugar un testimonio sobre Cristo. Cristo, el Mesías de Israel, es condenado injustamente. En segundo lugar, destaca la disputa con Israel. El pueblo de Dios, representado por los jerosolimitanos presentes ante Pilato, se deja convencer por los falaces dirigentes y exige la crucifixión de su Mesías. En tercer lugar destaca que el presunto hegemon, Pilato, queda implicado inexorablemente –justo por no actuar, por hacerse mero comparsa- en la culpa por la muerte de Jesús.
B) Los malos tratos y la burla de los soldados (27,27-31)
El proceso romano de Jesús termina, lo mismo que el proceso judío, en la burla y los malos tratos. La breve escena está muy cuidadosamente construida: el homenaje grotesco al rey de los judíos figura exactamente en el punto central del relato (v. 29b). Los soldados son el único sujeto agente de toda la sección. El tratamiento que dan a Jesús (rey de los judíos) se corresponde con la acusación de Pilato (27,11), exactamente como el tratamiento de Cristo en la escena grotesca posterior al proceso ante el sanedrín se correspondía con la pregunta del sumo sacerdote (26,68). Las dos escenas de burla están correlacionadas por el tema del escupir (26,67; 27,30).
Los soldados desnudan a Jesús y lo adornan con remedos de las tres insignias de un rey cliente oriental: una capa en lugar del manto escarlata, la guirnalda de abrojos en lugar de la corona de laurel dorada, y la caña en lugar del cetro de madera o de oro. Mateo da claramente a entender que el atavío es parodia y burla. En el v. 30 la burla deriva en brutalidad: además de escupir, golpean la cabeza de Jesús continuamente con una caña (único imperfecto del relato). Toda la escena aparece cubierta por una hiriente ironía: El “rey” Jesús es ataviado con símbolos de loco y puesto en ridículo.
6.- JESÚS ES CRUCIFICADO (27,32-61)
A) Elcaminohacialacruzylacrucifixión(27,32-38)
Los sucesos se narran sin retórica y lacónicamente. ¡¡Hasta la crucifixión aparece mencionada sólo con un participio!! (v. 35aa). Ya Musculus se sorprendía ante el relato bíblico de la crucifixión: “Es extraño que ningún evangelista describa de qué modo fue crucificado Jesús; todos refieren en cambio el sorteo de sus vestidos, aunque parezca un asunto de menor importancia”. El texto mateano refiere lo importante con las palabras imprescindibles. Impresiona especialmente el v. 35: Mateo relata la crucifixión en una frase participial que consta de tres palabras: staurosantes de auton. No gasta una palabra en expresar los dolores que Jesús soportó. Lo procedente para los lectores de hoy es aparcar las propias imágenes marcadas por la historia de la influencia del texto y los sentimientos personales, y dejarse influir por la parquedad del texto. El narrador nos pone delante la huella de Dios en esta historia. Una historia que responde al plan de Dios: lo atestiguan las referencias a los salmos bíblicos de sufrimiento que la impregnan. No sería bueno que el brillo de la gloria pascual de la cruz y la brutalidad de los verdugos de Jesús llegasen a borrar la huella de Dios en medio del sufrimiento, huella atestiguada por la Biblia y que el texto sugiere de modo tan sobrio y reservado.
  •  V. 32: Simón de Cirene: el narrador no se interesa por él, quién es y de dónde viene.
  •  VV. 33-34: Llegan al Gólgota, tránsito para lo que realmente es importante para el narrador: el brebaje que dan a Jesús, mezcla de vino y hiel.
  •  V. 35: El texto bíblico no refiere atrocidad alguna, se limita a señalar como tema principal el
    sorteo de la ropa de Jesús. Para el narrador sólo es importante el detalle de que este reparto de vestidos es un eco de las palabras del salmo 21,19 LXX. Es el primero de los tres pasajes de la historia mateana de la pasión que evoca claramente el Salmo 22 (21). El v. 35 viene a decir que los enemigos quitan al justo lo último que tiene, pero los lectores saben a la vez que su padecimiento está en manos de Dios. El justo no se siente lejos de Dios, pues lo que tiene que soportar aparece en la Escritura y lo certifica la palabra de Dios. El narrador, por tanto, quiere facilitar a sus lectores una perspectiva desde Dios. Eso es lo importante para él. No le interesa tanto lo que sucedió exactamente, y menos aún lo que Jesús pudo haber sentido interior y exteriormente.
  •  VV. 36-38: La cruz de Jesús ocupa el centro entre otras dos: esto podría ser una referencia tácita a la majestad de aquel que un día, “en su Reino”, se sentará sobre el trono celestial. La imagen paradójica del “rey de Israel” crucificado entre dos bandidos incita a una nueva escena de mofa, que se relata a continuación.
B) Escarnio al Hijo de Dios (27,39-44)
  •  Este episodio, más pormenorizado, contrasta con la extrema sobriedad del anterior. Los escarnios de la gente y de los sumos sacerdotes y escribas y ancianos tienen la misma estructura: presentación de los sujetos y reproducción de sus comentarios: Jesús es invitado dos veces a bajar de la cruz, dos veces se ridiculiza su filiación divina, dos veces es retado a salvarse a sí mismo. Pero el segundo escarnio, el de los dirigentes judíos, es más distante: no dirigen la palabra a Jesús; y más extenso. El tercero es el de los dos crucificados (no hay “ladrón bueno”). Los escarnios hacen recordar la Biblia: la burla cruel de los enemigos forma parte del destino que aguarda al justo paciente (Salmo 22, 7-9 y passim).
  •  VV. 39-40: Primero la burla de los transeúntes. Blasfemein puede entenderse como ultrajar y evoca al sanedrín: allí fue condenado Jesús por blasfemo… y ahora blasfeman de él sus enemigos. El “meneo de cabeza” es un gesto de mofa en la Biblia (Sl 21,8 LXX). La evocación que se hacía ya del Salmo 22 en el v. 35, y volverá a hacerse en los vv. 43.46, lleva a creer que hay una llamada de atención expresa por parte del autor a sus lectores hacia dicho salmo.
    Hay una inclusión entre el relato del bautismo y de la tentación (3,17; 4,3.6) y 27,40.43.54. “Si eres Hijo de Dios”: al final de su camino, los adversarios judíos de Jesús adoptan por tanto el papel de Satanás; Jesús sufre la última tentación satánica. La supera y se manifiesta precisamente así como Hijo de Dios: él es el que cumple la voluntad de Dios, también en su muerte, y no busca la salvación por su cuenta, sino que la deja en manos de Dios.
  •  VV. 41-42: El segundo escarnio es el más extenso y grave. Ahora salen al escenario los dirigentes judíos: es la última acción directa contra Jesús antes de su muerte. Como en el primer anuncio de la pasión (16,21), el narrador nombra a los tres grupos: sumos sacerdotes, ancianos, escribas o letrados, lo cual da un carácter casi oficial a la burla.
  •  V. 43: Los dirigentes judíos llevan más lejos su escarnio y utilizan para ello las palabras de los impíos en Sl 22,9. Suben un escalón más en maldad: si en v. 42 retaban a Jesús a salvarse a sí mismo, ahora apuntan a Dios: que lo salve Él. Se desenmascaran así en su propio ateísmo. “Hijo de Dios” es para Mateo mucho más que un justo bíblico ejemplar: es aquel a quien Dios mismo reconoció como Hijo único (3,17; 17,5), ligado íntimamente al Padre (11,27). Éste es el que recorre el camino de la obediencia al modo del justo bíblico.
  •  V. 44: El tercer escarnio aparece sólo sugerido sumariamente por Mateo, porque sigue la misma línea de los otros dos. Ahora son los dos bandidos crucificados con Jesús los que hacen mofa de él. Ningún asomo de solidaridad. Jesús se halla completamente solo en su última tentación, nadie de su pueblo da la cara por él. El núcleo del texto consiste en llevar a su punto crítico la historia del Hijo de Dios paciente y obediente hasta la muerte: pronto acontecerá el gran viraje. Dios va a intervenir y pondrá de manifiesto quién es realmente este crucificado.
C) Muerte de Jesús (27,45-50)
  •  El v. 45 es un compás de espera dramático para el acontecimiento central, la muerte de Jesús: durante tres horas reina la oscuridad. Sigue en v. 46 el primer clamor de Jesús y en v. 50 el segundo, caracterizados ambos con la expresión fone megale (“fuerte voz”) e inmediatamente después, la muerte. Entre uno y otro clamor, vv. 47-49, se cuenta el malentendido de los presentes y la última burla a Jesús, enmarcada por dos referencias a Elías (vv. 47.49); en medio de ambas, el segundo ofrecimiento de bebida a Jesús (v. 48).
  •  V. 45: Las tinieblas no son naturales sino cósmicas, sobrevenidas por intervención divina. Desde Alberto Magno se entendieron las tinieblas como el inicio de los portentos del Cristo divino en la cruz. De ser así, formarían parte de las señales posteriores a la muerte de Jesús, como el rasgarse la cortina del templo, el temblor de tierra, las apariciones de difuntos y, para algunos también, el último clamor de Jesús. Esta interpretación es improbable: en v. 51 hay un cambio de estilo y el kai idou (“he aquí”) sugiere que algo nuevo va a empezar. Las tinieblas son señal de duelo en el cielo. El sol oculta su faz por vergüenza, para no ver lo que sucede. Las tinieblas tienen su significado en el plano del relato mismo: a la hora sexta ha oscurecido. No hay explicación para eso. La oscuridad es total, cerrada. Envuelve al mundo entero y lo paraliza todo. Nada más acontece a lo largo de tres horas. El cosmos contiene la respiración; el v. 45 viene a ser un vacío cósmico. Los lectores presienten que se va a producir algo de trascendencia mundial y así será literalmente.
  •  V. 46: El clamar “a voz en grito” –expresión bíblica- no debe evocar la voz justiciera de Dios, ni la voz del Juez universal e Hijo del hombre; es el clamor de un orante, como sugiere el contexto mismo. El contenido de la oración es el pasaje Sal 22,2, el clamor de Jesús en su abandono. Al final su clamor pasa a ser el grito de angustia del hombre dolorido, simplemente. De la certeza pascual a la pérdida de Dios: éstas son las dos tendencias básicas que marcaron la recepción del texto en los dos milenios pasados. La alternativa es saber si Mt 27,46 debe interpretarse como expresión de su confianza en Dios o de su desesperación. En el primer caso, se supone la recitación del salmo 22 entero, pero esto es difícil: las otras dos citas del salmo en vv. 35 y 43 delimitan claramente el intertexto bíblico y ahí no entran los vv. de alabanza 23-32. El v. 46 es, además, el punto culminante de un hilo narrativo claramente visible: Jesús es abandonado primero por los discípulos (26,56), luego también por Pedro (26,69-75), finalmente se encuentra solo en medio de sus enemigos, y ahora parece estar abandonado también de Dios. Hay que partir, pues, del texto de Sl 22,2: se trata de una queja de Jesús, que al sentirse abandonado de Dios clama a él con las palabras del salmo. La tiniebla exterior y la interior se corresponden en los vv. 45-46. De la soberanía de Jesús, conocedor de su hora y del plan divino de los acontecimientos (cf. 26,2.18.45) no queda rastro alguno en la tiniebla total. El sufrimiento no aparece aquí dominado o aceptado en el fondo, sino que existe sin más, doloroso y oscuro como las tinieblas.
    Pero Jesús no le grita simplemente a una tiniebla anónima, sino que clama, casi acusando, a Dios. Cierto que Dios no es visible; la oscuridad lo envuelve todo. No hay ningún otro, sin embargo, al que pueda dirigirse en su abandono, sino este Dios precisamente. Jesús dice en su oración “tú”, no “él”. El grito a Dios contra Dios es central en la religiosidad de los salmos judíos: el Dios vivo al que claman los salmistas no da una clave sobre el sentido del sufrimiento enviado por él, ni una receta para sobrellevarlo dignamente; pero Dios está ahí y oye su grito.
  •  VV. 47-49: Jesús no obtiene respuesta de Dios, pero sí de algunas personas que lo rodean: el crucificado es objeto de mofa por última vez. El evangelista considera el ofrecimiento de la esponja empapada en vinagre una tortura, como ya en v. 34. Jesús está completamente solo, abandonado de Dios y de los hombres. A diferencia de Lucas y de Juan, Mateo no conoce una buena persona que le asista en la cruz.
  •  V. 50: Jesús muere dando un grito por segunda vez: Mateo sólo dice esto: Jesús invoca por última vez (palin) a Dios y muere. El texto no habla de una muerte vicaria o expiatoria de Jesús. Tampoco hace referencia a la compassio con el Crucificado: no es casual que en el relato mateano de la crucifixión sólo haya personas hostiles a Jesús y no aparezca nadie como personaje de identificación para la espiritualidad cristiana de la compassio. El texto se sitúa más bien en un horizonte teológico: la muerte de Jesús, el “Enmanuel”, tiene que ver con Dios, con su ausencia y su presencia; más exactamente con el cómo de su presencia.
    La muerte de Jesús no se puede domesticar teológica o religiosamente; es oscura y terrible. En este sentido, la doctrina de las dos naturalezas, que en su forma clásica y eclesial tiene a atribuir a Jesús un “sí mismo” divino, inmune al sufrimiento, es también un mal hilo conductor para la interpretación de este texto. Esto ocurre aquí en contraste con otros muchos tramos de la historia mateana de la pasión, que dejaban traslucir veladamente, a la manera casi joánica, la majestad del Hijo de Dios. En este tramo no hay ningún tenue destello; todo es oscuridad. Sólo inmediatamente después de la muerte de Jesús acontece el gran cambio, y Dios, que parecía estar ausente, se anuncia con signos prodigiosos y catastróficos (vv. 51-53).
    D) RespuestadeDiosalamuertedeJesús(27,51-54)
  •  Los vv. 51-52 constituyen una fuerte ruptura estilística respecto a lo anterior. La serie de fenómenos de estos versículos finalizará en el v. 53 con una frase más extensa, donde los enunciados sobre los difuntos son lo más importante. Tiene estrechas relaciones con la perícopa pascual de 28,1-10: resucitar/resurrección; sepulcro; seísmo y el tema del miedo.
  •  V. 51: Ahora se precipitan los acontecimientos. La cortina del templo se rasga en dos, de arriba abajo. El Santísimo, cerrado a todas las miradas, queda ahora al descubierto. El pasivo fue rasgada sugiere una acción de Dios (pasivo divino): la cortina fue destruida irreparablemente por una intervención sobrenatural. También cabe interpretar el suceso como expresión de lamento. Después viene el terremoto: el narrador lo formula de nuevo en pasivo divino: es Dios el que actúa. Son obligadas las connotaciones teológicas a la luz del lenguaje bíblico tradicional: una vez que la cortina del templo, al rasgarse, ha inducido en los lectores la idea de un juicio de Dios, todo alcanza una dimensión trascendental: Dios mismo entra en liza. El espectáculo de las rocas hendiéndose con el terremoto es un detalle narrativo para indicar que no se trata de un temblor de tierra corriente, sino sobrenatural, que trastorna la creación entera. Si las rocas se escinden con un temblor de tierra violento, las tumbas se abrirán y los muertos pueden resurgir. A eso quiere llegar el narrador.
  •  V. 52: Es lo que cuenta ahora, también utilizando el pasivo divino. Son despertados los cuerpos de muchos santos por intervención de Dios. La palabra “santo” es sinónima de “justo”. Aquí acontece ya lo que los lectores esperaban para el tiempo final.
  •  V. 53: Los santos van a Jerusalén y allí se aparecen a muchos. Esto es señal de la inminencia del juicio de Dios. No augura nada bueno a los jerosolimitanos.
  • V. 54: Una especie de “coro conclusivo”. A diferencia de Mc 15,39, la declaración de los soldados (“Verdaderamente éste era Hijo de Dios”) no está causada por la muerte de Jesús, sino por lo que ha sucedido después. Para el narrador es significativo que los soldados paganos reaccionen de modo totalmente distinto que los burladores judíos de los vv. 39-44: los soldados paganos, en vista de los que Dios ha hecho, reconocen que Jesús era realmente Hijo de Dios.
E) Las mujeres mirando a la cruz (27,55-56)
La mención de las mujeres viene a ser el puente para el relato de la sepultura y, sobre todo, para los relatos de pascua, donde son personajes destacados (28,1-10). ¿Qué busca Mateo? ¿Qué interés le mueve a esbozar este breve apunte sobre las mujeres que miran “desde lejos”? Sin duda son personajes positivos para el narrador y para los lectores. A diferencia de los discípulos, ellas están presentes en la crucifixión de Jesús. Su relevancia sólo se hace visible en la continuación del relato (27,61; 28,1-10). Ellas representan, ocultas aún en la oscuridad de la cruz, el comienzo de una historia de la acción de Dios que en la mañana de pascua aparecerá a la luz del día. En este sentido son portadoras de la esperanza de Dios.
F) Sepultura de Jesús (27,57-61)
  •  VV. 57-58: Aparece un nuevo personaje: José de Arimatea, hombre rico y discípulo de Jesús. Los datos personales difieren de los de Marcos: José ya no es miembro del sanedrín. El abismo entre los adeptos de Jesús y los dirigentes judíos es tan grande en tiempo de Mateo, que éste no puede imaginar a un miembro del sanedrín simpatizante de Jesús. José es un verdadero discípulo, uno que no claudicó. Cede a Jesús su propio sepulcro, es decir, algo de lo más importante que una persona puede poseer, según la sensibilidad antigua.
  •  VV. 59-60: Ningún relato habla del lavado del cuerpo de Jesús, como era costumbre, ni tampoco de ungir o aromatizar, después de haberlo anticipado una mujer desconocida en Betania (26,12). Sin embargo es importante para la tradición la envoltura del cuerpo de Jesús, quizá para velar, por pudor, la desnudez de Jesús. La losa con la que se cierra el sepulcro será importante para la continuación del relato.
  •  V. 61: José de Arimatea se marcha y desaparece del relato. Atrás quedan dos de las tres mujeres que el evangelista había mencionado ya en los vv. 55-56: María Magdalena y la “otra María”, madre de Santiago y de José. ¿Por qué menciona entonces el evangelista a las mujeres? Se limita a decir de ellas que estaban sentadas frente al sepulcro. El narrador enfoca, así, el pensamiento de los lectores que ya conocen la historia a la mañana de pascua. Sólo entonces se manifestará lo importantes que son estas dos mujeres para la historia que Dios se propone hacer con Jesús. Una historia que también había comenzado con una mujer.