Qué bueno es estar en el silencio
Sintiendo tu presencia nada más.
Saber que yo te miro y tú me miras,
Saber que tú me entiendes sin hablar.
¿Por qué no renunciamos al orgullo,
Que cierra nuestras almas ante ti,
Inútil pretensión de hacerlo todo,
Si al fin hay que aprender a recibir?
¡Qué bueno es estar mirándote, Señor,
Y sólo con mirarte descansar!
Qué suave la armonía que nos llega
Si abrimos nuestras almas a tu luz,
Si allí donde terminan nuestras fuerzas
Seguimos recordando que estás Tú.
Qué bueno este silencio que nos une
A todo lo creado y nos da paz
Así como sintiendo el infinito
Abrazo original de tu amistad.
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