13 septiembre 2015

Dos preguntas de Josetxu Canibe

Hay preguntas y preguntas y es cierto. Hay preguntas intrascendentes, que responden a una simple curiosidad. Y hay preguntas en cuya respuesta se juega mucho el interrogado. 
En el evangelio de hoy topamos con dos preguntas de Jesús. Una, la primera, más bien de tipo sociológico, rozando la curiosidad. Jesús quería saber qué había captado, asumido el pueblo respecto a su persona y a su mensaje. La respuesta se redujo a lo que comentaba la gente de la calle: que si era Juan el Bautista, o Elías…Pero se callaron otros, por ejemplo, algunos llegaron a afirmar que era un comedor y un bebedor, e incluso que estaba endemoniado.
La segunda pregunta: “¿Y vosotros quién decís que soy yo” es más directa, más incisiva, más comprometida. Porque si ellos pretendían seguir a Jesús, el imitar a Jesús depende mucho de cómo se le ve. Sabemos por la historia y por la vida de cada día que la imagen que se tiene de Jesús es muy diferente. ¡Cuántas veces nos hemos preguntado ante dos hombres, que se confiesan cristianos y sin embargo actúan de forma distinta!. ¿Cómo puede suceder eso?. 
Un ejemplo: tenemos ahora el problema humanitario de los refugiados y de los inmigrantes. Jesús dijo hace dos mil años: ”Porque fui extranjero y me acogisteis”. Esta frase puede responderse con la boca pequeña, con palabras que se las lleva el viento o con hechos bien concretos. 



Todos, más o menos. estamos enterados del fenómeno migratorio, uno de los más complejos de la historia. Deshojo algunos datos: La oleada migratoria de decenas de miles de personas, provocada en su mayoría por ciudadanos de Oriente Medio , Siria, África negra y Asia constituye un auténtico desafío a la solidaridad europea.Estamos ante una auténtica crisis humanitaria sólo comparable y superada por la de la II guerra mundial. Cientos de miles, millones, de personas vienen huyendo de conflictos armados, de guerras civiles (refugiados) y de la pobreza (inmigrantes).
Ante esta oleada Europa, que no atraviesa por sus mejores momentos, ha reaccionado con nerviosismo, con mezquindad e incluso con fuerte rechazo por parte de algunos grupos y algunas autoridades. Ha levantado muros en varias fronteras. Así han discurrido los acontecimientos durante el verano.
Cambio de opinión
Pero con la llegada del mes de septiembre ha variado la situación. Los cientos (más bien miles) de inmigrantes ahogados en aguas del mar Mediterráneo, la fotografía (estampa impregnada de ternura y dramatismo) del niño sirio, Aylan Kurdi, ahogado en la playa, el camión frigorífico abandonado por el conductor en una autopista de Austria con 71 personas asfixiadas en su interior y otras escenas y declaraciones de gente diversa han sido un puñetazo en el corazón y en los ojos de la sociedad.
En poco tiempo ha emergido un estallido de solidaridad por parte de instituciones y de la opinión pública, que ha afectado sensiblemente a los mismos Gobiernos. Éstos juzgan los sucesos de forma distinta y se ven incapaces para canalizar esta corriente de solidaridad. Ayuntamientos y otros organismos, ONG, incluso familias, han manifestado su disposición a echar una mano. 
Ante este estado de cosas, de refugiados e inmigrantes tirados e impotentes, muchos ciudadanos europeos son partidarios de arreglar los problemas en el lugar de origen, en sus propios países de modo que no se vean obligados a abandonarlos. 
Otro objetivo de los Gobiernos europeos sería retirar a las autoridades corruptas y descubrir, denunciar, destruir a las mafias que actúan y que son las grandes beneficiadas exigiendo a los inmigrantes o refugiados cantidades prohibitivas.
Es verdad que una cosa son las intenciones y otra los hechos. Se trata de una solución a medio o largo plazo. No es cuestión de una corazonada ni de hacer frente a una crisis pasajera, de unas semanas de duración. Hay que facilitar medios para aguantar el primer impacto y sobre todo hay que prepararse para una prueba de resistencia, puesto que muchos decidirán rehacer sus vidas en el lugar de acogida.
Es el momento de recordar el capítulo 25 de San Mateo “fui extranjero y me acogisteis”. Europa, a pesar de los pesares, es una isla de bienestar (económico a pesar de la desigualdad y en cuanto a valores, no en vano tiene raíces cristianas y términos como justicia, igualdad, solidaridad anidan en muchos corazones) en medio de un océano de carencias. Todo ciudadano puede aportar algo, tiene un papel en este drama.
Josetxu Canibe

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