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01 febrero 2017

Domingo 5 febrero: Moniciones


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MONICIÓN DE ENTRADA

Recibid, queridos hermanos, nuestra más cordial y alegre a la Eucaristía de este Quinto Domingo del Tiempo Ordinario. Hace unos días, el jueves, 2, celebrábamos la Presentación del Señor, la fiesta de la Candelaria, una fiesta de la luz. Hoy, Jesús de Nazaret nos emplaza a que llevemos su luz a todos aquellos que están lejos de la luz, y viven en la tiniebla. Y nos dice, además, que si Él es la luz que guía nuestras vidas, nosotros debemos ser luz para todo aquel que está en la oscuridad. Añade una buena receta: que seamos sal para que nuestra fe, llena de sabor, atraiga a todos. Es decir, nos hace una invitación clara a la transmisión feliz y luminosa de su Palabra. Pudiera ser que nuestra forma de transmitir haga el mensaje algo soso y sin atractivo. Hoy más que nunca debemos preguntarnos si realmente sabemos atraer a nuestros hermanos a la luz de Cristo. Y con esa idea comencemos con alegría nuestra celebración.




MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- En la primera lectura el Profeta Isaías avanza el futuro mensaje de Cristo. Ser luz del mundo es compartir con los hermanos, no oprimir, no perseguir. Siendo así, lo dice el profeta, Dios estará con nosotros. Es una gran promesa.

S.- Es como un reflejo del primer salmo de Salterio. Este salmo 111 se parece mucho al primero y es, en definitiva, un himno de alegría y gozo que describe la felicidad de los que aman al Señor.

2.- San Pablo, en la segunda lectura que corresponde a su primera carta dirigida a los fieles de Corinto, condensa su doctrina sobre que Dios actúa por medio de nuestra debilidad y que el poder de la fe, sin duda, hace milagros.

3.- El Evangelio de San Mateo nos dice que por mandato de Cristo todos los discípulos tienen una misión primordial y universal, dar sentido a la vida de todos mediante el amor y las buenas obras. Hemos de ser luz del mundo. Tengámoslo en cuenta y escuchemos con mucha atención.

MONICIÓN

Una semana más el padre Leoz nos ofrece una plegaria para meditar y orar en estos momentos últimos de nuestra Eucaristía. Escuchemos

HAZME, SEÑOR, SER SAL Y LUZ

Que dé gusto, no a lo que el  mundo quiere,

y sí a una nueva forma de  vivir y de sentir

Que ofrezca, la luz de tu  presencia,

a los que viven como si no  existieras

a los que, creyendo en Ti,

caminan como si el Evangelio  no conocieran

Que sepa ser conservante  como la sal:

que guarde, para mí y para  los demás,

tu gracia y poder, mi fe y  mi fidelidad

mi oración y mi confianza en  Ti.

Exhortación de despedida

Hemos de salir felices de la Eucaristía porque el Señor Jesús nos ha mostrado el camino para hacer felices a nuestros hermanos y hermanas. Hemos de llevarles la luz de Cristo. ¿Hay algo mejor?