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08 septiembre 2016

Domingo 11 septiembre: Comentario Domingo XXIV de Tiempo Ordinario

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Oración
Del Salmo 63 (62)
Dios, tú mi Dios, yo te busco, mi ser tiene sed de ti,
por ti languidece mi cuerpo, como erial agotado, sin agua.
Así como te veía en el santuario, contemplando tu fuerza y tu gloria, -pues tu amor es mejor que la vida, por eso mis labios te alaban-,
así quiero bendecirte en mi vida, levantar mis manos en tu nombre; me saciaré como de grasa y médula, mis labios te alabarán jubilosos. Si acostado me vienes a la mente, quedo en vela meditando en ti, porque tú me sirves de auxilio y exulto a la sombra de tus alas;
mi ser se aprieta contra ti, tu diestra me sostiene.
Lc 15,1-32
«1Pero estaban acercándose a él todos los publicanos y los pecadores para escucharle. 2Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Éste acoge a pecadores y come con ellos”.

3Pero les dijo esta parábola diciendo:
4“¿Quién de vosotros, teniendo cien ovejas y perdiendo una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a por la perdida hasta que la encuentre?
5Y, al encontrar, se la pone sobre los hombros alegrándose 6y, yendo a casa, convoca a los amigos y a los vecinos, diciéndoles: ‘Alegraos conmigo, porque encontré mi oveja perdida’.
7Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador convertido que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de conversión.
8O, ¿qué mujer, teniendo diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentre?
9Y, al encontrarla, convoca a las amigas y vecinas, diciéndoles: ‘Alegraos conmigo, porque encontré la dracma que había perdido’.
10De igual modo, os digo que hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador convertido”.
11Dijo: “Un hombre tenía dos hijos.12Y dijo el más joven de ellos al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde’. Y él les repartió el patrimonio.
13Pocos días después, reuniéndolo todo, el hijo más joven se marchó a un país lejano y allí malgastó su hacienda viviendo desenfrenadamente.
14Pero, habiéndolo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país y él comenzó a pasar necesidad.
15Y, yendo, se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país y le envió a sus campos a apacentar cerdos, 16y deseaba ser saciado con las algarrobas que comían los cerdos, y nadie le daba.
17Pero, yendo a sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre sobreabundan en pan, mientras yo aquí muero de hambre! 18Levantándome, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. 19Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’.
20Y, levantándose, fue hacia su padre.
Pero estando él todavía lejos, le vio su padre y se compadeció y, corriendo, se
echó a su cuello y le besó efusivamente.
21Pero el hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo…’.
22Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Rápido, traed el mejor vestido y vestidle, y ponedle un anillo en su mano y sandalias en los pies, 23y tomad el novillo cebado, matadlo y, comiendo, celebremos una fiesta, 24porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado’.
Y comenzaron a celebrar una fiesta.
25Pero su hijo mayor [estaba] en el campo y, al volver, se acercó a la casa, oyó la música y las danzas 26y, llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 27Pero él le dijo: ‘Tu hermano ha vuelto y tu padre ha matado el novillo cebado, porque lo ha recobrado sano’. 28Pero él, encolerizado, no quería entrar.
Pero su padre, saliendo, le rogaba. 29Pero él, respondiendo, dijo a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás incumplí tu mandato, y jamás me diste un cabrito para celebrar una fiesta con mis amigos; 30pero cuando este hijo tuyo, el que ha devorado tu patrimonio con prostitutas, ha venido, has matado para él el novillo cebado’.
31Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; 32pero era necesario celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, [estaba] perdido y ha sido encontrado”».
¡PALABRA DEL SEÑOR!

CONTEXTO
Tras la interpelante admonición del domingo pasado, y dejando el dicho sobre la sal (Lc 14,34-35), llegamos al capítulo 15, que leemos en su totalidad este domingo. Capítulo central y mágico en la teología de Lucas, nos presenta 3 parábolas conocidas como “Parábolas de la misericordia”: la oveja perdida, la dracma perdida y el hijo perdido. Aunque siempre se interpretan como una señal de la ternura compasiva y acogedora de Dios Padre, en realidad son unos impactantes alegatos a favor del comportamiento de Jesús, cuya amistad con “publicanos y pecadores” resultaba escandalosa para los “bienpensantes” (y supuestamente “buenos”) de la historia, los fariseos y los escribas. Las tres parábolas pretenden hacernos pensar sobre nuestra propia vida, sobre la presencia de Dios Padre en ella y sobre nuestra forma de transparentar tanto empeño por salvar y tanta compasión bondadosa de un Dios que nos “desarma” y nos “desubica”: merecimientos, seguridades, altivez espiritual… quedan fulminados tras estas palabras de Jesús. La sombra del “hermano mayor”, que tantas veces nos acompaña, se hace añicos ante el Dios de Jesús, un Padre con entrañas de Madre.

TEXTO
El texto consta de una introducción que nos da la clave de lectura (vv. 1-2) y de tres parábolas de desigual extensión (vv. 3-7; 8-10; 11-32), que mantienen el típico estilo lucano de alternar una figura masculina y una femenina. Las dos primeras tienen una misma estructura ternaria: a) una pregunta sobre el caso de una pérdida (oveja: v. 4; dracma: v. 8); b) el empeño por encontrar lo perdido y la alegría, comunicada y compartida, que produce (oveja: vv. 5-6; dracma: v. 9); c) la aplicación de Jesús a la alegría celestial por un pecador convertido (vv. 7 y 10). La tercera parábola, muchísimo más larga, tiene como centro la reacción del Padre ante el regreso de su hijo pródigo (v. 20b), reacción de desmesurada e incomprensible compasión y ternura, verdadero corazón del texto. En torno a él, antes todo el proceso vivido por el hijo menor, en seis pasos, y después todo el llamativo y elocuente proceso del hermano mayor. El conjunto textual pivota en torno a dos ejes: perderse-ser encontrado, con su carga simbólica, y alegría-celebrar una fiesta. Dejémonos acunar por este evangelio espléndido, advirtamos sus múltiples detalles, gocemos.

ELEMENTOS A DESTACAR
• Las cosas no son como parecen: los publicanos y pecadores se acercan a Jesús para escucharle y los fariseos y escribas para murmurar. ¿Cómo, por qué y para qué te acercas tú?
• El empeño por una oveja perdida pone en riesgo las otras 99 (notad que son dejadas en… ¡el desierto!) ¿Correríamos el riesgo de perder 99 ovejas por encontrar a la que se ha perdido? ¿No decimos más bien al revés, que “más vale pájaro en mano que ciento volando”? El texto pone de relieve que Jesús supera las normas de comportamiento normales cuando se trata de salvar; poniendo en cuestión la pretendida bondad de unos escribas y fariseos (que pueden ser iconos de algunos cristianos) que no aceptan el trato de Jesús con los pecadores ni la posibilidad de que puedan dejar de serlo.
• Las tres parábolas enfatizan el valor de la conversión (= “ser encontrado”, “volver a la vida”): el pecado no es el estado final de las personas, sino vivir celebrando una fiesta con Dios Padre. Contagiar la alegría y el entusiasmo con que Dios acoge a los que vuelven a él y no insistir tanto en reproches y acusaciones, ayudaría más a la conversión de tantos alejados.
La “cadena” de acciones del padre del v. 20 es todo un trazado de vida discipular. Para siempre. ¿Adoptamos y transparentamos bien ese estilo de Dios?
• Ojo con el “síndrome del hermano mayor”. Su pretendida rectitud le hace más esclavo (“te sirvo”, verbo que significa “ser esclavo”) que hijo y vive su relación familiar desde la obligación y no desde el cariño. Desaira al padre, desprecia al hermano. Según esto, ¿quién era más “pródigo”? ¿El pequeño o el mayor? ¿Quiénes estamos más “perdidos”, los de “dentro” o los de “fuera”?

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.
Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?
Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…
Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?