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21 septiembre 2016

Domingo 25 de septiembre: Comentario

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Oración
En vida, hermano, en vida
Si quieres hacer feliz
a alguien que quieras mucho…
díselo hoy, sé muy bueno en vida,
hermano, en vida…
No esperes a que se mueran ¿si deseas dar una flor?
mándalas hoy con amor

en vida, hermano, en vida…
Si deseas decir “te quiero”

a la gente de tu casa,
al amigo cerca o lejos
en vida, hermano, en vida…
No esperes a que se muera la gente para quererla

y hacerle sentir tu afecto
en vida, hermano, en vida…
Tú serás muy venturoso

si aprendes a hacer felices,
a todos los que conozcas
en vida, hermano, en vida…
Nunca visites panteones,

ni llenes tumbas de flores,
llena de amor corazones,

en vida, hermano, en vida…
Ana María Rabatté


Lc 16,19-31
«19Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino celebrando todos los días espléndidas fiestas. 20Y un pobre, llamado Lázaro se echaba junto a su portal, cubierto de llagas, 21deseando hartarse de lo que caía de la mesa del rico; pero hasta los perros venían y le lamían sus llagas.
22Pero sucedió que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue sepultado.
23Y, estando en el Hades entre tormentos, levantó sus ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno. 24Y él, gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten misericordia de mí y envía a Lázaro para que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama”.
25Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida y Lázaro, al contrario, los males; ahora, en cambio, aquí es consolado y tú atormentado. 26Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan hacerlo; ni de allí puedan pasar hacia nosotros”.
27Pero [el rico] dijo: “Pues entonces te ruego, padre, para que le envíes a la casa de mi padre, 28porque tengo cinco hermanos, para que les advierta y no vengan también ellos a este lugar de tormento”.
29Pero Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas; que les escuchen”.
30Pero él dijo: “No, padre Abrahán, que si alguno de entre los muertos va a ellos, se convertirán”.
31Pero [Abrahán] le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán aunque un muerto resucite”».
¡PALABRA DEL SEÑOR!

CONTEXTO
En el camino de formación discipular, ya en el evangelio del pasado domingo se nos enseñaba la actitud de servicio gratuito en la comunidad, que de alguna manera continúa en el evangelio de hoy. Pero el tono amenazante de la “parábola”, con ese “abismo enorme” que sin embargo no dificulta una conversación entre Abrahán y el anónimo rico, seguramente es debido a que los interlocutores de Jesús son los fariseos, “los amigos del dinero, que se burlaban de él” (cf. 16,14). No debemos perder el hilo conductor, esmerarse en un comportamiento servicial y atento en la comunidad, que continúa en los vv. siguientes (17,7-10). Tras ellos, llegaremos a la tercera y última etapa del camino a Jerusalén, que comienza en 17,11 con el episodio de los diez leprosos (para dentro de dos domingos).

TEXTO
Podemos estructurar el evangelio en dos partes: a) la escena terrena (vv. 19-22), con la situación de los personajes (vv. 19-21) y su final terreno (v. 22); destaca el hecho de que el pobre tiene nombre (Lázaro = Dios ayuda), algo inaudito en las parábolas de Jesús; b) la escena en el Hades (vv. 23-31), estructurada en 3 diálogos, cada vez más cortos, entre el anónimo rico y Abrahán: primer diálogo (vv. 23-26), donde se presenta la enseñanza central de la parábola (el uso egoísta de la riqueza, no sólo perjudica la dignidad de los necesitados, sino que arruina el proyecto de vida de quien la disfruta); segundo diálogo (vv. 27-29); tercer diálogo (vv. 30-31). Es un texto completamente judío: su teología, escenas, personajes…, encajan perfectamente en la religiosidad y mentalidad judías.

ELEMENTOS A DESTACAR
• El hombre rico no tiene nombre; el hombre pobre sí. El nombre, en la cultura antigua, era expresión de la persona, del ser. De modo que un hombre tiene, el otro es. El texto nos invita a tomar una decisión radical: o “ser” o “tener”. “Lázaro” es un nombre elegido: significa “Dios ayuda” y supone un desafío a nuestra comprensión de cómo y cuándo Dios nos ayuda.
• El rico, que no había tenido en cuenta al pobre cuando realmente era necesario (en vida), ahora resulta que lo “ve”, pese a estar al otro lado de un abismo enorme: no lo veía cuando estaba “cerca” y ahora lo ve “de lejos”. Pero es demasiado tarde, las cosas ya no pueden cambiar. No le sirvió en vida y quiere servirse de él después de la muerte. No debemos esperar a que sea demasiado tarde para vivir de acuerdo a nuestra fe. ¿Sabemos ver, y ver a tiempo, las necesidades de nuestras hermanas y hermanos?
• Textos parecidos al nuestro eran comunes en el Oriente Antiguo, en Egipto, Mesopotamia y Grecia. Todos insisten en el cambio que se producirá después de la vida terrena: las circunstancias cambiarán drásticamente cuando la vida pase a un escenario “celestial”. Pero su objetivo no es enseñarnos sobre “el más allá”, sino provocar una reflexión sobre “el más acá”: cómo actuar (y en concreto cómo usar los bienes materiales) aquí y ahora.
• El rico está presentado en el vestir y el comer, precisamente los aspectos por los que los discípulos de Jesús no deben preocuparse (cf. Lc 12,22). En tal sentido, es como el “contra-modelo” del discípulo auténtico. Centrarse en los bienes materiales nos aleja de Jesús y de los demás. La posesión y (mal) uso de las riquezas siempre conlleva perjuicio, de modo que hay que ser sagaces y andar con cuidado (recordemos la lección de la parábola del administrador infiel, que leíamos hace unos domingos).

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.
Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?
Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…
Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?