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26 marzo 2017

Para atravesar las calles de la vida

No es lo mismo “ver” que “mirar”. Son pequeños matices pero importantes. David, uno de los siete hijos de Jesé, fue elegido rey de Israel por decisión del profeta Samuel. Nadie esperaba que recayera sobre David, el hermano más pequeño, tan alta responsabilidad El profeta Samuel, que actuaba como representante de Dios, dio la siguiente explicación: ”La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón” Lo anterior explica la poética frase: ”Yo sé que me miras, pero no me ves …”. Ciego es el que no ve, el que no quiere ver y aquel a quien no le dejan ver o no le dan oportunidad para ver. El ciego del evangelio representa a la Humanidad. Es posible que estemos ciegos ya que valoramos las cosas cuando las hemos perdido.
Esta introducción viene a cuento de que hoy las lecturas litúrgicas se centran en la curación de un ciego de nacimiento. Acontecimiento que el texto lo describe deteniéndose en detalles y en los numerosos personajes enzarzados en una apasionada discusión. Intenta mostrarnos quién es Jesús. Y ese Jesús es luz que alumbra, que ilumina el peregrinar de los creyentes con la luz de la bondad, de la justicia y de la verdad.

Antony de Melo, en su libro “El canto del pájaro” cuenta la siguiente historia: 
El comandante en jefe de las fuerzas de ocupación le dijo al alcalde de la aldea: ”Estamos seguros de que ustedes ocultan a un traidor en el pueblo. Si no nos lo entregan , les haremos la vida imposible”.
En realidad en el pueblo se escondía un hombre que parecía ser bueno y a quien todos le querían. Pero ¿qué podía hacer el alcalde ante aquella amenaza? Discutieron durante varios días. Pero no llegaron a nada. Por fin el alcalde planteó el asunto al cura del pueblo. Los dos personajes pasaron la noche buscando en las leyes y en la Biblia. Encontraron la solución: ”Hay un texto en la Escritura que dice: “Es mejor que muera uno solo por el pueblo y no que perezcan todos”
Como consecuencia, el alcalde entregó al inocente. Fue torturado y finalmente ejecutado. Veinte años después pasó un profeta por la aldea. Fue donde el alcalde y le dijo: ”Aquel hombre estaba destinado por Dios a ser el salvador de aquel pueblo.
“¿Qué podía hacer yo?”, alegó el alcalde. “El sacerdote y yo estuvimos revisando las Escrituras y actuamos en consecuencia”.
“Ese fue vuestro error,”, dijo el profeta: ”Mirasteis las Escrituras cuando debierais haber mirado a sus ojos”.
Tal vez parezcan exageradas las reacciones de los protagonistas de esta historia. Pero en el fondo hay mucho de verdad.
La mirada, el ver es (o debe ser) el primer paso lógico en el proceso de cualquier acción humana. Cuando tengamos todos los datos o al menos un porcentaje significativo, entonces podemos juzgar y actuar con garantía. En todo o casi todo tiene que ir la mirada por delante. Cuando negociamos, cuando nos enamoramos,, cuando se toma a una persona como referente, como ejemplo… En el seguimiento a Jesús el primer paso depende de la mirada; nuestra entrega o servicio a los demás depende de si nuestra mirada a ellos está cargada de cariño, de afecto o de otros sentimientos. La mirada, el ver, los ojos nos dibujan el escenario, nos dan los datos, pues sin datos no hay opinión fiable.
No estamos viviendo los mejores momentos de la historia en cuanto a claridad de ideas y en cuanto a marcar horizontes, líneas de futuro en lo personal, en lo económico social, en lo moral, en lo político, en lo familiar y en lo religioso.
“Aquí estoy, Señor, como el ciego de nacimiento, cansado, sudoroso. Te necesito para atravesar las calles de la vida y andar por los caminos del mundo. Que vea, Señor, tus sendas, tu rostro, tus ojos, tu corazón”.
Josetxu Canibe