01 julio 2020

Cansancios que no curan las vacaciones - 14º Domingo Tiempo Ordinario, Ciclo A



Del Verbo Divino

Mt 11, 25-30. Muchas personas viven sometidas a un ritmo duro de trabajo que va desgastando a lo largo de los meses. Por eso, al llegar las vacaciones de verano, todos buscamos, de una manera u otra, un tiempo de descanso que nos ayude a liberarnos de la tensión, el agobio, el desgaste y la fatiga que hemos ido acumulando.
Pero, ¿qué es descansar? ¿Es suficiente recuperar nuestras fuerzas físicas, tomando el sol durante horas y más horas junto a la orilla de cualquier mar? ¿Basta con olvidar nuestros problemas y conflictos sumergiéndonos en el ruido de nuestras fiestas y verbenas? Al retomo de las vacaciones, más de uno siente en su interior la sensación de haberlas perdido. Y es que también en vacaciones podemos caer en la tiranía de la agitación, el ruido, la superficialidad y la ansiedad del disfrute fácil y agotador.
Necesitamos encontramos más profundamente con nosotros mismos y buscar el silencio, la calma y la serenidad que tantas veces nos faltan durante el año, para escuchar lo mejor que hay dentro de nosotros y a nuestro alrededor.
Pero necesitamos, además, enraizar nuestra vida en ese Dios «amigo de la vida», fuente del verdadero y definitivo descanso. ¿Puede descansar el corazón del ser humano sin encontrarse con Dios? Escuchemos con fe las palabras de Jesús: «Venid a mí todos tos que estáis fatigados y agobiados, y yo os haré descansar.» (Texto de José Antonio Pagola)

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