22 enero 2017

Junto al lago


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En 1980 el argentino, Diego de Esquivel recibió, el Premio Nobel de la Paz. ¿motivo?: “por haber sido una luz en la oscuridad de la Argentina golpista”. Esto hecho explica lo que nos relata el evangelio de este domingo: “el pueblo (de Cafarnaún) que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte una luz les brilló”. Al matar el rey Herodes a Juan el Bautista, Jesús tomó la decisión de comenzar su vida pública, de iniciar su misión salvadora. Tenía treinta años. Dejó la tranquilidad de Nazaret, no se inclinó por la vida de un eremita o ermitaño. Se instaló en Cafarnaún, provincia de Galilea, una ciudad moderna„ más bien alejada de la religión. Por otra parte, empezó a elegir a un grupo, al cual le iría preparando para que fueran sus colaboradores, los continuadores de su obra, cuando él se ausentase. Comenzó su vida pública con un proyecto generoso: fundar, crear, establecer, implantar el Reino de Dios, que consiste en que los hombres vivamos como hermanos y como hijos de Dios. En este escenario escéptico de Galilea Jesús iba a comenzar a hacer realidad su sueño. No escogió una población fácil. Se mostraba reticente, remolona en lo religioso. Prueba de ello es que un tiempo después exclamaría: “Y ¿tú Cafarnaún piensas encumbrarte hasta el cielo?, bajarás al abismo, porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, no hubiera sido destruida”.
A nosotros nos toca continuar la misión. Sin olvidar que el marco en el cual se movió Jesús tenía muchas semejanzas con nuestro ambiente. El primer mensaje que lanzó fue: “convertíos”. Convertirse implica cambiar de mente, de corazón, de obras; es hacerse mejor, más humano.. Dio sentido y contenido a las grandes palabras que quizá nosotros las hemos vaciado. Por fin, curar las enfermedades y dolencias del pueblo. En ningún momento se olvidó Jesús de cuidar de las heridas -físicas y morales- de la genteDio gran importancia al sufrimiento de las personas Valoraba de modo sobresaliente el sentimiento, la sensibilidad, la misericordia.

Ahí van unas reflexiones telegráficas. Una luz brilló en la oscuridad. Todos tenemos el deber de ser luz. La comunidad cristiana de Gipuzkoa, debido a un caso de pederastia, protagonizado por un sacerdote, sufre un hondo dolor. Recordemos el dicho popular: nunca debemos decir “de esta agua no beberé”. Y aquellas palabras de Jesús: “¡Ay del mundo por los escándalos! “¡Ay del hombre por quien viene el escándalo!”.
San Pablo, en la segunda lectura, tomada de su carta a los Corintios, les ruega que se pongan de acuerdo y que no anden divididos. Si en tiempos de Pablo, en el siglo primero, la unión era un problema, lo sigue siendo en la actualidad: dentro de la Iglesia y fuera de la Iglesia. Que si uno es conservador y el otro progresista. Con alguna frecuencia nos dedicamos más a construir muros que puentes, a diseñar fronteras que a eliminarlas, a manipular más la “o”, que denota exclusividad, que la “y”, que expresa apoyo, suma.
Estamos celebrando precisamente el octavario de oración por la unión de los cristianos, pues los cristianos estamos divididos en tres ramas. Nos olvidamos de que la religión cristiana (los que creen en Jesús) es la más perseguida.
Hoy la sociedad necesita de la misma luz que en los tiempos de Juan el Bautista y de Jesús. Lo dice la canción: “Tú has venido a la orilla. No has buscado ni a sabios ni a ricos… Tú, pescador de otros lagos, ansia eterna de almas que esperan, amigo bueno que así me llamas”.
Josetxu Canibe