¡Bienvenidos a la Parroquia de la Inmaculada. Recursos, dinámicas... Noticias sobre la Parroquia... Avisos parroquiales... Todo para la Liturgia del Domingo... ¡¡Busca tu grupo!! ¡Acércate e informáte!!

¡¡Avisos importantes!!

13 septiembre 2016

Martes XXIV de Tiempo Ordinario

Resultado de imagen de oración de los fieles
Hoy es 13 de septiembre, martes XXIV de Tiempo Ordinario.
Hoy, después del paréntesis del verano del norte y cuando ya se acerca la primavera del sur, en todo tiempo y circunstancia, Lucas nos muestra a Jesús en su lugar favorito, en el camino, encontrándose con la gente y conmoviéndose con sus historias, implicándose en sus vidas. Dejamos que la idea del canto de Taizé se convierta para nosotros en buena noticia: Estoy seguro de que veré la bondad del Señor en la tierra de los que viven.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 7, 11-17):
En seguida, Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. 
Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba. 
Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: “No llores”. 
Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: “Joven, yo te lo ordeno, levántate”. 
El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre. 
Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: “Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo”. 
El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina.
Miro alrededor de mí, a mi próximo. Contemplo las vidas que viven e intento hacerlo como Jesús lo hacía, ligero de equipaje y con ojos de misericordia.
Me pregunto si mi vida es vivida en camino hacia los demás. Si busco encontrarme con ellos, implicarme con ellos.
Mira la comitiva que se acerca. Mira a los ojos de los que acompañan al ataúd, uno por uno. Detente en la viuda que lleva a enterrar a su único hijo. Mírala a los ojos y busca en tu corazón si está en tu mano llevar algo de consuelo.
La vida que conocíamos,la vida que tanto amamos,con sus horas dulces y sus finales amargos,hasta que Dios visitó a su puebloy la muerte dejó de tener la última palabra.Señor, que mis ojos se llenen de tu misericordia,que tus ojos miren al mundo a través de los míos,que te busque en el camino y que otros,al encontrarme a mí,te encuentren a ti.
Dios te salve María,
llena eres de gracia,el Señor es contigo.Bendita tú eres,entre todas las mujeresy bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.Santa María,Madre de Dios,ruega por nosotros pecadoresahora y en la hora de nuestra muerte.Amén.