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21 septiembre 2016

Domingo 25 septiembre: ¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

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Los judíos del tiempo de Jesús pensaban que el poseer riquezas era una prueba de que Dios amaba a alguien. Para ellos, los pobres no eran dignos ni siquiera del amor de Dios. Cristo vino a cambiar esta idea y deja bien car a través de la parábola de hoy, que las riquezas pueden ser causa de perdición si ellas nos hacen olvidarnos de Dios y de que hay gente necesitada a nuestro alrededor. Y por otro lado, que la pobreza del pobre puede acercarlo a Dios, si ésta le ayuda a reconocerse necesitado de Él.

Las riquezas materiales (placeres, diversiones, comodidades…), y todos los lujos que disfrutamos, pueden hacernos olvidar que hay gente que sufre la falta de eso y de lo más elemental para vivir: comida, vestido, vivienda, trabajo… Cristo no está en contra de las riquezas, sino de la falta de compasión hacia los pobres que ellas pueden producirnos.
Nuestras ciudades están llenas de “Lázaros” que en silencio suplican ayuda. Cada uno de ellos es el mismo Cristo que espera nuestra compasión.
No dejemos que el bienestar que pueda rodearnos, nos haga olvidarnos de las necesidades de los demás. Con la fuerza de la oración, practiquemos la solidaridad, compartamos y veamos en el necesitado al hermano que bien pudimos ser nosotros mismos. Descubramos en la pobreza material, un llamado de Dios para ponernos a trabajar por hacer un mundo más justo y más humano.
Practiquemos en nuestra propia vida esa pobreza de espíritu que nos haga reconocernos necesitados de Dios y dispuestos a desprendernos de las riquezas, para compartirlas.
¿Qué puedo hacer para que en mi ciudad haya menos pobres sin lo básico para vivir?