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09 octubre 2016

¿Somos agradecidos?

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Jesús se queja amargamente: ”No ha vuelto más que este extranjero para alabar y dar gracias a Dios”. ¿Por qué le afecta tanto a Jesús el que aquellos nueve leprosos se marcharan corriendo con júbilo sin acordarse de darle gracias? ¿Será para Él tan importante el que le demos gracias?. La sorpresa de Jesús, no es por el que vuelve, sino por los que siguieron su camino. “Los otros nueve, ¿dónde están?”
¿Qué pensamos nosotros, que nos consideramos creyentes del siglo XXI, de toda esta escena?. ¿Nos identificamos con el que ha vuelto a darle gracias, o somos uno de los otros nueve? La queja de Jesús nos interpela hoy a todos.

Alguien pudiera decir que si se repitiera entre nosotros algo parecido, por ejemplo, una curación médica extraordinaria, es muy posible que la reacción común del curado fuera, “tengo derecho a la atención médica” y que apenas nadie se acordara de agradecer a los facultativos que han intervenido en su curación y que han puesto en ella lo mejor de su atención y saber. 
Es cierto, en nuestras sociedades cada vez hay menos lugar para lo gratuito, para el agradecimiento. Hoy casi todo se asegura y se fija en contratos. Todo se intercambia, se presta, se debe, se exige, es la ley del mercado. Cada uno tiene lo que ha conseguido legalmente, o ha ganado con su trabajo. Apenas se le regala nada gratuitamente. Los favores y regalos suelen ser interesados para alcanzar algo a cambio. ¿Es lo civilizado?
Todos celebramos el que los derechos de la persona sean una conquista significativa en el progreso de la humanidad, pero debe de existir también un progreso en afianzar actitudes fundamentalmente humanas, una de ellas es la gratuidad y el ser agradecidos. 
Es la llamada de Jesús de hoy, que nos invita a pensar que no podemos ser humanos sin ser agradecidos, sin acoger agradecidos cuanto vamos recibiendo en nuestra vida. Recibimos de los demás la vida, la salud, la cultura, el vivir diario. Aprendemos a hablar, a trabajar, nos relacionarnos y construimos nuestra propia personalidad en el trato social, a partir de lo que recibimos de los demás. Todo nos viene dado.
Alguien pudiera decir que el agradecimiento no es la idea central del mensaje cristiano, que lo prioritario es el amor al prójimo. Es cierto que el amar al prójimo es el mandamiento de Cristo, pero, ¿quién puede dudar de que el agradecimiento sincero no es una manera de darse gratuitamente, de amar, de confiar? ¿quién duda de la gratuidad del primer gran acto creador de Dios?
Con frecuencia, los cristianos nos hemos preocupado más de cumplir las exigencias de nuestra ética, los mandamientos, olvidando la relación agradecida con Dios. El agradecimiento sincero nos abre a las personas a relacionarnos con confianza salvando fronteras, prejuicios, rencores, favorece el entendimiento humano. 
Jesús asumió plenamente el agradecimiento en toda su vida. Mantiene un dialogo permanente con el Padre basado en el agradecimiento: “Te doy gracias Padre porque me ayudas”; antes de cualquier gesto generoso, de devolver la salud a un enfermo, la vida a un difunto, dar de comer a multitudes…, siempre la acción de gracias, propia de personas humildes, que saben que nada pueden ellas solas, que reconocen el apoyo de los demás, así se manifiesta Jesús ante su Padre. Nos lo ha dicho Lucas. Jesús ha podido mantener un diálogo profundo con este samaritano, que sin necesidad de palabras, porque ha vuelto a él para darle gracias.
También Jesús da gracias antes de realizar la Eucaristía, la despedida de sus amigos. Nosotros la estamos la celebrando ahora, es el acto más significativo del culto cristiano. Jesús revive su promesa de estar presente entre nosotros como estuvo en aquel día, en acción de gracias al Padre. Unidos a Jesús le damos gracias con Él porque que nos ha entregado a su Hijo. Damos gracias a Jesús porque nos concede ser sus hermanos y nos comunica su Espíritu para que actuemos en este mundo como hermanos, como hermanos de todos, especialmente de los que Él amaba con singular predilección, de los amenazados, de los perseguidos, de los pobres, siendo todos hijos del mismo Padre.
El agradecimiento eucarístico debe transformar nuestros egoísmos, nuestras cobardías, nuestros sentimientos de culpa, en verdadera liberación, en profunda curación; si participamos con fe en la Eucaristía, nos resultará más fácil el darle las gracias de todo corazón, viviendo conforme a sus deseos, en definitiva asumiendo el agradecimiento como actitud fundamental de nuestra persona. 
Por todo ello, ante la escena del evangelio de Lucas, preguntémonos hoy: ¿Cuándo fue la última vez que expresaste agradecimiento sincero a tus padres? A tus hijos? A tu marido, a tu mujer? Todos hemos recibido un “regalo” en algún momento de nuestra vida, que ha sido decisivo para dar un giro esencial a nuestra vida laboral o familiar o personal….¿Hemos sido capaces de detectarlo y de agradecerlo? ¿O decimos que fue la suerte? Si recordásemos los regalos recibidos con la misma intensidad que las afrentas recibidas, seriamos mucho mas felices, y mas justos con nosotros y con los demás.
Este extranjero, curado por Jesús, postrado a sus pies, nos da hoy una gran lección de agradecimiento. “Los otros nueve, ¿dónde están?” Jesús esperaba su agradecimiento, no porque lo necesitara, le permitió dar a este pobre enfermo mucho más que su curación: “Levántate, vete, tu fe te ha salvado”.
Es una de las actitudes centrales del evangelio: Jesús espera una religiosidad auténtica. Quiere una religiosidad sea expresión sincera de lo que es nuestra vida personal, no de ideas y palabras rutinarias o interesadas. que sea ésta la actitud que presida la eucaristía que estamos celebrando.
Que Jesús presente entre nosotros nos ayude a experimentar la grandeza de su gran humanidad, de su misericordia, de su perdón, a ir descubriendo que nuestra vida, nuestra existencia, se ha abierto en un acto de amor. Estamos llamados a vivir en una plenitud de vida en actitud gozosa de agradecimiento a Dios nuestro Padre con todos nuestros hermanos, aún con los alejados a nuestro entorno, llamados todos a la vida que Jesús vive junto al Padre. ¿Lo agradecemos?
José Larrea Gayarre