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15 septiembre 2016

Liturgia del 15 de septiembre


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NUESTRA SEÑORA, LA VIRGEN DE LOS DOLORES

Introducción
La gente que quiere llevar a cabo su misión en la vida frecuentemente tiene que pagar un alto precio por ello. Jesús continuó su misión de amor haciendo la voluntad del Padre para salvarnos, y por ello fue clavado en la cruz. El anciano Simeón había dicho a María, en el templo de Jerusalén, que un día sufriría por y con su Hijo. Cuando un hijo sufre, también la madre sufre. Sin embargo, ella también fue fiel a su misión de dar a Jesús al mundo. --- Cuanto más cercanos estamos al Señor, con frecuencia estamos más cercanos a su cruz.
 
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Sabemos que las penas y sufrimientos
son inevitables en esta vida
para los que siguen a tu Hijo crucificado.
Danos suficiente confianza en ti
para mantenernos fieles
y para creer y esperar en tu amor
incluso en el abismo del sufrimiento.
Danos el valor de enfrentar y asumir 
las dificultades de la vida 
y de llevar los unos las cruces de los otros,
unidos a María, nuestra Madre Dolorosa, 
en servicio de Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios de nuestra felicidad:
Movidos por nuestra sabiduría humana
buscamos felicidad sin sufrimiento,
gloria sin sacrificio.
Pero, según tu sabiduría divina
-o locura, como San Pablo la llama-,
danos aquí y ahora a tu Hijo Jesucristo
para que nos haga comprender de nuevo 
el profundo valor de la cruz.
Con María queremos servir a aquel
que es nuestro Señor, muerto y resucitado,
y nuestro Salvador, por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Oh Dios nuestro, lleno de vida y amor:
En este santo banquete hemos celebrado
la muerte y resurrección de Jesús, tu Hijo,
y hemos proclamado que el sufrimiento y la muerte
son un doloroso, pero necesario camino
hacia la gloria y felicidad eternas.
Que esta eucaristía nos dé fortaleza
para sobrellevar las cargas pesadas de la vida
y para aprender de María, la Madre Dolorosa, 
a estar de pie y cercanos a todos aquellos
en los cuales sufre tu Hijo y el suyo,
Jesucristo nuestro Señor