“¡Animo, hija! Tu fe te ha curado” (Mt 9, 22)
El Dios de la vida no quiere a sus criaturas arrodilladas y dobladas. Para Jesús no hay situación desesperada. Se pone en medio de la vida, donde están las gentes con sus dolores y gozos, y se deja tocar. Acércate a Jesús y mira que te mira. Tócale con tu amor, preséntale en silencio tus heridas.
Creo en ti, Jesús. Te confío mi vida. Sáname, Señor, de todas mis heridas.

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