Moniciones
Entrada: Nuestra reunión del domingo debe manifestar que somos una Iglesia acogedora, sin discriminaciones, porque también nosotros, extranjeros en tierra extraña, hemos sido acogidos por Dios, por eso celebremos jubilosos este banquete con Jesús, rey de todas las naciones. Participemos con alegría.
Lecturas: Las lecturas de hoy hablan de la universalidad de la salvación. Ansiando esta salvación, el creyente puede orar con el salmista: “Conozcan en la tierra tus caminos, tu salvación en todas las naciones”. Ansiosos de conseguir esa salvación, escuchemos atentos.
Ofrendas: «Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben», hemos proclamado con el salmista. Junto a las ofrendas de pan y vino, presentemos también nuestra alabanza y adoración.
Comunión: Con la plena certeza de que es a Cristo a quien vamos a recibir, acerquémonos todos a comulgar.
ORACIÓN UNIVERSAL
Queridos hermanos: Oremos a Dios Padre, que nos acoge a todos en su casa de oración, y digámosle con la fe de la cananea: Ten compasión de nosotros, Señor.
1. Pidamos por el papa, obispos, sacerdotes y todos los misioneros comprometidos con la causa de la evangelización, para que nunca se cansen de llevar la Buena Nueva de salvación a todos los rincones del mundo. Oremos.
2. Por los que tienen alguna responsabilidad en el gobierno de las naciones, para que no se dejen seducir por la tentación del poder y del dinero, sino que cumplan su servicio para promover los derechos de cada ciudadano y para construir una sociedad más justa y en paz. Oremos.
3. Por los trabajadores emigrantes, que en diversos países sufren discriminación y vejaciones, para que Dios, que acoge a todos por igual, les reconforte y anime en sus dificultades. Oremos.
4. Por nosotros, que hemos sido acogidos por Cristo para compartir el pan de los hijos, para que hagamos cada uno la parte que nos corresponde en la extensión del Reino de Dios aquí en la tierra. Oremos.
Padre celestial, acoge las oraciones que tus hijos te hemos presentado y escucha también las que han quedado guardadas en nuestro interior. Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor. Amén.
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