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19 octubre 2016

Domingo 23 octubre: La senda DE LA AUTENTICIDAD

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Una misericordia que necesita exhibirse no es misericordia sino autosatisfacción. Nuestra sociedad exige precisamente eso: exhibición, imagen, espectáculo. Millonarios que se hacen la foto junto al objeto de su “misericordia”, personajes de la “jet” que crean su propia ONG y ya queda “redimida” su injusticia… Pero la misericordia auténtica es anónima y silenciosa: que tu mano izquierda no sepa… (Mt 5-6). Es la oración del pobre que, calladamente, presenta ante el Señor su propia pobreza y, de la misma manera, es capaz, sin saberlo, de ser misericordioso. En él se cumple la promesa de Dios de atender al que sufre, porque sólo quienes son como él pueden ser “la voz de los sin voz” y ofrecer al mundo caminos nuevos e insospechados de creatividad y de liberación. 

TESTIGO DE LA AUTENTICIDAD CALLADA 
¡Hay tanta gente importante y desconocida! Pasaron por la vida sin hacer ruido y, sin embargo, su silencio se convirtió en una obra ingente de misericordia unas veces, de ciencia en otras. San Alonso Rodríguez y el Beato Hermano Gárate, porteros jesuitas, son testimonio de ello 
SAN ALONSO RODRÍGUEZ 
Alonso nació en Segovia en 1532, hijo de Diego Rodríguez y María Gómez. Su padre, mercader de lana, se arruinó cuando Alonso tenía 23 años, y dejó el negocio a su hijo. Tres años después, Alonso se casó con María Suárez. A los 31 años, sin embargo, quedó viudo. De los tres hijos que habían tenido, dos habían muerto poco antes. Cuando murió su tercer hijo decidió entrar en la Vida Religiosa. Quería ser jesuita, pero no le dejaban por ser mayor y no tener estudios. Al fin se lo concedieron, pero como Hermano, no sacerdote. Era el 31 de enero de 1571. 
Al poco tiempo fue destinado al colegio de Montesión, en Palma de Mallorca. Su tarea consistía en abrir y cerrar la puerta, dar recados a los de casa y encargos a los de fuera. El ritmo rutinario del día a día, sin otro horizonte. Alguna vez le pedían que diese una charla a los chicos de la Congregación Mariana. A veces daba catequesis. Charlaba mucho con los pobres, sus preferidos. 
Allí estuvo toda su vida años de portero. Sus virtudes fueron la humildad; la obediencia “a lo asno”, como le dijo un Provincial; el discernimiento; la oración incluso mística (impresionante, como se lee en sus escritos que hizo por obligación); la paciencia; el acompañamiento espiritual… Momentos duros para él fueron los escrúpulos, el temor a no ser aceptado por la Compañía, el miedo a ser despedido… Muchas personas, de todas las clases sociales, iban a pedirle consejo. En ocasiones le preguntaron al Hermano Alonso por qué no era más duro y áspero con algunas personas molestas y él respondía: “Es que a Jesús que se disfraza de prójimo, nunca lo podemos tratar con aspereza o mala educación”. 
Cuando sonaba la campana de la puerta decía: “Ya voy, Señor”. Algún Superior le pidió que no orase tanto, y él lo intentó, pero le dijo: “Padre, pese a todos los esfuerzos no puedo olvidarme de Dios”… Una de las cosas más notables fue su influencia en el futuro san Pedro Claver para que fuera “a misiones”. Pedro Claver fue “el apóstol de los negros esclavos” en Cartagena de Indias. 
Su agonía y su muerte, en 1617, fue todo un testimonio de serenidad y de entrega. 
UNA ORACIÓN 
NO TE PIDO GRANDEZA 
Señor, no te pido brillo ni triunfo, ni fama ni gloria ni poder. 
Haz que acoja, en lo limitado de cada día, tu brisa, tu gracia, tu palabra, tu voluntad como un regalo espléndido para poder vivir. 
Abre mis ojos, y hazme sensible a las necesidades 
de los hermanos y hermanas que caminan junto a mí cansados, agotados, tristes, enfermos, rotos. 
No me dejes caer en la tentación de quedar bien, de buscar la eficacia, de justificar mis actitudes, de acumular méritos engañosos para Ti. 
Guía mis pasos por tus sendas, aunque me resista. Gáname la partida, no hagas caso a mis protestas. Dame lo que necesito, aunque no te lo pida.