Os doy un mandamiento nuevo:
que os améis unos a otros
como yo os he amado.
La señal por la que conocerán
que sois discípulos míos,
será que os améis unos a otros.
Con estas palabras, Señor Jesús,
vienes a sintetizar al final de tu vida
muchas de tus enseñanzas, casi todas.
Y como siempre
lo que dices no es más que reflejo
de toda tu vida.
Tú viviste para amar a Dios
y a las personas.
Un amor, el tuyo, Señor Jesús,
que fue concreto, visible, comprometido
y que tuvo sus preferidos:
los necesitados de tu mundo.
Un amor, el tuyo,
que llegó hasta el final.
Un amor entero.
Un amor que te llevó al perdón
y que por donde pasaste fue capaz
de dar vida: salud, perdón, alegría,
reconocimiento del ser humano,
incorporación de las personas
a la comunidad…
Amar a Dios y amar a los demás
es el camino de los cristianos, nos dices
Ese ha de ser nuestro distintivo.
Lo que hoy me dices lo he oído,
Señor Jesús, muchas veces,
me sienta bien escucharlo de nuevo
y dejar que estas palabras calen
en lo hondo de mi corazón.
A la hora de la verdad
no se trata de saber
sino de sentir, de vivir,
y lo de vivir en cada momento
lo puedo ir actualizando.
Gracias, Señor Jesús, por tus Palabras,
por esta síntesis que Tú haces
de tus enseñanzas.
Gracias por tantas personas
que viven tu mandamiento
en todos los países.
Con tu ayuda yo veo
que en mi comunidad
y en mi propia vida
también hay gestos de amor
Yo, a veces, con tu ayuda
soy expresión del amor de Dios.
Ayúdanos, Señor Jesús,
a vivir para amar a Dios y a los demás.
Ayúdanos, Señor Jesús, a hacer
de toda nuestra vida un gesto de amor.
Perdónanos porque,
en más de una ocasión queremos,
pretendemos ser seguidores tuyos
sin amar como Tú amas.
Y eso, según nos dices, es imposible,
es una contradicción.
Mucha es todavía la distancia
que nos separa entre lo que es
nuestro amor y el tuyo.
Ayúdanos, Señor Jesús
a amar como Tú nos amas.
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