MONICIÓN DE ENTRADA
Bienvenidos a la Eucaristía. A este domingo se le ha llamado desde hace siglos el Domingo del Buen Pastor. Y lo es. Venimos aquí al templo porque hemos escuchado la voz de nuestro único Pastor, de nuestro único Maestro, quien, una vez resucitado, nos convoca a la felicidad eterna. Hoy la Iglesia universal celebra la jornada de Oración por las vocaciones sacerdotales. Tengámoslo en cuenta en nuestras oraciones, en nuestros esfuerzos personales. Os reiteramos la bienvenida y os deseamos la paz de Cristo.
MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS
1.- En la primera lectura, del Libro de los Hechos de los Apóstoles, Pedro narra la vida de Cristo y ofrece la salvación a todos siguiendo el ejemplo del Señor. Es el camino del Resucitado lo que nos salvará. Allí --y entonces-- aceptaron la palabra de Dios y se convirtieron tres mil. ¿Aceptamos nosotros, aquí y ahora, el mensaje de Cristo?
S.- El Salmo 22 es uno de los más bellos del Salterio. El Señor es mi pastor, nada me falta, dice. ¿No nos ofrece este salmo la felicidad completa? Debemos escucharlo y cantarlo como una bellísima plegaria que dirigimos a Nuestro Señor. Y muy adecuada en este Domingo que llamamos del Buen Pastor.
2.- Hay referencias, en la segunda lectura, sacada de la primera carta del Apóstol San Pedro, a la profecía de Isaías que con la figura del Siervo de Yahvé presenta a Jesús como el cordero dispuesto a la muerte. Pero, además, Jesús es cordero y pastor. Es compañero y puerta. Nos guía y nos acompaña.
3.- El Evangelio de San Juan nos revela que el Señor Jesús es la puerta que nos da acceso a la vida perfecta, al seguimiento de él y a la escucha de su palabra. Hay duras palabras para los falsos pastores a quien el mismo Jesús acusa de ladrones. Debemos de tenerlo en cuenta.
EXHORTACIÓN DE DESPEDIDA
¡Qué paséis un Feliz Día del Señor! Y que el nos acompañe y nos guíe como buen y único Pastor. Nos va a llevar a verdes praderas y nos acompaña por los sitios difíciles. Eso que hace el Señor con nosotros pues deben saberlo aquellos que no vienen a verle, que no confían en Él o no le conocen. Y nuestra obligación es anunciar su Camino y su verdad. Vayamos alegres y confiados
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