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22 octubre 2016

Comentario al Evangelio de hoy, 22 octubre


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Queridos amigos:
Acabamos la semana dando una vez más vueltas al mismo tema: el tiempo. El amo de la higuera llevaba tres años esperando fruto y no quería aguardar más; había llegado al límite de la paciencia. El viñador, que supuestamente ha invertido tiempo y trabajo en cultivarla, no pierde toda esperanza e intercede ante el dueño. Y logra un indulto temporal. Es una última prórroga, antes que el hacha caiga sobre el tronco, o sobre la raíz desnuda. De nuevo aparece el aviso de que el tiempo apremia; de nuevo es tiempo de que sea tiempo.
La desgana, el miedo y resistencias interiores nos pueden llevar fácilmente a engaño. Recordamos los versos en que Lope de Vega se delata a sí mismo por ceder a esos autoengaños:

¡Cuántas veces el ángel me decía:
Alma, asómate agora a la ventana,               
verás con cuánto amor llamar porfía!

¡Y cuántas, hermosura soberana:
Mañana le abriremos –respondía–,
para lo mismo responder mañana!

Es posible que mañana no llegue; es posible que mañana estemos algo más endurecidos, o más desganados, porque la pereza de hoy es fecunda en perezas de mañana; es posible que mañana cedamos con más facilidad que hoy al autoengaño. La parábola nos propone: “aprovecha la oportunidad, no renuncies a asir la esperanza que todavía se te ofrece. Y no digas que esa esperanza es en realidad un espejismo, ni cedas a la fatalidad, porque nada está definitivamente sentenciado todavía. Tienes todavía un último plazo, para que no se malogre tu vida, para que la salvación te alcance”. Esa es la buena noticia, ese el evangelio, que la larga paciencia del Señor te ha regalado hoy para que hoy mismo lo acojas.
Con mi saludo
Pablo Largo