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24 noviembre 2016

Liturgia, 24 noviembre


FE EN UN DIOS QUE SALVA
(Ap 18,1-2. 21-23; 19,1-3. 9a; Lc 21, 20-28)

Introducción
    En el año 539 a.c. el Rey Darío había tomado la gran ciudad de Babilonia que había acogido a los judíos en exilio. El imperio de Antíoco se derrumbó. --- Así mismo, la nueva Babilonia, la ciudad de Roma, que está persiguiendo a la joven iglesia, caerá,  y los cristianos cantarán abiertamente su alabanza a Dios.
    Evangelio. La destrucción de Jerusalén y los signos de desastre en la naturaleza son para nosotros signos de las pruebas de la vida cristiana y del difícil establecimiento del reino de Dios en medio del pueblo. Pero no olvidemos que nosotros mismos también retrasamos este reino, por nuestro egoísmo, por nuestra hambre de poder, por todo el mal que nos infligimos los unos a los otros. Y aun así, nuestros exiguos esfuerzos positivos ayudarán a acercar más la salvación.  Con la ayuda de Cristo presente entre nosotros, podemos crecer en el amor, perdón, compasión, justicia, paz. Deberíamos mantener nuestras cabezas alzadas en esperanza.

Oración Colecta

Señor Dios nuestro:
Somos tu pueblo en marcha,
que trata de llevar a cabo la tarea
de modelar aquí en el mundo tu reino de amor y paz.
Cuando nos sintamos desalentados y con miedo,
mantennos firmes caminando en esperanza.
Haznos estar siempre vigilantes en oración
para que percibamos los signos de la venida de tu Hijo.
Que Jesús camine con nosotros ya ahora
en el camino que él mismo nos ha trazado, 
para que nos conduzca hacia ti, nuestro Dios vivo,
que vives y reinas por los siglos de los siglos


Intenciones

  • Señor Jesús, cuando estemos confundidos y desalentados, dinos con firmeza: “Levántense y alcen la cabeza, porque su salvación se acerca”; por eso te rogamos.
  • Señor Jesús, haznos gente de confianza y esperanza, no de miedo y de temor; por eso te rogamos.
  • Señor Jesús, por la gente desesperada de sí misma y del sentido de su vida; dales valor y esperanza; por eso te rogamos.


Oración sobre las Ofrendas 
Oh Dios de nuestra esperanza:
Como prenda de tus promesas
tú nos das a tu Hijo Jesucristo
en estos signos de pan y vino 
que ahora ofrecemos sobre el altar. 
No te pedimos una vida sin riesgos ni problemas,
sino que sepamos hacer nuestra la visión nueva de tu Hijo
de un mundo donde tú estés presente.
Que logremos asimilar el  valor y la fuerza de tu  Hijo
para responder con nuestras mismas vidas a tu llamado, 
que nos convoca a construir un mundo nuevo y mejor
en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro, Padre misericordioso:
Tú nos has dicho hoy tu palabra de esperanza
y renovado nuestra fuerza con el pan de vida de tu Hijo.
Libera nuestra fe de toda trivialidad y rutina
y envíanos, con tu Hijo, 
a restaurar la integridad y el amor en nuestro mundo
y  a reavivar la confianza de que con él
podemos modelar un futuro mejor
más allá de las expectativas humanas, 
ya que el futuro te pertenece a ti,
Dios de la vida y el amor.
Concédenoslo por Cristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: El mensaje de hoy en el evangelio era: Mantengan bien alta la cabeza con esperanza. Sigan esperando cuando haya guerra y violencia, cuando haya injusticia y corrupción generalizadas, cuando haya por doquier odio y discriminación. Sigan esperando, por que hay un futuro consolador. Cristo está con nosotros, y con él, con su poder salvador, podemos acabar con el mal en nosotros y en nuestro mundo.   Mantengan la cabeza bien alta. 
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.