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29 noviembre 2016

Liturgia del 29 de noviembre


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EL ESPÍRITU DEL SEÑOR
(Is 11,1-10;  Lc 10, 21-24)

Introducción
Dios comenzará de nuevo su Plan con su pueblo por medio del Mesías, por Jesús. Él es el retoño joven que brota de las raíces del tocón de la ciudad de David, y el espíritu de Dios habita  en él. Él traerá paz  – no la paz de resignación pasiva y del status quo-    si no la paz y armonía en un mundo transformado que beneficie incluso a los más pobres; una paz basada en la justicia, solidaridad e integridad. 
En sí mismo Jesús nos mostrará lo que nosotros deberíamos ser y lo que podemos hacer con nuestros talentos humanos, si dejamos a Dios obrar en nosotros, si el espíritu de Dios está presente en nosotros, si aprendemos a pensar con la sabiduría y pensamiento de Dios, si actuamos con su poder, si respetamos el orden y plan del mismo Dios.
Jesús dice que son receptivos de los dones de Dios los que tienen conciencia de su propia indigencia. Con tales personas Jesús puede planear su nuevo comienzo, también hoy, aquí y ahora, en este nuestro Adviento. 

Oración Colecta
Señor Dios nuestro: 
Tú nunca te rindes ante los hombres. 
Reiteradamente quieres comenzar de nuevo tu plan con nosotros.
Tu nos mostraste en Jesús, tu Hijo,
el tipo de personas que esperas de nosotros.
Así como tu Espíritu habitó en él,
derrama también sobre nosotros el mismo Espíritu,
para que percibamos claramente nuestra misión en la vida,
con tu sabiduría y percepción, 
y para que tengamos la fuerza
para vivir según creemos y esperamos. 
Concédenoslo por Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones:
Roguemos para que el Espíritu de Dios obre en nosotros.
Por eso decimos: R/ Señor, cólmanos con tu espíritu. 

  • Danos, señor, el espíritu de entendimiento, para que conozcamos y entendamos profundamente a ti, al mundo y a nosotros mismos, por eso te decimos:
  • Danos, señor, el espíritu de sabiduría, para entender incluso la locura de la cruz y del sufrimiento, y para crecer espiritualmente a través de ellos, por eso te decimos:
  • Danos, señor, el espíritu de justicia y amor, para servir honestamente a los hermanos; por eso te decimos:


Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Gozosamente te presentamos ahora
este pan y este vino. 
Por el poder de tu Santo Espíritu
transforma estos dones
en el cuerpo y la sangre de tu Hijo
y transfórmanos también a nosotros
en un pueblo en el que tu Hijo habite 
con toda su fidelidad y justicia,
para que podamos vivir en tu paz 
ahora y por lo siglos de los siglos.  

Oración después de la comunión
O Dios, en esta eucaristía
te hemos ofrecido nuestra buena voluntad
y,  a cambio, tú nos has dado a tu Hijo.
Haznos conscientes de la indigencia de nuestros corazones,
para que percibamos las maravillas
que tú puedes hacer en nosotros y por medio de nosotros,
y para que estemos abiertos a tus dones.
Ayúdanos a crecer hasta la completa estatura
y hasta dar la medida perfecta
de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición 
Hermanos: ¡Ojalá Cristo estuviera más vivo entre nosotros! ¡Si al menos pudiéramos vivir completa y verdaderamente su mensaje; si dejáramos que el Espíritu Santo nos animara! ¡Cómo todo eso nos transformaría, a nosotros mismos y a nuestro mundo! Para ello pedimos que el Señor nos bendiga.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.