22 noviembre 2021

Moniciones y Lecturas 28 de noviembre de 2021, I Domingo de Adviento Ciclo C

 

Monición de entrada

Sean bienvenidos hermanos a la celebración de esta Santa Misa en el inicio de un nuevo año litúrgico. Con la Fiesta de Cristo Rey del Universo, el domingo pasado finalizábamos el ciclo B.

Desde el concilio Vaticano II quedó estructurada la celebración litúrgica de la Palabra de Dios en tres ciclos, A, B y C, correspondientes cada uno a un año eclesiástico. Con el Primer Domingo de Adviento, hoy comenzamos el ciclo C, con el Evangelio de san Lucas como texto central, complementado con otros del Antiguo Testamento y Nuevo Testamento que lo hacen más inteligible.

Comencemos este tiempo de espera abriendo nuestro corazón para recibirle y demos por iniciada esta Misa con el canto de entrada. De pie y cantemos todos.

Moniciones a las lecturas 

Opción 1: Monición única para todas las lecturas 

Adviento es tiempo de esperanza. Y la Palabra de hoy nos asegura que la salvación de Dios se abre paso en medio de los vaivenes de la historia. El Señor tiene un plan de liberación para su pueblo y lo lleva a cabo con fidelidad. Tanto la promesa de un rey justo, de la primera lectura, como el anuncio de la venida del Hijo del hombre, en el Evangelio de San Lucas,  reflejan esa certeza de modo diverso. Una certeza que compromete a los creyentes para que acojan adecuadamente la redención que se acerca. Escuchemos atentos.

Opción 2: Moniciones para cada lectura

Monición Primera lectura (Jr 33, 14-16)  

Del profeta Jeremías hoy leemos una página llena de confianza. Su palabra es un toque de esperanza en tiempos oscuros; un mensaje de salvación y paz para todos.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Jeremías 33, 14-16

«Mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que cumpliré la promesa que hice
a la casa de Israel y a la casa de Judá.

En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra.

En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: «Señor-nuestra-justicia»».

Palabra de Dios.

Monición al salmo responsorial (Sal 24) 

El Salmo 24 nos invita a poner nuestra esperanza en Dios y pedirle que nos enseñe sus caminos. Clamamos con el salmista diciendo todos:

Salmo responsorial: Salmo 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14

R. A ti Señor, levanto mi alma

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.  R.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes.  R.

Las sendas del Señor son misericordia y lealtad
para los que guardan su alianza y sus mandatos.
El Señor se confía con sus fieles
y les da a conocer su alianza.  R.

Monición a la segunda lectura (1 Tes 3, 12—4, 2) 

Escuchemos de San Pablo hoy una acción de gracias y una amonestación dirigida a la comunidad de Tesalónica.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 3, 12—4, 2

Hermanos:

Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos.

Y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre.

En fin, hermanos, por Cristo Jesús os rogamos y exhortamos: habéis aprendido de nosotros cómo proceder para agradar a Dios; pues proceded así y seguid adelante.

Ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús.

Palabra de Dios.

Monición al Evangelio (Lc 21, 25-28. 34-36)

La página que leemos hoy de San Lucas, está tomada del llamado «discurso escatológico» de Jesús,  que nos habla del futuro del mundo. Preparémonos para la escucha de esta Buena Nueva.

EVANGELIO

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 25-28. 34-36

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

—«Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.

Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.

Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.

Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Hermanos, invoquemos a Dios Padre, origen de todo el bien y misericordia, para que nos ayude a acoger en la fe la venida del Salvador y digámosle: Te lo pedimos, Señor.

  1. Por la Santa Iglesia, para que en su peregrinar terreno sepa encontrar la fuerza y la fe en la figura de Cristo y descubra el gozo de ser siempre guía y luz para los hombres. Oremos.
  2. Por la justicia y la paz del mundo, para que los egoísmos y los intereses de unos pocos cedan el paso a una fraternidad verdadera. Oremos.
  3. Por los privados injustamente de su libertad, los secuestrados y los desaparecidos, para que la libertad que Cristo nos trae les permita romper las cadenas que les impiden su libertad. Oremos.
  4. Por todos aquellos a quienes la dureza de los problemas de la vida ha apagado toda ilusión, para que nuestra oración y fraternidad haga renacer en ellos la esperanza y la voluntad de luchar por una vida mejor. Oremos.
  5. Por todos nosotros, reunidos en torno al altar, para que, amándonos como hermanos, demos testimonio de la presencia de Dios en nuestra vida, y así podamos atraer a muchos hacia Dios. Oremos.

Presentación de las Ofrendas

Junto al pan y el vino, ofrezcamos a Dios nuestras ilusiones y esperanzas. Cantamos…

Comunión

Adviento es tiempo de espera y preparación para que Cristo nazca en nuestros corazones. Aquellos limpios de corazón, acerquémonos a recibirle en la Santa Comunión.

Final

Sin temor alguno, sino fortalecidos por la presencia de Jesús, que nos acompañará hasta el fin de los tiempos, nos vamos ahora a seguirnos preparando con más intensidad para la segunda venida de Cristo.

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