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26 octubre 2016

Domingo 30 octubre: Homilías


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1.- SIEMPRE ESTAMOS A TIEMPO DE CAMBIAR

Por José María Martín OSA

1.- Se subió a un árbol. Otra vez un publicano, en este caso con un nombre concreto, Zaqueo. Ahora no se trata de una parábola, sino de un personaje real que busca encontrarse con alguien que llene su vacío existencial. Ha oído hablar de Jesús, quiere verle en persona y no vacila en subirse a un sicómoro o higuera porque era bajo de estatura. Podemos suponer el ridículo que supondría para un personaje público el subirse a un árbol. Los publicanos se habían enriquecido a costa del pueblo oprimido por los impuestos romanos, de los cuales eran recaudadores. A los ojos del pueblo eran ladrones y al mismo tiempo traidores. Sin duda, eran personajes odiados por todos, pecadores públicos. La gente le impedía ver a Jesús, en venganza por la injusticia en la que Zaqueo colaboraba. El subirse a lo alto de una higuera refleja el primer proceso de la conversión, es similar al "se puso en camino" del hijo pródigo. Para salir del fango hay que querer salir y hacer algo, sea dar un paso o subirse a un árbol.


2.- Me imagino lo que pudo impresionar a Zaqueo la mirada de Jesús. Le miró con cariño, como un padre o una madre miran a su hijo rebelde. Así es Dios con nosotros, clemente, misericordioso, rico en piedad, bueno con todos, cariñoso con todas sus criaturas (Salmo 144). Dios reprende con amor, poco a poco, dando a cada uno su tiempo para que se corrija y vuelva al buen camino. Porque, como dice la lectura del Libro de la Sabiduría, Dios es "amigo de la vida" y "a todos perdona porque son suyos". ¡Cuánto bien haría la mirada de Jesús en Zaqueo! Se sintió por primera vez en su vida amado de verdad. Y no sólo eso, Jesús le pide hospedarse en su casa. Zaqueo se sintió honrado, pero los "perfectos" criticaban que quisiera hospedarse en casa de un pecador. San Agustín comenta este detalle diciendo que "el Señor, que había recibido a Zaqueo en su corazón se dignó ser recibido en casa de él.

3. - ¿Qué pasó en el corazón de Zaqueo para que se produjera en él un cambio tan radical que estuviera dispuesto a dar la mitad de sus bienes a los necesitados? Pues, simplemente que le inundó el amor misericordioso de Jesús. Todos podemos reorientar nuestra vida. Quizá necesitamos un toque de atención, la cercanía de una mano amiga, un impacto especial o una experiencia trascendente.

Algo así le pasó a Elena, una joven que contó su experiencia en el curso de preparación al matrimonio al que estaba asistiendo. A las cinco de la madrugada de un sábado cualquiera, después de unas cuantas copas, le expresó el vacío en que se encontraba a una amiga que, pacientemente, estaba a su lado. Su amiga le metió en el bolsillo un papel con un teléfono. Pasaron varios días y por casualidad se encontró con ese papel arrugado y pasado por la lavadora. Llamó al número que allí estaba escrito sin saber de quién era. Se llevó una sorpresa al comprobar que quien le respondía era una monja, una Misionera de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta. Elena le contó que disponía de algún tiempo libre, la religiosa le dijo que se pasara por su casa, que algo podría hacer. Y desde entonces se embarcó en la empresa que cambió su vida, dedicando varias horas a la semana al acompañamiento en pisos de acogida a gente de la calle. Allí conoció a Andrés, su futuro marido. Los dos lo tienen claro: cuando se casen continuarán colaborando juntos con las hermanas y fijarán una cantidad de dinero mensual para compartirlo con los necesitados. Es cuestión de organizarse. .Hay muchos Zaqueos por el mundo. Tú puedes ser uno de ellos, sólo hace falta que le pidas a Jesús que te diga a ti también: "Hoy tengo que alojarme en tu casa".

2.- LA VERDADERA CONVERSIÓN DE ZAQUEO

Por Gabriel González del Estal

1.- Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más. Cuando Zaqueo se subió a la higuera para así poder ver a Jesús, no lo hizo porque estuviera convertido, o porque pensara convertirse. Lo más probable es que lo hiciera por pura curiosidad, porque quería ver a un personaje famoso del que se contaban hechos y dichos portentosos. Fue Jesús el que con su llamada y su actitud misericordiosa hacia él le convirtió. Zaqueo, eso sí, se dejó convertir por Jesús, siendo fiel a la llamada que este le hizo. Y la conversión de Zaqueo no se limitó a creer en Jesús, sino que desde el primer momento estuvo dispuesto a aceptar y a asumir las consecuencias de su nueva fe. Él era jefe de publicanos y rico, mientras que Jesús predicaba la pobreza y una confianza total en la providencia y bondad de un Dios padre. Zaqueo era publicano porque se dedicaba a recaudar los impuestos públicos –públicum- que Roma imponía a los judíos. Así se había hecho rico; pero la presencia misericordiosa de Jesús junto a él, en su propia casa, le había transformado. Jesús no había visto en él al pecador público, sino a un hijo de Abrahán, a quien Dios ama. Al sentirse amado por Jesús, Zaqueo se convierte a Dios y al prójimo. Por eso, Zaqueo es un maravilloso ejemplo de conversión cristiana, de conversión a Cristo, al Cristo que no entiende la conversión a Dios, si no viene acompañada de una verdadera conversión al prójimo. Si nosotros nos dejamos tocar por el amor de Cristo, por el amor de Dios, seguro que nos convertiremos de verdad a Dios y manifestaremos nuestro amor a Dios, amando con hechos, no sólo con palabras, a nuestro prójimo.

2.- Señor, te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan… A todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida… corriges poco a poco a los que caen, les recuerdas su pecado y los reprendes, para que se conviertan y crean en ti, Señor. Este texto del libro de la Sabiduría es un maravilloso anticipo de lo que sería la vida de Jesús, una vida en la que se manifestó el amor de Dios, nuestro padre, hacia nosotros. No intentaré comentar este texto, porque es difícil decir lo que el texto dice, mejor de lo que lo dice. Sí quiero invitaros a todos vosotros a meditar con fe y unción las palabras de este texto del libro de la Sabiduría. El Señor nunca quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, y así debe ser nuestra conducta hacia todas aquellas personas a las que consideramos más pecadoras que nosotros. Lo que de verdad queremos es que se conviertan al amor de Dios y al amor al prójimo, como hizo Zaqueo. Dios es amigo de la vida, nunca de la muerte, y quiere que todos sus hijos amemos a todas las personas, que también nosotros seamos amigos de la vida y nunca de la muerte.

3.- No perdáis fácilmente la cabeza, ni os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras, como si afirmásemos que el día del Señor está encima. En esta segunda carta a los Tesalonicenses san Pablo se dirige especialmente a todas aquellas personas que vivían más pendientes de la segunda venida del Señor, que de vivir el día a día siguiendo los consejos y mandamientos del Señor Jesús. Lo que deben hacer –les dice- es esforzarse en vivir como buenos cristianos en cada uno de los momentos de la vida. Lo de la segunda venida es cosa del Señor, no nuestra; dejemos que el Señor cumpla sus designios y sus promesas cómo y cuándo a él le plazca. Lo nuestro es vivir de tal manera que “Jesús, nuestro Señor, sea glorificado en nosotros y nosotros en Él, según la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo”.

3.- LA MESA DE ZAQUEO

Por Pedro Juan Díaz

1.- Zaqueo era una persona muy mal vista. No daba en absoluto el “perfil” para ser un judío piadoso, ni religioso, ni mucho menos para ir con los que seguían a Jesús. Y es curioso, porque a veces los que no dan el “perfil” son los que acaban dando el “callo” en la sociedad y en la Iglesia (si se les deja), frente a aquellos que son “como Dios manda”, pero no se “mojan”. Zaqueo era un ladrón, recaudador de impuestos, persona impura (porque andaba todo el día tocando dinero), criticado por sus propios paisanos. No se trata de ocultar sus pecados, que los tenía. Lo importante es cómo vemos que se sitúa Jesús en el Evangelio ante ellos. En la primera lectura, el libro de la Sabiduría dice de Dios: “te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan”. Y eso es lo que hace Jesús, provocar el arrepentimiento de Zaqueo, y lo consigue.

2.- Jesús no le entra con acusaciones, ni le recrimina su pecado, sino que le dice: “baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”. De esa manera, Jesús nos muestra el rostro misericordioso de Dios, siempre dispuesto al perdón, como dice también la primera lectura: “a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida”. Ese Dios “amigo de la vida” nos ofrece siempre su amor y su perdón. Así nos lo mostró Jesús en sus parábolas.

3.- Esta actitud de Jesús frente a Zaqueo provoca el escándalo de muchos, sobre todo de los que, en teoría, daban el “perfil” para ser personas religiosas. Pero Jesús muestra, una vez más, la acogida incondicional de Dios para con sus hijos, a través de esa mesa abierta y compartida a la que se sienta en casa de Zaqueo. Jesús muestra acogida y confianza en Zaqueo. Zaqueo experimenta que Dios está cerca de él: “hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.

4.- Muchas veces nuestra tarea como cristianos pasa por acercar a Dios y su Evangelio a personas que están alejadas. Jesús lo hizo sin prejuicios, acogiendo de manera incondicional a todas las personas, sacando lo mejor que llevaban dentro, depositando en ellos toda su confianza, invitándolos a compartir la mesa de la vida, de la fiesta, de la alegría, de la esperanza, del amor y de la fe.

5.- Cada domingo nos acercamos a la misma Mesa que Jesús nos dejó para hacerlo presente siguiendo su mandato: “haced esto en memoria mía”. Pero hay muchos que no se acercan, que no la han descubierto. A ellos somos enviados cuando termina la Eucaristía, para acercarles el mensaje de vida y de esperanza de Jesús, para que, como Zaqueo, puedan experimentar la alegría del encuentro con el Maestro. La Eucaristía nos envía a la “calle”, y es precisamente ahí donde nos quiere Dios. En la “calle” somos creyentes, ahí vivimos nuestra fe, la compartimos y la testimoniamos. En la “calle” hacemos falta, para ser “levadura en la masa”. Proclamemos juntos nuestra fe en el Dios que hizo de la “calle” un lugar de encuentro con Él.

4.- ESA POBREZA QUE CONSISTE EN NECESITAR A DIOS

Por Antonio García-Moreno

1.- COMPASIÓN.- Señor, el mundo entero es ante Ti como un grano de arena en la balanza, como una gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra. Tu grandeza es infinita. Tú estás por encima de los más lejanos e invisibles sistemas planetarios, estás dentro de los componentes ínfimos del átomo. Lo que es un misterio para la inteligencia de los hombres, es para ti una realidad clara y sencilla.

 Es lógico que desde tu majestad suprema mires compasivamente a este pobrecito pigmeo que es el hombre. Y que te sientas inclinado a perdonar su absurda soberbia. Lo mismo que nosotros nos sentimos inclinados a comprender las mil ocurrencias y travesuras de un niño pequeño.

Tu compasión no tiene límites porque ante todo eres Amor. Por eso cierras los ojos a los pecados de los hombres, disimulas y esperas. Confiando que algún día ese niño travieso caiga en la cuenta de tu infinito cariño por él, y deje de ofenderte quebrantando tu Ley.

Otras veces cambias de táctica. Y en lugar de cerrar los ojos y de disimular, coges al niño en tus brazos y le das una azotaina. Tratas de corregirle poco a poco, recordándole tu deseo de que se enmiende, de que cambie de actitud y no siga haciendo fechorías.

Quieres que el niño no corra peligro, que no se arriesgue tontamente a perder su vida. Por eso le recuerdas su falta. Haces que la conciencia se le despierte, que el niño se dé cuenta de que está obrando mal... Sería absurdo pensar que intentas fastidiarnos cuando Tú, a través de lo que sea, nos recuerdas que estamos obrando mal. No, tú sólo buscas nuestro bien. Tú sólo deseas que no sigamos recorriendo un triste camino que termina en la muerte definitiva. Tú, compasivo hasta el infinito, nos llamas con paciencia, nos castigas suavemente, o duramente, pero sólo para que nuestra fe se reavive, sólo para que volvamos nuestros ojos hacia los tuyos e imploremos perdón.

2.- ¿IGLESIA DE LOS POBRES? - El Papa Francisco se ha referido a la Iglesia de los pobres. Sus palabras han sido acogidas con regocijo en ciertos sectores que hablan de la Iglesia de los pobres, de modo a veces exclusivista. Se ha considerado que sólo aquellos que nada o muy poco tienen son dignos de la atención y el desvelo de la Iglesia. Con ello se ha caído en un defecto que se quería combatir, el concebir a la Iglesia como una sociedad clasista. Si antes se consideraba que la Iglesia era sólo de los ricos, ahora se pensaría que sólo era de y para los pobres.

Como es lógico, ambas concepciones son parciales y extrañas a la mente de su fundador, nuestro Señor Jesucristo. Sólo se podría hablar de la Iglesia de los pobres en el caso de concebir la pobreza en su verdadero y evangélico sentido, la pobreza que consiste en necesitar a Dios, la indigencia del que se siente pecador y necesitado del perdón divino, o la del que se ve pequeño y débil y recurre al Señor como única fuerza capaz de salvarle, en definitiva se trata de la pobreza del que nada tiene y todo lo espera del Padre eterno. De ahí que en el Evangelio se diga que Cristo ha venido para salvar a los pecadores, o también que es preciso ser como niños para entrar en el Reino, o dichosos los pobres porque de ellos es el Reino de los cielos.

Un caso ilustrativo de esta doctrina es el caso de Zaqueo, que hoy nos presenta el Evangelio del día. Era un mal ricachón que amontonó riquezas a costa de los demás. Él mismo lo reconoce cuando habla de compensar a quienes ha defraudado. Ese reconocimiento de su condición de pecador, esa necesidad que sentía del perdón divino, era precisamente su pobreza, la actitud de humildad profunda que Jesús admira y bendice. Por eso, el Señor se compadeció de él, por eso se hospedó en su casa ante el escándalo de quienes consideran un baldón entrar en la casa de un pecador semejante. Ante la cercanía del Señor, Zaqueo comprende su lastimosa situación y se arrepiente de sus pecados de una forma sincera y valiente. Promete ante todos devolver con creces lo que había robado, pues comprende que sin restitución no hay perdón para quien ha robado. Además promete entregar la mitad de sus bienes a los pobres.

Había comprendido el verdadero interés de Jesucristo por los pobres, había entendido en poco tiempo que era imposible ser discípulo del Señor y no preocuparse de remediar las necesidades de los demás. Es la misma doctrina que la Iglesia ha venido pregonando a lo largo de su historia, es la misma preocupación por las necesidades de los pobres, que ha vivido el corazón de tantos cristianos que han sabido practicar la justicia y la caridad con aquellos que tenían necesidad de ser remediados. En ese sentido se puede hablar de la Iglesia de los pobres, ya que ellos siempre han ocupado un lugar importante en la vida de la Iglesia, manifestada sobre todo en esas instituciones y ordenes religiosas que se han volcado, y se vuelcan, en los pobres. Pero ello no nos puede inducir a despreciar a nadie, y menos a los que carecen de los bienes más importantes, los de la comprensión y del perdón divino.

5. - JESÚS CREYÓ EN ZAQUEO

Por José María Maruri, SJ

1. - Este Evangelio es la historia del encuentro de dos hombres que se buscan a través de una muchedumbre que los separa. Una muchedumbre que impide el paso de Jesús por pura curiosidad de conocerle. Una muchedumbre que hace tiempo que ha colgado a la espalda de Zaqueo una etiqueta ya inconmovible de hombre odioso, ladrón, mal israelita, pecador, paria de la sociedad humana y divina. Una muchedumbre que ya ha acorralado a Zaqueo, que, en medio de su poder, se siente aislado. Y tal vez por esa su soledad en sus riquezas es por lo que busca a Jesús.

2. - Aquí hay tres miradas, tres modos de mirar y ver. Zaqueo no puede ver a Jesús y quiere verlo. No es pura curiosidad la que le hace hacer el ridículo ante sus conciudadanos subiéndose a un árbol siendo rico y teniendo autoridad. Quiere ver, como el ciego que grita: “Señor que vea. Como el leproso: “si quieres puedes limpiarme. Desde su acorralamiento social por culpa de su profesión y sus riquezas quiere ver a ese hombre que la multitud le impide ver.

Jesús también quiere ver a Zaqueo y por eso levanta sus ojos y le mira. Al fin Jesús ha encontrado al hombre que la multitud le impedía ver. Jesús no se fía de las etiquetas que le han puesto a Zaqueo. La mirada de Jesús atraviesa aquella corteza de odiosidad y pecado y llega a aquel corazón acorralado y encuentra otra persona. Encuentra a ese Zaqueo aún por descubrir. Es la misma mirada que descubrió al verdadero Pedro en medio de sus negaciones. La misma mirada que amó al joven rico y pudo convertirlo en discípulo si él hubiera querido. Jesús creyó en Zaqueo.

Y la multitud también tiene su mirada y al ver que Jesús se invita a comer a la casa del pecador echa sobre el mismo Jesús todo el veneno que tiene acumulado contra Zaqueo. Y esa mirada convierte a Jesús en pecador y amigo de pecadores. La multitud ni cree en Zaqueo ni en Jesús. Y Zaqueo al sentir que Jesús cree en él, se convierte a Jesús y a la multitud. La fe que Jesús ha puesto en él le hace descubrir en aquella multitud anónima a hermanos a los que él ha engañado, hermanos a los que ha robado y traicionado. Y alentado por la fe de un Jesús que por él es tenido por y amigo de pecadores toma su decisión de dar la mitad de sus bienes a los pobres y devolver cuatro veces lo que haya defraudado a aquellos hermanos de la multitud. Zaqueo cree en Jesús porque primero Jesús creyó en él.

3. - Esta es también nuestra historia, sea cual sea la vida que llevemos. Sea lo que sea lo que nos acorrala y nos hace desesperar de empezar una nueva vida. Jesús cree en cada uno de nosotros. Jesús ve en lo hondo de nuestro corazón un nuevo yo que pueden salir a flote de lo más profundo de nuestra miseria y pecado. A pesar de todo Jesús sigue siempre creyendo y esperando en mí. Cuando todos han dejado de creer en mí, todavía Jesús sigue creyendo en mí. Para él nunca soy un ser perdido. Dios haga que cada uno sintamos esa mirada confiada de Jesús y nazca en nosotros una fe ciega en él y abramos los ojos a esos hermanos a los con nuestra vida hemos decepcionado.

6.- MIRANDO POR ENCIMA DE LA HOJARASCA

Por Javier Leoz

Lo dice un viejo proverbio “Que la espesura del bosque no te impida ver y buscar el horizonte”. Algo así le ocurría a Zaqueo (pequeño de estatura pero con ansias de ver al Señor) y, algo parecido, nos puede suceder a nosotros; nos sentimos grandes pero, el monumental lío junto al espectáculo que se levanta delante de nuestros ojos, nos impiden ver y sentir la presencia de un Jesús que, una y otra vez, nos dice: “hoy quiero hospedarme en tu casa”.

1.- Hay muchos árboles a los que podemos encaramarnos para ver más allá de nosotros mismos. Los cristianos, desde aquel primer Jueves Santo, tenemos el árbol de la Eucaristía. En ella, con un valor infinito, nos encontramos cara a cara con la Palabra de Dios y, por si fuera poco, con el mismísimo Cuerpo y Sangre de Jesucristo. ¿Qué nuestros sentidos no lo perciben? ¿Qué nuestra vista no lo ve del todo claro? ¿Qué nuestro foro interno no se siente transformado cuando escuchamos el mensaje, siempre profundo e interpelante de la Palabra del Señor?

Tenemos que despertar el interés por las cosas de Dios. Zaqueo, en su pequeñez y en su debilidad, le acompañó una gran virtud: ¡fue un curioso! No se echó atrás ante las dificultades. Tal vez incluso, alguno, le diría al oído que aquel nazareno era un impostor, que no merecía pena subirse a un árbol desde el cual, además, podía caerse. Pero, Zaqueo, no se lo pensó dos veces: ¡subió y vio al Señor! Y, el Señor, que valora y sale al encuentro del que lo busca…hizo con Zaqueo dos milagros: que no se conformara con estar en un simple árbol y que, además, su casa se convirtiera en anfitriona de Jesús. ¿Pudo esperar más en tan poco espacio y tiempo Zaqueo? Su pecado, la distancia que le separaba de Jesús, pronto fue historia pasada.

2.- Uno de los males que aquejan a nuestra comunidad eclesial es precisamente nuestra corta estatura. Nos conformamos con los mínimos. Nos cuesta realizar un esfuerzo extraordinario para que, nosotros y otros, vean y descubran el rostro del Dios vivo en Jesús. A Zaqueo no se lo pusieron fácil; entre la gente (mayor que él) y su pequeñez (pero con anhelos de ver algo grande) todo era una carrera de obstáculos para hacerse el encontradizo con Jesús.

Ese Zaqueo, rodeado de dificultades y de muros, somos nosotros. Unos son construidos por una sociedad que quiere prescindir de Dios (y que desea que también nosotros lo hagamos) y, otros muros, levantados por nosotros mismos (fragilidades, contrariedades, afán de riqueza, conformismo, etc.).

Tenemos que reconocer que, no siempre, damos la talla para estar a la altura de Jesús o, por lo menos, por intentar tocar la orla de su manto, o para escuchar con todas las consecuencias su mensaje de salvación o, simplemente, para que –durante un tiempo- se quede por la oración y la meditación en la casa de nuestro corazón.

3.- ¿Lo intentamos? ¿Qué nos aparta del amor de Dios? ¿Qué personas e ideas se convierten en diques que nos impiden vivir y fiarnos de verdad del Señor? ¿En qué aspectos tenemos que crecer o cultivar para sentir que Jesús pasa al lado de nosotros? Malo será que, el Señor, en vez de decirnos “bajad de ese árbol” al ver nuestra situación personal, nuestro mundo idílico, nuestros sueños y fantasías….más bien nos sugiera: “bajad de la higuera que estoy yo aquí vosotros” ¿O no?

4.- COMO ZAQUEO, SEÑOR

Quiero ser pequeño, para luego,

ver y comprobar que Tú eres lo más grande

Quiero sentir mi pecado y mi debilidad

para, luego, gustar que Tú eres la santidad y  la gracia,

la vida y la verdad, altura de miras hontanar  de bondad.

COMO ZAQUEO, SEÑOR

Quiero ascender al árbol de la oración

y, agarrado a sus ramas, saber que tú en ella

me tiendes la mano y me acompañas

me proteges y, al oído, siempre me hablas

me auxilias, y en mis caminos,

me alumbras con la luz de tu Verdad.

COMO ZAQUEO, SEÑOR

A veces me siento pecador y egoísta

usurero y con afán de riquezas.

Por eso, Señor, como Zaqueo

quiero ser grande en aquello que son pequeño

y, diminuto, en aquello que soy gigante.

¿ME AYUDARÁS, SEÑOR?

No pases de largo, Jesús mío.

Que son muchos los tropiezos

los que de saltar para llegarme hasta tu  encuentro

Que son incontables los intereses y, a veces  las personas,

que me impiden darme el abrazo contigo

COMO ZAQUEO, SEÑOR

En la noche oscura de mi alma

haz que nunca me falte un árbol donde  remontarme

Una rama donde agarrarme

Un tronco donde apoyarme para que, cuando  pases,

aunque, por mi cobardía, no te diga nada

Tú, Señor, me digas… ¡en tu casa quiero yo  hospedarme!

7. - ARRIESGARSE POR LOS PECADORES

Por Ángel Gómez Escorial

1. - Jesús es el ejemplo deseado para todos nosotros. Lo decimos y lo repetimos continuamente. Pero, ¿es cierto? Somos capaces de llegar, incluso de lejos, hasta donde Él llega para, por ejemplo, salvar un pecador. Cuando Jesús de Nazaret decide ante toda la población de Jericó irse a hospedarse a casa de un pecador la gente le mira mal y murmura. ¿Iríamos nosotros a ese sitio sucio o de mala fama para ayudar a alguien? Pues, lo más probable es que no lo hiciéramos. Y no porque no tuviéramos ganas de ayudar a esa persona que vive en ese ambiente tan mal visto. No lo haríamos porque tememos, sobre todo, la crítica de la sociedad. Defendemos nuestro buen nombre. E importa más la fama que la salvación de un hermano.

2.- Zaqueo era en Jericó un ser odiado. Era jefe de recaudadores de impuestos. Personas puestas al servicio de los inversores romanos y que además explotaban a la gente que no podía pagar sus impuestos, quedándose con sus haciendas. Era poderoso. Pero, era físicamente muy poco agradable. Y tan bajito, tan bajito que para poder ver a Jesús, rodeado de la multitud, tuvo que subirse a un árbol. Y la decisión de encaramarse a la higuera --no muy fácil, propia de un niño e impropia de un hombre poderoso— es lo que le salvó para toda la Eternidad. La mirada de Jesús le convirtió desde el primer momento. Y además el Maestro, ante toda la multitud, se auto-invitó a residir en la casa de Zaqueo. Y esto se parece al arrojo de aquel que abandona las 99 ovejas para buscar una perdida. ¿No hubiera sido mejor que pensara en la seguridad de las otras 99? No, claro; que no. Y es igual para nosotros tenemos una responsabilidad grave su no hacemos todo lo que está en nuestra mano para ayudar en la conversión de un pecador. Incluso, para ello hemos de asumir esfuerzo y riesgos. Además, sabemos que el Señor estará con nosotros cuando lleguen esos peligros y nos ayudará en nuestro cansancio.

3. - Tal esfuerzo es nuestra vocación y a ello se refiere san Pablo en su Carta a los Tesalonicenses. Confirmar nuestra vocación no es otra cosa que actuar coherentemente con lo que Cristo Jesús nos ha enseñado. La condición de cristiano no es sólo acudir al templo una –o muchas, da igual—vez por semana. Esta vocación es servir a los demás, vestirlos, alimentarlos, si lo necesitan; consolarlos si es necesario y, por supuesto, ayudarles a entender el camino del Reino de Dios que el Señor Jesús nos muestra. Pablo, además, aconseja a los hermanos de Tesalónica que no crean en fantasías y cuentos esotéricos. No está mal el consejo, el cual también es útil para nosotros, hoy. Y es que muchos de los hoy nos acompañan dan importancia a adivinaciones y horóscopos. Y ya se sabe esa anécdota muy repetida –y verdadera—por muchos periodistas: que cuando el trabajo del colaborador que hace los horóscopos no llegan, los escriben los propios periodistas. Naturalmente, sin saber y como una broma.

4. - “Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. Y ¿cómo subsistirían las cosas si tú no lo hubieses querido?” Estas palabras del Libro de la Sabiduría son importantes. Y es que si Dios nos ha creado es porque nos amaba antes de ser algo y por eso el mal, el sufrimiento, el dolor y la misma muerte –como diría también Pablo—no viene de Él. Es producto de nuestro pecado y de la maldad que reside en el interior del hombre como secuela del pecado original. Y esa tendencia al mal es lo que explota el Maligno, nuestro enemigo. A veces –y en estos tiempos—cuesta trabajo escribir tales juicios. Pero son así. El Mal está cerca de nosotros y nos engaña.

En fin; Jesús busca a Zaqueo. Y todos nosotros también. Pero hemos de correr delante de la multitud, sin importarnos lo que digan de nosotros o del propio Jesús para reunirnos con Él y abandonar el camino equivocado. Y es que en definitiva vivimos tiempos duros y difíciles. Y no son dichos tiempos para falsas vergüenzas.

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

ZAQUEO, SERVIDOR DEL PODER INJUSTO

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Nuestro protagonista pertenecía al gremio de los cobradores de impuestos a favor del ejército de ocupación y, a la postre, de la dominación de la ciudad de Roma. Generalmente se llama publicanos a esta profesión. Eran, pues, servidores del poder injusto. Se decía que en el ejercicio de su empleo, sisaban lo que podían. Gente de mal ver por tanto, pero rica a su manera. Jesús nunca hizo ascos, cuando se encontró con alguno. Hasta escogió a Mateo, uno de esta corporación, para ser uno de sus apóstoles.

El episodio de hoy ocurre en Jericó, también llamada la Ciudad de las Palmeras. La población más baja de la corteza terrestre, próxima a los 400m bajo el nivel del Mediterráneo. Hasta ahora presume también del título de ser el lugar donde se ha descubierto la edificación humana más antigua. Por lo dicho, ya entenderéis que os hablo de un lugar que he visitado en bastantes ocasiones.

2.- También del árbol al que trepó Zaqueo os he escrito en otras ocasiones. Brevemente me referiré a él. Sicomoro, viene de sico, higo, y moro, ya que sus hojas se parecen al moral. El viajero religioso, que va casi siempre con prisa, mira y remira un ejemplar que hay en una plaza céntrica, pero, el más representativo, es el que está junto a la iglesia ortodoxa. En este ve y le obsequian con sus frutos, muy parecidos a nuestros higos, pero de menor tamaño y calidad. En el último viaje, recorriendo estos parajes, observé que estaban plantando nuevos ejemplares, por aquel entorno.

Jericó fue ciudad importante por serlo de paso. Del Norte, Galilea, se iba a Jerusalén por el camino paralelo al río Jordán y que al llegar a esta población, dobla a poniente y, en poco más de 30km le sitúa en la capital. La línea recta cuando uno viaja, no siempre es la distancia más corta entre dos puntos, se dice con sorna. Pretender ir de la Alta Galilea, Séphoris, Nazaret o Caná, a la capital pasando por Samaría, resultaba incómodo y hasta peligroso.

3.- Zaqueo, ignoremos su profesión, era un hombre sin reparos, libre de avergonzarse de que se pudieran reír de él porque como un chiquillo cualquiera, se subiera a un árbol debido a su pequeña estatura. Decidido, interesado e inquieto.

Vio el Maestro estas cualidades y se interesó por él, pese a la mala fama que pudiera arrastrar. El Señor era todavía más libre que Zaqueo. Se invitó a su casa y él le aceptó gozoso. Y aprovechó la ocasión para invitar a los de su cuerda. Era un hombre generoso, acogedor y repleto de esperanza. Un apóstol no escogido por Jesús y ni siquiera convertido todavía.

La presencia del Maestro suscita un cambio radical de su interior y habla de ello sin vergüenza. La reacción de los “buenos de siempre” fue adversa. Pero Jesús no se inmuta y públicamente proclama que pese a lo que salta a la vista, allí hay un verdadero hijo de Abraham. Algo así como si le concediera el premio nobel de humanidad.

4.- Acabo, mis queridos jóvenes lectores, esta tarde he debido redactar y escribir tres artículos y me siento fatigado y me parece que lo que os he dedicado ya es suficiente. Espero que os preguntéis si por reconocer públicamente vuestra Fe no tenéis miedo a lo que puedan pensar los demás.

Que también seáis conscientes de que la compañía de Jesús, exige unos modales espirituales que superan las costumbres sociales y ambientales. Dicho de otra manera, si tratáis de entrar en contacto con otros que tal vez hayan venido de otras tierras, o pertenezcan a una clase social diferente a la vuestra.

En mi caso, he recordado el evangelio de la misa de hoy, cuando he estado con personas ricas. Algunos me han recriminado que fuera a casa de gente que no era pobre, o que celebrara misa a solicitud de ellos. Yo siempre les he recordado este pasaje, advirtiendo que con mi trato, no pretendía sacar provecho personal alguno. Y he sido siempre fiel a ello. Nunca me he dejado influir o comprar por alguien que me haya querido conquistar mediante una comida en restaurante de lujo, regalos valiosos o viajes de postín, por poneros unos ejemplos.