1.- EL CAMINO VERDADERO
Por José María Martín OSA
1.- Me impresiona el modo en que la primera comunidad cristiana resolvía los conflictos que iban sucediéndose en su seno. Uno se imagina que no fue nada fácil el comienzo, a pesar de la ilusión y la fuerza del Espíritu. Cuando fue creciendo el número de miembros, los problemas se multiplicaron. El libro de los Hechos nos da cuenta de algunos episodios "problemáticos", como es el recelo existente entre los cristianos procedentes del judaísmo y aquellos que venían de la gentilidad. El concilio de Jerusalén resolverá el conflicto con el diálogo y la tolerancia de unos hacia otros. Es una muestra del consenso espiritual -que no eclecticismo- reinante entre los primeros cristianos. Antes, en el capítulo 6, se narra otro conflicto: los discípulos de lengua griega se quejan de que sus viudas no son atendidas en el suministro diario como las de lengua hebrea.
Está claro que los problemas surgen por sí mismos, como consecuencia del propio crecimiento. Donde no hay problemas es que no hay vida, quizá porque estamos instalados o estamos muertos. No es malo en sí que haya problemas, pues si hay buena voluntad pueden superarse. Las dificultades nunca deben hacernos perder la esperanza, es más debemos convencernos de que las crisis ayudan a purificarnos. Igual ocurre en la Iglesia de nuestros días, hay muchas cosas que están cambiando en nuestro mundo, la nueva cultura nos pone cada día nuevos retos... La Iglesia no debe de dar la espalda a lo que la sociedad y el hombre actual esperan de ella.
2.- Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les comunicaron su decisión: que escogiesen a "siete hombres de buena fama y llenos de espíritu de sabiduría", para asumir la misión de atender a los necesitados. Surge así el ministerio del diaconado, cuya misión, como indica su etimología, es "servir". El "diakono" es un servidor de la comunidad. Hoy se ha mantenido como uno de los tres ministerios ordenados, pero ha cambiado su función: ahora sirven a la palabra, celebran el sacramento del bautismo y el matrimonio. Desde el Concilio Vaticano II se impulsó la ordenación de diáconos permanentes casados. Es una pena que no se haya extendido adecuadamente la posibilidad de servir al pueblo de Dios desde este ministerio. También sorprende el modo en que son designados los primeros diáconos, pues son elegidos por los propios discípulos, es decir por la comunidad. San Agustín, cuya conversión celebramos precisamente este 24 de abril nos cuenta cómo fue la comunidad de Hipona quien le presentó al obispo Valerio como sacerdote y después, a la muerte del obispo, fue aclamado popularmente para asumir la sede de la capital norteafricana. Hace falta imaginación, confianza en Dios y buena voluntad para resolver los conflictos. Así lo hizo la Iglesia a lo largo de la historia. Seguro que no perderá el tren para adaptarse a los "nuevos tiempos", sin perder la esencia de la fe.
3.- En nuestra vida nos encontramos con muchos caminos. Unos se empeñan en caminar por tierras pantanosas. Aunque sea con pleno día y con la mejor luz del sol, se hace muy difícil avanzar, casi imposible. Si no hay suelo firme, te hundes y tus fuerzas se vienen abajo. Por el contrario, al que camina por senda firme, con buen cemento, aunque parezca que es de noche le será fácil caminar. Jesús nos dice hoy cuál es el camino verdadero: El mismo es "el camino, la verdad y la vida". El nos conduce al Padre, porque quien le ha visto a El ha visto al Padre, responde a Felipe. Aquí culmina el evangelista Juan toda su "catequesis sobre el camino". Jesús es el agua viva (diálogo con la samaritana), es la luz (curación del ciego de nacimiento), es el pan de vida (multiplicación de los panes y los peces), es la puerta, es el Buen Pastor..... Hoy nos damos cuenta de qué quería decirnos. Sólo con El, en El, por El se puede conseguir la vida que todos buscamos. Es preciso solamente dejarse guiar y seguirle.
2.- LAS HABITACIONES DEL CIELO
Por Javier Leoz
1.- Dicen que, en el mundo, hay pan y sitio suficiente para todos y cada uno de los hombres. Pero ¡qué gran paradoja! Nunca, como hoy, tenemos la sensación de falta de espacio, de falta de oxígeno. Parece como si el agobio, el afán de tener o de acaparar, junto con las prisas, nos aturdieran tan profundamente que nos empujasen a buscar caminos que conduzcan a una cierta paz, verdades que nos lleven a una cierta tranquilidad, vida que nos ayude a encontrar la auténtica que, por lo que sea, no podemos alcanzar.
2.- Las habitaciones del cielo, aquellas que Jesús nos señala en el evangelio de este V domingo de la Pascua, sólo se pueden abrir desde el profundo convencimiento y confianza en Cristo. Sólo se pueden abrir desde dentro de uno mismo: con llave de la fe.
Hay un acorde, formado por tres notas, que resume perfectamente y da el tono de la gran melodía del evangelio compuesta por Jesús, y también como síntesis de toda su persona: Camino, Verdad y Vida
Con esa tonalidad hemos de aprender a vivir y cantar nuestra fe. Nuestro corazón, será capaz de resistir las embestidas de los nuevos tiempos, si lo acercamos a esa gran fuente de esperanza y de serenidad que es Jesús.
3.- .Hoy, al escuchar este evangelio pascual, tendríamos que salir gritando de nuestras iglesias y de nuestras comunidades, de nuestras eucaristías y de nuestros grupos: ¡queremos otra ciudad! Y, esa ciudad, es posible. Jesús nos habla de una realidad junto al Padre, que nos debe de animar a vivir según El mientras estemos en la tierra.
El peor enemigo de la construcción de esa ciudad eterna (con millones de estancias y con una para cada uno) es la cobardía. No podemos acobardarnos frente aquellos que se instauran como nuevas verdades, como ingeniosos caminos o como “interesadas” maneras de entender o de comprender la vida: vales en cuanto vales.
La Pascua, el paso del Señor por nosotros --entre otras cosas-- ha debido servir para aclararnos el camino que llevamos como cristianos. No seguimos una ideología. No tenemos como referencia a algo muerto: es Jesús a quien seguimos y por el que merece la pena reconducir nuestros caminos, bajarnos de nuestras mentiras y alejarnos de las fábricas de muerte que se levantan en nuestra sociedad.
3.- ¡Queremos otra ciudad! No es cuestión de poner cimientos en el cielo, ni de pensar en el cómo subir paredes de ladrillo en la ciudad eterna. Hoy, aquí y ahora, nos toca dejarnos llevar y dirigir por ese Maestro que nos propone un camino para llevarnos a Dios, que es la VERDAD que ilumina todo, que nos recuerda que, cuando ahondamos en El, hay un gran surtidor de VIDA para la de hoy y para la que nos espera el día de mañana.
¡Queremos otra ciudad! Demos gracias a Jesús, en este tiempo de la Pascua, porque El nos ayuda a dar el valor equilibrado a cada cosa. A no clavarnos ni dejarnos manipular por la ansiedad que produce el hedonismo y ese bienestar que santifica y endiosa el mundo. Jesús, como hombre comprometido con la causa del hombre, pero como ciudadano del cielo, nos invita a diseñar esa morada, esa habitación que Dios nos tiene preparada en la ciudad eterna.
¿Sabéis cual es la gran comodidad de esa estancia? ¿Sabéis cual es el artículo de lujo del apartamento eterno? Simplemente que está amueblado de DIOS y con DIOS. Y, ante eso, no cabe sino pensar en disfrutarla teniéndole como el mejor compañero. Y ahora como otras veces permitirme que os lea la siguiente oración:
YO QUIERO, SEÑOR, UNA ESTANCIA DEL CIELO
Si me preguntas cómo abrirla, lo haré con la llave del camino que emprendí en la tierra, creyendo y esperando en Ti
Si me preguntas cómo cruzarla, daré el primer paso con la verdad que descubrí en tu Palabra mientras viví aquí abajo
Si me preguntas cómo vivir en ella, lo intentaré llevar a cabo con las sensaciones de vida que el Espíritu marcó en lo más hondo de mis entrañas.
Quiero, Señor, que me reserves una estancia en la eternidad:
-Donde pueda descansar de las sacudidas que recibí injusta o justamente
-Donde pueda dormir sin miedo a sobresaltos
-Donde pueda despertar con un Padre que me habla cada mañana
-Donde pueda abrir la ventana y contemplar a hombres y mujeres, santos y apóstoles, que creyeron y murieron pensando en ese horizonte
-Donde pueda brincar a la azotea y contemplar, emocionado y absorto, la gran familia de la Trinidad que vive e irradia amor
-Donde pueda salir al corredor celeste, y vea a una Madre que compartió muchos momentos de la cruz en mis pruebas
YO QUIERO, SEÑOR, UNA ESTANCIA DEL CIELO
Haz que cuando me presente en el recibidor, Señor, me encuentres con el calzado desgastado de tanto haber andado por tu CAMINO; con mis labios limpios por vivir según tu VERDAD; con mi mente lúcida y serena por ir al encuentro de tu VIDA.
Amén.
3.- CAMINO DE LOS SIN CAMINO
Por José María Maruri, SJ
1.- Estaban tan sólo a 20 kilómetros, montaña abajo, de un refugio repleto de víveres donde todos hubieran podido salvarse, mientras ellos iban muriendo uno a uno entre los despojos del avión, rodeados de nieve en lo alto del monte, alimentándose de la carne de sus compañeros muertos. Esta fue la trágica ironía de aquel avión perdido en las cimas de los Andes el 12 de octubre de 1972. Perdidos en la nieve no sabían a donde ir ni sabían el camino.
Cuántas veces caminamos en el desierto. No sabemos a dónde vamos. Sobre la arena no hay camino. Y el camino de nuestras pisadas detrás las va borrando el viento. Náufragos en medio del océano donde los peces no dejan caminos ni sendas ¿A dónde vamos? ¿Dónde esta el camino?
Las más de las veces hacemos mucho camino a diario, no paramos un momento, para al fin del día encontrarnos donde empezamos. Caminamos pero no avanzamos. No sabemos a dónde ir. Cómo vamos a saber el camino. Vidas sin camino.
Jesús que se llama a Si mismo Camino, ¿sabe a dónde va? Jesús no va a ninguna parte. El término de su camino no es un lugar, es una persona. Jesús va al Padre.
Para todos nosotros es fácil ir a un sitio. Es fácil venir a la Iglesia o que nos traigan. Es más difícil ir al Padre, porque al Padre se va con el corazón, con la fe, escuchando su Palabra.
2.- ¿Es tal vez posible que los que sabemos que Jesús en Camino al Padre vivamos vidas sin camino, mares sin sendas, desiertos sin rumbo, que después de hacer tanto camino estemos siempre en el mismo sitio?
¿No será que oímos al Padre, oímos a Jesús, pero no los escuchamos? El radioaficionado capta por curiosidad las órdenes de la policía y las oye. El policía escucha esas órdenes que para él se traducen en acción y tal vez en peligro y en muerte. El radioaficionado se divierte, el policía ve implicada toda su vida.
¿Oímos la palabra de Dios o la escuchamos? ¿Estos bancos de la iglesia nos sirven de aparcamiento como un cine al aire y nos admiramos con la Palabra del Señor o hasta nos aburrimos, pero no acabamos de sentirnos implicados personalmente en el mensaje que es para nosotros?
Sin duda creemos en Jesús, ¿pero por qué no hacemos las obras que Él hizo, como Él mismo nos dice hoy? ¿Por qué no somos como Él testigos de la verdad con valentía en una sociedad hostil a la Fe? ¿Por qué no pasamos como Él haciendo el bien? ¿Por qué no sabemos vivir para los demás? ¿Por qué estamos estancados en el camino?
3.- Fe es ir al Padre, es caminar hacia el Padre, es movimiento. Por eso ninguno de nosotros podemos ser espectadores. San Pedro nos acaba de decir que todos nosotros tenemos un sacerdocio regio. Y eso no es un mero título que nos honra. Es una profesión que hay que ejercer en bien del pueblo de Dios, una misión para ir y llevar a los demás al Padre.
¿Sabíais que hoy hay ya en la Iglesia varios miles –muchos—de diáconos casados y célibes? Son hombres que han escuchado no como el radioaficionado por curiosidad, sino como el que recibe una orden para ponerse en camino en servicio de los demás.
4.- OBISPOS, PRESBÍTEROS Y DIÁCONOS
Por Antonio Díaz Tortajada
1.- En la misma línea que el domingo anterior, el quinto domingo de Pascua desenvuelve la idea de ¿quién es el Resucitado? Jesús, dice la liturgia de este domingo, no sólo es el pastor bueno, no sólo es la única puerta, Jesús es el único camino, la verdadera verdad, la vida que da vida.
La primera lectura, sacada de los Hechos de los Apóstoles, nos relata el origen de los servicios ministeriales dentro de la comunidad cristiana. Aquí se nos explica cómo aparecieron los "diáconos". En la comunidad cristiana de los primeros trescientos años, todos los cargos ministeriales eran cargos no cultuales, en el sentido en el que ahora los tenemos. En la primera Iglesia se consideraba que sólo Cristo podía ser llamado "sacerdote" y, como sólo Cristo podía ser llamado sacerdote, sólo la comunidad, toda ella, por ser el cuerpo de Cristo, era sacerdotal.
Los “diáconos”, y eso significaba la palabra en griego, eran “servidores”. Los presbíteros (eso significa la palabra en griego) eran “ancianos”, es decir personas “dignas” de la comunidad, personas respetables de la comunidad. Los apóstoles eran obispos, es decir, y eso es lo que significa la palabra griega, eran “inspectores”. Preguntémonos: ¿Qué nos sentimos? ¿Nos sentimos servidores de Cristo y, por ello, de su cuerpo, la comunidad? ¿Hemos convertido nuestro servicio en un dominio o manipulación de la comunidad?
2.- La segunda lectura, de la primera carta de Pedro, subraya todas las ideas que acabamos de exponer y nos recalca que hay que acercarse a Cristo porque Él es la piedra angular, la piedra fundamental del templo vivo del Dios vivo, si queremos formar parte del único templo de Dios, la Iglesia, la comunidad. Esta idea aparecerá también en el evangelio de este domingo.
En la comunidad cristiana primera se escribió toda una carta, la carta a los Hebreos, para dejar sentado de una vez para siempre que Jesucristo es el sacerdote y es el sacrificio y que nadie puede sustituirlo; podemos representarlo, pero no podemos sustituirlo. Jesús tiene representantes, pero no tiene sucesores, porque Jesucristo permanece para siempre delante de Dios y su sacrificio permanece para siempre delante de Dios.
3.- El evangelio de Juan lo plantea claramente: O el mundo o el Padre-Dios. No hay otro mundo paralelo a éste. Se sale de este mundo, si se sale, al Padre-Dios. Donde quiera que Jesús vaya no va a ningún otro lugar, sino al Padre. “La casa de mi Padre” puede significar cualquier cosa, menos un lugar paralelo a este mundo. ¿A qué se refiere esa “casa de mi Padre” en la que hay muchas moradas? Se refiere al cuerpo resucitado de Cristo, a la comunidad cristiana, que es templo de Dios, cuerpo de Cristo. Es la "morada" de la que habla cuando dice: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos en él nuestra morada”.
“Yo soy el camino y la verdad y la vida”. Todo lo que se decía en la tradición oral entre los rabinos judíos acerca de la Ley se dice aquí de Cristo. Cristo es el camino, no la Ley. La Ley no es camino si Cristo es el camino. La verdad es Cristo, no la Ley. La Ley no es verdad, si Cristo es la verdad. La Ley no da vida si la Ley dio muerte a Cristo.
Jesús es el camino y nadie puede ir al Padre-Dios sino por Él, esto convierte en absoluta la necesidad de la persona de Jesús para ponerse en relación con Dios. Sin Jesús nadie en la Iglesia puede hacer nada. Cristo es el único mediador necesario entre Dios y los seres humanos. Todos y todo puede llevarnos a Cristo, pero sólo Cristo nos puede llevar a Dios.
No hay ritos indispensables o infalibles. Nadie puede aparecerse a hacernos revelaciones nuevas o complementarias que no nos haya revelado Cristo. Sólo Cristo es absolutamente indispensable porque no hay otro camino que nos lleve a Dios, ni otra puerta por la que entrar.
El que cree en Jesús, dice Él, hará cosas como las que Él hizo y aún mayores. Si creyéramos que somos capaces de dar órdenes a los montes, los montes se moverían. Todo le es posible al que cree, dice Jesús varias veces.
5.- LAS MORADAS DEL CIELO
Por Ángel Gómez Escorial
1.- Los fariseos perseguían a Jesús acusándole de no desvelar su verdadera naturaleza, su condición de Mesías. El les respondía que hablaba con claridad, pero ellos no le creían. ¿No nos pasará lo mismo a nosotros? ¿No seguiremos dando vueltas a un asunto que no tiene vuelta de hoja? ¿No hizo lo mismo el Apóstol Felipe, lo que provocó la respuesta precisa de Jesús: ¿"Hace tanto --dice el Señor-- que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe?". Llevamos ya mucho tiempo a su lado y parece que no lo conocemos. Va añadir el Maestro: "Quien me ha visto a mí ha visto al Padre". Pero hay muchos cristianos fuera de la Iglesia Católica que no aceptan la divinidad de Jesús y formulan varios supuestos insólitos que limitan el poder y la libertad de Dios.
2.- Y es que el Evangelio de San Juan que hemos escuchado hoy es como una declaración fuerte y precisa del Salvador. Proclama su divinidad: "Quien me ha visto a mí ha visto al Padre"; se ofrece de guía para nuestra vida: "Yo soy el camino y la verdad y la vida". Nos espera junto al Padre y es mediador para el género humano. Las moradas del Cielo están acondicionadas por el mismo Jesús. Y nuestra felicidad futura será inefable porque la ha preparado la Segunda Persona de la Trinidad. Pero se nos olvida y nos enredamos y perdemos nuestro tiempo y multitud de venalidades o de perversos procederes. Estamos, pues, como los fariseos de tiempos de Cristo, preguntando lo que ya sabemos porque Jesús nos lo ha referido.
Es muy útil que la liturgia de este tiempo pascual, preparatorio del Pentecostés, para cuando el Señor nos envíe el Espíritu, marque perfectamente el perfil de las cosas que debemos saber. El Evangelio de Juan escrito ya cuando las primeras herejías habían hecho mella en alguna comunidad cristiana tiene que afirmar inequívocamente circunstancias que los otros evangelistas al darlas por sabidas e incuestionables no enfatizaban tanto. A la postre, el hombre histórico --de todas las épocas-- con muy poca fe en Dios y con ínfimo aprecio a la condición humana, discute siglo tras siglo la doble naturaleza de Cristo. El Señor Jesús es Dios y Hombre Verdadero. Resucitó al tercer día y está en cuerpo glorioso, sentado junto al Padre, como le vio el primer mártir, Esteban. Y es esto lo que no se admite, para aceptar otras cosas que, también, desde un punto de vista racionalista y "natural" son muy difíciles de admitir. Pero se tenderá a hacer --por soberbia disfrazada de perspicacia inteligente-- una religión a la medida. Jesús, una vez más dice la verdad, pero nadie le cree...
3.- La lectura continuada de los Hechos de los Apóstoles nos presenta episodios de esos primeros años de la vida de la Iglesia. En fin, que los fieles han crecido en numero y es necesario que los Apóstoles se encarguen de la transmisión de la Palabra. La atención a los fieles más débiles debe ser ejercida por otros. Y así se designan siete diáconos. El diaconado aparece ya y continuará hasta nuestros días en los que se reverdece la opción de los diáconos permanentes. Y esa siembra fue prodigiosa. De ella, saldrá el primer mártir de la Iglesia, Esteban, apedreado y muerto por su fe, por su bondad y su belleza espiritual. También "nacerá" un predicador que emulará a los Apóstoles en su labor de explicar la Escritura y la Palabra: Felipe.
4.- La Primera Carta de Pedro hace referencia a las piedras vivas que somos todos los creyentes y que con ellas se construye el verdadero edificio de la Iglesia, pues es antes espiritual que material. La mejor construcción es la que hace el Espíritu en la Iglesia y para los espíritus de sus hijos. Jesús fue la piedra angular rechazada por los arquitectos de su tiempo. Y lo que le pasó el Maestro ocurrirá a los discípulos: el mundo actual no se basa en las piedras vivas inspiradas por el Espíritu Santo. Este mundo nuestro de ahora vive en pos del dinero, del poder, del éxito material. Y, sin embargo, cada vez necesita más el basamento que es la palabra y el ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo. Pedro es también piedra y fue, según la promesa de Cristo, la piedra hoy completamente viva sobre la que se erige la Iglesia de Dios. Su vicario, el Papa, --recordamos con emoción a Juan Pablo II y esperamos con enorme ilusión conocer el nombre y el semblante de su sucesor-- continua la labor de mantenimiento de una estructura de amor, se servicio, de entrega a los hermanos, mientras que se ejerce un sacerdocio de adoración a Dios. Se instituye el sacerdocio común de los todos los bautizados. Son vibrantes estos textos y este tiempo de Pascua. El Señor ha resucitado y alegres --y confiados-- esperamos al Espíritu que nos renueve.
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