1.- PARA DAR VIDA…Y NO QUITARLA
Por Javier Leoz
2.- LA UNICIDAD DEL HOMBRE
Por José María Maruri, SJ
3.- EL PASTOR BUENO
Por Antonio Díaz Tortajada
4.- "YO SOY LA PUERTA"
Por José María Martín, OSA
5.- JESÚS, EL ÚNICO PASTOR
Por Ángel Gómez Escorial
1.- PARA DAR VIDA…Y NO QUITARLA
Por Javier Leoz
1.- Tal vez, en una realidad urbana sembrada de rascacielos, semáforos, automóviles, etc., la figura del Buen Pastor que nos presenta este domingo IV de la Pascua, no resulte la más actual para captar la hondura de la persona y del mensaje de Jesús.
Tal vez, por ello mismo, habría que concluir (sin olvidar la imagen clásica que el evangelio de hoy nos presenta) que Jesús es un hilo conductor que nos ofrece la luz necesaria para ver los acontecimientos de la vida, con el fondo de Dios, y es aquel hilo conductor que, cuando se vive conectado a El, produce inmediatamente la vida.
2.- Jesús, el Buen Pastor, es Aquel que sitúa delante de nosotros todo un mar de posibilidades:
--Es una puerta que se abre. Cuando uno se atreve a cruzarla sabe, que a la corta o a la larga, conduce a una antesala donde siempre espera Dios. Muchos hermanos nuestros, cuando se acercan al “fenómeno” de Jesús de Nazaret se conforman con quedarse en su persona. Jesús, y esa es la gran novedad, es una referencia encarnada de Dios. Es un ascensor por el que, los cristianos, subimos para disfrutar un día definitivamente en la felicidad del cielo.
--Es un buen psicólogo. Nos conoce. Por muchos recovecos y rincones que tengamos. Por otras tantas circunstancias que nos sacudan, Jesús, sabe de qué hechura está conformada nuestra vida interior y exterior. En el día de nuestro Bautismo, entró en lo más hondo de nuestras entrañas y, desde entonces, se ha convertido en el gran confidente de nuestras vidas, en un compañero leal de nuestros caminos, en un cayado firme cuando asoman los cansancios.
3.- Uno de los aspectos, que más vértigo producen las grandes urbes (y también de vez en cuando comprobamos incluso dentro de nuestra propia iglesia) es lo impersonal en nuestras relaciones. A nadie nos gusta ser un mero o simple número. Todos tenemos, detrás de nosotros, una historia (mejor o peor, positiva o negativa, brillante o pobre) que –ante Jesús- siempre merece un respeto y con un margen de confianza.
¡Quiere y déjate querer! ¡Conócete y déjate conocer! Con Jesús, estos viejos adagios, nos interpelan a ser agradecidos con ese amor y conocimiento inmenso que, Cristo, tiene de y por cada uno de nosotros. En cierta ocasión un paciente se acercó a un médico y, después de reconocerle, el facultativo le dijo: “ahora es necesario que, Vd., confíe en mí”.
En la iglesia de Dios hemos de ser conscientes de lo qué somos y de a quién seguimos. Si el Señor viniese en este momento y nos preguntase sobre ciertas prescripciones evangélicas. ¿Podríamos responderle con exactitud sobre ellas? ¿Se percataría, Jesús, de nuestra ignorancia en algunos aspectos? ¿Podríamos demostrarle que somos alumnos aventajados y conocedores de la gran lección evangélica?
4.- Si no escucháis nunca llegaréis a ser nada (decía un profesor a sus alumnos). Jesús, como Buen Pastor, siempre tiene una palabra oportuna y mágica para aquellos que confían y se deciden seguirle. Ciertamente que, con tanto ruido ensordecedor de los “modernos pastores” que nos presenta la sociedad, es fácil confundir el bien con el mal, la verdad con la mentira, la moral auténtica con las ideas dominantes, las ovejas con los borregos o, incluso, al auténtico pastor con el perverso lobo revestido de poder.
Precisamente por eso, todos los domingos, la Eucaristía es un buen altavoz por el que escuchamos el latir del corazón de Cristo. Una buena mesa, donde el Señor, nos va reconociendo y conociendo uno a uno con nuestras grandezas y miserias. Una puerta, por la que ya desde ahora, empezamos a contemplar la gran fiesta de la vida que nos espera allá en el cielo.
Ha venido Jesús para que tengamos vida y en abundancia. Cuando uno aprieta el pulsador de “Jesús” automáticamente nos lleva al encuentro con Dios. Para ello, como todo, hay que saber leer el manual de instrucciones evangélicas.
5.- En estos días nos sorprendía la noticia, aquí en España, de cómo en cierta clínica, varios pacientes morían en menos de 24 horas por ser sedados excesivamente. Uno, cuando se encuentra con el horror de ciertas actuaciones profesionales (¿buenos?), comprende más y mejor el mensaje del Buen Pastor. El es quien de verdad garantiza la vida desde el principio hasta el final. Nadie tiene la potestad, sino Dios, para quitarla. Frente a la sedación, el Buen Pastor, se multiplica en gestos y desvelos para que, a nosotros, nunca nos falte las ganas de vivir, de luchar y de seguir adelante.
Jesús, como Buen Pastor, nos indica que el camino para una muerte digna no es precisamente el acortar la vida, sino buscar y dar un sentido profundo a la agonía. Me venía a la memoria el Papa Juan Pablo II. Como Pastor, hasta el mismo final y con el último suspiro, ha sabido encarnar perfectamente la figura del Buen Pastor dando (con esfuerzo, sacrificio y sufrimiento) su vida al servicio de Dios, de Cristo, de su Iglesia, de nosotros y del mundo entero.
2.- LA UNICIDAD DEL HOMBRE
Por José María Maruri, SJ
1.- Los parados no son números, sino personas. ¿Hay frase más vulgar, más natural, más llena de sentido común? ¿Por qué tiene ya fuerza de propaganda?, ¿por qué es capaz de llamar la atención? Pues porque estamos en un proceso de masificación
Los soldados en campaña llevan colgado del cuello su número. Los presos de los campos de concentración lo llevaban grabado en su piel. Y cada uno de nosotros llevamos el camino de convertirnos en el número de nuestro DNI (**)
Los rasgos personales de nuestros rostros se van desdibujando a fuerza de meternos en estadísticas, y va apareciendo un nuevo rostro, el de la MASA, rostro siempre grotesco porque la masa es esencialmente estúpida, se lo cree todo, y se la lleva donde unos pocos quieren. Y ahí está el gran defecto de la democracia.
2.- Jesús en su polémica con los fariseos, que despreciaban al pueblo inculto, viene a decirnos que para Él, el buen pastor, no existen masas, porque ante Dios, ningún hombre es un número, un ser anónimo, una ficha que puede traspapelarse o reemplazarse por otra.
Ante el Señor cada uno tenemos nuestro propio rostro, nuestro nombre, un nombre que Él sabe y que pronuncia con un tono de voz especial para cada uno. Tono por el que cada uno sabemos que el que nos está llamando es el Señor y no otro, como cuando el Señor Resucitado, en el jardín de su tumba, llama a la Magdalena “MARÍA” e inmediatamente ella sabe que ese tono de voz pronunciando su nombre no puede ser más que la voz del Señor Jesús.
Se dice a veces, y es mucha verdad, que Dios nos hizo uno a uno y después rompió el molde. El Señor no trabaja en serie. Cada uno de nosotros no es producto de una cadena robotizada de una fábrica de automóviles. Cada hombre es labor de artesanía. Es artículo exclusivo.
Si para una madre normal cada hijo es único y ninguno de los otros hijos pueden nunca ocupar el puesto de otro, cuánto más para el Señor.
3.- Es mucha verdad que nadie es indispensable en lo que hace o se ocupa. Siempre habrá otro médico, otro empresario, otro sacerdote, otro Papa, que haga la labor que otros hacían. Pero en lo que cada uno de nosotros somos para Dios nadie nos puede reemplazar. El mayor de los Santos jamás puede reemplazar en el corazón de Dios al peor de los pecadores, porque para el Señor ese pecador es hijo irrepetible e irremplazable.
Por eso la conversión no es el paso de un Dios enemigo a un Dios amigo. Dios, Padre Bueno, nunca cambia en su actitud de cariño hacía a mi, hijo único e irremplazable. Soy yo el que cambio de actitud, admitiendo el amor inconmovible del Padre Dios.
4.- Podemos ser –o puede parecernos—inútiles en esta vida. Pero para Dios somos indispensables. Nuestro organista podrá disimular cuando uno de esos infinitos tubitos del órgano desafina, pero siempre será verdad que se echa de menos esa nota. Y no dejará de ser una chapuza maestra disimular esa nota. Y Dios no quiere chapuzas. Dios quiere que cada uno ocupemos el puesto que tenemos en Su corazón y en el que somos indispensables. Ese hueco quedará vacío si no lo llenamos cada uno. Allí quedará una gran soledad de Dios.
(**) (Documento Nacional de Identidad)
3.- EL PASTOR BUENO
Por Antonio Díaz Tortajada
1.- Toda la liturgia de este domingo: Lecturas, salmo responsorial y oraciones, de este cuarto domingo de Pascua gira alrededor de Jesucristo resucitado, bajo la figura simbólica o alegórica del buen pastor. Jesús no es un pastor. El es el buen pastor. El es el pastor bueno. El es el buen pastor que demostró, dando su vida, que El sí estaba dispuesto a hacer lo que sea por sus ovejas.
En la primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, continúa el anuncio del "kerygma", del mensaje original de los apóstoles, mensaje alrededor del cual se fue creando lo que ahora conocemos como los Evangelios. El apóstol Pedro subraya que a Jesús, a quien nosotros crucificamos, Dios lo ha constituido Señor y Mesías, es decir: Ungido. El que dio su vida por las ovejas merece ser colocado como verdadero pastor del pueblo, merece recibir el título de pastor bueno, de buen pastor.
El salmo responsorial recalca la idea de que Dios, dueño y verdadero pastor del pueblo, es Jesús, que dio su vida por el pueblo de Dios.
La segunda lectura, tomada de la primera carta de Pedro, va en la misma línea. Jesús es el siervo de Yahvé, anunciado por Isaías, que cargó con nuestras culpas y murió por nosotros y, por eso, merece recibir el título de pastor del pueblo porque ha demostrado con hechos lo que es capaz de hacer por las ovejas. La pasión era sólo una cara de la moneda. La resurrección es el acontecimiento que revela el sentido de esa muerte en cruz. Cristo era el pastor que estaba demostrando con hechos qué estaba Dios dispuesto a hacer para demostrarnos su amor. Cristo es aquel en quien Dios está dando su vida por amor a las ovejas. ¿Hay alguien que pueda disputarle a Cristo su título de pastor?
2.- Así como había catequesis para los candidatos al bautismo, también las había para los recién bautizados. El Evangelio de este domingo, de la versión de Juan, nos enseña que Jesús es el buen pastor, el pastor bueno, justamente en contraposición a los pastores del pueblo, civiles y religiosos, que aparecen muy bien descritos en el capítulo treinta y cuatro del libro de Ezequiel. Israel era un pueblo de pastores de ovejas, así es que entendió muy bien lo que Jesús quería decir con su expresión. En Ezequiel treinta y cuatro, Dios hace decir al pueblo que El mismo vendrá a pastorear a sus ovejas porque El las reclamará de manos de los pastores civiles y religiosos del pueblo. En Jesús, dice Juan, es Dios mismo quien se ha presentado a realizar esa profecía.
El Evangelio de Juan lleva a un extremo la comparación. Según Juan, Jesús no sólo es pastor, sino que es el único pastor bueno. Jesús no sólo es pastor, sino que es, también, la única puerta por la que las ovejas de Dios pueden tener acceso a su seguridad y salvación.
Pero, fijémonos bien, las ovejas son siempre ovejas de Cristo. Jesús no le hace rebaños a nadie ni enajena a sus ovejas. A Pedro mismo, al final del Evangelio de Juan, Jesús le dice bien claramente: apacienta mis ovejas. Pedro, o cualquier otro, puede ser o sentirse todo lo pastor que quiera, las ovejas son siempre ovejas de Cristo. A Cristo todos podemos representarlo, pero nadie puede sustituirlo. En la Iglesia Cristo tiene representantes, pero nunca sucesores ni sustitutos.
Si en el Evangelio se dice que hay un solo maestro de los discípulos de Cristo, y un solo Padre de los hijos de Dios, es porque también sólo hay un pastor bueno y una sola puerta por donde entrar al único redil de Jesucristo.
3.- Estamos aburridos de ver gente que se lanza o mete a pastor para luego resultar un pastor, civil o religioso, que se pastorea o cuida a sí mismo. Al pastor que les hace presente al único pastor bueno las ovejas no sólo lo conocen, sino que lo reconocen, es aquel que da su vida por las ovejas.
--Hay pastores, civiles o religiosos, que se sienten dueños de las ovejas, no servidores. Son pastores que hablan diciendo: Mis ovejas, mi rebaño. No se sienten servidores de la fe, sino dueños de ella.
--Hay pastores que han olvidado que están sólo para que las ovejas tengan pasto; están para que las ovejas engorden. El pastor que engorda él en vez de que sea la oveja la que engorda, mala señal, se está comiendo a las ovejas.
--Hay pastores, civiles y religiosos, que se han dedicado a hablar bien de los otros pastores, en vez de dedicarse a lo que es su oficio, hacer que las ovejas engorden y estén a gusto.
--Hay pastores, civiles y religiosos, que le tienen miedo a las ovejas. Hay pastores que le tienen ellos más miedo al lobo que el miedo que las ovejas le tienen a éste. Hay pastores que tratan a las ovejas como si ellos fueron lobos y, por eso, hay ovejas que tienen más miedo al pastor que al lobo.
--Hay pastores que dedican su tiempo a hablarles a las ovejas bien bonito acerca del dueño del rebaño, en vez de dedicarse a lo que los pusieron que es a que las ovejas engorden con buen pasto y se sientan a gusto.
--Hay pastores que creen que porque ellos tienen obligación de portarse como pastores, los fieles tenemos obligación de portarnos como ovejas.
Finalmente, hay pastores que han olvidado que si ellos se llaman a sí mismo "pastores", pastor bueno, buen pastor, según el Evangelio, sólo Cristo lo es.
4.- "YO SOY LA PUERTA"
Por José María Martín OSA
1.- El mensaje de Jesús es muy claro: Él es la puerta para ir al Padre y también para ir al hermano. Pero no es una puerta estática, sino una puerta que se abre para nosotros. Y no sólo eso, Jesús es a la vez la puerta y el pastor que nos ayuda a entrar por ella. La imagen bucólica del pastor no es la que encarna Jesús en este evangelio. Él es el Buen Pastor "que da la vida por las ovejas". Como señala la Primera Carta de Pedro, sin haber cometido pecado sufre la pasión por nosotros, carga con nuestros pecados, subió al leño para curarnos.
Entrar por la puerta es seguir a Cristo, que "nos guía por el sendero justo". No hay otro guía que nos conduzca por verdes praderas. Preguntémonos, ¿a quién seguimos?, ¿quién es nuestro pastor?, ¿qué voces seguimos? El Señor nos advierte sobre los falsos pastores, que se aprovechan del pueblo, se apacientan a sí mismos. Por sus frutos les conoceréis.
2.- Entrar por la puerta es identificarse con Cristo, empaparse de sus sentimientos y actitudes, vivir los valores del Evangelio. Para ser pastores de los hermanos tenemos que intentar amar como Cristo, estar dispuestos a entregarnos como Él, desbordar generosidad a raudales. No cerremos la puerta que Cristo nos abre. Menos condenas y más acogida, menos poder y más servicio, menos orgullo y más generosidad, sólo así podemos ser signo en el mundo de hoy.
3.- En este IV domingo de Pascua la Iglesia celebra la jornada Mundial de Oración por las vocaciones.El lema de este año para la Jornada es "Rema mar adentro" (Lc 5,4). Esta frase era muy querida por Juan Pablo II. Pidamos al dueño de la mies que enriquezca a la Iglesia con vocaciones a la vida religiosa y al sacerdocio. Nuestra Iglesia debe ser "casa de santidad", pero con una puerta muy grande para que todos puedan entrar. Jesús, "Buen Pastor" guíanos, llévanos de la mano, no nos alejaremos de ti, pues sabemos que sólo contigo tenemos la vida, y vida abundante.
5.- JESÚS, EL ÚNICO PASTOR
Por Ángel Gómez Escorial
1.- Los ejemplos ganaderos son lógicos para una sociedad mayoritariamente agrícola como lo era la nación judía de tiempos de Jesús. Y dichos ejemplos se han mantenido en permanente actualidad pues esas referencias han estado vivas muchos siglos, en el habitual contorno de los seres humanos. Hoy, ciertamente, todavía hay países en los que el campo tiene una especial importancia, pero se marcha hacia una mayor presencia del hombre en la ciudad y ahí el argumento ganadero podría perder fuerza. Es muy probable que muchos de nuestros niños solo hayan visto ovejas en la televisión o fugazmente a lo lejos, desde las ventanillas de un raudo automóvil que atraviesa los campos. En otro tiempo --en los de Jesús-- eran tan próximas las ovejas que compartían habitación con los humanos.
Sin embargo, a pesar de esa lejanía argumental, hay algo muy fuerte y expresivo en la acción de Jesús como pastor único y autentico. Y emerge directamente, además, una advertencia muy grave: "Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido". ¿Qué significa? ¿Se refiere a los falsos profetas, a los mentirosos, a los embaucadores de la fe? Tanto esta semana, como la anterior, en diferentes textos se ha aludido al ecumenismo, a los hermanos separados y a quienes no se abren a la acción del Espíritu. En ese caso parece que está claro que el único Pastor, el Pastor de todos es Jesús. Pero puede ocurrir que haya falsos pastores que sean ladrones y bandidos. ¿Y como reconocerlos? Pues es el mismo Jesús quien da la clave, el pastor entra por la puerta del aprisco, los bandidos quieren saltar la tapia. ¿Qué quiere decir esto? Está claro: que cualquier divergencia doctrinal no puede hacerse con engaño, omisión y ocultación. Y, sin embargo, esa práctica esta muy generalizada entre los movimientos sectarios, sobre todo. Pero no así entre quienes desde las diferentes Iglesias buscan una vuelta a la unidad con honradez y presentan sus tesis a través de la puerta. Junto a esa --parece claro-- que solo hay un pastor, pero la elección de Cristo como nuestro pastor nos ayuda a avanzar en el tiempo y en el espacio. Todas las oraciones ecuménicas de la Iglesia Católica así reflejan que es Jesucristo el único Pastor.
3.- Hay otra cosa digna de tenerse en cuenta, después de que Jesús explica la diferencia sobre el ladrón y el Pastor auténtico, el texto de San Juan añade que "Jesús les puso esta comparación pero ellos no entendieron de que les hablaba" Y es que no es fácil darse cuenta del error. La historia del cristianismo esta llena de avances y retrocesos. El pecado rompe la identidad del seguidor de Cristo y la soberbia le sumerge en la incomunicación. Muchos otros factores, también pecaminosos, y relacionados con las riquezas, con las ambiciones territoriales han fomentado tales separaciones. Y lo que es peor: algunos de esos conflictos han sido muy sangrientos con desprecio de la vida humana y de la paz de Cristo. La guerra y la violencia son una constante del comportamiento humano y durante siglos han sido los argumentos religiosos los que abrían auténticos ríos de sangre. Hoy todavía hay muchos conflictos vivos de naturaleza religiosa y ahí esta Iraq, Argelia, Afganistán, India o Pakistán. El problema larguísimo de Palestina –del que, parece, atisbarse una esperanza de paz-- ha polarizado también la permanente discrepancia religiosa.
4.- El salmo 22 es uno de los más bellos del salterio. Muchas veces en momentos de cansancio e infortunio se recuerda y se anhelan las verdes praderas y las fuentes tranquilas. Su presencia en las lecturas de este domingo se relaciona con el evangelio de Juan sobre Jesús como Pastor de todos. Por otro lado Pedro es protagonista de la primera lectura y de la epístola. En los Hechos de los Apóstoles se refleja el discurso de San Pedro --el primer Papa-- ante el pueblo judío. La narración de la Pasión de Jesús traspasa el corazón de los que le escuchan y piden la conversión. Este hecho, el relato por parte de un hombre de Iglesia de la Pasión del Señor y la posterior conversión de muchos, se va a repetir constantemente en nuestro devenir eclesial. Y es que la historia de la Iglesia no es otra cosa que el reflejo de la vida, muerte y gloria de Jesús y la reacción de los hombres y mujeres al respecto.
5.- Y así Pedro, en su primera carta, va a recordar, una vez más, la Pasión de Cristo y su efecto de Redención para la humanidad. Los dos textos son completamente paralelos y se enmarcan en la celebración del tiempo pascual. "Andabais descarriados como ovejas pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas". El Pastor --el único Pastor-- nos conduce a lugar seguro.
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