25 septiembre 2015

Ser feliz

Puedes tener defectos, estar preocupado y vivir irritado algunas veces, pero no te olvides que tu vida es la mayor empresa del mundo. Solo tu puedes evitar que ella vaya en decadencia.
Hay muchos que te aprecian, te admiran y te quieren.
Me gustaría que recordaras que ser feliz, no es tener un cielo sin tempestades, camino sin accidentes, trabajos sin cansancio, relaciones sin decepciones.
Ser feliz es encontrar fuerza en el perdón, esperanza en las batallas, seguridad en el palco del miedo, amor en los desencuentros.
Ser feliz no es sólo valorar la sonrisa, sino también sacar algo positivo de la tristeza.
No es solo celebrar el éxito, sino aprender lecciones en los fracasos.

No es solo tener alegría con los aplausos, sino estar alegres en el anonimato.
Ser feliz es reconocer que vale la pena vivir la vida, a pesar de todos los desafíos, incomprensiones, y períodos de crisis.
Ser feliz no es una fatalidad del destino, sino una conquista para quien sabe viajar para adentro de su propio ser.
Ser feliz es dejar de ser víctima de los problemas y volverse actor de la propia historia.
Es atravesar desiertos fuera de si, pero también es ser capaz de encontrar un oasis en lo recóndito de nuestra alma.
Es agradecer a Dios cada mañana por el milagro de la vida.

Es saber hablar de si mismo; es abrirse a los demás, sin miedo de que nos conozcan, especialmente en la Confesión y en la Dirección espiritual.
Es tener coraje para oír un “no”, y también para saber decir “no” a lo que sea ofensa a Dios o mal para los demás.
Es tener seguridad para recibir una crítica, aunque sea injusta.
Es besar a los hijos, mimar a los padres, comprender a los amigos, aunque ellos nos hieran.
Ser feliz es dejar vivir a la criatura libre, alegre y simple, que vive dentro de cada uno de nosotros, es la criatura nueva de hijos de Dios.
Es tener madurez y humildad para decir ‘me equivoqué’.
Es tener la osadía para decir ‘perdóname’.
Es tener sensibilidad para pedir ‘te necesito’.
Es tener capacidad de decir ‘te amo’.
Y todo esto, tanto al Señor como a nuestro prójimo
Que tu vida se vuelva un jardín de oportunidades para ser feliz…
Que en tus primaveras sepas agradecer tantos favores.
Que en tus inviernos y oscuridades sepas acudir a Cristo, luz del mundo .
Y que cuando te equivoques en el camino, comiences todo de nuevo.
Y descubrirás que ser feliz no es tener una vida perfecta o sin problemas:
Sino usar las lágrimas para regar con ellas la tolerancia.
Usar las pérdidas para refinar la paciencia. Usar los fallos para esculpir la serenidad. Usar el dolor para incrementar el amor. Usar los obstáculos para abrir las ventanas de la esperanza.

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