¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!
¡Quién te descubriera, mi Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo!
Gracias por revelarnos que el amor
es el único intérprete de tu misterio.
Tú te has hecho Dios con nosotros
y todavía andamos empeñados en caminar solos,
en crecer y vivir incomunicados,
en amarnos solo a nosotros mismos,
sin disfrutar de la entrega a nuestros hermanos.
¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!
Quién te descubriera, mi Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo!
Gracias porque eres Alguien
al que no alcanzo a entender,
pero que vives en mí dando sentido a mí vida,
que hablas con la fuerza y la autoridad del Padre,
que amas con las palabras y el corazón del Hijo,
que impulsas y animas con el fuego del Espíritu.
¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!
¡Quién te descubriera, mí Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo!
Gracias, Dios verdadero y único, Dios del futuro,
pero presente en nuestros problemas de cada día.
Dios, familia que llamas a la comunión;
Dios, amor que nos regalas la confianza del Padre,
la entrega del Hijo y la pasión del Espíritu.
¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!
¡Quién te descubriera, mi Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo!
Como un río en el mar de tu grandeza,
nuestra pequeñez se anega en tu infinito mar.
Haz de nuestras vidas tu comunitario cielo,
y llévanos cada día al hogar donde tú habitas,
Señor y Dios nuestro, Padre,
Hijo y Espíritu Santo.
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