21 julio 2020

Homilía para el Domingo XVII de Tiempo Ordinario

Navegar Mar Adentro: Evangelio según San Mateo 13, 44-52 "Parábola ...
1.- Donde está tu tesoro… (1Re 3, 5.7-12)
La «fantasiosa» pregunta de Dios a Salomón nos la hemos hecho y la hemos hecho con frecuencia: «Si te dejaran pedir lo que quieras, ¿qué pedirías?». Y nos ha corroído la envidia de quien sí lo puede realizar, «porque le tocó la lotería».
Salomón responde desde la «ambición» de quien «es un muchacho y no sabe aún desenvolverse». Su ambición es, sin embargo, sana: «Gobernar a un pueblo numeroso, incontable, innumerable». Entender y vivir el gobierno como un servicio a su pueblo.
Pero, como no todo gobierno sirve, Salomón pide «un corazón dócil para discernir el bien y el mal». Sin este tipo de discernimiento, sería imposible el gobierno. En la respuesta de Dios, «el tesoro» del discernimiento incluye «saber escuchar». El que sabe discernir es porque ha aprendido a escuchar. Una escucha paciente y dócil. Salomón ha sabido pedir. Se olvidó de las cosas materiales: «vida larga…, riquezas», incluso la victoria sobre los enemigos, y centró su corazón en suplicar discernimiento. Y aquella actitud fue del agrado del Señor: un muchacho, frente a una responsabilidad, que sabe el lugar de su tesoro. Y de ahí, la recompensa: «Un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti».


2.- Una salvación en cascada (Rom 8, 28-30)
Breve texto de Pablo. Pero, hermosa descripción de quiénes son los que, por saber amar a Dios, «todo les sirve para el bien».
Han sido llamados…, y no de casualidad. Lo han sido, según el plan salvador de Dios. En su vocación concreta y temporal se ha realizado un designio eterno.
Llamados y escogidos, han sido predestinados. No se refiere aquí Pablo a la predestinación de cada uno; es, más bien, el destino al que se aboca el plan salvador de Dios: a reproducir la imagen de su Hijo. Hechos «hijos en el Hijo», podemos llamar a Jesús «hermano». Desde esa filiación participada y compartida, es él el primogénito de todos.
Sólo en la comunión con Cristo hay llamada, realización del designio de Dios, justificación y glorificación… La mirada se nos va a la resurrección de Jesús con quien, por su bautismo, el llamado y escogido ha con-resucitado ya. Explícita Pablo, casi en cascada, una cadena salvadora que termina siendo con Cristo en la gloria.
3.- …allí está tu corazón (Mt 13, 44-52)
La relación con la primera lectura hace de las dos pequeñas parábolas de Jesús el eje del relato. La enseñanza es la misma saber elegir La elección, ilógica a primera vista tiene toda la fortaleza de quien sabe llegar a lo esencial.
Vender todo lo que se tiene aparece, a primera vista, como locura y derroche Así se percibe, con frecuencia, la renuncia se trata de ir contracorriente sin encajar en la lógica de quien pone en «el tener» el afán de su corazón.
En la compra del campo del tesoro y de la perla preciosa no se alaba simplemente al labrador y al negociante por haber hecho un buen negocio La parábola intenta, más bien, señalar diferentes niveles de valores Es posible encontrar valores por los que «quemar las naves», aquellos que agarran el corazón y lo lanzan.
Los valores se «singularizan» frente a los abundantes bienes vendidos, «UH tesoro», «una perla» el Reino de los cielos se adueña del corazón En comparación con él, que nos hace «ser de otro modo», de poco valen las riquezas ¿.Será que no sabemos caminar a lo esencial ¿.Será que andamos perdidos en tantos afanes sin meta.
Llegados a nuestro final, desearíamos encontrarnos entre el «pescado escogido» Sólo el pensar en poder ser «arrojados» por inútiles y malos, nos asusta en lo más hondo. Pero es justo ese final el que vamos preparando, sabiendo escoger en la historia.
Discernimiento
Tú, que llamas, Señor, a los que quieres,
los justificas y les das tu gloria,
haz de mi corazón grata memoria,
grata alabanza de mis menesteres.
Dame, Señor, constancia en los deberes,
tino y sagacidad sin vanagloria,
para mostrarme al hilo de mi historia
imagen fiel del Hijo, que Tú eres…
Enséñame a inclinarme hacia lo bueno,
a discernir la triaca del veneno,
a negociar la perla y el tesoro,
a vencer, convenciendo, a mi enemigo,
a no saber vivir, si no es contigo
y a ser pez en las redes de tu aforo.

Pedro Jaramillo

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