Los aficionados a la alta montaña han tenido una semana entretenida con motivo de la ascensión del montañero, Carlos Soria, de 77 años de edad, al pico Annapurna de más de ocho mil metros de altura y situado en Nepal.
Hoy celebramos en la Iglesia la Ascensión del Señor. Pero poco tiene que ver esta ascensión con la de Jesús.
Jesús subió al cielo. Realidad que no sabemos muy bien en qué consiste. El cosmonauta ruso, Yuri Gagarin, afirmó en 1961 que había andado por el espacio y no se había encontrado con Dios. ¿Qué es el cielo?, ¿cómo es el cielo?, ¿dónde está el cielo?. Más preguntas que respuestas. San Pablo hace afirmaciones esperanzadoras y para mí las más convincentes: “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni hombre alguno ha imaginado lo que Dios ha preparado para los que le aman” El cielo comienza o debe comenzar aquí, en la tierra, en el más acá.
En nuestro lenguaje hablamos del más acá (antes de la muerte) y del más allá (después de la muerte). En la sociedad actual pesa menos el más allá. Lo tenemos olvidado, marginado, ya que no lo sentimos. A esta situación llamamos “eclipse de Dios”. Esto es, entre Dios y nosotros se interponen determinados intereses que nos impiden relacionarnos con Dios, con el mundo espiritual. Lo refleja muy bien la nube que se interpuso entre Jesús y el grupo de apóstoles, cuando Jesús subía a los cielos. Una simple nubecilla cortó la visión.
El misterio de la Ascensión, que celebramos hoy, forma parte del acontecimiento de la resurrección. Es como la segunda parte. Pues la resurrección se complementa con la Ascensión. Responde a la tercera pregunta clásica: ¿Quién soy?, de ¿dónde vengo? y ¿a dónde voy?.Supone el último peldaño en la vida de Jesús. Por eso hoy es un día de alegría. La Ascensión demuestra que la muerte ha sido vencida. Pues el que asciende a los cielos es el mismo que fue clavado en la cruz, el mismo que resucitó. No nos abandonó, no nos dejó huérfanos. Se comprometió a “yo estaré con vosotros todos los días hasta el final del mundo”. Y añadió: “seréis mis testigos”. Testigo es el que ha visto, ha oído, ha vivido, ha sentido lo que predica o afirma. Nos animó a vencer la vagancia. A llevar adelante su misión les invitaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron al grupo de apóstoles: “¿qué hacéis ahí plantados, mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse?”.
A la fiesta de hoy el teólogo Rahner la llama “la fiesta del porvenir del mundo”, porque nos anuncia el futuro que le espera a la creación, el destino hacia el que se orienta la vida”.
Josetxu Caribe
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