LA FE ES PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD
1.- Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Una vez más, para entender en su intención más profunda este texto evangélico, según San Mateo, debemos conocer el contexto del texto. Jesús acaba de tener una dura discusión con los escribas y fariseos “que habían venido de Jerusalén, diciendo: ¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los ancianos, pues no se lavan las manos cuando comen?” Jesús les responde que son ellos los han anulado la Palabra de Dios en nombre de sus tradiciones. Para terminar diciendo a sus discípulos: “Dejadlos, son guías ciegos”.
2.- A los extranjeros… los traeré a mi monte santo. El tercer Isaías es ya un profeta del post-exilio y sabe que la voluntad de Yahvé es hacer de todos los pueblos y naciones un solo pueblo, un pueblo de su propiedad. Ni por el hecho de ser extranjeros están apartados de Dios, ni por el simple hecho de ser judíos son bendecidos por Dios. Dios bendice a quienes guardan el derecho y practican la justicia. Ante Dios nadie es extranjero, igualmente que nadie es de Dios por el simple hecho de ser judío. Los que se conviertan al Señor deben guardar su alianza, así podrán alegrarse “en mi casa de oración”. Eso debe ser también para nosotros el templo, nuestros templos, casas de oración donde podemos alegrarnos “hablando con Dios como quien habla con un amigo”.
3.- Dios nos encerró a todos en la desobediencia para tener misericordia de todos. La teología de San Pablo repite esta idea muchas veces: todos éramos pecadores y Cristo vino a pagar nuestro rescate, el rescate de todos, judíos y gentiles. Todos formamos en Cristo un solo cuerpo, del que debemos sentirnos todos miembros responsables. Si un miembro sufre, es todo el cuerpo el que sufre. Todos somos responsables y corresponsables los unos de los otros. Un cristiano debe sentirse hermano de todos, sin distinción de razas, ni lenguas, hombre o mujer, esclavo o libre. Porque todos somos hijos de un mismo Dios, todos somos hermanos en Cristo y por Cristo.
Gabriel González del Estal
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