11 agosto 2022

La Misa del 14 de agosto

 OBSERVACIONES PREVIAS

• Hay resonancias evangélicas que afirman un estilo de vida: “Donde está tu tesoro allí está tu corazón”. ¿Dónde está nuestro corazón? ¿Cuáles son las preocupaciones fundamentales de nuestra vida?

• A la espera del Señor como razón de nuestra existencia y de nuestra acción. “Somos lo que esperamos”. Hay que hacer posible lo que esperamos.

• Otro tiempo es posible... Es la historia de todas las crisis. Son anuncio de tiempos nuevos, de esperanzas nuevas... de que otra historia, otra humanidad, otra juventud, otra Iglesia... son posibles.

Y esto no puede ser una afirmación gratuita.

PARA REFLEXIONAR

No he venido a traer la paz sino la guerra.

La palabra paz aparece frecuentemente en los labios de Jesús: “Paz a los hombres de buena voluntad”; “la paz os dejo, mi paz os doy”; “paz a vosotros”... 

Hoy hemos leído un texto en que parece que Jesús no ha venido a traer paz, sino a prender fuego en el mundo y desea que este estuviera ya ardiendo.

Añade, enseguida, que no ha venido a traer la paz al mundo, sino la división. Jesús enseñó su mensaje con una absoluta libertad y supo ver lo que había en el corazón de cada ser humano. No recurrió ni a las armas ni a la violencia, pero presentó la verdad con toda su fuerza. Jesús fue signo de contradicción. 

Su mensaje era, en cierto sentido, contradictorio. Predicaba, por una parte, el amor, la entrega, la ternura; pero, al mismo tiempo, traía un mensaje de libertad, autenticidad y fraternidad que convertía el amor en fuego, la entrega en división. Solo se pide a los cristianos que sean auténticos; esta es verdaderamente su revolución, porque todo lo que brota de la verdad y la entrega es revolucionario.

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