10 julio 2020

Para fijarnos en el evangelio – Domingo XV de Tiempo Ordinario

El Rincón del Anacoreta: LA SEMILLA MÁS PEQUEÑA...

• Es probable que la parábola del sembrador pretendiera decir, en su origen, simplemente pero con mucha fuerza, que “la palabra del Reino” /19) que Jesús siembra es eficaz y poderosa, capaz de dar fruto. Se trata, pues, en definitiva, de una invitación a la confianza en la implantación del Reino (8) a pesar de las oposiciones que hay de momento (4-7). Al final los resultados serán muy superiores a los esperados.

• La expresión “los secretos del Reino de los cielos” (11) era frecuente en la época de Jesús: designaba el plan que Dios mantenía para el fin de los tiempos. Este plan es el Reino de Dios que Jesús anuncia y hace presente con la acción y la palabra.

• El contexto en el que Jesús habla es de rechazo por parte de sus oyentes: se han cerrado voluntariamente y no han querido acoger su mensaje (13). El capítulo finaliza describiendo el rechazo a Nazaret (53-58).

• La cita (14-15) es del profeta Isaías (Is 6, 9-10) que ya anunciaba que el pueblo de Israel se endurecería y rechazaría al Mesías enviado por Dios.

• Los “profetas y justos” (17) son los santos del Antiguo Testamento que esperaban la revelación plena del Reino, muchos de ellos muertos por defender la causa del bien y de la justicia (Mt 23, 29. 35).

• “El Maligno” (19) es Satanás, el diablo, el de Dios. La predicación y la acción curadora de Jesús se encaminan a vencer al diablo y a expulsarlo de este mundo (Mt 12,28). La frase “líbranos del mal” (Mt 6,13) del “padrenuestro” también puede traducirse por “líbranos del Maligno”, es decir, nos hace pedir que Dios nos libere de Satanás. (Es conveniente leer también Mt 5,37 y Mt 13,38).

• En la interpretación alegórica de la parábola, que se nos presenta al final del texto (19-23), se puede entender que los oyentes son comparados a la simiente sembrada o bien al terreno que recibe la simiente. En uno y otro caso vemos que el discípulo de Cristo es llamado a ser lo que es él: Palabra Viva que transforma la realidad en la que vive y trabaja (Mt 13,33). Y, siéndolo, vivir la “felicidad” que Jesús proclama (16).

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