Entrada
Nos reunimos porque tenemos fe en el Proyecto de Dios, que ha sido anunciado y realizado por Cristo Jesús, con su palabra y sus acciones. Celebramos la presencia del Espíritu de Dios que sale a encontrarnos en medio de nuestra comunidad, que nos guía y acompaña en el camino del amor y la justicia. Por tal razón, nos sentimos alegres y celebramos la Eucaristía como comunidad de fe.
Primera lectura: 1 Re 19, 9ª.11-13a (Elías se encuentra con Dios en el monte Horeb)
¿Dónde encontrar a Dios? La escena de Elías en el Horeb, nos viene a recordar que la presencia de Dios en la historia es habitualmente discreta, suave, casi imperceptible. Dios no es una fuerza impetuosa que se imponga al ser humano, es un susuro, una voz que es necesario distinguir y acoger en silencio.
Segunda lectura: Rom 9,1-5 (Quisiera ser proscrito por el bien de mis hermanos)
San Pablo era un buen judío, que amaba mucho a su pueblo. En la lectura que escucharemos a continuación, de la carta a los romanos, Pablo nos muestra su tristeza, pena y dolor, porque el pueblo ha tomado un camino equivocado. El apóstol manifiesta su deseo de que algún día puedan llegar a descubrir el Evangelio.
- Por la Iglesia, que en los días del Concilio volvió a las fuentes, como Elías al Sinaí; para que prosiga con ánimo el camino emprendido. Roguemos al Señor...
- Por el pueblo judío –por él nos vino Cristo Jesús.; para que llegue a reconocer en Jesús de Nazaret al Hijo de Dios Salvador. Roguemos al Señor...
- Por los que tienen miedo, los que vacilan su fe; por nosotros mismos; para que recobremos la confianza en Jesús, Señor de la Iglesia, que camina sobre oleaje. Roguemos al Señor...
- Por nosotros y nuestra comunidad; para que celebremos con gran fervor la Eucaristía. Roguemos al Señor...
Exhortación Final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 165)
Señor Dios, Padre nuestro que nos aceptas como somos,
confesamos ante ti que múltiples temores y angustias nos invaden
al sentir en la noche la fuerza del viento y el empuje del mar:
miedo y desconfianza de nosotros mismos, miedo de la gente,
miedo de la vida, miedo de la muerte, miedo de nuestro destino,
miedo a decidirnos, miedo a equivocarnos, miedo a todo.
Entonces oímos la voz cálida de Cristo que nos alienta:
Ánimo, yo estoy con ustedes, no tengan miedo, no duden.
Gracias, Señor. Danos tu mano para seguir la aventura de la fe,
avanzando más allá de nuestras mezquinas seguridades,
sin más punto de apoyo que una absoluta confianza en ti.
Amén
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu comentario