21 febrero 2017

Domingo 26 febrero: Reflexión

Resultado de imagen de dios o el dinero
El tercer bloque del Discurso del monte (Mt 6,19-7,12) recoge una serie de indicaciones referentes al comportamiento del discípulo en relación con el otro, la comunidad y el mundo. Todas ellas determinan la relación con Dios. Está configurada por dichos de carácter sapiencial, reunidos por Mateo a modo de exhortación parenética para una vida conforme al Reino de Dios y su justicia. El uso reiterado de imperativos e imágenes contrapuestas, refuerza la urgencia de esta exhortación.
La imagen de los “dos señores”, extraída de la experiencia humana, presenta una disyuntiva. Su estructura en paralelo refuerza la contraposición: Dios frente al dinero (“mammon”). Se trata de elegir la orientación fundamental de la vida: o se construye sobre el dinero-riqueza o se apoya en Dios (y su justicia). No es solamente una decisión ética; es una cuestión de fe: ¿En qué Dios creo?, ¿sobre qué Dios apoyo mi existencia? ¿Dios o el ídolo? Es urgente una decisión que ha de conducir el actuar del creyente (servir a uno o al otro).

El segundo grupo de dichos está caracterizado por la recurrencia del imperativo negativo: «no os agobiéis, no estéis ansiosos, no os preocupéis en demasía». Una serie de preguntas retóricas corroboran la argumentación central. El uso insistente del imperativo resalta la urgencia de la elección, la necesidad de una decisión: antes fue «Dios o el dinero»; ahora la confianza en Él o la preocupación angustiosa por lo que se presenta como “secundario”.
El alimento y el vestido son ejemplo de bienes básicos, necesidades comunes y primarias para todo ser humano. El imperativo como punto de partida indica la dirección de la sentencia, reforzada con los ejemplos de las aves del cielo y las ores del campo. No se trata de despreocuparse inconscientemente de las necesidades básicas, sino de situarlas en su justa medida, no estar agobiados, preocupados excesivamente por ellas. Los ejemplos del mundo animal y vegetal confirman esta afirmación. Dios se preocupa de todas sus criaturas, incluso de lo más perecedero. Si Dios no descuida nada, ¿lo hará con el ser humano?
El principio básico para «no estar demasiado preocupados», para «no dejarse agobiar» por las necesidades materiales es, como a lo largo de todo el Discurso del monte, «el Reino de Dios y su justicia». Es lo primero para el discípulo y todo se ha de poner al servicio de esta realidad. Para ello es imprescindible la confianza absoluta en «Dios, vuestro padre» (referencia al padrenuestro). La opción por el Reino de Dios y su justicia es una cuestión de fe. El ansia excesiva, la preocupación agobiante por las realidades mundanas, es señal de carencia de fe.
El Reino de Dios es el futuro que ha de determinar la vida del discípulo. Por eso, vivir según su justicia, es decir, configurar la vida con la voluntad de Dios, es la tarea fundamental del creyente. Esta «justicia sobreabundante» va más allá de las preocupaciones por las realidades del día a día. La confianza en Dios es una acti- tud vital que posibilita un nuevo estilo de vida.
Todas estas enseñanzas marcan el sendero hacia una vida conforme a la voluntad de Dios. Son el horizonte, la clave orientadora. La urgencia es grande. El camino concreto lo irá marcando cada uno en fidelidad a la «justicia sobreabundante» del Reino de Dios.
Óscar de la Fuente de la Fuente