MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS 1.- Los Hechos de los Apóstoles –es la primera lectura-- nos refieren los trabajos de Felipe, que, recién nombrado diácono, emprende una vigorosa acción de apostolado. Predica en Samaria, el país considerado por los judíos como apostata y extranjero, a pesar de que adoraban el mismo Dios. La Palabra es bien recibida y tanto es así que se hace necesario el viaje de Pedro y Juan para confirmar a tanto convertido. La imposición de las manos --hoy lo hacen los obispos en el sacramento de la confirmación-- hace adultos en la fe a los recién bautizados. Los comunica el Espíritu. Y este Espíritu de Dios aletea en proximidad al acercarse el tiempo de Pentecostés. S.- Es un salmo universalista, en su tono y en su estilo, aplicado por los judíos contemporáneos de Jesús como liturgia de aclamación y de adoración jubilosa para Dios, Nuestro Padre. Por otro lado, la transformación del mar en tierra firme para que pase su pueblo elegido es una acción frecuente en Dios para salvar a su pueblo. 2.- En la segunda lectura, sacada de la Primera Carta de San Pedro, el primer vicario de Cristo sobre la Tierra –el primer Papa--, nos sigue hablando los últimos días de Jesús en la tierra. Ahora narra la resurrección producida por el Espíritu Santo y esa es una esperanza plena para todos nosotros, que esperamos la resurrección gloriosa. 3.- En el evangelio de San Juan, Jesús anuncia el envío y la presencia de ese Espíritu, el defensor. Es Él mismo quien nos anima día a día, hora a hora, a la Iglesia en su caminar y es Él el que está presente en estos momentos, en nuestra celebración del domingo. La fuerza del Espíritu realizará también hoy el milagro cotidiano de transformar el pan y el vino en Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. |
Lectura de Postcomunión MONICIÓN Hoy celebramos la Pascua del Enfermo nos ha parecido interesante ofrecer esta oración –emocionante plegaria—para esta ahora de quietud tras haber recibido a Jesús Sacramentado YO EN LA CAMA, TU EN LA CRUZ ¡Jesús, Jesús! Yo en la cama y Tú en la cruz. Yo en la cama, acostado; Tu en la cruz, clavado. Yo, la cabeza en blanda almohada; Tu, la tuya, de espinas coronada. Yo, quejándome; Tu, animándome. Yo, sin pensar que mis dolores unidos a los Tuyos, tienen un valor infinito.
Tu, anhelando sufrir más para pagar nuestros pecados. Jesús, Jesús, yo en la cama y Tú en la cruz. Jesús, creo en ti. Jesús, espero en ti. Jesús, voy a ti. Exhortación de Despedida Jesús nos ha prometido hoy el Espíritu Santo y sabemos que será Él quien nos lo enseñe todo. Y ello ya es motivo de felicidad y de esperanza. Salgamos contentos de la Eucaristía porque las promesas de Jesús se cumplen. |
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu comentario