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23 agosto 2016

Guión Litúrgico 2: Domingo 28 agosto


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Un Buen Lugar Para Todos

Saludo (1Cor, 7 y 1,31)
¿Qué poseen ustedes que no lo hayan recibido?
Si todo lo que tienen lo han recibido como don,
entonces, ¿por qué vanagloriarse de ello?
Si alguien debe vanagloriarse,
que se vanaglorie en el Señor.
Que el Señor, el dador de  vida, esté con ustedes.

Introducción por el Celebrante
¿Cómo miramos a otros, y a nosotros mismos, en relación a ellos? ¿Despreciamos a otros, al menos a alguien, y nos consideramos más importantes, como personas dignas de consideración y de honores? 
El mensaje de hoy es claro: En el Reino hay un buen lugar para todos y para cada uno. Si hubiera de haber alguna preferencia, habría de ser para los pobres, los discapacitados, los humildes, ya que Dios les otorga el primer lugar, y son los favoritos de Jesús. El mismo Jesús nos pregunta aquí y ahora: ¿Qué lugar eligen ustedes y qué lugar ceden a los demás?

Acto Penitencial
Nosotros buscamos honores  y ventajas para nosotros mismos,
incluso quitando de en medio a los demás, a codazos,  
para ser nosotros los primeros. 
Pedimos ahora al Señor y a los hermanos que nos perdonen.
    (Pausa)
Señor Jesús, tú viniste a vivir entre nosotros
no para ser servido sino para servir:
R/ Señor, ten piedad de nosotros. 

Cristo Jesús, tú invitas a todos a la mesa de tu banquete de fiesta:
la Eucaristía:
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú viniste a llamar
no a los sanos, sino a los enfermos:
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor,
y perdona nuestra soberbia 
y nuestra hambre de reconocimiento y de honores.
Admítenos a tu mesa
y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos a Dios, que nos invita a todos a su Reino.
    (Pausa)
Oh Padre nuestro:
Tú alzas a los humildes;
y tu Hijo Jesús vino a nuestro mundo
como el servidor de todos 
y cuidó con cariño a los desamparados.
Haz que, con él y como él, 
respetemos y apreciemos a los débiles, 
a los indefensos y a los humildes,
y que aceptemos con agrado contarnos entre ellos.
Disponnos a ayudarles y también a buscar su ayuda
porque tú también has derramado 
tu misericordia sobre nosotros
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura (Eclo 3,17-20.28-29): Cuanto más Grande, más Humilde
No podemos estar abiertos a la gracia de Dios, si no ponemos a un lado nuestra soberbia. La gente aprecia nuestra falta de pretensiones y ve a través de nuestra vanagloria.
 
Segunda Lectura (Heb 12,18-19.22-24): Jesús es Nuestro Salvador y Nuestra Alianza 
Por medio de Jesús, el mediador de la Nueva Alianza, los cristianos, aun en la tierra, están ya como si vivieran como ciudadanos del cielo.

Evangelio (Lc 14,1.7-14): Ven más Arriba, Amigo 
En su Reino, Dios invita a los que se reconocen humildes y necesitados de salvación. Así mismo, el seguidor de Cristo invita a los pobres y a los humildes.

Oración de los Fieles
Procuremos que los últimos y los más humildes a los ojos de la gente, sean los primeros en nuestra oración al Padre. Y así digamos:  R/ Señor, ven y sálvanos.
Señor, en nuestro mundo los poderosos son aplaudidos, pero los humildes son despreciados. Recuerda a los humildes. Así te lo pedimos: 
Señor, en nuestro mundo tantas veces los pobres se vuelven cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos. Recuerda a los desposeídos y a los necesitados. Así te lo pedimos:
Señor, en nuestros hogares muchos enfermos, los ancianos, los débiles y los solitarios, son con frecuencia descuidados y abandonados. Recuerda, Señor, a todos los que sufren. Así te lo pedimos:
En muchos países  -incluido el nuestro-  hay mucha gente sin hogar y son refugiados, que no tienen ni “piedra donde reclinar su cabeza”. Recuérdalos a todos, Señor. Así te lo pedimos:
Muchos niños y ancianos sólo tienen la calle donde vivir y dormir; también muchos encarcelados son totalmente orillados y olvidados. Recuérdalos a todos, Señor. Así te lo pedimos:
Hay mucha gente por la que nadie ruega, y hay gente que nos hiere y aflige. Recuérdalos a todos ellos, Señor. Así te lo pedimos:
Señor, dígnate escuchar las súplicas de los que confían en ti. Ayúdanos a acordarnos, contigo, de nuestras hermanas y hermanos más pequeños y humillados. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. 
 
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios, Padre nuestro:
Tú no tienes en cuenta la pobreza de nuestros corazones
y nos otorgas un sitio de honor
en el banquete eucarístico de tu Hijo.
Danos la gracia de aprender de él
a estar al servicio de todos,
para que tú también nos des un sitio,
por muy bajo que sea, 
en el banquete de la fiesta eterna 
de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
La soberbia está en la raíz  de muchos pecados. Cristo vino a deshacer nuestra soberbia,  obedeciendo humildemente la voluntad del Padre. Nosotros nos unimos con humildad a Cristo en su sacrificio.

Invitación al Padre Nuestro
Conscientes de nuestras limitaciones,
esperamos todo lo bueno de Dios
y así oramos con Jesús nuestro Señor:
R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de toda soberbia,
que nos predispone unos contra otros 
y  que nos inclina a no servir con agrado.
Líbranos del mal espíritu
de buscar fama y ganancia a expensas de otros,
incluso cuando intentamos servirnos unos a otros
y trabajar juntos para la venida gloriosa
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/ Tuyo es el Reino…

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor, que nos invita a su banquete.
Él viene a buscarnos en el lugar más humilde
y nos dice que subamos más arriba.
R/ Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Aquí estamos ante ti como huéspedes 
invitados por tu Hijo Jesús a su mesa eucarística.
Te damos gracias porque nos ha aceptado
sin juzgarnos ni condenarnos, aunque nuestra fe no sea clara
y con frecuencia cojeemos cuando intentamos seguirle.
Disponnos interiormente
para que nosotros también, como él,
aceptemos como amigos y huéspedes
a los pobres y a los débiles,
justamente como tú nos has aceptado a nosotros.
en Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Si queremos que el Señor viva entre nosotros, sólo hay un lugar apropiado: el último lugar, el lugar de gente que sabe servir. No cabe pretender ser lo que en realidad no somos.
Y ante Dios todos somos pequeños, no podemos reclamar ningún mérito.
Ojalá sea ésta nuestra actitud, con la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.