Hoy es 15 de diciembre, martes de la III semana de Adviento.
Continuamos en Adviento, tiempo de esperar, de prepararse, de confiar en este Dios que está viniendo. Jesús nos cuenta hoy una parábola que nos ayuda a entender el por qué de su encarnación y de su manera de actuar. Intenta apagar los ruidos y distracciones que hoy ocupan tu corazón para pasar un tiempo a solas con el Señor y dejar que siga siendo horizonte en tu vida.
La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 21, 28-32):
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.” Él le contestó: “No quiero.” Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor.” Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?»
Contestaron: «El primero.»
Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»
Jesús hace una pregunta al comenzar su parábola: ¿Qué os parece? Puedo tratar de responder a esa pregunta.
La obediencia a Dios no consiste en palabras estériles, sin compromiso. Sino en hechos concretos. No basta en el seguimiento a Jesús decir que se cree en él. ¿Es mi vida anuncio de mi fe en Jesús o sólo se queda en palabras?
Jesús siempre estuvo cerca de los pecadores y prostitutas. Incluso nos dice que están por delante de nosotros en el Reino de Dios. ¿Qué suscita en mí este comportamiento? ¿A qué me mueve?
Leyendo de nuevo la parábola y la explicación de Jesús, déjate interpelar por sus palabras. Intenta encontrar con cuál de los hijos te identificas más, y a qué te invita Jesús para el día a día.
En ocasiones nuestra vida está llena de palabras vacías. En cambio otras veces nos encontramos con más fuerza y vitalidad para hacer de nuestra vida un testimonio de nuestra fe. Tenemos momentos altos y momentos bajos. Momentos de euforia y momentos de cansancio. Ofrécele al Señor tu momento presente. ¿Cómo te sientes? ¿Cómo está tu fe? Comparte con él tu vida y pídele que te ayude a vivirla más como a él le gusta que sea.
Tomad, Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis, a vos Señor lo torno. Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esta me basta.
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