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13 enero 2017

Domingo 15 enero: Comentario

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Jn 1, 29-34
«29Al día siguiente, [Juan] ve a Jesús que venía hacia él y dice: ‘He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30Éste es por quien yo dije: detrás de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo. 31Y yo no lo conocía, pero yo he venido a bautizar en agua, para que sea manifestado a Israel’.
32Y Juan dio testimonio diciendo: ‘He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él. 33Y yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar en agua me dijo: Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que bautiza en Espíritu Santo. 34Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios’».
¡PALABRA DEL SEÑOR!

CONTEXTO
Tras la fiesta del Bautismo del Señor, la Iglesia comienza un nuevo tiempo litúrgico llamado Tiempo Ordinario. Se abre con los relatos evangélicos que siguen al episodio del Bautismo, en el que el Padre revela que Jesús es su Hijo amado. Después, Jesús comienza su misión de anunciar y hacer presente el Reino y llama a sus primeros discípulos. Todos los cristianos que escuchamos esta Palabra somos llamados también a seguir a Jesús, siendo testigos cercanos de sus Palabras y hechos, y siendo también los destinatarios que experimentan su salvación. Estamos dentro del Evangelio, no fuera. Tras el prólogo (Jn 1,1-18), comienza el testimonio de Juan sobre Jesús (1,19-42), situado en tres días. El texto de hoy corresponde al día segundo.

TEXTO
La unidad textual la marcan dos declaraciones de identidad de Jesús: Cordero de Dios (v. 29) e Hijo de Dios (v. 34). Pero se pueden distinguir dos partes, que corresponden a dos declaraciones de Juan. En la primera (vv. 29-31) sobresale la afirmación: ‘He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo’, y la oposición ‘detrás de mí-delante de mí’: Jesús es más que Juan. En la segunda parte (vv. 32-34) sobresale el testimonio de Juan acerca de la identidad de Jesús, en quien actúa de manera definitiva el Espíritu de Dios (3 veces citado). Otra vez el misterio trinitario de Dios (Jesús, el Hijo de Dios; el Espíritu; ‘el que me envió’ = Dios Padre) actuando en Jesús para salvar (quitar el pecado) al mundo.

ELEMENTOS A DESTACAR
• La imagen del ‘Cordero de Dios’ se refiere al Cordero Pascual cuya sangre liberó al pueblo judío de la muerte (Éx 12,1-11); se refiere también al Siervo de YHWH, según el cuarto cántico del Siervo (Is 52,13- 53,12). Este Cordero ‘quita el pecado del mundo’ (cf. Hb 9,28): Jesús, desde la Encarnación hasta su entrega a una muerte de cruz por fidelidad a la misión que recibió del Padre, elimina los obstáculos que rompen la armonía entre los seres humanos y Dios, y entre ellos mismos. En una sola frase, Juan Bautista condensa todo lo que Jesús es y toda su misión.
• Juan deja bien claro que Jesús es mayor que él. No hay rivalidad ni envidia en Juan. El Bautista disminuye para que Cristo crezca. De Jesús dice, además, que ‘existía antes que él’. Juan reconoce en Jesús al Hijo de Dios preexistente, por el cual y para el cual se hizo todo. Después (v. 34), la confesión solemne del Bautista cierra el pasaje. La misma confesión cerrará el evangelio en su primera conclusión, esta vez en labios de Juan Evangelista: ‘Estos signos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre’ (Jn 20,31).
• Juan da testimonio de lo que ha visto. Pasa del ‘Yo no lo conocía’ al ‘He contemplado… Yo lo he visto’. Lo que ha visto le lleva a confesar a Jesús como Cordero de Dios e Hijo de Dios. ¿Tu experiencia de Jesús también evoluciona y va a más? Según lo que has ‘visto, oído, palpado’ de Él, ¿con qué palabras lo confesarías, lo confiesas, delante de los demás: Hijo de Dios, Señor, Maestro, Pastor, Salvador…? ¿Cuál es tu testimonio? ¿Ante quién? ¿Cómo?
• Otra oposición llamativa es ‘bautizo en agua-bautizo en Espíritu’: el bautismo de Jesús es un bautismo en Espíritu Santo, es sumergirse en el Espíritu para salir transformado en hijo/hija de Dios. Como cristiano/a: ¿te sientes verdadero hijo/a de Dios? ¿Qué sentimientos y actitudes engendra en ti esta relación filial con Dios?

Oración para disponer el corazón
Señor Jesús, cada vez que venimos a adorarte hecho Pan bendecido, 
roto y entregado para la vida del mundo,
en lo profundo, hacemos un acto de fe: 
“Ahí estás tú, Señor. 
Ese Cordero eres Tú, Cristo nuestro”.
Y recordamos un instante el inmenso pecado del mundo: 
la violencia y las guerras que arruinan vidas y países, 
el injusto reparto del trabajo y la riqueza,
los niños y los ancianos acosados y solos,
los contratos laborales de miseria y vergüenza,
los esclavizados por las diversas drogas,
los rencores y odios añejos,
la falta de sentido para vivir,
la prostitución de siempre y con nuevas formas,
la destrucción caprichosa de la naturaleza…
¿Será posible, Señor, quitar tanto pecado?
El Espíritu Santo nos recuerda lo que Tú nos has dicho: 
“He venido para que tengan vida y vida abundante”. 
Y entonces la fe se despierta y cree que sí,
que tu amor es más fuerte que la muerte y que el mal.
En este momento te miramos a ti, Señor,
entregado en nuestras manos para ser nuestro alimento.
Y en tu Pan, te contemplamos lavando los pies como un siervo, 
perdonando pecados, curando enfermedades y dolencias, 
enseñando al que tiene hambre de verdad…
Te miramos a ti, entregado a la muerte,
y una muerte de cruz, por amor a nosotros.
Y hacemos nuestras las palabras de Isaías:
“Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores…”
Tú sigues presente en cada ser humano; haces tuyo su quebranto,
y le brindas tu descanso y fortaleza.
Tú nos invitas a suprimir contigo todo mal;
y para eso nos alimentas con tu pan y con tu vida, 
y nos aseguras tu perdón infatigable.

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.
Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?
Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…
Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?