Horario celebraciones Semana Santa en la Parroquia

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30 marzo 2017

V Domingo Cuaresma: Homilías 3


Resultado de imagen de Juan 11, 1-45: V domingo cuaresma

1.- EL SEÑOR MARCHÓ DECIDIDO A BETANIA

Por Antonio García-Moreno

1.- SEPULCROS.- Sepulcros, lugar de oscuro encierro y de podredumbre. Silencio definitivo, descomposición nauseabunda, final desastroso de una carne que se corrompe y que apesta... Así es la vida a veces, así de muerta y olvidada, así de triste y de trágica. Sí, hay muchos sepulcros detrás de los brillantes mármoles de nuestras fachadas.

La voz de Cristo abrió el sepulcro de Lázaro, hediondo ya después de cuatro días. Y Cristo abrió los sepulcros de aquellos leprosos de carne corroída, el de la mujer adúltera, mil veces más podrida. El de tantos y tantos, sepultados bajo la fría losa de sus miserias y pecados... Nuestros sepulcros, Señor, mi sepulcro. Ábrelo. Vence a la muerte con la vida. Llena de rosas siempre vivas este hoyo en el que sólo hay carne en putrefacción. Tú lo has dicho: Pueblo mío, yo mismo abriré vuestros sepulcros y os sacaré de ellos.


Y cuando abra vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor... Es también Ezequiel quien nos habla de un campo lleno de huesos secos, un inmenso rastrojo, fatídico y macabro. Pero el soplo de Dios pasa sobre esos huesos, la fuerza y el calor del Espíritu actúa, realiza el prodigio de hacer brotar la vida en donde sólo había muerte.

Dios infunde su Espíritu y la vida surge pujante, la tristeza irreprimible se convierte en desbordante alegría, la angustia que oprime se transforma en esperanza que esponja el alma. Los sepulcros se han abierto, se han llenado de luz.

El Señor lo dice y lo hace. No es como nosotros, que decimos pero no hacemos. Él es distinto. Su palabra es sustantiva, poderosa, eficaz. Por eso, una vez más hemos de ahuyentar la tristeza y el miedo, con la confianza y la seguridad del que sabe bien de quién se ha fiado.

2.- CRISTO, VENCEDOR DE LA MUERTE.- Señor, tu amigo está enfermo. Así anunciaron a Jesús la grave enfermedad de Lázaro. Es un detalle más que nos confirma la entrañable humanidad de Cristo, la hondura de los sentimientos del Hijo de Dios hecho hombre. Jesús, en efecto, amaba a Lázaro. Lo demostrará luego, cuando llore delante de los demás al ver la tumba del amigo. Y lo demuestra en su decisión de ir a curarle, aunque ello suponga acercarse demasiado a Jerusalén y exponerse a las asechanzas de sus enemigos, que tenían ya determinado matarle. Pero el Señor, llevado del amor a Lázaro marchó decidido a Betania. Su postura de lealtad y de gallardía es un reclamo para nosotros, para que también seamos amigos de veras. Sobre todo, cuando la persona amada nos necesita, aunque el ayudarla suponga graves riesgos.

La muerte ensombrece el hogar de Lázaro y sus hermanas, tan acogedor en otras ocasiones. Donde había paz y alegría, hay ahora zozobra y tristeza. Jesús contempla el dolor de Marta y María, ve sus miradas enrojecidas por el llanto y se estremece interiormente, rompiendo en un sollozo incontenible. Es muy humano sentir dolor ante la muerte de un ser querido, derramar lágrimas por la ausencia irremplazable del amigo. Lo mismo que le ocurre a Jesucristo en esta ocasión.

Pero al mismo tiempo esos sentimientos, cuando hay fe, han de dar paso a la esperanza y a la serenidad. Sí, entonces nuestra fe ha de iluminar los rincones más oscuros del alma, ha de recordarnos que detrás de la muerte está la Vida. Hemos de pensar que la separación no es definitiva sino provisional, porque la vida se nos transforma, no se nos arrebata. En la resurrección de Lázaro, Jesús muestra su poder omnímodo, adelanta su triunfo final sobre la muerte. Así, pues, este prodigio es una primicia del botín definitivo, cuyo comienzo será la pasión y su final apoteósico, la grandiosa polifonía del aleluya de la Pascua.

2.- APOSTAR POR LA VIDA AUTÉNTICA

Por José María Martín OSA

1.- Vuelta a la vida. Aunque el texto de Ezequiel no habla directamente de la resurrección de los muertos, sino la liberación del pueblo elegido, se insinúa ya un éxodo más radical y universal en el que la muerte y todo lo que mortifica a los hombres ha de ser vencido por la resurrección de Cristo. Es en la Pascua de Cristo donde se abre el acceso a la verdadera vida y los hombres entran en comunión con Dios definitivamente. Ezequiel, desterrado con los desterrados, ve con sus propios ojos la situación lamentable de su pueblo que yace en las tinieblas de la muerte como un montón de huesos, sin esperanza. Babilonia es la tumba de los pueblos, allí se consume poco a poco el pueblo de Israel. Pero Dios sacará a su pueblo elegido de esa tumba y lo conducirá a la tierra de los vivos, a la patria lejana y deseada de la que había sido deportado.

2.- Un mensaje esperanzador. Vivimos en carne, nos dice la Carta a los Romanos, pero "no estamos en la carne". Somos carne, pero hay en nosotros otro elemento vivificador, que es el Espíritu de Cristo, que lo es de Dios. Este Espíritu, que resucita los muertos, es el que tiene la última palabra. Hay, pues, esperanza para los hermanos. Nuestro cuerpo no será definitivamente destruido, sino vivificado y transfigurado. La promesa de vida adquiere nuevo vigor en la era de Cristo, que es la era del Espíritu. El Espíritu de vida ya "habita en nosotros". El anuncio del Profeta ya ha empezado a cumplirse. Si tenemos el Espíritu con nosotros, nuestra condición carnal queda superada y nuestra condición mortal queda vencida. Ya no podemos vivir según la carne, que es ley de pecado, sino en el Espíritu, esto es «por la justicia». Y ya no debemos temer la muerte, porque el Espíritu «vivificará nuestros cuerpos mortales». Estamos abiertos, pues, a la esperanza.

3.- Creer en la vida. Lázaro es un símbolo del hombre agobiado por realidades de muerte: droga, guerra, terrorismo, aborto, desesperación. Todos estamos heridos de muerte, las heridas más importantes son las del corazón. ¿Quién nos sacará del sepulcro?, ¿Quién dará fin a nuestra vida mortecina?, ¿Quién acabará con nuestros lamentos?, ¿Quién será capaz de dar una explicación a tantos porqués? Sólo Cristo, porque Él es "la resurrección y la vida". Aunque estemos muertos por el peso de nuestras culpas podemos salir y gritar "Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios". Creer que Cristo es la resurrección y la vida no es mirar tan solo al momento final de la muerte. Creer en la resurrección es creer que nuestro Dios es un Dios de vivos y no de muertos. Creer en la resurrección es creer en la vida, siempre y en todo momento. Es apostar por la vida. Es defender la vida. Es ser un enamorado de la vida y un sembrador de vida, de la vida de verdad, de la auténtica: de la que nos hace a nosotros y a los demás más personas. De la vida de todos: de los niños que tienen derecho a nacer y de los moribundos que tienen derecho a morir dignamente; de los jóvenes que ansían beber la vida, para que puedan conseguirlo sin adulteraciones ni engaños que entrañan muerte, y de los ancianos que se ven arrinconados y necesitan consideración y cariño. Creer en la resurrección es trabajar por construir el mundo nuevo de concordia y de paz conquistado ya por la resurrección de Cristo, pero que nosotros debemos ir haciendo renacer poco a poco en medio de este nuestro viejo mundo calamitoso. El que cree de este modo está trabajando ya, día a día, por el cumplimiento de la promesa del Señor: “El que cree en mí vivirá para siempre”.

3.- JESÚS ES LA VIDA

Por Gabriel González del Estal

1.- Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí no morirá para siempre. En este último domingo de cuaresma, san Juan nos presenta a Jesús como la Vida y dador de vida. Recordemos que el domingo tercero, el evangelista nos presentó a Jesús como el agua viva, en el relato de la Samaritana, y el domingo cuarto san Juan nos presenta a Jesús como la Luz del mundo, con el relato del ciego de nacimiento. Hoy en este bello relato de la llamada resurrección de Lázaro, san Juan nos presenta a Jesús como fuente de Vida, dador de vida eterna. Lo que llamamos resurrección de Lázaro, realmente no fue Resurrección en sentido teológico y bíblico, fue reanimación, o reviviscencia de un cuerpo muerto. Lázaro, después de esta primera resurrección volvió a vivir materialmente, con el mismo cuerpo físico que tenía, y posteriormente murió físicamente. La resurrección supone, según san Pablo, abandonar el cuerpo físico, mortal, y adquirir un cuerpo glorioso, que ya no morirá nunca. Pero es indudable que el evangelista nos presenta esta resurrección de Lázaro como signo y sacramento de nuestra futura resurrección gloriosa. Si creemos en Jesús, aunque hayamos muerto viviremos, no moriremos para siempre, resucitaremos con un cuerpo glorioso y viviremos eternamente. La fe en la resurrección gloriosa realmente debe ahuyentar nuestro miedo a la muerte física. Jesús es la Vida y fuente de vida, y si vivimos en comunión con Jesús, vivimos en comunión con la vida y con la fuente de la vida. Esta es una verdad teológica consoladora y que nos llena de esperanza cristiana. En este último domingo de cuaresma es bueno que pensemos hoy que, como para Cristo después de la pasión y muerte vino la resurrección, así será también para nosotros. Esperemos, pues, gozosamente, la Pascua.

2.- Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Este relato del libro del profeta Ezequiel se escribió cuando el pueblo de Israel vivía en el exilio babilónico. El pueblo estaba desesperanzado, temiendo que Dios le hubiera abandonado. Dios, a través del profeta, le dice al pueblo que él, Dios, nunca les abandonará, que aunque ahora estén como huesos secos dentro de un sepulcro, él, Yahvé, les sacará de los sepulcros y les llevará a Israel. Dios mismo les infundirá su espíritu y podrán vivir en su tierra. Es un texto lleno de esperanza y consolador para los israelitas que vivían en el destierro, lejos de su patria. La patria de los cristianos es la Pascua. Por eso, en este último domingo de cuaresma, también nosotros debemos pensar ya en la Pascua. Los sufrimientos y mortificaciones de la cuaresma darán lugar al gozo de la resurrección. Por la cruz llegaremos a la Luz.

3.- Vosotros no estáis en la carne, sino el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. Pidamos a Dios que estas palabras que san Pablo dice a los cristianos de Roma puedan aplicarse también a cada uno de nosotros. Un cristiano, un discípulo de Cristo, debe ser una persona habitada por el espíritu de Cristo. Vivir habitado por el espíritu de Cristo supone vivir al estilo de Cristo, en pensamientos, palabras y obras. Conseguir esto, aunque es muy difícil, con la gracia de Dios podemos conseguirlo, dentro siempre de nuestras limitaciones, de las limitaciones que nos pone el cuerpo mortal en el que vivimos. Las mortificaciones de cuaresma, y de toda la vida, son precisamente para esto: para purificarnos, para ayudarnos a vencer las tentaciones y limitaciones corporales. La oración, el ayuno y la limosna, son los tres medios específicamente cuaresmales que nos ayudarán a conseguir la purificación del espíritu. ¡Que así sea!

4.- ¿SÁCANOS FUERA, SEÑOR!

Por Javier Leoz

1.- Nos encontramos en la recta final de la Cuaresma. Tres sugerentes catequesis bautismales, impresionantes todas ellas, han querido incentivar nuestra fe en estos últimos domingos: la samaritana, el ciego de nacimiento y hoy la resurrección de Lázaro.

Y, en las tres instrucciones, un denominador común: JESÚS como agua, luz y vida para el creyente.

-¿Por qué, si Jesús es vida, nos cuesta tanto transmitir precisamente esa idea sobre la fe?

-¿Por qué, cuando muchas personas se acercan a nuestras celebraciones, tienen la sensación de que –en vez de savia- ahí se respira rutina, excesiva mecanicidad en los gestos o que no estamos en aquello que celebramos?

Hoy, la resurrección de Lázaro, pone las cartas sobre la mesa: ¡Cristo es la resurrección! El motor que nos empuja a un cambio de mentalidad y de actitudes. Sólo por este gran regalo que nos trae Jesús, una resurrección para nunca morir, merece la pena intentar una renovación en el aquí y en el ahora. Situar a Dios justo en el lugar que le corresponde y saber que, el Señor, está por encima de la misma muerte.

2.- Existen muchos agoreros que, desde distintos vértices –creyentes o no- presagian un final desencantador y de difícil solución para el mundo. Pero, Dios, que puede todo como Dios y que tiene un corazón de Padre, nos hace comprender que, con Jesús, la salvación es posible.

De muchos temores nos libra Jesús. A Marta y María, les recuperó del dramatismo y del colapso que les supuso la muerte de su hermano querido. A Lázaro le desembarazó de una muerte injusta y venida por sorpresa. Y, ¿a sus amigos y vecinos? Pues, tal vez, les sacudió de aquel mar de dudas que, tal vez en aquel momento, se hallaban inmersos sobre Jesús.

3.- ¡Pero ojo! El relato de Lázaro tiene un trasfondo que nos debe hacer más reflexivos y llevar a una interiorización: ¡Lázaro! ¡Sal fuera! Y ¿qué hizo Lázaro? Obedecer. El creyente, por si lo hemos olvidado, es alguien que confía en Dios, que se fía de Dios y que obedece al Pastor.

¡Cuántas personas muertas en vida que viven de espaldas a la novedad del Evangelio! Prefieren quedarse en sus sepulcros fletados por el poder, el bienestar o el dinero.

¡Cuántas personas asfixiadas por las vendas de la seducción, de la apariencia o de la incredulidad! Han optado por lo efímero y, cualquier invitación a dejar todo su “modus vivendi” es poco menos que una injerencia o una falta de respeto a su libertad

¡Cuántas personas rodeadas, no por “Martas ni Marías!” (que alertan a despertar a la fe y a la vida ) sino por ambientes hostiles a la fe cuando no indiferentes, apáticos o descaradamente contrarios.

4.- El evangelio de hoy nos interpela a todos: ¿Somos vida como creyentes? ¿La anunciamos? ¿Somos portadores de la Buena Noticia de Jesús? ¿Recurrimos a Jesús para hacerle sabedor de aquellos que, tal vez, han muerto un poco o un todo para la fe? ¿Llamamos a Jesús para que nos socorra y nos reanime –aunque sea eventualmente como lo fue en Lázaro- y luego, a continuación, buscarle, creer en El y seguir sus caminos?

Hoy, con el Evangelio de Lázaro, tenemos que reafirmar nuestra fe en Cristo surtidor de vida eterna.

Hoy, con el Evangelio en mano, hemos de procurar ser más intrépidos para gritar donde haga falta y a quien más veamos que lo necesite: ¡Sal fuera! ¡De tus miserias, de tu cerrazón, de tu tristeza, de tus angustias, de tus pruebas o de tus cruces! ¡Sal fuera! Sólo así, aventurándonos en esa línea valiente y convencida ¡Sal fuera! Podremos llevar a Jesús a tantos hombres y mujeres que, en vida, ha muerto, porque nadie les llevo a tiempo a Jesús fuente de vida. ¿Lo intentamos? De todas maneras, en este quinto domingo de cuaresma, pidamos al Señor: ¡sácanos de la muerte a la vida!

5.- ¡QUE SALGA FUERA, SEÑOR!

De la  oscuridad que no me deja verte

a la luz que  me da la vida

De las dudas  que ciegan mis ojos

a la certeza  que me invita a seguirte

De la  tristeza que sacude mi existencia

a la alegría  que infunde tú persona.



¡QUE SALGA FUERA, SEÑOR!      

De los  miedos que me paralizan,

a la  fortaleza que me regala tu Palabra

De la  inseguridad de mis pasos

a la firmeza  de tus caminos



¡QUE SALGA FUERA, SEÑOR!

De la  muerte, cuando yo vivo como Tú quieres,

a la vida  que siento cuando Tú estás presente

Del mi afán  de suficiencia que fracasa

al  reconocimiento de tu poder que todo lo puede



¡QUE SALGA FUERA, SEÑOR!

De lo  efímero que pasa y caduca

a lo eterno  que Tú me dices me espera

De mi manera  peculiar de vivir la vida

a esa otra  que, Tú, me dices es rica y diferente



¡QUE SALGA FUERA, SEÑOR!

Que me libre  de esas largas vendas

que me  impiden ser libre y seguirte

Que me  sacuda de los aromas

con que la  sociedad quiere perfumarme y maquillarme

Que sea  fuerte para desprenderme

de tantas  losas que pretenden silenciarme

¡QUE SALGA FUERA, SEÑOR!

¡SACÚDEME CO TU FUERZA DIVINA!

¡HÁBLAME CON PALABRAS DE ETERNIDAD!

¡HAZME MORIR EN AQUELLO QUE ME SEPARA DE TI!

Amén.

5.- ESPERAMOS LA RESURRECCIÓN

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Como se ha anunciado en la monición de entrada, este Domingo Quinto de Cuaresma es el último. El próximo, el Domingo de Ramos, es ya el inicio de la Semana Santa… Días duros y emocionantes que terminan gozosamente con la Resurrección de Jesús, anuncio de la nuestra propia. Y por eso esperamos la Resurrección. La escena de Betania que el Evangelio nos ha descrito hoy tiene, pues, especiales resonancias de futuro.

2.- Y, en realidad, Jesús de Nazaret había resucitado a más personas en su vida pública. Y son, obviamente, impresionantes y muy emotivos los relatos de la resurrección de la hija de Jairo o del hijo de la viuda. Pero la vuelta a la vida de su amigo Lázaro se iba a producir en el momento más difícil de la posición de Jesús ante las autoridades judías. Él mismo evita ir a Jerusalén en esos días. Es obvio, asimismo, que las otras resurrecciones produjeron un enorme impacto. Sin duda. Pero ahora las cosas transcurrían de otra manera. Y así, y no nos engañemos, la resurrección de Lázaro va a ser como un pórtico a la propia muerte de Jesús. Pero, además, la familia de Betania, los amigos de Jesús en Betania, debían ser gente muy principal y muy conocida en Jerusalén. Por tanto, el impacto tuvo que ser fortísimo. Muchos que conocían a Lázaro acudieron los días posteriores a su vuelta a la vida para verle y hablar con él. Y hasta curiosear, con un cierto morbo, en torno al sepulcro, escenario del prodigio.

3.- Estas serían, pues, las cuestiones sociales y políticas que habían suscitado el hecho extraordinario de la resurrección de Lázaro. Pero junto a ello está lo que, a mi juicio, es más importante. Y que incide en el nivel de amistad que Jesús tenía con los tres hermanos de Betania. De todos es sabido –y nosotros lo sabemos bien aquí en la web Betania—la relación profunda e importante que mantenían los cuatro personajes y que se refleja en varios episodios evangélicos. El de Marta y María, el de la acción y la contemplación –“Dile a María que me ayude con las cosas de la casa…”—es otra de las cumbres de las enseñanzas evangélicas. Por eso Jesús va a llorar cuando ya cerca del sepulcro de Lázaro Marta le dice que por qué no ha llegado antes.

4.- El misterio profundo de la realidad de Jesús puede estar ahí. ¿Si Él sabía que iba a morir, por qué no acudió antes? ¿Y si sabía, también, que Lázaro iba también a fallecer por causa de la enfermedad por qué se queda dos días más en Galilea? ¿O es que todos sus actos tenían que estar al servicio de su misión sin tener en cuenta sus propios sentimientos? No lo sabemos. O, mejor, si lo sabemos, no podemos comprenderlo. Esos aspectos desconocidos y fronterizos de la personalidad de Jesús, donde sabiendo él mismo que es Dios se comporta como un hombre muy obediente, sujeto a las exigencias de una misión, serán siempre un misterio para nosotros y que, tal vez, ninguno podamos comprender con exactitud en esta vida. Pero, por otro lado, ya para evitar los excesos de nuestra imaginación, es bueno centrarnos en el relato del evangelista Juan y sacar enseñanza de toda la riqueza que se nos ofrece en el texto que acabamos de escuchar.

5.- Está claro que ya Jesús expresa que la enfermedad de Lázaro no acabará con la muerte y que será causa para admirar la gloria de Dios. ¿Verdad que todavía nosotros seguimos confusos? Los apóstoles, a su vez, le recuerdan lo peligroso de volver a Judea. La mención del apedreamiento es sinónimo de muerte, porque esa forma de ejecución a pedradas era –digamos—más habitual que la de la cruz. Tomás será un poco el profeta del grupo y dirá eso de “muramos con él”. Y hay que decir que, más pronto o más tarde, todos los apóstoles, salvo San Juan, acompañaron a Jesús por la senda del martirio. Luego está el relato preciso de la llegada a Betania. Del encuentro con Marta antes de entrar en la aldea, con la declaración clara de la mujer de que Jesús es el Mesías. Después, la llamada de Marta a María y el cortejo que se forma para acudir al sepulcro…

6.- “Señor, si hubieras estado aquí…” esa frase dicha por María la hemos repetido nosotros muchas veces. Le hemos preguntando directamente a Dios por sus supuestas ausencias cuando le hemos necesitado, porque muchas veces nos hemos sentido completamente solos ante la aflicción, ante la muerte de un ser querido, echando de menos una presencia divina que, de acuerdo con nuestra idea, habría servido para evitar toda desgracia. Pero, como decíamos antes, la relación del ser humano con Dios está llena de misterios. Es posible que una de las mejores frases de la sabiduría popular sea aquella que nos dice que “Dios escribe derecho con renglones torcidos”. Nunca podemos apercibirnos de los planes de Dios, porque todo lo nuestro es fruto de la inmediatez, de la necesidad próxima e imperiosa. Pero nuestros caminos no son los de Dios. “Señor, si hubieras estado aquí… Pero Él siempre está. Otra cosas es que seamos capaces de verle.

7.- Muchas veces uno tiene la impresión que el mejor texto de homilía es el que no existe. Y esto nos ocurre, sobre todo, con los últimos aspectos del evangelio de hoy, desde el momento cuando Jesús dice: “¿Dónde le habéis enterrado?” Los comentarios no parecen posibles. La fuerza del relato es tanta que sería mejor que todos nos calláramos. De ahí, sin duda, la importancia que tiene para todo fiel la relectura de los textos de la Misa de cada domingo. Y, probablemente, tanto antes, como después, aunque permanecer toda una semana –hasta el domingo siguiente—deglutiendo ese contenido nos puede hacer mucho bien.

8.- Jesús llora. La humanidad de Cristo nos llega muy especialmente. Es posible que, sin quererlo, tengamos “excesivamente” divinizado al Señor olvidando que, además de Dios, es uno de nosotros, es un hombre, uno de nuestra raza humana, que llora, ríe, come, suda se cansa e, incluso, como nosotros, tuvo sus temores y sus dudas. Por eso, probablemente, en este episodio de San Juan da gracias a Dios. Sabe que le ha escuchado. La losa ya está abierta. Él ya nota la percepción de que la vida vive al fondo del sepulcro. Sabe de la presencia de Dios y sabe de su fuerza. El grito fuerte Cristo sería para despertar a Lázaro del sueño, porque resucitado ya debería haber resucitado al haber movido la losa.

9.- Hemos de confiar en Dios y pedirle hasta la extenuación lo que deseamos. Hemos de rezar mucho e insistentemente. Y no tanto porque el Señor se haga rogar. El tomará sus medidas cuando sea conveniente y utilizará sus renglones torcidos para escribir derecho, cosa que nosotros no entendemos. Nuestra insistencia en el rezo es por nosotros mismos. Nos sirve para convencernos de que nos creemos lo que pedimos. Desearlo no es suficiente, Hemos de creer que Dios nos va a socorrer y nos marcará el camino que más conviene.

Estamos, como decía, a una semana de la Semana Santa. En ella, Jesús de Nazaret va a ser puesto a prueba y hasta un extremo enorme, tremendo, inhumano. Nosotros debemos de acompañarle y llevar con junto con Él nuestros dolores o nuestras dudas.

10.- Tengo la impresión de que cada uno no terminará de convertirse hasta que no haga suya –en la medida de sus fuerzas—la Pasión de Cristo. Y si eso fuera mucho, por lo menos sumergirse, con la mayor honradez posible, en los textos bíblicos de estos días que se acercan, en la misma liturgia que nos propone la Iglesia, para así vivir todos dichas jornadas en la sintonía de algo muy grande. La meta de ese camino será hacer nuestra esa Pasión salvadora que nos hizo libres a todos, porque –sin duda—en la noche santa que resucitó el Señor Jesús todos resucitamos con Él.

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

AMISTAD, VALENTÍA Y LEALTAD

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Si Cristo fuera Hijo predilecto de Dios, como el Padre afirmó solemnemente, pero fuera un hombre miedoso, embustero e infiel, por mucha divinidad con la que pudiese estar constituido, sería una divinidad de poca categoría. Conoceréis seguramente, mis queridos jóvenes lectores, gente piadosa, pusilánime, temerosa, pero huidiza de cualquier compromiso, de cualquier ayuda a los demás, que nunca se arriesga, en una palabra, beatos químicamente puros. Practicones, les llaman otros. Sabréis también el daño que hacen a la Fe, a los de su entorno, aquellos que conducen su vida mediocremente o están alejados de visión cristiana de la existencia.

2.- Es preciso que el ser humano se provea, ponga en práctica y mejore siempre, en el terreno de las virtudes humanas. Las más elementales, las fundamentales, por lo menos. A partir de este comportamiento deberá ser esforzado hombre que progrese en las virtudes genuinamente cristiana: Fe, Esperanza y Caridad, y que vaya a misa para recibir la ayuda necesaria para practicar y testimoniar su creencia religiosa.

3.- Una de las maravillas de las que goza la Fe cristiana, es que su fundador, su eje y apoyo, aquel que afirmamos que es Dios, visto con criterios simplemente humanos, analizado con normas de buen comportamiento social o cívico, resulta ejemplar, incomparable. Nosotros podemos decirle a cualquiera: Jesús de Nazaret en quien creo, fue un buen hombre, siempre se comportó como buen vecino, buen compañero, generoso con los necesitados y esforzado en hacer siempre el bien. ¿podrían afirmar lo mismo quienes se sienten miembros de otros colectivos?

4.- De entre las lecturas de la misa del presente domingo, sobresale sin duda, la del evangelio de Juan, que tiene su punto álgido en el momento de la resurrección de Lázaro, obrada por el Señor. El hecho en sí, es asombroso para nosotros y fue provocativo para las autoridades jerosolimitanas de aquel tiempo, que residían no lejos de Betania.

5.- Analicemos brevemente alguna particularidad del suceso. Se presenta el relato afirmando que Jesús amaba a los tres hermanos, que eran sus amigos, que una de ellas había tenido la delicadeza de ofrecerle un perfume delicado, (notad que todavía en la actualidad, obsequiar con una maravillosa fragancia, regalar una cerámica o una flor, continúan siendo modélicos regalos y os advierto también, que la esencia de nardo era caro aroma procedente de exportación del lejano oriente) Partiendo inicialmente de la hospitalidad. (nunca el evangelio nos dice que alguien se limitó a hablar con el Señor en la puerta de su casa, sin invitarle a entrar, ni ofrecerle amparo y banquete). Ambiente, pues, de la virtud humana de la hospitalidad y generosidad sincera.

6.- La familia de Betania es comunicativa. No vive sus pesares encerrada en sí misma. No se limita a notificar a la manera de un wasap. Avisa amablemente, le recuerdan que se trata de su amigo. Recibe la noticia el Maestro con serenidad. Le separan unos 30km, no hay, pues, urgencia que le exijan salir corriendo. Quien se precipita imprudentemente, puede caer por el camino, hacerse daño y dar al traste con lo que se proponía hacer. Lo toma con calma, pero sin desentenderse. Tomás, en este caso, da pruebas de lealtad y valentía. No se escaquea. (no os acongojéis vosotros si reconocéis haber sido miedosos muchas veces, este mismo apóstol huiría después en Getsemaní. Hay que admirar su gesto de hoy, sin que nos apoque. Que también en el otro momento fue como nosotros.

7.- Al llegar a Betania, Lázaro ya había muerto y estaba enterrado hacía cuatro días. Lo de los cuatro es importante para un semita de aquel tiempo, pero no me detengo a comentároslo. Unas, las hermanas, lo lamentaron. Otros, los mismos apóstoles, se preguntarían porque el Maestro no había querido llegar a tiempo. Son todos ellos gente buena, pero limitada. Como nosotros. Nadie de la familia amiga le vuelve la espalda.

8.- En un antiguo episodio de las dos hermanas, quien había recibido mayor elogio había sido María. En este caso, la ejemplar actuación la protagoniza Marta. Sale corriendo, quiere hablarle, tal vez quejarse, pero hablarle… ¿para qué? Se expresa con sinceridad, con fingimiento no puede haber oración. Ella cree que era necesaria su presencia, pero su decepción no llega a desconfiar de él. Saca a relucir su Fe en el amigo y la Fe que tiene que su amigo tiene Fe ciega en Dios. Le cuchichea Él confidencialmente: tu hermano resucitará. A nadie se lo había dicho. Confianza, exige confidencia, por si lo habíais olvidado, mis queridos jóvenes lectores. Los protagonistas lucen virtudes humanas, aun en este penoso trance demoledor.

9.- Ahora ya, pasado el momento inicial, Marta pone de manifiesto la virtud superior de la Fe. Recita su Credo. El mismo que debemos tener siempre presente nosotros cristianos: sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo. ¡Anda ya! ¿Quién da más? Diría alguno, si por ventura estaba escuchando estas cuitas. Marta no era persona encerrada en sí misma. Quiere compartir con su hermana. El Maestro está aquí y te llama, le dice al oído. María no se siente ninguneada, no se enoja porque haya sido la otra la primera que con el Amigo ha estado hablando, acude de inmediato.

10.- Para no alargarme omito el relato excepcional. Es totalmente comprensible y detallarlo me ocuparía muchos párrafos. He estado bastantes veces en Betania y me he metido hasta adentro en el sepulcro de Lázaro, que, con bastante seguridad es auténtico. He celebrado también bastantes veces misa en la iglesia de al lado. La mayor parte acompañado físicamente de alguna gente amiga, espiritualmente estrechamente unido a muchos. Después, evidentemente, de Nazaret, Belén y Jerusalén, es el lugar que más aprecio y me emociona.

11.- Jesús lloró. Era virtuosamente humano. (En otras ocasiones había sonreído, que se equivocaban los monjes protagonistas de “El nombre de la rosa”. Confundían ellos la sonrisa con la carcajada). Gente buena, vecinos solidarios, estaban allí acompañando el sentimiento que embargaba a las hermanas, cosa socialmente, humanamente, muy correcta. Se vieron recompensados viendo el prodigio milagroso. Creyeron, fueron premiados con la virtud sobrenatural de la Fe.

12.- Betania está en línea recta a escasos tres kilómetros de Jerusalén. Los sabios, los poderosos, los importantes, se enteraron. El Maestro ya lo suponía. Su gesto fue una provocación que le costó perder muy pronto la libertad y la vida histórica. La valentía es virtud humana, no lo olvidéis. La resurrección de Lázaro aceleró la Pasión del Señor. Había llegado su hora, no se escabulló.