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20 noviembre 2016

Liturgia del día, 20 noviembre


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Reinando desde una Cruz

Saludo (Ver Segunda Lectura)
El Padre nos ha otorgado un lugar
en el reino de su Hijo amado.
En él conseguimos nuestra libertad,
el perdón de los pecados. 
Que Jesucristo, el Señor, esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante 
Hoy cerramos el año litúrgico, año de la Iglesia,  con la solemnidad de Cristo Rey. A través de todo este año hemos contemplado con nuestros ojos el nacimiento, la vida, el mensaje, la muerte y la resurrección de Jesús. La liturgia de hoy resume algunos aspectos clave de por qué él vino a vivir entre nosotros. Murió en la cruz por nosotros para mostrarnos toda la profundidad del amor de Dios, su ilimitada misericordia con los pecadores, la promesa del paraíso para el criminal crucificado, la gracia de Dios que nos acepta como hermanos y hermanas de Jesús e hijos y herederos del Padre. Con Jesús damos gracias ahora al Padre por concedernos perdón y vida.

Acto Penitencial
Pedimos al Señor que nos perdone
porque no siempre hemos correspondido a su amor.
(Pausa)


  1. Señor Jesús, Rey misericordioso, te damos gracias por otorgarnos tu perdón.
    R/ Señor, ten piedad de nosotros.
  2. Cristo Jesús, Rey de la verdad y de la vida, te damos gracias por dar sentido a nuestras vidas y por hacerlas ricas y eternas.
    R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
  3. Señor Jesús, Rey de amor y de paz, te expresamos nuestra sincera gratitud por la gracia inmerecida de mostrarnos el camino hacia el Padre.
    R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Señor, danos la gracia de experimentar tu misericordia infinita,
haz que se desborde sobre nuestros hermanos y hermanas,
y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Roguemos para que todo el Pueblo de Dios 
llegue a ser más semejante a Cristo nuestro Rey.
(Pausa)
Oh Dios y Padre nuestro, amante de tu pueblo:
Tú quieres que reconozcamos a nuestro Rey en Jesús, 
coronado de espinas y entronizado en una cruz,
como nuestro líder sin ejército  ni poder.
Con y como él, haz que elijamos el amor
como nuestro único poder,
y el servicio humilde como nuestra única grandeza.
Que sea éste el modo cómo su reinado crezca entre nosotros,
hasta que nos lleves a tu alegría y felicidad eternas.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura (2 Sam 5,1-3): Un Rey según el Corazón Mismo de Dios
El pueblo quiere que David sea su rey y pastor. Él es “de su misma carne y sangre” y, al mismo tiempo, cercano también a Dios. --- En esto David es una pálida imagen de Jesús.

Segunda Lectura (Col 1,12-20): Pertenecemos al Reino de Jesús.
    Con San Pablo expresamos nuestra gratitud al Padre por concedernos un lugar en el Reino de Jesús, gracias a su muerte en la cruz.

Evangelio (Lc 23,35-43): Un Rey Crucificado
Por su muerte en la cruz, Jesús llegó a ser no solo el Rey de los Judíos, sino también el Rey de todos los que le aceptan como su Señor, incluidos los marginados. Pero la persona tiene que tomar una opción, a favor o en contra de él.

Oración de los Fieles
Pidamos a nuestro Señor Jesucristo que su reino crezca entre nosotros, y digámosle: 
R/ Señor, que venga a nosotros tu Reino.

  1. Cristo vino como el Salvador de todos. Para que su Reino venga a los que han perdido el camino que conduce a Dios y a los hermanos, roguemos al Señor:
  2. Cristo reconcilió el cielo con la tierra. Para que su reino venga a nosotros por medio de la paz entre las naciones, roguemos al Señor:
  3. Cristo es la cabeza de la Iglesia. Para que su reino venga por medio de la unidad entre todos los cristianos, roguemos al Señor:
  4. Cristo dio un lugar en su reino a los pecadores, a los pobres, a los que sufren. Para que su reino crezca entre los débiles y los sin-voz de nuestros días, roguemos al Señor:
  5. Cristo es el primer resucitado de entre los muertos. Para que su reino llegue con gozo y alegría a nuestros seres queridos difuntos, roguemos al Señor:
  6. Cristo vive en nuestras comunidades cristianas. Para que su reino crezca por medio de nuestra dedicación y servicio, roguemos al Señor:

Señor Jesús, haznos un pueblo que lleve el calor de la justicia y del amor a todos los seres humanos en la tierra, para que tu reino crezca entre nosotros, ahora y por los siglos de los siglos.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, creador omnipotente
y Padre de todo lo que existe y vive:
Muéstranos tu viva presencia
en tu Hijo Jesucristo.
Por el poder de su Santo Espíritu
sostén nuestra esperanza
y danos la gracia de comprometernos generosamente
a construir una ciudad y un reino
que sean humanos, pacíficos, justos y fraternales,
como una ofrenda que te sea agradable a ti, 
Dios nuestro, por los siglos de los siglos.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Demos gracias a Dios nuestro Padre, que nos ha dado un lugar en el reino de su amado Hijo.
 
Introducción al Padre Nuestro
Como hijos e hijas del Padre del cielo,
oremos con Jesús, que nos ha librado del pecado,
para que venga a todos el reino de Dios.
R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y concédenos tu paz,
que tantas veces nos soslaya y se nos escapa.
Que sea una paz basada
en tu verdad y justicia, en dignidad,
en nuestro amor servicial a ti
 y a todos los que nos rodean.
Ayúdanos a prepararnos con gozo y esperanza
para la plena venida entre nosotros
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/ Tuyo es el reino…

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Cordero de Dios,
que vino a ser nuestra paz y reconciliación
por su muerte en la cruz,
y llegó a ser el rey de todos  
por su gloriosa resurrección.
Dichosos nosotros 
invitados a su banquete y a su reino.
R/ Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Señor, Dios todopoderoso:
Que el pan de vida de tu Hijo nos sustente
y su copa sea nuestra alegría y esperanza
para llevar a cabo la misión que se nos ha encomendado
de establecer definitivamente su reino.
Ayúdanos a dar a cada persona lo que le es debido
con respeto, dignidad y justicia.
Transfórmanos en constructores de paz 
y haz que nuestro amor sea 
generoso y humilde al servicio de todos, 
para que Jesucristo sea nuestro Rey y Señor, 
ahora y por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: El reino de Dios no está completo todavía.
Pero está entre nosotros y sigue creciendo
cuando intentamos vivir como Jesús
y llevar su justicia y amor a todos
con nuestras palabras y con nuestras obras,
y con la entrega de nosotros mismos.
Para ello imploramos la bendición del cielo.
Y así, que la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo, 
descienda sobre nosotros 
y nos acompañe siempre.