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21 febrero 2017

Domingo 26 febrero: Homilía 1

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¿Una utopía intragable?
El tema que propone el evangelio de hoy es de una permanente actualidad. Es el tema del dinero y de los bienes materiales. Tenemos que reconocer que el dinero, para la mayoría de nosotros, tiene que ver con gran parte de nuestras preocupaciones, seamos ricos o pobres, pensemos con categorías altruistas o egoístas. No nos podemos desentender del dinero nadie, ni siquiera las ONG o las personas más desprendidas y comprometidas, sean creyentes o increyentes.
Y sin embargo hoy, en la parte final del Sermón del Monte, Jesús va a hablar del dinero y de los bienes materiales en unos términos que pueden resultarnos utópicos, radicales e imposibles de cumplir: «o Dios o el dinero», «no os agobiéis por las cosas materiales», «sed como los lirios del campo»… Pero el caso es que no somos lirios, somos humanos y la vida humana presenta situaciones muy difíciles de encarar: “no os agobiéis cuando os desahucien”… ¿A qué sonaría en no pocos oídos?… “No te dejes agobiar por no encontrar trabajo ni poder pagar la factura de la luz”… ¿Podemos aconsejarlo convencidos y quedarnos tan tranquilos?…

Los dos señores: o Dios o el dinero
En el lenguaje literario de los evangelios no es raro encontrarse con expresiones rotundas y exageradas, que hay que saber entender: no para quitarles fuerza o desvalorizarlas, sino precisamente para todo lo contrario: para saber descubrir, a través de esa exageración, a manera de subrayado, una enseñanza importante de Jesús. ¿Y cuál es la enseñanza de Jesús a través de esas expresiones tan difíciles de digerir sobre el uso del dinero y los bienes materiales?
Jesús está hablando de optar entre dos señores, entre dos prioridades, entre dos cultos, entre dos reinos. Su Reino no es el del dinero. Su culto es el del Padre. Su opción es el servicio por amor. Nuestro principal objetivo en la vida, lo que debe ocupar el centro de nuestras preocupaciones, es realizarnos como personas, desarrollar nuestro ser. Todo lo demás será secundario, aunque sea bueno e imprescindible, como lo es el alimento, la vivienda, la educación, el disfrutar de los bienes creados para el hombre, o la relación con los demás. Pero la trampa está en construirnos el reino de lo prescindible; edificar la vida sobre los cimientos de lo secundario, de lo accidental. El error está en invertir todas nuestras energías y esfuerzos en lo superfluo. De esa manera podemos llegar a ser especialistas de lo secundario, al servicio de un materialismo que nos agobia y agobia a los demás.
Más que utópico, Jesús es de un realismo total: el dinero no es malo; servirnos del dinero no será malo, pero servir al dinero sí lo será. Viene a decirnos Jesús, con un realismo total, que el dinero es un bien altamente peligroso para el hombre. ¿Por qué?: porque se puede convertir en culto deshumanizante.
Porque empuja a pensar más en lo externo y secundario en perjuicio del cultivo del propio ser. Porque puede esclavizar el corazón del hombre.
Porque es fuente de egoísmos, con ictos y divisiones a todo nivel.
En definitiva, porque tiende a apartar del “proyecto de Dios” para el hombre y para la creación entera.
En el Sermón del Monte, Jesús pone en el centro al hombre y a la persona necesitada, desde el amor y la generosidad. Ése es su valor absoluto, ése es el Reino de Dios. Ése es el cimiento sobre el que construir la vida. Y a continuación, termina poniendo como valor relativo todo lo restante. Quien lo absolutice, vive al servicio del Reino del Dinero.
La mirada contemplativa de los dos reinos
¿Y a cuál de los dos reinos estamos sirviendo y entregando nuestra vida y nuestras energías? Contemplar la realidad desde una perspectiva u otra es diametralmente distinto:
La mirada contemplativa del Padre, la que propone Ignacio desde el comienzo de los Ejercicios, es la misma que la mirada de Jesús: es una mirada libre de ataduras externas y materiales, capaz de captar los valores más profundos. Es una mirada compasiva, viendo que el Reino del Dinero y de lo material tiene esclavizado al hombre.
Por el contrario, la mirada contemplativa del Reino del Dinero es una mirada ciega a los valores del Reino de Dios, tamizada y mediatizada a través del filtro del interés personal materialista.
La tensión del Reino de Dios
Nuestro reto como cristianos es convivir en este Reino del Dinero con la mirada contemplativa del Reino de Dios. Un reto que nos mantiene en una tensión permanente ante una situación de injusticia global.
¿Tensión que oprime y agobia?… ¡No! El Reino de Dios es para vivirlo en la paz interior, aunque vivamos rodeados de situaciones difíciles y dolorosas que nos empujan desde el amor a la solidaridad, al compromiso y al servicio con alegría. De nuevo suena a utopía… Pero nuestra realidad es así: vivir la paz y la alegría del Evangelio en esa tensión del Reino. Por eso a diario los cristianos vivimos y pedimos en esa tensión existencial: “venga a nosotros tu Reino”. Y terminamos la oración de Jesús pidiendo también: “no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal de ser esclavos del Reino del Dinero”.
Sería un error pretender guardarse la paz de Jesús y despreocuparse de la tensión existencial del Reino. La despreocupación nos enmarcaría fuera del Reino de Dios. Estamos llamados a vivir esa tensión pidiendo que nos haga fuertes en nuestra debilidad: “venga a nosotros tu Reino”. “Y no nos dejes caer en la tentación” de ser esclavos del dinero y de la despreocupación, porque nos sabemos débiles…
Alberto Pérez Pastor, S.J