Por Gabriel González del Estal
1.- Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Jesús, que es nuestro modelo, y que fue en todo semejante a nosotros, menos en el pecado, también sufrió tentaciones. Jesús venció todas las tentaciones y, después de vencerlas, se acercaron a él los ángeles y le servían. Pues bien, también nosotros, todos los mortales, sufrimos tentaciones y, si las vencemos, saldremos purificados y más fuertes en el espíritu. Es importantísimo vencer las primeras tentaciones, porque si nos dejamos vences por ellas tendremos más dificultades para vencer las siguientes. Si el drogadicto no hubiera tomado la primera droga no hubiera llegado nunca a ser drogadicto, y si el ladrón, o el mentiroso, o el corrupto, o el criminal, hubieran sabido resistir y vencer las primeras tentaciones, no hubieran llegado nunca a ser lo que fueron. Esto es algo que nos parece obvio y evidente. Por eso, en la educación, y en nuestra propia vida por interés propio, debemos tener un cuidado inmenso en no caer en las primeras tentaciones que tengamos. Vencer las primeras tentaciones, como hemos dicho, nos purifica y nos hace más fuertes ante la tentación. En este primer domingo de cuaresma es bueno que hagamos el propósito firme de luchar contra las tentaciones que tengamos. Todos: niños, jóvenes, mayores y viejos. Es la mejor forma de imitar a nuestro modelo, Jesús, y de conseguir que, al final de la cuaresma, el ángel de la Pascua se acerque a nosotros y nos sirva
2.- El tentador se le acercó y le dijo: si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Jesús contestó, diciendo: está escrito, no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Es la ambición de bienes materiales, de dinero, riquezas, etc. Es cierto que necesitamos dinero para vivir en este mundo capitalista en el que vivimos, pero no es menos cierto que la ambición desmesurada de dinero por parte de unos es lo que ha producido esta terrible desigualdad económica en la que vivimos. Mientras a unos pocos les sobra, otros muchos pasan hambre. Debemos anteponer los valores del espíritu a los valores del cuerpo, la justicia social a la ambición desmedida de dinero, la sobriedad en el vivir a la consecución de bienes superfluos. No se puede vivir sin pan, pero no debemos vivir excesivamente preocupados por conseguir el pan que no necesitamos. Si somos discípulos de Jesús, intentemos vivir según el espíritu de Jesús, sin anteponer los bienes materiales a los bienes del espíritu.
3.- Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: encargará a los ángeles que cuiden de ti y te sostendrán en sus manos para que tu pie no tropiece con las piedras. Es la tentación de la vanidad, de la presunción, de la arrogancia, del envanecimiento. Examinémonos con sinceridad: todos o casi todos somos algo vanidosos. Queremos sobresalir, que los demás reconozcan nuestros méritos, que nos alaben. Seamos humildes no sólo ante Dios, sino también ante los hermanos, pensemos que hemos nacido para servir, para ayudar, no para sobresalir y para que los demás nos sirvan. Confiemos en Dios, pero no tentemos a Dios, que Dios es nuestro Padre y quiere que nos portemos como auténticos hijos suyos, humildes y generosos.
4.- Todo esto te daré si te postras y me adoras – Vete, Satanás, porque está escrito: al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto. Es la tentación del afán de poder, de dominio sobre los demás. Un vicio que se hace fácilmente visible en los que tienen, o desean tener, cargos públicos. “No adoréis a nadie, a nadie más que a él”, nos dice la canción religiosa. Claro que a todos puede gustarnos sobresalir ante los demás, al menos en determinadas ocasiones, pero no olvidemos que el afán desmedido de poder ha sido el origen de muchas dictaduras, de la corrupción y de muchos crímenes políticos y sociales. Sólo a Dios debemos adorar, sólo a él darle culto. Ni debemos adorar a nadie, ni debemos querer que nadie nos adore. Si tenemos poder, ejerzámoslo con humildad y con auténtico espíritu de servicio. Mandar es servir.
5.- Misericordia, Señor, hemos pecado. Que salmo tan maravilloso este salmo 50, para comenzar bien la cuaresma. Pidamos a Dios que su Espíritu nos renueve por dentro con espíritu firme, que cree en nosotros un corazón puro, que limpie del todo nuestro pecado y que borre en nosotros toda culpa. En este primer domingo de cuaresma recemos con fervor este salmo, para que el Señor tenga misericordia de nosotros y nos bendiga.
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