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14 marzo 2017

Oración III domingo Cuaresma

Tú te metiste en la vida de una persona pidiendo ayuda,
que es la mejor manera de caminar juntos.
Señor, que sepamos pedir cuando estemos necesitados,
que sepamos dar cuando tengamos algo
que el otro necesita,
que estemos atentos para adivinar su carencia.
Haznos sensibles al hermano, ayúdanos,
Jesús, a compartir.

Hablaste con la samaritana, con esa empatía
que tenías con las mujeres,
y le sorprendió tu cercanía,
porque siempre se te siente cálido y cerca.
Le hablaste de un agua que calma todas las sedes.
Sabes tú, Señor, que tenemos sed de tantas cosas…
y tú eres el agua que calma nuestra sed de poder,
de prestigio, de dinero, de tener razón…
de deseos que nos envuelven y nos succionan la vida.

Tú sabes, Señor, que estamos buscando
satisfacer nuestras necesidades,
con compras, viajes, experiencias, aventuras, relaciones y cosas,
pero el vacío interior sigue ahí,
en los adentros, rugiendo…
porque de lo que tenemos sed es de ti, Padre,
de tu presencia, de gozar de tu amor,
de gastar la vida en tus cosas.

Te andamos buscando por todos los rincones,
pero te ponemos otros nombres:
orden, eficacia, salud, trabajo, bienestar, familia…
y seguimos corriendo, pero nada nos desasosiega del todo,
porque tenemos la misma sed de felicidad
que la samaritana.
Hoy queremos decidir que tú seas nuestra única bebida,
vivir la vida más contigo,
decirte un sí rotundo, para calmar desasosiegos,
para frenar agitaciones,
para dejar que nos empapes, calmes nuestra sed
y nos pongas en contacto con ese manantial
que llevamos dentro,
que eres tú, que salta dentro de nosotros,
provocando vida sin término.